Antes de la aparición del herpes o del amor, el individuo infectado experimenta un aumento de sensibilidad, quemazón o dolor en la piel. No sabes qué te está pasando. Y un día miras tu coño y a tu corazón y ahí estoy yo: tu herpes del amor genital. Con una gran sonrisa de subnormal.
Me gustaría ser, para ti, tu herpes genital: causado por el virus del placer del amor. Quiero ser, para ti, una erupción: dolorosas ampollas para tu corazón. Sólo 1 de cada 1.000 personas consiguen tener herpes del amor. Y tú y yo, sin duda, somos especiales. El resto morirán en su mediocridad. No es culpa nuestra. Tú, simplemente, frota tu clítoris hasta que yo salga del todo. Primero la cabeza, luego las piernas: por último los zapatos.
Sin que tus padres se enteren, alimenta a tu herpes del amor genital. Aliméntalo bien (hamburguesas del Burguer King, potajes de la vecina, pescado del mercado, etc) hasta que pueda tener vida fuera de tu coño. Y hazlo crecer. Háblame por las noches, aunque yo no te entienda, pues igual que las plantas soy subnormal. Guárdame bajo la cama o dentro de una caja de zapatos, colócala sobre el armario: hazle agujeros en la tapa para que yo pueda respirar. Pronto obtendré conciencia y creceré y podré hablarte y penetrarte. Pero sólo podrá ser una noche. Los herpes genitales del amor crecemos una única vez: 1,80 cm. Un miércoles cualquiera. Luego morimos. Al día siguiente. Con los primeros rayos del sol: aparecemos muertos, inexplicablemente, en una playa.
Pero antes me correré dentro de tu coño proporcionándote 1.000 orgasmos. Eso es verdaderamente lo que nos hace morir. Luego déjame ir que tengo que llegar corriendo a la playa para poder morir. Déjame salir de tu habitación cuando tus padres no estén mirando: cuando estén durmiendo o viendo la televisión. Cruzaré el pasillo a gatas y abriré y cerraré la puerta de tu casa con cuidado: desapareceré por las escaleras de tu edificio a todo correr. Quizá escuchen algo, pero sin pruebas, nunca sabrán qué fui o si existí. Tú métetetetete en tu habitación y hazte la dormida cuando vayan a preguntar.

Antes de la aparición del herpes o del amor, el individuo infectado experimenta un aumento de sensibilidad, quemazón o dolor en la piel. No sabes qué te está pasando. Y un día miras tu coño y a tu corazón y ahí estoy yo: tu herpes del amor genital. Con una gran sonrisa de subnormal.

Me gustaría ser, para ti, tu herpes genital: causado por el virus del placer del amor. Quiero ser para ti una erupción: dolorosas ampollas para tu corazón. Sólo 1 de cada 1.000 personas consiguen tener herpes del amor. Y tú y yo, sin duda, somos especiales. El resto morirán en su mediocridad. No es culpa nuestra. Tú, simplemente, frota tu clítoris hasta que yo salga del todo. Primero la cabeza, luego las piernas, por último los zapatos.
Sin que tus padres se enteren, alimenta a tu herpes del amor genital. Aliméntalo bien (hamburguesas del Burguer King, potajes de la vecina, pescado del mercado, pizzas de la sección de los ultracongelados, etc) hasta que pueda tener vida fuera de tu coño.

Y hazlo crecer. Háblame por las noches, aunque yo no te entienda, pues igual que las plantas soy subnormal. Guárdame bajo la cama o dentro de una caja de zapatos, colócala sobre el armario: hazle agujeros en la tapa para que yo pueda respirar. Pronto obtendré conciencia y creceré y podré hablarte y penetrarte.

Pero sólo podrá ser una noche. Los herpes genitales del amor crecemos, un miércoles cualquiera, una única vez: 1,80 cm. Luego morimos. Al día siguiente. Con los primeros rayos del sol: aparecemos muertos, inexplicablemente, en una playa. Da igual lo lejos que esté.
