Diario Secreto de un
Camarero de Discoteca

Camarero de Discoteca

 

1.-Crisis en Argentina: Yo (dios) soy el culpable.

Y de pronto mi deseo se hace realidad: estalla una crisis económica en Argentina: la gente pierde los ahorros de toda su vida: los políticos corruptos han sumergido al país en la pobreza más absoluta: ir a comprar pan al supermercado se convierte en tarea imposible: los secuestros, los robos, la violencia desmedida se adueña de las calles: los ciudadanos convocan manifestaciones que no pueden resolver nada mientras dan golpes en sus cacerolas vacías de alimentos.

Quizá yo soy el verdadero culpable: seis meses atrás deseé que ocurriera: quería tener más dinero que las chicas argentinas con las que me escribo en Internet: sentirme más que ellas: que se vieran en un país subdesarrollado: que no tuvieran otra esperanza que emigrar a otro país: que me vieran –a mi y a mi país- como su salvación: quizá yo soy el maldito culpable de la hecatombe que ha arruinado a millones de familias: mis deseos se han hecho realidad porque soy un dios: un dios egoísta y sin sentimientos: igual que el nuestro, tal como escribió Nikolaus Lenau:“¿Puede llamarse Dios a un enfermo/ que construye un mundo en ardor febril/ para aniquilarlo, al poco, en sus escalofríos?/ ¿No es, tan sólo, un hijo de los dioses,/ al que le ha caído en suerte/ este mundo cual juguete de colores,/ que tan pronto lo divierte como lo maltrata,/ sin otro poder que balbucear sus deseos?”.

 

 

 

Sin duda soy un dios. Cuando decidí escapar, con mis argucias, del gran centro comercial dejé de ser humano: me salí de la masa: en ese momento desperté los poderes que todos tenemos dentro pero que nuestro sometimiento a la sociedad anula: ha salido a flote el poder inmenso del ser vivo: a partir de ahora, todo lo que desee se cumplirá: siempre y cuando, me mantenga fuera del sistema que, sin duda, nos hace ser muertos en vida: he de tener cuidado con mis deseos: podrían llegar a exterminar a la humanidad entera: ahora soy un dios que gobierna mi vida... si esto que escribo me lo creyera del todo, estoy seguro que podría caminar hasta por encima del agua: porque aunque estoy metiendo los dedos dentro de las llagas de Jesucristo continuo dudando: he de conseguir controlar mi subconsciente: que no continúe deseando lo que yo deseé en el momento que me encontré perturbado por un deseo sexualmente desenfrenado.

No.

No voy a ayudar a las chicas únicamente: ahora que soy un dios me siento misericordioso y con fuerza suficiente para ayudar a la Argentina entera: me concentro para que la situación allí se restablezca y permito, al cambiar mi pensamiento, que mi subconsciente continúe con el trabajo: y escribo un mensaje que publico en mi página Web, dirigido a todos los argentinos que sufren esa desoladora situación:

 

Queridos amigos argentinos:

Quizá porque nos conocemos desde hace bastante tiempo, la noticia de la crisis económica que estáis sufriendo en estos momentos me ha afectado de forma especial: las imágenes que veo por la tele de robo, violencia y miseria se me hacen más amargas por conocer vuestras caras. Quisiera ayudar a todos los que queráis salir del país para empezar una nueva vida: os brindo mi casa y mis ahorros: preocupaos únicamente de llegar hasta el aeropuerto de mi ciudad: a partir de ahí yo me ocuparé de todos vuestros gastos y necesidades: y os ayudaré a encontrar trabajo. No pido nada a cambio: me sentiré muy feliz haciéndolo: despreocupaos, no pertenezco a ninguna secta u organización religiosa: tampoco soy un psicópata que os matara mientras dormís: quiero hacerlo únicamente porque he llegado a la conclusión que nunca he hecho nada verdaderamente por nadie: quiero implicarme y ayudar directamente: ayudándoos me sentiré ayudado. Si queréis venir no lo dudéis: aquí tenéis a un amigo que, aunque no os puede ofrecer un castillo para vivir si os ofrece un alojamiento digno, alimentos y, apoyo hasta que podáis estableceros por vosotros mismos. Escribidme para concretar.

 

Sig

 

 

Paso el puntero del ratón sobre la opción publicar que me da la pantalla y aprieto el botón, aunque un halo de duda recorre mi espina dorsal ¿Qué pasará?

Desde que alguien acepte tendré que dejar esta casa: no puedo alojar aquí a desconocidos:¿Qué podría decir a mis abuelos? ¿Qué se van a quedar en mi minúsculo dormitorio un indeterminado número de argentinos que no conozco más que por algunos e-mails o por dejar un comentario en el foro de mi página Web? Mis abuelos se volverían locos. No lo entenderían: aunque vayan a misa cada domingo.

Pero estoy decidido: esta vez voy a ayudar de verdad: no de boquilla: tengo el sueldo de seis meses reunido: la próxima semana me darán el finiquito de mi contrato: casi cinco mil euros: y me corresponde el paro: dinero por cada mes que pase sin trabajar hasta un máximo de nueve: tengo dinero más de sobra para independizarme: debo de encontrar un trabajo en el que me paguen sin hacerme contrato: si me llega todo el dinero que estoy pensando tendré dinero de sobra para ayudar: quiero hacer algo por los demás: si no soy un dios, como mínimo, soy un ángel: un ángel que camina tras sus sueños mientras ayuda a los que le rodean. Es hora de dejar esta casa y empezar una vida de leyenda. Llevaré al pueblo argentino a la tierra prometida: yo protagonizaré los nuevos capítulos de la Biblia segunda parte.

 

2.-El destino se sabe tu número de teléfono.

Necesito un trabajo: leo los anuncios del periódico: nada que me apetezca: nada donde crea que me pueden pagar sin hacerme un contrato: por ahora no ha respondido ningún argentino a mi ofrecimiento. Suena el teléfono.

-Hola ¿Está Nicolás?

-Está equivocado –respondo.

-¿No es el 9282x4xxx45?

-Sí. Ese es el número de teléfono de esta casa.

-¿Y no hay nadie que se llame Nicolás?

-No. Le juro que no.

-Que raro, es que ayer vino aquí un chico buscando trabajo y dejó este teléfono.

-¿Buscando trabajo?

-Sí.

-Yo estoy buscando trabajo.

-¿Pero tú te llamas Nicolás?

-No. Pero estoy buscando trabajo.

-¿Has trabajado de camarero alguna vez?

-Sí –miento- He trabajado varias veces.

-Necesito alguien que haga unos días en la discoteca que dirijo para sustituir a un camarero que se ha puesto enfermo.

-Pues si quieres los hago yo.

-¿Sabes inglés?

-Sí –miento-

-Esta discoteca está en Puerto Rico.

Puerto Rico: así se llama una de las zonas turísticas de la isla: está a dos horas de mi casa: tendré que tomar el autobús pues no tengo coche: una discoteca: me da miedo: yo nunca he ido a una discoteca: pero, en esta nueva etapa de mi vida, no puedo permitirme ser un gallina: he de conseguir vivir sin miedo: puedo con todo: soy un dios: sólo he de mirar de frente al problema y decir:

-De acuerdo. Allí estaré.

La voz telefónica me da la dirección: empiezo a las nueve de la noche: de mañana: joder: ¡Qué nervios!: sin duda se van a dar cuenta que soy débil: un niñito: quizá me obliguen a tomar drogas ¿Y si se trata de una discoteca de gays dementes y me violan entre todos? A lo mejor me venden a las mafias de prostitución asiáticas. Sin duda, esta noche no podré dormir.

 

3.-Aventuras en la estación de autobuses: el terrorista, mi asesina de la última reencarnación y el exhibicionista.

-¡Voy a secuestrar este autobús! ¡Voy a explotarlo en el ayuntamiento! –grita un hombre que, con una granada en la mano, deambula entre las distintas filas de pasajeros que aguardan frente los autobuses de la estación central.

