¡UN HOMBRE, DE NUEVO!
Tuesday, June 30th, 2009Encerré mis pocas pertenencias en una maleta y salí de la casa donde he estado viviendo este último año. Dejé la llave dentro y cerré la puerta, de un portazo duro.
-¡Guau! -ladró contenta Anais.
Ambos sabemos que, dentro de esa casa, como una maldición para el siguiente inquilino, queda la época de mi vida más triste, desagradecida y angustiosa. Una subvida, una rata asquerosa que vivía en mi estómago, a la que nunca debí de haber alimentado con queso y tiempo. El próximo inquilino que alquile esa casa, sin duda, la maldición de mi ex vida le entrará como un gas por las fosas nasales, por la noche, mientras duerma y, si esa persona no posee la fortaleza de un elefante, le pudrirá el corazón para siempre. La próxima persona que alquile esa casa se convertirá en la persona más triste del mundo. De la noche a la mañana.
-Ahí te quedas, puta vida de mierda -le dije. Y me sentí ligero, feliz, con todas mis fuerzas de vuelta. Ya puedo enfrentarme y realizar cualquier empresa de nuevo. Luchar contra mil gigantes y ganarles. Mearme sobre la boca de todos los subhumanos del mundo.
-“Tu vida se basa en el cuento de la lechera” -me pareció oír hablar, como un fantasma, a mi ex- “Deberías de pillar un trabajo de subhumano”
-¡Y una mierda! ¡Yo voy camino de los Oscars y del premio Nóbel! ¡Sigo con mi vida de leyenda! ¡Quédate tú con tu triste vida de bolsillos sin fondo!
Salí del portal, pero no del recinto privado que guarda mi edificio. Mierda. No tengo llave para abrir la verja. Veo a la portera. Le pediré que me abra y así, de paso, me despediré de ella.
-Hola. Vengo a despedirme. Mi novia me ha dejado y dejamos esta casa. También necesito pedirle un favor ¿Me puede abrir la puerta de la verja para poder salir?
Como despedida, la portera me dió dos besos en la mejilla que denotaban que, en efecto, recientemente había estado dentro del cuarto de la basura y que, posiblemente, hasta se había estado retregando con alguna bolsa repleta de mierda y desperdicios. Por el camino, tras los beso, se hizo un silencio incómodo (además de olor). Quise llenarlo con buenos deseos para su familía.
-Le deseo la mejor vida a sus hijitas. Que siempre tengan mucha suerte y éxitos.
-No son mis niñas las que me preocupan -dijo de pronto muy triste- es mi hijo, el de 17. Es muy rebelde.
Y me miró como si yo fuera el único hombre con el que podía hablar. Y preguntó:
-¿Cuando dejáis los hombres de ser rebeldes?
-Nunca -contesté a la velocidad de la luz.
Un hombre de verdad jamás se esclaviza ante una mujer. No digo esto por machismo ni porque crea que los hombres seamos superiores a las mujeres (sólo en algunos aspectos físicos somos superiores). Sino porque la mujer, desde que nace el hombre, trata de esclavizarlo, de intentar que el hombre sea súbdito de sus deseos y voluntades. Primero es la madre. Luego, la novia. Por último, la esposa. Y si muere la esposa y has tenido hijas, pues entonces, sin remedio, la hija. Si te haces subdito de las mujeres, dejarás de ser hombre. Te convertirás en un impotente afeminado y ellas se reíran de tí. En un electrodomestico de la casa. Yo, ante mi ex, bajé la cabeza en todo. Pero, por mucho que a diario y con toda la paciencia del mundo, ella lo intentaba, jamás permití que tocara y destrozara mis sueños. Eso fue lo que me salvó la vida. Y mi polla. Mi polla anda ahora muerta, débil, desanimada…pero sé que pronto encontraré una enfermera. Una samaritana. Alguna tiene que haber.
-No se preocupe demasiado -le seguí diciendo a la portera- si su hijo va mal en los estudios. Sólo preocúpese de que su hijo no se meta en nada chungo, como en las drogas o una secta con planes de suicidio. En lo demás, respire tranquila. La vida hace su trabajo y su hijo encontrará su lugar natural en el mundo aunque lo echen del colegio por tener las peores notas del mundo. Quizá no se convierta en un famoso arquitecto como usted soñó al verlo nacer. Pero se convertirá en un feliz autónomo o en un feliz músico ambulante o, que se yo, a lo mejor en un famoso escritor y director de cine.
Noté a la portera aliviarse muchísimo. Le brillaron los ojos de agradecimiento. Sonreí. Preferí callarme, no proseguir con mi discurso: no sea que, al seguir hablando, ella se diera cuenta de que soy un gilipollas con sueños demasiado grandes, un “licenciado vidriera”. Salí de la finca, de mi barrio, y alli dos estupendos amigos (una pareja feliz, que también existen mujeres maravillosas que no pretenden dominarnos) me esperaban para llevarnos, a Anais y a mi, a una nueva calle, a un nuevo mundo, a una nueva vida. Os presento mi nueva casa:
























