Pero antes me correré dentro de tu coño proporcionándote 1.000 orgasmos. Eso es verdaderamente lo que nos hace morir. Dar ese semen mágico. Luego déjame ir que tengo que llegar corriendo a la playa para poder morir. Déjame salir de tu habitación cuando tus padres no estén mirando: cuando estén durmiendo o viendo la televisión. Cruzaré el pasillo a gatas y abriré y cerraré la puerta de tu casa con cuidado: desapareceré por las escaleras de tu edificio a todo correr. Quizá escuchen algo, pero sin pruebas, nunca sabrán qué fui o si existí. Tú métetetetete en tu habitación y hazte la dormida cuando vayan a preguntar.
No te preocupes si mi marcha te rompe el corazón. Porque las ampollas de los herpes genitales del amor se rompen en el corazón dejando llagas dolorosas que, eventualmente, forman una costra pero que desaparecen sin más. Sanarás en un periodo de 7 a 14 días. Con lo joven que eres; pronto estarás bien. Y, mientras te follas a otro de nuevo en tu cama o en el asiento detrás de un coche recordarás, con ternura, a tu primer herpes del amor genital que vivió en tu corazón y, sobre tu armario, en una caja de zapatos con agujeros en la tapa y con el que hiciste el amor.
No te preocupes si mi marcha te rompe el corazón. Porque las ampollas de los herpes genitales del amor se rompen en el corazón dejando llagas dolorosas que, eventualmente, forman una costra pero nada más. Sanarás en un periodo de 7 a 14 días. Con lo joven que eres; pronto estarás bien. Y, mientras te follas a otro de nuevo en tu cama o en el asiento detrás de un coche recordarás, con ternura, a tu primer herpes del amor genital que vivió en tu corazón y, sobre tu armario, en una caja de zapatos con agujeros en la tapa.te preocupes si mi marcha te rompe el corazón. Porque las ampollas de los herpes genitales del amor se rompen en el corazón dejando llagas dolorosas que, eventualmente, forman una costra pero nada más. Sanarás en un periodo de 7 a 14 días. Con lo joven que eres; pronto estarás bien. Y, mientras te follas a otro de nuevo en tu cama o en el asiento detrás de un coche recordarás, con ternura, a tu primer herpes del amor genital que vivió en tu corazón y, sobre tu armario, en una caja de zapatos con agujeros en la tapa.de la aparición del herpes o del amor, el individuo infectado experimenta un aumento de sensibilidad, quemazón o dolor en la piel. No sabes qué te está pasando. Y un día miras tu coño y a tu corazón y ahí estoy yo: tu herpes del amor genital. Con una gran sonrisa de subnormal.
Me gustaría ser, para ti, tu herpes genital: causado por el virus del placer del amor. Quiero ser, para ti, una erupción: dolorosas ampollas para tu corazón. Sólo 1 de cada 1.000 personas consiguen tener herpes del amor. Y tú y yo, sin duda, somos especiales. El resto morirán en su mediocridad. No es culpa nuestra. Tú, simplemente, frota tu clítoris hasta que yo salga del todo. Primero la cabeza, luego las piernas: por último los zapatos.
Sin que tus padres se enteren, alimenta a tu herpes del amor genital. Aliméntalo bien (hamburguesas del Burguer King, potajes de la vecina, pescado del mercado, etc) hasta que pueda tener vida fuera de tu coño. Y hazlo crecer. Háblame por las noches, aunque yo no te entienda, pues igual que las plantas soy subnormal. Guárdame bajo la cama o dentro de una caja de zapatos, colócala sobre el armario: hazle agujeros en la tapa para que yo pueda respirar. Pronto obtendré conciencia y creceré y podré hablarte y penetrarte. Pero sólo podrá ser una noche. Los herpes genitales del amor crecemos una única vez: 1,80 cm. Un miércoles cualquiera. Luego morimos. Al día siguiente. Con los primeros rayos del sol: aparecemos muertos, inexplicablemente, en una playa.