Tengo una cámara de fotos desechable: la he comprado para hacer alguna foto que me recuerde que una noche trabajé en una discoteca: no creo que vaya a superar la prueba: ni siquiera sé cuántos cubitos he de servir en una copa: saco la cámara y trato, con disimulo, de realizar una foto al hombre terrorista, ahora amenaza con el fin de todos los pasajeros que viajen en el mismo autobús al que él suba: justo cuando me dispongo a hacer clik, me mira:

-¡Soy más malo que Bin Laden! –me grita. Y acto seguido posa para la foto: es la primera vez que deja de chillar: toda la estación de autobuses nos mira: posa como si estuviera haciendo la primera comunión:

El hombre o terrorista se sube a uno de los autobuses: el conductor le advierte que con esa granada no le va a llevar a ningún sitio. Y tampoco con la bolsa si, primero, no le muestra el contenido:

-¡Pero si la granada está en una caja! -alega el hombre terrorista- ¡Como nosotros cuando nos saquen de este autobús!

Dos auxiliares de seguridad de la estación acuden en ayuda del conductor: son redondos: le quitan la granada: la observan: no tienen ni idea si la granada es verdadera o falsa: abren su bolsa: contiene unos calzoncillos (por los gestos de los auxiliares juraría que están llenos de mierda) papeles para fumar, un mechero y una botella de agua con un líquido rojo.

-¿Qué es esto?

-Sangre de Drácula.

(a mi me parece un refresco de frambuesa)

-Si quiere viajar en este autobús –advierte el más serio- Será sin granada, sin botella y sin mechero.

-Miradme bien a la cara –sugiere el individuo- tengo rayos X en los ojos: desde hace años que las moscas guían mi camino: yo soy una bomba.

Finalmente, tras una larga discusión sin sentido, el autobús arranca, el hombre terrorista viaja en él: sin granada: sin bolsa: sentado en uno de sus asientos pasa la lengua por los ventanales del autobús, de lado a lado, dejando un surco de saliva caer por los cristales.

-¡Vitamina E! –dice.

.

Estoy nervioso: dentro de quince minutos sale el autobús hacia la zona turística: voy a trabajar en una discoteca: algo quiere salir de mi estómago a caudales: necesito ir al baño: corro hasta el servicio público de la estación: gracias a Dios, antes de encerrarme en uno de los cubículos con wc compruebo que hay papel higiénico: no, no lo hay: tampoco en el resto de los cubículos: no puedo empezar sin él: intuyo que voy a necesitar grandes dosis para limpiar lo que va a salir de mi: tengo una catarata en el estómago: sería imperdonable llegar a la discoteca oliendo a mierda: salgo del servicio público: sólo está abierta la cafetería de la estación: si salgo a buscar una tienda donde comprar clines podría perder el autobús: pero el mostrador de la cafetería lo regenta una vieja horripilante: no puedo acercarme a ella: no me atrevo a pedirle servilletas: no es sólo vergüenza: algo tiene su cara: y su aura: me produce repulsión: debe de ser maldad: ella es muy mala: siento su maldad en estado puro: si existe la reencarnación estoy seguro de que ella me asesinó en mi última vida: a mi y a mis hijos: no quiero tener que pedirle un favor: no quiero tener nada que ver con ella: podría comprarle un par de donuts (sin mirarle a la cara) y aprovechar las servilletas que siempre entregan con ellos o, simplemente, agarrar un puñado de cualquier de los servilleteros que pueblan las mesas y salir corriendo.

No. Me desagrada en demasía la vieja: quizá me grite mientras corro con las servilletas en la mano: quizá me maldiga o se refiera a mi madre: no podría soportarlo: me produciría una crisis nerviosa: no quiero tener que oír nunca su voz: ni siquiera que me mire: de verdad que ella me asesinó en otra vida.

Regreso al baño, me encierro –sin papel higiénico- en uno de los habitáculos con retrete: cago: diarreas líquidas: me limpio el culo con cualquier papel que encuentre en mi bolsillo: entradas de cine, dos envoltorios de chocolatinas y el recorte de un periódico que se refiere a un concurso literario (al que me pensaba presentar: ahora sé que nunca lo voy a ganar): también sacrifico un billete de cinco euros: lo lleno de mierda y tiro de la cadena: es el fin del capitalismo: el wc se rebosa: se ha tupido: trato de salir del habitáculo: la puerta no tiene manecilla pero sí cerradura: no puedo salir: se me empiezan a mojar mis zapatos del agua marrón que sale del wc.

-¡Eh! ¡Socorro! –grito- ¿Alguien puede abrir esta puerta? ¡Estoy atrapado!

No hay nadie: decido escalar: apoyo las piernas en el deposito de papel higiénico sin papel higiénico: me aupo hasta uno de los muros: me ladeo y acuesto sobre él: ya no estoy tan gordo pero continuo teniendo barriga: apunto mentalmente que mañana, aunque esté cansado por el trabajo en la discoteca he de ir al gimnasio: salto al suelo: caigo, sano y salvo, junto al lavabo: no hay nadie: menos mal: pensarían que estoy loco o que andaba haciendo algo ilegal: la gente decente no suele caer del techo.

Me lavo las manos, aliso las arrugas de la camisa que llevo puesta: nadie que me viera de pronto podría llegar  a pensar que me acabo de limpiar el culo con un billete de cinco euros: saco mis lentillas para ponérmelas: no lo hice antes de salir de casa porque deseo darles el mayor rendimiento en la discoteca: según mis cálculos voy a tener que llevarlas puesta más de nueve horas seguidas y lo recomendable son seis: más allá de ese tiempo se ensucian y me hacen ver borroso.

En el baño entra un tipo: gafas culo botella, bizco, pantalón de chándal: camiseta de rayas: chubasquero: playeras: panzón: cincuenta años mínimo: barba de cinco días: me mira: se coloca junto a mí frente al lavabo: frente al espejo: se saca la polla.

Y no hace nada: se queda así, con la polla fuera, a mi lado, mirándose al espejo: con los hombros caídos: su polla está flácida: no se la pongo tiesa ni a los locos.

LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES ESTÁ LLENA DE LOCOS

Compongo, con mis cuerdas vocales, voz de tipo duro: no sé si lo conseguiré: nunca lo he intentado: pero he de ganar tiempo mientras termino de ponerme las lentillas y salgo corriendo de ese baño: algo he de hacer para que el loco no continué con su locura: quizá lo próximo es violarme.

-¿Qué estás haciendo gilipollas? –le digo.

Es la primera vez que califico de gilipollas a alguien teniéndolo de frente: tiemblo un poco por su posible reacción pero él no lo ha debido notar: mi voz ha resultado ser un éxito: el exhibicionista se guarda la polla: no obstante, continua en el mismo sitio: aunque ahora me mira: fijamente: por fortuna mis lentillas se adhieren a mi globo ocular sin dificultad.

-¿Te duelen? -me pregunta.

-¿Cómo me van a doler las lentillas, gilipollas?

Repito gilipollas: es mi palabra de la suerte: es mi comodín: no salga de casa sin ella: y miro al exhibicionista: como si le perdonase la vida... mi actuación hubiera sido convincente si, justo en ese momento, yo no hubiera salido corriendo del baño con desesperación.

A fuera estoy a salvo: me fundo en la masa de personas normales que están esperando el autobús: personas normales a los que no les pasan estás cosas: mi autobús ya se está cargando de pasajeros: todo es normal: me apresuro para no perderlo.

-Malditos plactonitas –me digo- Os estáis poniendo las botas con mi salida al mundo real.

 

4.-La discoteca.

El nombre de la discoteca es The lover, está en los sótanos de una plaza turística, al lado de la playa: estoy en la puerta: las luces están encendidas: hay unas siete personas dentro: están conectando cables: colocando botellas: ordenando ceniceros y sillas: preparan la apertura: un hombre de más o menos cincuenta años, bajito y gordito se me acerca: viste unos pantalones de pinzas y una camisa de manga corta con botones: la tela parece de seda: estoy nervioso.

