
Sé que hay gente que está peor que yo,
en muy mala situación:
Los paralíticos.
Los mancos gangosos.
Los dementes. Los con cáncer.
Las negras embarazadas y deshidratadas en pateras.
Los viejos que se van a morir y se cagan encima.
Pero eso no es suficiente para que esta tarde yo haya gritado al cielo,
pidiendo ayuda. Como un loco.
Pero arriba no hay Dios que me ayude
sólo una vecina, y está bastante buena
tampoco ella va a bajar a ayudarme.
A follarme. Y me da igual:
Estoy impotente.
Mi pito es un chorrito.
Cada día de mi vida, ahora, es una mierda.
Mi novia lo convierte en mierda.
Odiando a mi perra.
Odiando a mis sueños.
Haciéndolo todo más difícil.
Cada día, recibo latigazos.
Follar, para mí, es una ídea repugnante.
Propio de cerdos.
La procreación, con ella, sería una maldición
Para el resto de mis días.
Ya no sonrío nunca.
Todos los habitantes de Madrid se han convertido en enemigos.
Ni un amigo. Sin padre, madre, hermano que me mantenga.
Sin embargo, aquí sigo
Sin hacer las maletas
Como tantas veces, en el pasado.
Nunca Dios me sacó de ningún apuro
Siempre fui yo.
Siempre fui un valiente.
Siempre me salvé yo mismo.
Pero esta vez no sé qué ancla me impide dejar esta mierda de vida.
Y volver a sentir el aíre mientras vuelo por el cielo.
Aquí sigo persiguiendo mis sueños azules.
Solo. O con amigos con fecha de caducidad.
Y si algún día consigo
escribir el gran libro,
hacer la gran película
vender la gran serie
y me dan un Oscar, un Nóbel, un premio, el que sea
pensaré que no deberían de premiarme por ese trabajo
porque eso es fácil
si no que deberían de premiarme,
por resistir, por no quitarme la vida
en estos días.