
Hoy, a dos días de mi cumpleaños (36 años voy a cumplir) me he afeitado. Llevaba casi un mes sin poder hacerlo porque no tenía dinero para comprar gilletes. También llevaba casi una semana sin poder cenar. Pero ayer el señor X (con quien colaboro) me dio 100 euros para que invitara a comer a una estrella de la canción pop que se ha encaprichado conmigo y me quería follar.
Antes, trabajaba en una productora en la que se reían de mí porque, por lo pobre que era y por la mierda que me pagaban, mis camisas tenían agujeros. En cambio ahora, que estoy colaborando con el señor X, ganador de dos oscars, llevo esas mismas camisas y ni me las mira. Él sólo mira los escritos que le entrego a final de cada mañana. Esa es la diferencia entre la gente grande, con talento y los que no. Se fijan en lo que verdaderamente importa.
Finalmente la estrella pop, que ha salido en la portada de muchas revistas, no quería comer, simplemente follar: vino a mi casa, se corrió 3 veces, se fumó un cigarrillo y comenzamos a charlar desnudos en la cama. A mi me parecía imposible tener a semejante belleza célebre en mi cama. Verla correrse entre mis brazos ha sido el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en mi vida.
- No tienes nada –me dijo.
A la gente, cuando entra, le sorprende: mi pequeño apartamento está vacío, salvo por un poco de ropa y por los muebles que venían dentro cuando la alquilé. Tampoco tengo agua caliente ni calefacción.
-En Canarias tenía una gran biblioteca pero la tuve que dejar atrás –le conté- Luego me mudé y tuve otra gran biblioteca, pero también tuve que dejar todos esos libros. En los últimos tres años me he mudado 7 veces, y siempre he tenido que dejar todas mis cosas atrás, pues nunca tengo dinero para pagar una mudanza. Ahora, cuando tengo algo, un libro, un dvd, un cd, tras verlo lo regalo a la primera persona que tengo oportunidad.
-Y algunas veces no tienes ni para cenar.
-Sí. Tengo esa gran suerte.
-¿Suerte?
-Así cuando puedo cenar siento una felicidad enorme. Más que si pudiera cenar todos los días. Cuando tengo cena, del hambre que arrastro, siento que estoy comiendo la mejor comida del mundo. La disfruto y celebro muchísimo. Te juro que en ese momento disfruto más que lo que haría el rey del mundo cenando en el mejor restaurante de Italia.
-Quiero que seas mi amante de Madrid.
-Vale –contesté.
-Yo también -me confesó- era más feliz cuando lo estaba intentando que ahora que lo he conseguido.
E hicimos de nuevo el amor. Pero esta vez el que se corrió fui yo. Y luego se fue. Paseamos de la mano por Carabanchel hasta su coche y todos los gitanos e inmigrantes y kinkis nos miraban asombrados.
Con el dinero que no me gasté en el almuerzo, fui al supermercado. Compré lo necesario para afeitarme, un libro, algo de comida para cenar, tres bonos de metro, un par de caprichos para Anais y me sobraron 20 euros que devolveré al sr. X, con todo mi agradecimiento, el lunes por la mañana.