-¿Quién eres tú?

-Me llamo Sig: soy el sustituto del camarero enfermo: al que llamaron por teléfono por error.

-Yo soy el dueño. Tú… tú…

Y comienza a olfatearme: la camisa: el estómago: no sé que hacer: me quedo quieto hasta que termina: se ha detiene justo antes de llegar a mi polla: menos mal.

-¿Has trabajado antes de camarero?

-Claro –vuelvo a mentir.

-¿Sabes inglés?

-Me defiendo.

-¿Ves a ese hombre negrito y alto? Pídele la camisa y la corbata: empezarás en la sala: vende todo lo que puedas: si al final de la noche haces buena caja, te quedas: y si no, te vas.

Me acerco al hombre negrito y alto: es una mole de músculos: está dentro de la barra, de espaldas a mí... estoy temblando: no sé si voy a poder con este trabajo... me da miedo tocar con el dedo al hombre moreno y alto para llamar su atención: a lo mejor se lo toma mal: decido hablar:

-H…ola.

La mole de músculos se vuelve hacia mí: me mira a la cara durante unos segundos.

-¿Tú quien eres?

-Soy nuevo: trabajo para sustituir a alguien que se ha puesto enfermo: ese señor me ha dicho que si usted puede, me de las camisas y la corbata.

-¿Te ha olido?

-Sí.

-No le hagas caso a ese viejo: las pastillas le han vuelto loco. Míralo ahora.

Miro al dueño: está regando unas plantas.

-Son de plástico –me dice- las riega cada noche antes de empezar.

-¿No sabe que son de plástico?

-Sí, pero dice que así se conservan mejor. Y a última hora de la noche se pone a hablarles: para llenarlas de oxígeno.

Tengo ganas de reírme: pero como él no lo hace: me da miedo: a lo mejor se lo toma mal: además no deja de mirarme: parece que me está estudiando: me siento incómodo.

-Toma estas camisas -me dice el forzudo.

-Están sucias –observo.

-Aquí todo está sucio.

Me voy al baño a cambiarme: me maldigo frente al espejo: otra vez corbata: ni trabajando en una discoteca me libro: el uniforme se compone de dos camisas de manga larga: una roja y otra blanca: hoy toca blanca: mi camisa blanca está manchada de rojo: parece sangre: salpicaduras.

Cuando salgo del baño le pregunto al fornido.

-¿De qué está enfermo a quién sustituyo?

-Le partí la nariz.

Los clientes comienzan a entrar: el dueño me dice que debo de preguntar a todo el que entra si desea beber algo: anotar el pedido en un bloc de comandas que me da y poner el pedido sobre la máquina registradora de la barra del fornido: él me preparará las copas: yo se las llevo y se las cobro: lo malo es que no entiendo a ninguno de los que empiezan a entrar en la disco: todos son extranjeros: no hay nadie que hable en español: y para colmo, aparece de la nada, otro camarero de sala: él si que entiende inglés: no para de apuntar, hablar con los clientes y servir pedidos: el tiempo pasa: media hora: la discoteca está llena y yo no he tomado ni una comanda. El fornido me llama:

-No tienes ni idea de inglés ¿Verdad?

-No. No entiendo nada.

-Desde que se de cuenta, el dueño te va a echar.

-Ya.

-¿Necesitas el trabajo?

-Sí.

-Mira: cuando entre alguien dile esta frase, apúntala ahí tal como te suene: What you want drink? Y lo que te responda me lo repites aquí: me repites los sonidos: y yo te digo lo que tienes que escribir en la comanda ¿Entendido?

-Sí. Gracias.

-Nada de gracias: aquí los favores se pagan.

-¿Cómo?

-Me darás la mitad de lo que ganes hasta que sepas trabajar por ti solo ¿Ok?

-Vale. Me parece justo.

-Bien. Y ahora llama al otro camarero de sala.

-De acuerdo.

-¿Qué quieres? –dice el otro.

-La mitad de las cosas que te pidan los clientes se lo escribes en las comandas de él.

-¿Y por qué? Si él no entiende inglés que se joda.

-Porque sí no lo haces te voy a partir la columna vertebral.

El camarero se queda blanco.

-V…ale.

Nos vamos los dos a la puerta: el otro camarero de sala no se atreve a mirarme: ni siquiera a rechistar: sólo dice:

-Joder: le has caído de puta madre.

-¿Quién es?

-Es Saki, el cubano. Lleva más de diez años trabajando aquí. Es un animal: dicen que ha matado gente.

.

Me da vergüenza acercarme a los extranjeros para preguntar: no obstante, lo hago: me lo tomo como un rollo de auto superación: los extranjeros me hablan y, entonces, voy corriendo hasta el fornido para repetir, como un loro:

-Guanpichnap –digo.

-Apunta: un Peach up, licor de melocotón con Seven up.

- Y tuyidiguitcouc.

-Eso son two J.D whit Coke: Jack Danield´s con coca cola.

-Ya llevo cincuenta comandas, gracias.

-De nada, pero espabila.

.

Una señora entra la discoteca: sola: viste un top y unos pantalones muy cortos: es alta: me parece una señora misteriosa: no deja de sonreír.

-Aiguant eigtbacardibrisardguatermelo (cuatro Bacardi Brizard Watermelon) –me dice

-¿Ocho?

-Sí.

Apunto el pedido en la comanda. Es el primer pedido que consigo apuntar yo solo: se lo doy a Saki, orgulloso.

-¿Ocho? ¿Para ella sola?

-Eso me ha dicho.

-Pregúntaselo otra vez que tu no entiendes ni patata de Inglés.

Voy a donde está la señora.

-Perdone ¿De verdad que quiere ocho Bacardi Brizards?

-Yes!! PARTY!!

Saki le sirve los ocho Bacardis: son unos botellines de cristal con un líquido morado: ron con zumo de sandia.

-Seguro que es finlandesa: todas las finlandesas están locas.

 Ella empieza a beberse los botellitas: uno tras otro.

-Esta no quiere fiesta: quiere guerra –dice Saki.

Al rato la extranjera se levanta, se tambalea, se agarra a una columna y sube hasta la tarima: comienza a bailar:

-Yeah! Yeah! –grita.

La gente se empieza a reír de ella: Saki comienza a echarle soda con la manguera de servir refrescos: ella, lejos de enfadarse se muestra encantada:

simulando ser una estrella porno comienza a quitarse la ropa: se queda vestida únicamente con un tanga de piel de tigre: la gente se ríe de ella: está tan borracha que se cree en un vídeo de la Mtv: cree ser lo más erótico desde Kylie Minogue: y no deja de mirar a Saki: todo el rato.

-Te está mirando Saki.

-Esa es una puta. Una guarra buscando polla.

-¿No te gustaría estar con ella?

-¿Con eso?¡Qué va! Si trabajas mucho tiempo aquí te harás selectivo con las mujeres: no querrás follarte a cualquier cosa: te darás cuenta que hay pocas que merezcan que te las lleves a tu casa: a follártelas en tu cama: la mayoría de las mujeres sólo sirven para que te la chupen un poco en cualquier esquina..

-¿Y esa de qué tipo es?

-De las locas: si me la follo hoy, que será su primer día de vacaciones, tendría que estar luego follándomela cada noche, hasta que regrese a su país: y si paso de ella: la voy a tener que aguantar en la barra, acosándome durante toda la semana: preguntándome porque no quiero follármela más: incluso, esperando aquí a que termine de trabajar: montando espectáculo a cualquier chica que se me acerque: me estropearía futuros rollos: y lo más seguro que el último o penúltimo día me denuncie a la policía: por violación o cualquier mentira que se le ocurra: lo mejor es pasar de las locas: a lo mejor, si estoy aburrido, le dejo que me la chupe el último día.