Pero antes me correré dentro de tu coño proporcionándote 1.000 orgasmos. Eso es verdaderamente lo que nos hace morir. Luego déjame ir que tengo que llegar corriendo a la playa para poder morir. Déjame salir de tu habitación cuando tus padres no estén mirando: cuando estén durmiendo o viendo la televisión. Cruzaré el pasillo a gatas y abriré y cerraré la puerta de tu casa con cuidado: desapareceré por las escaleras de tu edificio a todo correr. Quizá escuchen algo, pero sin pruebas, nunca sabrán qué fui o si existí. Tú métetetetete en tu habitación y hazte la dormida cuando vayan a preguntar.
No te preocupes si mi marcha te rompe el corazón. Porque las ampollas de los herpes genitales del amor se rompen en el corazón dejando llagas dolorosas que, eventualmente, forman una costra pero nada más. Sanarás en un periodo de 7 a 14 días. Con lo joven que eres; pronto estarás bien. Y, mientras te follas a otro de nuevo en tu cama o en el asiento detrás de un coche recordarás, con ternura, a tu primer herpes del amor genital que vivió en tu corazón y, sobre tu armario, en una caja de zapatos con agujeros en la tapaAntes de la aparición del herpes o del amor, el individuo infectado experimenta un aumento de sensibilidad, quemazón o dolor en la piel. No sabes qué te está pasando. Y un día miras tu coño y a tu corazón y ahí estoy yo: tu herpes del amor genital. Con una gran sonrisa de subnormal.
Me gustaría ser, para ti, tu herpes genital: causado por el virus del placer del amor. Quiero ser, para ti, una erupción: dolorosas ampollas para tu corazón. Sólo 1 de cada 1.000 personas consiguen tener herpes del amor. Y tú y yo, sin duda, somos especiales. El resto morirán en su mediocridad. No es culpa nuestra. Tú, simplemente, frota tu clítoris hasta que yo salga del todo. Primero la cabeza, luego las piernas: por último los zapatos.
Sin que tus padres se enteren, alimenta a tu herpes del amor genital. Aliméntalo bien (hamburguesas del Burguer King, potajes de la vecina, pescado del mercado, etc) hasta que pueda tener vida fuera de tu coño. Y hazlo crecer. Háblame por las noches, aunque yo no te entienda, pues igual que las plantas soy subnormal. Guárdame bajo la cama o dentro de una caja de zapatos, colócala sobre el armario: hazle agujeros en la tapa para que yo pueda respirar. Pronto obtendré conciencia y creceré y podré hablarte y penetrarte. Pero sólo podrá ser una noche. Los herpes genitales del amor crecemos una única vez: 1,80 cm. Un miércoles cualquiera. Luego morimos. Al día siguiente. Con los primeros rayos del sol: aparecemos muertos, inexplicablemente, en una playa.
Pero antes me correré dentro de tu coño proporcionándote 1.000 orgasmos. Eso es verdaderamente lo que nos hace morir. Luego déjame ir que tengo que llegar corriendo a la playa para poder morir. Déjame salir de tu habitación cuando tus padres no estén mirando: cuando estén durmiendo o viendo la televisión. Cruzaré el pasillo a gatas y abriré y cerraré la puerta de tu casa con cuidado: desapareceré por las escaleras de tu edificio a todo correr. Quizá escuchen algo, pero sin pruebas, nunca sabrán qué fui o si existí. Tú métetetetete en tu habitación y hazte la dormida cuando vayan a preguntar.
No te preocupes si mi marcha te rompe el corazón. Porque las ampollas de los herpes genitales del amor se rompen en el corazón dejando llagas dolorosas que, eventualmente, forman una costra pero nada más. Sanarás en un periodo de 7 a 14 días. Con lo joven que eres; pronto estarás bien. Y, mientras te follas a otro de nuevo en tu cama o en el asiento detrás de un coche recordarás, con ternura, a tu primer herpes del amor genital que vivió en tu corazón y, sobre tu armario, en una caja de zapatos con agujeros en la tapa.