Últimamente me está dando asco mi semen: me sale mucho, super blanco y espeso.
Preferiría correrme sin echar semen. Últimamente siento angustia cuando, acostado en la cama, llego al orgasmo. Siento asco al sentir cómo me salpica mi semen en el estómago. Me da igual que sea mío. No soy nada homosexual.
Si pudiera elegir, preferiría sólo echar leche cuando me hacen mamadas. Así evitaría dejar embarazada a ninguna mujer pero podría disfrutar de la bonita visión que es ver la boca de la mujer a la que deseo llena de semen.
Ayer me puse a recordar y creo que la primera chica que se tragó mi semen se llamaba Otilia. Un saludo para ella si está leyendo esto.
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Cuando tengo novia y se va de viaje, suelo ensuciar mi casa de arriba abajo. Lo hago para serle fiel: si tengo la casa tirada, llena de mierda, evito la tentación de llamar a alguna fan o amiga putilla para follármela. Me da vergüenza que la fan o amiga putilla vea mi casa sucia: que vea las paredes del w.c con restos de caca seca y otras guarradas que soy capaz de hacer sin pestañear: como llenar la botella de agua que tengo a mi lado de orines para evitar tener que levantarme al baño a mear. Me gusta poner luego esa botella a la vista. Siento que, poniendo esa botella de orines bien a la vista dentro de mi casa, estoy provocando al sistema (sin que el sistema se entere).
Luego, cuando mi novia regresa de su viaje, suele enfadarse conmigo por cómo se encuentra la casa. Yo nunca le digo la verdad: que lo he hecho por serle fiel. Y no. Paso de recoger la casa antes. Espero que mi novia regrese para que la recojamos juntos: porque la fidelidad es un sufrimiento de dos, no sólo de uno.
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En casa voy desnudo. La ropa me incomoda: no me siento descansar hasta que no llevo nada encima. En casa suelo estar en la cama, acostado: leo, veo la tele, escribo, me masturbo o navego por Internet. Tiendo a convertirme en un vegetal. Vago, paso de todo.
Normalmente, abrazo a mi perra desnudo en la cama. Porque a veces, de pronto, necesito decirle “te quiero”. Siempre que lo hago, imagino que alguien entra en mi dormitorio justo en ese momento y que, por mucho que le explique, nunca dejará de creer que practico la zoofilia: que de un momento a otro iba a metérsela.
Beso a mi perra, la acaricio y juego con ella desnudo. Pero nada más que eso. Odio estar vestido. Me agota. No es natural. Yo soy un animal, como mi perra. Yo más inteligente, ella más buena.