Miro a la señora: ya ha dejado de bailar: está cansada: nadie la mira: nadie le hace fiesta: se limita a dar vueltas alrededor de la tarima: aburrida: quizá le de vergüenza bajarse: vestirse: volver a sentarse.

.

-Tienes que beber algo –sugiere Saki- Eres muy tímido con la gente: tienes que soltarte: estás trabajando en una discoteca, no en un hotel de cinco estrellas.

-Es que yo no bebo: no me gusta el sabor a alcohol.

-Ya verás como esto si te gusta.

Saki saca una botella de un frigorífico de las neveras: llena un vasito de cristal: es un líquido rojo: se llama After shock.

-¿Tiene droga? –pregunto asustado.

-No, gilipollas.

-¿Y tú no bebes?

-No cuando me meto pastillas.

Bebo. Y entiendo, a la perfección, esa frase hecha que tantas veces se dice: “la cabeza me va a explotar”: Saki se ríe.

-Parece que es la primera vez que bebes en tu vida.

-Tanta cantidad sí.

-¡Pero si sólo te serví un vaso de chupito! Tú, cuando sales por la noche ¿Qué bebes?

-Es que yo nunca salgo por la noche.

Saki se ríe más: creo que le caigo bien: o le hago gracia.

-Tendrás que beberte otro: como el dueño te vea tan parado te echa.

Creo que esta vez la invitación la hace Saki no por ayudarme sino por divertirse él viendo la cara que pongo mientras trago: pero le dejo hacer: bebo otro chupito: está bueno: empiezo a sonreír (después de recuperarme): sonrió a todo el mundo: más de la cuenta: a nadie le importa que esté borracho: paso desapercibido: todos los turistas están borrachos: cantan, bailan, beben, discuten, se pegan... y se besan, se tocan: no veo a nadie que deje de hacerlo: el After Shock ha hecho su efecto: me olvido de trabajar: me concentro en sacar fotos: no tengo miedo de que me sobrepase, desmesuradamente, en ventas el otro camarero de sala: él está con una rubia en una de las esquinas de la discoteca: hay chicas que sacan las pollas de los chicos y les masturban: otras simplemente se las frotan con dos deditos: muy finamente: son unas señoritas:

los chicos también meten sus manos por debajo de las faldas de ellas: algunos lo hacen con disimulo: otros, simplemente, no se cortan:

 

 

a medida que va pasando la noche veo que, la seguridad de la discoteca, sacan a parejas de los baños: empapados:

-¿Por qué los sacan? –pregunto a Saki.

-Estarían follando en el baño.

-¿En el baño?

-Sí

-¿Y por qué están mojados?

-Los de seguridad, antes de hacerles salir, les tira agua por arriba de la puerta: para que se les baje la excitación: si no, no hay manera de que abran la puerta hasta que terminen.

-¿Y por qué no les dejan follar?

-Joder, porque lo dejan todo manchado de semen y sangre: con los preservativos y los tampaxs tirados por el suelo: un asco.

 

No dejo de abrir la boca: por asombro: las turistas entran por la puerta, bailando, se sientan a beber un par de copas: los chicos se les acercan: si ninguno les gusta se van a otro pub a seguir buscando o salen a la pista de baile a bailar para pescar a alguno que no se les haya acercado: pero realmente no bailan: simulan el acto sexual: mueven el culo como si estuvieran siendo penetradas por detrás: entonces algún chico se les pega y les pone la polla (sin sacársela) en el culo mientras baila (dando saltitos) y, si a la chica le gusta (o si se calienta) comienzan a besarse, a tocarse y a masturbarse. O simplemente desaparecen rumbo al apartamento de uno de ellos.

Saki no deja de mirarme y reírse.

-Esto es normal: pasa todos los días. Los guiris viene de sus países y, como aquí no les conoce nadie, hacen lo que quieren, lo que sienten, sin pensar en hipocresías: viven el momento. Vivir, momento a momento, es la única manera de rozar la felicidad.

-¿Y no tienen miedo de pillar el sida?

-¿El sida? El sida no existe.

La borrachera se me va pasando: estoy súper excitado: pero la fiesta que allí sucede no tiene nada que ver conmigo: yo estoy fuera: ninguna chica se me acerca: tampoco yo me atrevo a mirar a ninguna a la cara: estoy en el bando de los fracasados: ni siquiera soy el capitán de los fracasados: soy el que friega la cubierta: de pronto veo a un chico: en la barra: solo: sin duda, si yo estuviera en esta discoteca, de cliente, este sería yo:

-Tú y yo somos hermanos –le digo

-What? –pregunta: no me entiende.

.

-Sig –ordena Saki- entra en la barra.

-¿Yo? ¿En la barra?

-Del otro camarero no me fió: creo que mete la mano en la caja.

-Pero si no entiendo inglés ni sobre bebidas: no voy a saber atender a nadie.

-Tú sirve cualquier cosa de las botellas baratas: todo el mundo anda borracho y no se enteran de lo que están bebiendo. Toma mi reloj.

-¿Y el dueño no dirá nada? ¿No se enfadará porque yo esté dentro de la barra?

-No te preocupes por él. Está tirado en el suelo del garaje: se metió alguna mierda de más esta noche.

-¿Necesita ayuda? –me preocupo- ¿Llamo una ambulancia?

-Da igual, hombre. Él siempre se está desmayando en el suelo del garaje.

-¿Vas a ir ahora a atenderlo?

-¡Qué va! Voy a ir a hablar con unos moros.

Y de su muñeca se saca un Rolex de oro que me entrega. Me mira: su mirada habla: dice: como te vayas con él te encontraré y te daré la paliza de tu vida.

-¿Y para qué quieres que te guarde el reloj?

-No me gusta pegar a la gente con el reloj puesto.

Saki sale de la barra: coge a dos moros por el cuello y los saca –arrastrándolos- por la puerta de atrás de la discoteca: todo es tan rápido que, un segundo después de haberlo visto, los turistas borrachos dudan si ha ocurrido realmente.

Yo me quedo blanco ¿Pero en qué clase de lugar me he metido?

Un extranjero, muy gordo, empieza a hablarme: no le entiendo en absoluto: creo que es noruego: que me está pidiendo una bebida: empieza a hacer gestos: no sé que diablos querrá beber: el noruego comienza a aullar:

yo no sé que hacer: así que, para entretenerlo, comienzo a sacarle fotos: y él, lejos de extrañarse, a posar:

me doy cuenta que el botellín que tiene delante está casi vacío: ¿Querrá otro igual?: trato de encontrarlo, en las neveras: líquido blanco, etiqueta con letras rojas: Smirnoff Ice: lo encuentro: le hago gestos para saber si lo quiere: me dice que sí: con la lengua, poniéndosela en la punta de su nariz: abro el botellín: se la entrego: me da un billete de cien euros y gestos para que me quede con la devuelta: mi primera propina: sólo con esa propina ya he ganado más dinero que si hubiera estado trabajando dos días en el gran centro comercial.

El gordo me invita a beber pero, justo en ese momento, vuelve Saki: tiene las manos rojas: la piel de sus nudillos despellejadas.

-Ya puedes salir de la barra.

-¿Estás bien?

-Pues claro.

-¿Ha pasado algo?

-Nada.

-¿Dónde están los moros?

-En el suelo.

-¿Qué hicieron?

-Una cosa que debes de aprender es que, en la discoteca, no debes preguntar nada a quien no conoces de nada. 

.

-¿Por qué sacas fotos? -me pregunta Saki.

-Es que estoy flipando. No tenía ni idea de lo que pasaba en las discotecas.

-A mi no me saques fotos nunca –advierte.

-Casi te pregunto porqué, pero me acabo de acordar del consejo que me acabas de dar envuelta en frase mítica.

-Muy bien… ¿Qué te extraña todo esto, dices?  Es que aquí todas las tías son unas putas: mira esa: dame la cámara.

