
María Lapiedra me llamó por teléfono:
-Tengo que presentar un festival de cortometrajes y me gustaría que emitieran uno protagonizado por mí ¿Me ayudas?
-¿Cuando has de presentarlo?
-Tiene que estar antes del día 30 de junio. El corto sólo ha de durar un minuto.
Estábamos a día 11 y no teníamos ni guión, ni actores, ni cámaras, ni director de foto, ni nada. Pero María dijo que sí, sin dudar, cuando le contacté por el Facebook para que saliera en “A otra perra con ese hueso” en sujetador y en bragas, sin conocerme ella de nada y sin pedir ni medio euro a cambio. Si no hubiera sido por ella, yo no hubiera arrancado con “A otra perra…” que me está dando muchas satisfacciones. No sé cómo os imagináis a María Lapiedra vosotros. Pero yo os la voy a definir: dulce, generosa, buena gente, humilde, siempre alegre, nunca pone mala cara: una eterna sonrisa dulce en su cara: con muchísimas ganas de trabajar. Si me perdonáis la definición cursi, leed que aquí viene, agarráos: “María es un algodón de azúcar”. Siempre trato de devolver los favores que me hacen y ese era el momento.
Pedí ayuda en este blog y a la productora con la que colaboro. Me la dieron. Mi primo se ofreció de ayudante de dirección y convenció a su amigo Gabriel (operador y con una cámara que grababa en HDV). La productora me ayudó con el montaje y la sonorización. Voy a poder trabajar con un técnico de sonido, editor y un técnico de post producción que son la hostia. Recordé a una lectora que me había escrito diciendo que quería hacer de directora de foto en una de mis grabaciones. Pues adelante.
Escribí el guión esa misma noche. No estoy orgulloso de él pero tenía claro que quería hacer algo en mi línea: escandaloso, repleto de sexo, extraño. No tenía tiempo para pensar algo nuevo. Le mandé el guión a María, repleto de escenas de sexo lésbicas y zombies. Me dio el OK.
-Lo único que te pido es que busques tú a la chica que ha de hacer la escena lésbica contigo -le pedí- Yo no conozco a ninguna.
Pero llegó el viernes, y no la había conseguido. Me puse las pilas. Había gente que iba a estar en la grabación del lunes y habían pedido el día libre en sus trabajos. No quería fallarles. Odio no superar los problemas que se me presentan. Odio la gente que dice “voy a hacer un proyecto realidad” y no tienen la fuerza ni la voluntad para realizarlo. He conocido a mucha gente hueca, mucha gente que no sabe más que hablar, hablar, que dice va hacer grandes cosas pero que no tiene la voluntad, que se rinde ante la primera adversidad que se le presenta, que no saben más que estar en un sofá lamentándose, que tienen miedo a dar los primeros pasos sin medios y sólo saben despreciar el trabajo de otros. Escribí a todas las actrices y chicas que conozco que, o no tienen vergüenza, o son bisexuales. Puse un anuncio en mi blog. Pase el día completo por el Facebook hablando con gente, mandando el guión cientos de veces. Una actriz se mostró interesada. Dijo que iba a pedir el día libre. María me escribió diciendo que quizá una amiga suya podría. Había un poco de luz. O una chica o la otra. La escena no se atrevería a hacerla cualquiera: debían de estar completamente desnudas. No todos los que se dicen actores se atreven a actuar desnudos. Igual que Carlos Atanes pienso que esas personas no son actores.
Una de las actrices me dijo que no le había llegado el email y que no había conseguido el día libre. La actriz de María sólo podía darnos de su tiempo 3 horas. Truenos. No podrían conmigo. El show debe continuar. Rendirse, jamás.
Reescribí el guión. Si no había conseguido a una actriz, conseguiría a un actor. Contacté con dos actores buenísimos. Uno me dijo que no se atrevía a estar desnudo. Otro me dijo que acababa de llegar de una fiesta de dos días. Que se iba a la cama y que mañana, en principio, estaría allí.
Reenvié el nuevo guión a todo el equipo. Me fui a dormir tranquilo. Lo había conseguido…
…hasta que sonó el teléfono al día siguiente. Una hora antes de comenzar a grabar.
-Rafa, nof puedof if a grabaf porque mef he morfido la lenguaf y no puedof hablaf.
Empecé a temblar. No tenía actor. La grabación no se produciría. Quedaría delante de todo el equipo como un incompetente. La próxima vez no apostarían por mí, no me ayudarían. Llegue al lugar de la grabación. Un bar heavy de puta madre que había conseguido María Lapiedra. Se llama Metal Room (calle río Uruguay 4 ). El dueño, Gabriel, es de esa raza de buena gente que se extinguió hace años. Ahí estaba todo el equipo. Esperando comenzar. Mirándome ¿Cuando empezamos? Sólo había una solución: hacer el papel yo. En teoría sonaba de puta madre. Tendría que besar a María Lapiedra, estar sobre ella, ambos desnudos. Pero por otro lado estaba mi vergüenza de desnudarme delante de todo el equipo: cuando tengo la polla en reposo se me pone super chica. Y eso para la mayoría de los tíos que vamos de machitos es terrible. Pero juro que no la tengo enana. Podéis ver mi polla erecta en el minuto 01:05 de este vídeo, saliendo de la boca de una turista finlandesa:
Lo segundo es mi ex, que me dejó. La sigo amando. Pero es muy celosa. Ella no entendería que grabara estas escenas. Nos distanciarían para siempre. Pero, tengo claro que no era hacer nada malo y el problema lo tiene ella en la cabeza. Sólo es actuar. No puede seguir pensando en mi ex, actuando como ella desea. Me ha dejado. Tengo que seguir con mi vida. Luchar por mi trabajo. Seguir mi estrella.
Lo tercero es que no soy actor. Puedo hacer de subnormal sin problemas. Pero este corto, a pesar de que la historia es bastante cómica, se grabaría en forma de drama.
-María. No hay actor. Pero si quieres, lo hago yo.
-Perfecto.
Y lo hicimos. Y todo el equipo vio mi mini pene microscópico en reposo. Incluido mi primo con el que jugaba de pequeño a los Master del Universo. Y besé y lamí a María Lapiedra sin disfrutar nada, no por ella, que es la tía más sexy, encantadora y guapa del mundo y en otras circustancias más intímas si que me hubiera puesto mis órganos sexuales de color rojo intenso. Sino porque, cuando veía escenas de sexo en el cine, pensé que el actor disfrutaría. Pero no. Estás trabajando. No sientes nada. En ese momento lamer una teta produce tanto placer como lamer un codo. Hoy siento que nunca he besado a María Lapiedra (y eso que repetimos la escena como 8 veces). El beso no se te queda en la mente o en los labios como cuando se lo das a una chica de la que estás enamorado. No se te mete dentro nada. Pero no os voy a mentir. Me siento super orgulloso de haber grabado esa escena con María Lapiedra y no haber parado un rodaje por vergüenza.

Foto de Sandra Torralba.