Se la doy: no: me la arranca de las manos.

-¡Tú! ¡Puta! Levántate la falda- le dice (en inglés) a una turista.

La guiri le mira, pizpireta, se levanta la falda, le sonríe.

Saki le saca una foto:

-Date la vuelta guarra!

La turista hace lo que Saki le pide: además se nota que está orgullosa de su culo.

 

-A esta me la follo hoy –dice Saki.

.

8:00 a.m. Se encienden las luces, la música se detiene: la voz del disjokey suena por los altavoces:

-Es la hora de cerrar: gracias a todos por pasar vuestro tiempo en The Lover, gracias a los turistas, a los trabajadores de la zona, a todos los cabrones que habéis venido a emborracharos y a pillar a alguna chica. Ya es hora de volver a casa: pero os recordamos que mañana, desde las nueve y media de la noche, The lover volverá a abrir sus puertas para todos vosotros.

-Maldita sea –me dice el otro camarero de sala- se me ha escapado la turista que tenía para llevarme a casa. Joder, es que son las ocho de la mañana y, hasta esta hora, no hay tía que te espere: la culpa la tiene el dueño: si no hay policías por la zona, no cierra la puta disco hasta que deja de hacer dinero.

Miro a mi alrededor: no hay más que borrachos: las chicas que quedan son muy feas: la única que sirve es la  rubia que espera a Saki: no se lo hago notar al camarero de sala: seguro que le jodería: y que ya lo sabe: a él no le esperan porque no es tan guapo y musculoso como Saki.

Hay un borracho que tiene pinta de estar profundamente dormido: me acerco hasta él.

-Amigo –le hablo- Están cerrando:¿Estás bien?

No contesta. Pienso moverle un poco, pero me da miedo: quizá se enfade, quizá se despierte y me pegue... no puedo seguir sintiendo miedo: me lo prometí: he de superarlo: le toco con un dedo.

-Holaaa –le susurro al oído- Buenos díaaaaaass.

El borracho no se mueve. Está sepultado, enterrado bajo mil sueños. Le tiro de una oreja, un poco. No reacciona. Me saco una foto con él:

sigo tratando de despertarle: pero no hay manera: se lo digo a uno de seguridad, que pasa por ahí:

-Creo que este tío esta muerto.

De una botellita de agua de la que estaba bebiendo, le tira agua por la cara, por el cuerpo: le agarra por el cabello: le tira de él: por fin el borracho resucita: abre los ojos, pero no se mueve, no se levanta: no le importa nada de lo que le ha hecho:

-Quiero quedarme a dormir aquí –dice.

-De acuerdo –dice el de seguridad- pero desde que cierren las puertas y todos los que no son maricones se vayan, vamos a hacer una fiesta privada: este es mi novio (refiriéndose a un chico que se acerca a ayudarle) y te la vamos a meter por el culo hasta que tú también te corras, morenito.

-Noooooo –dice el borracho mientras se levanta- ¡No me toquéis!

.

Reaparece el dueño de la discoteca: está vivo: tiene la camisa y el pantalón manchado de tierra: sus gafas han desaparecido: se nota que ha estado tirado en el suelo del garaje durante mucho tiempo: se aproxima a mí: es la hora de la verdad: mi evaluación.

-No he podido verte trabajar esta noche –aclara- porque he tenido una reunión con gente muy importante, no obstante, le he preguntado a Saki y me ha dicho que sirves para el trabajo. Puedes venir el resto del mes y luego ya veremos. Toma tu dinero (me entrega 48 euros)

-Gracias ¿Me harás contrato?

-Aquí no hacemos contratos. Esto es otro mundo: aquí nosotros hacemos lo que nos da la gana: lo tomas o lo dejas.

-Lo tomo: no me importa.

-Y como traigas a un inspector de trabajo a esta discoteca te haré matar: conozco moros que lo hacen por setenta euros.

-No lo haré, se lo juro.

-Pues entonces vivirás.

Aprieto los dientes de alegría: me encanta la discoteca: me encanta que me haya amenazado de muerte: siento que este es el sitio perfecto para empezar mi carrera de escritor: no tengo que inventarme historias: aquí sólo he de abrir medianamente bien los ojos y contarlas: es un sitio tan extraño: tan diferente a todo lo que he conocido... ¿Qué pensará mi novia, la Virgen María, de mi nuevo trabajo?

Busco a Saki:

-Toma tu dinero.

-Quédatelo por ahora. Pero mañana ponte las pilas con el inglés.

-Gracias Saki.

Salgo de la discoteca, me dirijo a la parada de autobuses: todavía quedan más de dos horas para que vuelva a casa: a pesar de lo cansado que estoy sé que haré todo el trayecto de vuelta sonriendo.

 

5.-El correo electrónico.

Recibo varios correos electrónicos de Argentina. Todos me dicen que han decidido enfrentarse al problema sin abandonar el país; también me advierten sobre lo difícil que resulta, debido a la burocracia y a la corrupción, obtener los documentos necesarios para emigrar. Todos menos uno: un argentino que se llama:

Miguel.

-Sigmundo, amigo –me escribe en su correo electrónico- es divino lo que ofreces, yo quisiera intentarlo si a vos no os parece mal y aun mantenés ese ofrecimiento. Me ahogo sin remedio en mi country, no encuentro ni una solución minúscula a la situación que nos está ahogando: la gente y el estado se ha vuelto totalmente crazy: vivo un caos insolucionable. Si mantenés tu ofrecimiento celestial, yo aceptaría con ninguna duda y con gigantesco entusiasmo. Sería bárbaro comenzar una nueva vida en tu país porque el mío está totalmente dirty, podrido, hundido en fango, simplemente no va. De verdad que necesito escapar de esta miseria.  Además, la situación con mi family se está haciendo insostenible ya desde hace un tiempo para acá. Quisiera purificar mi alma junto a la de vos, te leo muchísimo, creo que eres un genio, un asombro. Estoy seguro que somos espíritus afines, que nos vamos a llevar de fábula: yo también soy creativo y tengo muchos planes que necesito desarrollar para mi crecimiento personal, pero es absolutamente necesario salir del país. En mis mejores sueños deseo que tu ofrecimiento siga vigentemente potente.

 

Pienso: el argentino se expresa un poco raro: soy un defensor del idioma español: odio que se intercalen palabras inglesas en la lengua de Cervantes: de entrada, no me cae muy bien: de todas maneras, no he de permitir que las trabas culturales venzan mi altruismo: quiero ayudar de verdad a alguien: implicarme: todos los habitantes del planeta somos hermanos: ha llegado el momento de dejar la casa de mis abuelos: independizarme: me iré a vivir a la zona turística: tomaré un apartamento: allí será donde me aloje con el argentino: trabajaré sin contrato en la discoteca: cuando el argentino venga, si no encuentra trabajo, le cederé el mío: eso será un alivio para él (en caso de que no tenga papeles de residencia): yo buscaré otro trabajo: le mantendré y dejaré que ahorre para que pueda independizarse desde que lo desee: no parece un mal chico: creo que me escribió hace bastante tiempo: me dijo que le había gustado mucho mi Relato sincero de una pared enamorada.

 

-Mi ofrecimiento sigue en pie –contesto- tú simplemente ven: no te preocupes por el dinero. Yo me ocuparé de ti, hasta que te puedas valer por ti mismo. Agarra el valor, ya que quieres cambiar de vida y país y ven. Aquí tienes a un hermano.

 

6.-Inmensamente triste e inmensamente feliz.

-Anoche estuve trabajando en una discoteca –le digo a la Virgen María, mi novia.

-¿Tú? ¿En una discoteca? ¿Y por qué?

-Joder. Porque no tengo trabajo, y en algo he de trabajar.

-Pero si tú nunca sales a discotecas.

-Ya, pero ahora trabajo en una.

-¿Y cómo lo conseguiste?

-Me llamaron por teléfono, era equivocado, estaban buscando a otro, pero finalmente les dije que yo también estaba buscando trabajo y me dejaron probar.

-Que raro ¿Y lo hiciste bien?

-Sí. Más o menos. También hay ahí uno que me ayudo.

-¿Qué te ayudó? ¿Por qué?

-Debí de caerle bien.

-¿Tú?

-Sí.

-¿Y por qué?

-No sé.

-¿Y donde es la discoteca?

-En el sur, en la zona turística.

-¿Allí?

-Sí.

-Yo no quiero que trabajes allí.

-¿Por qué?

-Porque esos sitios por la noche son un asco: no tienen nada de clase.

-Yo estuve anoche, y la verdad que no es para tanto: la gente está un poco borracha, pero eso es todo.

-Yo no quiero tener un novio camarero de discoteca.

-¿Por qué?

-Porque no es una profesión digna. Ni siquiera es una profesión: es para drogadictos: para acabados de la vida.

-Pero es que necesito un trabajo.

LE CUENTO LO DEL ARGENTINO, MIS DESEOS DE AYUDAR A ALGUIEN, DE IMPLICARME.

-Eso es una locura –anuncia cuando termino de explicarle.

-No ¿Por qué va ser una locura? Locura es que nadie nunca ayude a nadie.

-Pero si no lo conoces de nada.

-Por eso mismo, porque no lo conozco de nada no es una locura.

-Manda dinero a una ONG, apadrina un niño: pero alojar a un desconocido en tu casa y para colmo mantenerlo no es normal.

-Pues debería de ser normal. Yo quiero vivir en mi mundo, estoy harto del que me rodea. Y en mi nuevo mundo eso va a ser normal.

-A lo peor es un psicópata.

-¿Por qué todas las personas que no conozco deben de ser psicópatas?

-Además, si te vas a vivir a la zona turística nos vamos a ver menos.

-¿Menos que ahora? ¡Sí solo nos vemos cinco horas a la semana! De todas maneras yo vendré a verte cada día que libre. Y los días que quieras, tú puedes bajar a verme: podemos pasar el día en la playa o en mi apartamento: allí todos tienen piscina.

-Sig, yo no quiero que tú trabajes en la discoteca: me da miedo. Y a la mierda la piscina.

-No te tiene que dar miedo, hay un equipo de seguridad tremendo: es imposible que me pase nada: además, me conoces: no soy de los que se meten en líos.

-No sé si quiero que sigamos siendo novios.

ME SOBRECOJO: ME LO ESTABA ESPERANDO: SIN EMBARGO NO QUIERO CEDER:

-Cariño, con esta vida que he llevado hasta hoy no soy feliz. Nada feliz. Yo me voy a ir a trabajar a esa discoteca y a ayudar a ese argentino que no conozco de nada, incluso a toda persona necesitada que me encuentre en mi camino. Y no para ganarme el cielo: sino porque yo soy así. Pero, para colmo, lo voy a hacer divirtiéndome: trabajar en esa discoteca no es trabajar. No te puedo obligar que me comprendas ni aceptes mi nueva vida: sé que mis proyectos te suenan raros: así que, si me quieres dejar, hazlo. Aunque me abandones, siempre estarás en mi corazón.

-No, no te voy a dejar. No puedo: sabes que te quiero.

ME DICE TE QUIERO, ENTRE LÁGRIMAS, Y ESO ME HACE INMENSAMENTE TRISTE E INMENSAMENTE FELIZ.

 

7.- Camisetas y lenguas mojadas.

Discoteca.

-Esta noche hay fiesta de camisas mojadas –me anuncia Saki.

-¿Y en qué consiste?

-Las turistas se ponen camisetas que se transparentan con el agua para enseñar las tetas.

-¿Y qué les damos a cambio?

-Tres bebidas gratis y una camiseta a todas las que concursen. Y para la finalista, una botella de champagne.

-¿Y a la ganadora?

-Se supone que 1000 euros. Pero la ganadora es siempre la misma: ya la verás luego: es una lesbiana que trabaja de relaciones públicas en un bar de arriba. Le damos 90 euros para que haga como que no se espera ganar y chille de alegría cuando le entreguemos el cheque falso. Tiene buenas tetas y sabe bailar como una puta guarra.

-¿Y las turistas no se dan cuenta que hay tongo?

-¡Qué se van a dar cuenta! Las turistas no suelen quedarse más que una semana. Y ningún trabajador de la zona se atreve a decir nada porque sabe que se buscaría la ruina con nosotros.

 

Abre la discoteca: a las chicas les cuesta inscribirse, pero a medida que va pasando la noche y beben, se animan a hacerlo. A las 3:30 de la mañana ya tenemos 23 turistas: el encargado les hace pasar a un cuarto donde les entrega un número y la camiseta blanca del concurso: las chicas se cambian.

-Sig –me dice- trae la botella de After Shock y veinticinco vasos de chupitos.

Maldigo. Quería verlas cambiar: sólo hay una cosa que me ponga más caliente que ver a una chica quitarse la camisa y el sujetador: ver hacer lo mismo a veintitrés: voy hasta la barra, tomo la botella: la conozco bien gracias a los chupitos que me dio Saki la pasada noche: vuelvo a la habitación.

-Sírveles todos los chupitos que quieran mientras el freganchín lleva la piscina a la pista de baile. Mientras más borrachas estén cuando salgan, mejor.

Las chicas se abalanzan sobre mi: no, no para follarme: quieren beber: les sirvo los chupitos, algunas vomitan: pero sí, a los siete minutos, al tercer chupito, ya hablan con la boca descolocada, definitivamente, están preparadas para dar espectáculo.

-¿Crees que puedo ganar? –me dice una. Y me enseña las tetas

-Creo que sí -decimos, al unísono, yo y mi polla (que ya hace rato anda despierta)

Ella me sonríe como una zorra y yo me sonrojo. Quizá debiera hacer algo, no sé, bromear, besarla, algo: pero no sé qué es. Tampoco tengo tiempo para pensarlo: el disjokey anuncia que la competición de camisetas mojadas comienza: las concursantes gritan de emoción: los chicos que aguardan fuera se pelean por los mejores puestos que bordean la pista de baile mientras los miembros de Seguridad dan empujones: el freganchín ya alojó, en el centro, una cutre piscina de plástico azul. El camarero austriaco de sala (que se ha vestido para la ocasión únicamente con unas bermudas de flores) será el encargado de echarles, con una manguera, el agua por encima de las tetas para que la camisa se transparente hasta hacerse invisible. El disjokey grita:

-¡Tetas número 1!

Y la turista tetas número 1 sale del cuarto y entra en la piscina: la música se sube: el ritmo se mezcla con la emoción: suena la canción comercial de moda del momento: Yeah de Usher. La turista baila lo más sexy que se le ocurre: el austriaco abre la manguera: los chicos gritan de expectación: la turista es rubita, blanquita de piel, ojos pícaros y claros: no aparenta más de 17 años: la chica puede estar segura que nunca en su vida será más deseada que en este momento: todos están deseando que la camisa se transparente para verle las tetas y, cuando por fin sucede, las pupilas del público se dilatan para memorizar bien la forma de las tetas de la turista, la manera en que caen, rebotan y se mueven siguiendo a sus movimientos de baile: y aparecen sus pezones: chiquititos: pueriles: todos miran cómo son: tamaño y color: todos la miran con una suplica en sus ojos: ¿Puedo follarte un ratito, por favor?

-¿Por qué nos excitan tanto los pezones? –pienso- Yo también tengo un pezón, pero mi pezón no me excita en absoluto. Ni si quiera sé qué color tiene (anoto, mentalmente, mirármelo cuando llegue a casa: no sería apropiado hacerlo ahora)

La rubita desaloja la piscina para dejar paso a:

-¡Tetas número 2! –grita el disjokey

La número dos es una gorda: un absurdo al lado de la belleza de la primera: el público, decepcionado, chasquea los labios: pero la gorda es una putona que no desea pasar desapercibida ni perder la oportunidad de ganarse 1000 euros: antes incluso de que el austriaco comience a tirarle agua con la manguera, se quita la camisa y la falda: quedándose milimétricamente tapada con una tanga que descubre, al gran público, de que se trata de una gorda putona con chocho peludo: le quita la manguera al austriaco de las manos: agarra el borde y simula que realiza una mamada mientras comienza a bailar: ahora la gorda no parece tan fea: hasta tiene su encanto: tiene unas tetas gigantes: no se sabe donde termina la piel y donde comienza la grasa: cuando se agacha, al hacer un movimiento brusco de baile, parece que las tetas se le van a caer al suelo: miro al techo ¿Y si se cayera un foco de la discoteca a la piscina? La turista moriría electrocutada: imagino la llamada telefónica que recibirían sus padres a estas horas de la madrugada:

-Habla la policía: sentimos comunicarle que su hija ha muerto electrocutada  mientras practicaba una felación a una manguera en una competición de camisetas mojadas. Ha quedado tan achicharrada que les pedimos que pasen, por favor, por el depósito de cadáveres para identificar su tanga elástico.

-¡Tetas número 3!

La gorda desaparece y una morena de pelo largo y cuerpo estrecho entra en la piscina: está tan flaca que sus brazos parecen escobas articulables: casi no tiene tetas pero baila y se baja los mini pantalones que lleva puestos: enseñándonos su tanga negra: como su cabello: mete sus dedos bajo la tanga (¿ya no existen las bragas?) y simula que se acaricia el clítoris o la perla negra del corsario negro que le ha regalado Dios en su nacimiento.

-¡Oh Dios mío! –grita un turista- ¡Este es el mejor espectáculo al que he asistido en mi vida! ¡Y todavía quedan veinte chicas más!

Cierto. Veinte más: cuarenta tetas: todas deseables a su manera, algunas turistas más timiditas a la hora de mostrarlas y otras mucho menos. De todas maneras no hay ninguna como las de la lesbiana que trabaja en el bar de arriba: aparece de la nada: o por lo menos yo no la vi llegar: es rubia y muy bien dotada: una diosa de Atenas:)creo que es inglesa: además se trae a una amiga: hacen un número lésbico y todos los turistas aúllan de placer: sobre todo cuando una le chupa el culo a la otra: sin duda ellas serán las ganadoras sin que a nadie se le ocurra protestar.

 

 

 

Cuando termina la competición todos los hombres de la discoteca homenajean a la agricultura de la isla donde se encuentra la discoteca portando,

entre las piernas, el producto más famoso de su agricultura: el plátano canario en estado maduro: casi no podemos ni caminar ante semejante honor: algunas chicas, las recatadas, que no han participado y se han quedado tranquilamente bebiendo, apartadas, esperando que la pista de baile se desaloje huyen asustadas: nuestras miradas llenas de semen y deseo les asustan: sin embargo otras se quedan: es el momento más fácil de follarse al chico que han estado asechado durante toda la noche: las chicas de la competición van a las barras de la discoteca a pedir sus bebidas gratis: se sienten estrellas, no permiten que los chicos se acerquen a hablar con ellas: son Jennifer López, Britney Spears: tienen el ego inflado: no todas las chicas soportan, sin trastornos, que trescientos chicos las deseen, babeando, cuando suben a un escenario (o a una piscina): otras chicas han concursado sin el consentimiento de sus novios: algunas escenas de celos se producen: pero los novios no les gritan demasiado: ni siquiera fruncen el ceño en demasía: hay trescientas pollas acechando su ruptura: deseando que el novio diga una palabra fuerte o realice el amago de gesto violento para saltar sobre él y partirle la cara, tratando así de convertirse en el nuevo príncipe de la princesa que enseña las tetas.

LOS CIENTÍFICOS DEBERÍAN DE CENTRARSE EN INVESTIGAR EL CALOR DEL DESEO DESENFRENADO: ESTOY SEGURO QUE, A PARTIR DE SUS RADIACIONES, SE PODRÍA PRODUCIR UNA ENERGÍA ALTERNATIVA QUE MOVIERA COCHES Y PROPORCIONASE ELECTRICIDAD A CIUDADES Y NACIONES ENTERAS.

Yo también estoy muy salido: me enrollaría con cualquiera: pero sigo sin atreverme ni a mirar a una chica a la cara: sin embargo creo que esta noche Dios está conmigo: sospecho que hay una chica a la que le hago tilín-tilín: tiene el cabello negro guardado en media melena: no la vi en la competición de las camisetas mojadas: supongo que acaba de entrar: es de tez morena: no tengo ni idea de qué país pude ser: me persigue con la mirada: me estudia los labios: le gusto, sin duda: pero yo no le voy a hablar: soy muy tímido: ella me engancha del pantalón y me atrae hacía si: me besa: de improvisto.

ALELUYA

Es un beso largo, treinta segundos, me mete la lengua hasta que la frota con la mía: me desea: yo me siento en el cielo: cuando me suelto (y lo hago porque -aun en mi miseria de donjuán- quiero hacerme un poco de rogar) la miro a los ojos con agradecimiento: me brillan los ojos de amor: pero no consigo sostener su mirada: escapo: sin embargo sé que volveré: estoy embrujado: ella es una sirena que ha capturado mi corazón: del impulso llego hasta la barra de Saki: tengo que contárselo: si no, explotaré en mil pedazos de emoción.

-¡Saki! ¡He besado a una chica! ¡Por fin!

Saki se ríe.

-¡Ja, ja, ja! ¡Felicidades! ¿A quién? Maldito -pregunta con sorna- ¿No me habrás quitado a ninguna novia?

-A esa- le digo señalándola con el dedo- ¡A lo mejor me la follo!

-¿A esa? ¡Pero si es un tío!

-¿Cómo?

-¡Qué es un travesti, gilipollas!

Saki sale de la barra y saca al travesti a tortas de la discoteca. El travesti (antes sirena de mi corazón) me mira con tristeza.

-Has pagado la inocentada del principiante –me dice Saki cuando vuelve a la barra-. Ese tío viene a la discoteca siempre que hay competición de camisetas mojadas: sabe que es la noche en que los chicos andan más calientes por la discoteca: se llama Carlitos, es de Ecuador, trabaja en la cocina de un restaurante del pueblo de al lado: se pone un sujetador con relleno y viene a la discoteca a tratar de chupar pollas: nosotros no le dejamos entrar en la discoteca porque cuando los turistas descubren que se la acaba de chupar un hombre forman unos jaleos increíbles aquí dentro y no tenemos necesidad. Además da mala fama a la discoteca ¿Te la chupó?

-No. Sólo me pegó un morreo.

-¿Y te gustó?

-Joder. Yo pensaba que era una tía y estaba flipando de emoción. Su cara es de rasgos muy finos y además, no sabía que su sujetador guardara únicamente relleno.

-¿Quieres salir a pegarle?

-No, no.

-Pues vete al baño y límpiate la boca joder. No te puedo dejar solo ni un minuto, Sigmundo.

Me voy al baño: me limpio la boca: que vergüenza: me gusta ser besado por hombres si creo que son mujeres: ósea, sólo me gusta ser besado por mujeres: esto debería de demostrar que no soy maricón a ese psicólogo obseso que me perseguía cuando trabajaba en el gran centro comercial. Escupo mi saliva al lavabo: a lo mejor se la había chupado a alguien antes.

Y cuando salgo del baño vuelvo a ver al travesti. Ahora está con un marroquí cuarentón: le está comiendo los morros: no, no le voy a decir que ha vuelto, ni a Saki ni a Seguridad: le dejaré hacer: le saco una foto: quiero tener un recuerdo: el único hombre con el que me he morreado me está poniendo los cuernos en este mismo momento.

 

 

8.-En busca de silicona: reporteros de National Geographic en acción.

 

 Discoteca. Hora punta.

-¡¡¡Uhhhhhh!!! –grita Saki- ¡¡¡Yeahh!!! ¡Mañana es mi día libre!

-Qué bien.

-¿Qué te pasa Sig?

-Nada.

-¿Todavía sigues dándole vueltas al morreo que le diste al travesti? (ver capítulo anterior)

-No, no.

-¿Qué te pasa? ¿Estás triste?

-No. Nada. Es que no sé si estoy tomando la decisión correcta en mi vida: ya sabes...

-No. No sé.

-Definitivamente, no encajo en una discoteca. Aquí soy un Alien: todo me parece extraño. No soy buen camarero: se me cae todo de las manos, no conozco ni el nombre de las botellas... y luego está la noche: ya sabes que antes no salía nunca: todo esto me queda grande.

-No te irás a rajar ahora. Hasta estás aprendiendo inglés en un tiempo record.

-Mañana dejo la casa de mis abuelos, voy a tomar un apartamento que hay por aquí cerca. Quizá esa es la verdadera razón por la que me estoy comiendo la cabeza: quizá me da miedo dejar mi vida segura y aburrida para empezar a vivir en esta locura.

-Pero si tú flipas con este trabajo, te encanta. Te veo fijo sacando fotos a todo lo que te llama la atención. Además, ya tienes 28 años: no vas a estar viviendo toda tu vida con tus abuelitos.

-Es que no sé si voy a saber sobrevivir en este mundo. No sé si voy a poder estar a la altura.

-Sig, lo que pasa es que tú tienes un complejo de inferioridad enorme. Crees que toda la gente que te rodea es mejor que tú. Incluso te observo hablar con los turistas y lo haces lleno de miedo. Y eso no tiene que ser así. Piensa que son ellos los que deben de estar cagados: se encuentran en un país que no es el suyo, por la noche, rodeados de delincuentes, si se meten en problemas no hay ningún amigo que les pueda ayudar: están en una discoteca, solos: no saben quien eres tú. Si les hablas con decisión harán lo que tú digas sin rechistar.

-Yo nunca he hablado con decisión.

-Mira, prepara tu cámara. Vas a ver lo que le hacemos hacer a la primera tía que entre por la puerta sin que diga ni ji.

Preparo la cámara: observo a Saki con los ojos muy abiertos: para mi es un héroe: no creo que nada, en el mundo, pueda serle imposible. A los dos segundos entra una pareja de jóvenes: se me acercan: el chico habla:

-Ella quiere un Smirnoff Ice, yo un Jack Danield´s con cola

-Sácales una foto, Sig –me dice Saki

La pareja posa.

-¿Tienen baños aquí? –pregunta el chico.

-Sí. A la derecha y al fondo.

-Voy un momento –le dice a la novia- ahora vuelvo.

La chica se queda esperando las bebidas, sola, delante de nosotros.

Miro a Saki. Él me mira a mí y, acto seguido, mira a la chica.

-Menudas tetas tienes –le dice- Silicona ¿verdad?

-No.

-Yo creo que sí lo son.

-Que no.

-Vamos a ver.

Saki, sin esperar al consentimiento de la turista, abre su escote y saca sus tetas del sujetador.

-No son de silicona –dice la chica mientras se las mira: no parece molesta ni asustada y, extrañamente, tampoco sorprendida.

-Es verdad –asegura Saki mientras se las toca- Tus tetas no son de silicona.

-¿Una foto? -pregunto yo.

-¿Por qué? –dice ella.

-Soy un reportero de Nacional Geographic. Estamos haciendo un reportaje de investigación sobre la silicona en esta discoteca.

-¿En serio?

-Claro –digo con voz que trata de ser segura.

-Entonces –explica Saki- donde debes tener la silicona es en el culo.

-¿Por qué? –pregunta la turista muy seria- ¿Por qué en el culo?

-Tú eres la típica que tiene silicona en el culo. Yo llevo trabajando mucho tiempo en la noche y sé reconocer a una tía que tiene silicona nada más que mirándole a la cara.

-No. Yo no uso silicona.

-Date la vuelta.

La turista se da la vuelta. Sube su falda. Saki le aparta las bragas.

-Sig, saca la foto que hemos encontrado la silicona.

-No tengo silicona –dice ella.

Saki toca su culo, como si estuviera amasando la masa de una pizza.

-Es verdad Sig, aquí tampoco hay silicona.

Hago la foto.

-Pero tú a mi no me engañas, por algún lado te tiene que salir la silicona.

-¡Pero si ya os he demostrado que no tengo silicona!

-Hay un lugar donde se sabe a ciencia cierta si has sufrido algún implante de silicona en tu vida.

-¿Donde? -se interesa ella.

-En el clítoris.

-¿Sí?

-Claro. Allí se forman estrías si han habido intervenciones quirúrgicas con silicona. Verás.

-Yo no miento -avisa ella.

Saki le sube la falda y le rueda las bragas.

-Que asco –me dice en nuestro idioma- tiene el chocho lleno de pelos. Saca la foto Sig, rápido, que me da asco tocarle los pendejos.

Saco la foto.

Llega el novio de la chica.

-¿Qué tal cariño?

-Estos reporteros se creían que me había puesto silicona.

-¿Reporteros? –se extraña el chico.

-Somos reporteros además de camareros -dice Saki.

-Del National Geographic -añado.

-Mi novia es muy guapa -asegura él- Pero de forma natural: jamás ha pasado por quirófano.

-Claro. Y además es súper inteligente -añadimos.

Se dan un beso.

Les doy las bebidas, pagan, se pierden por algún lugar de la discoteca.

Pienso: ¿Cómo será la vida de estas personas por el día?

-Seguro que son finlandeses –predice Saki- Los finlandeses son los más estúpidos del planeta.

-Joder, no me creo lo que acabo de ver: la chica esa dejándose tocar y fotografiar sin conocerte de nada: se dejaba hacer lo que tú quisieras.

-El secreto es hablar con firmeza, Sig –sentencia Saki- Que noten que eres todo un tío nada más mirarte a los ojos.

 

9.- Las cenizas de mi madre

-Ayer se me apareció tu madre en sueños –dice mi abuela-. Me ha dicho que ya ha dejado de pagar sus culpas en el purgatorio: que ya la dejan subir al cielo. He estado esperando ese momento para hacer cumplir su última voluntad: sabes lo que le gustaba la playa de las canteras: ella deseaba que, al morir, se extendieran sus cenizas sobre su mar. Ha llegado el momento.

 

Playa de las canteras: nueve y media de la mañana: una mañana cálida que anuncia un buen día para pasar en la playa: justo como le gustaban a mi madre: tres de mis tíos, la urna funeraria con las cenizas de mi madre y yo en una lancha con motor que guía, mar a dentro, un desconocido. Desde el paseo de la playa nos observan un grupo de familiares, incluida mi hermana, que no ha querido subirse a la lancha: yo no estoy contento con que mi tío F esté en esa lancha: no estoy contento porque mi tío F me maltrataba cuando era pequeño: no estoy contento de que en ese día tan especial mi tío F, al que mi hermana le acusó incluso de tocamientos sea una de las personas que van a meter la mano dentro de la urna y extender las cenizas de mi madre muerta por el mar: me acuerdo que, una vez mientras me pegaba (yo con once años) le dije, entre sollozos:

-¿Por qué me pegas? Cuando mi madre vivía tú eras un niño y te adoraba: era la que más te cuidaba y quería de toda la familia. Tú siempre estabas pegada a ella.

Él, entonces, se detuvo un momento, me miró y continuó pegándome: más fuerte incluso que antes.

 

Ha llegado el momento de abrir la urna funeraria: me han reservado ese honor: la urna es dorada: tiene pinta de ser barata: mi familia no es de dinero: y yo a los diez años no tenía ni un céntimo: abro la urna: hundo mi mano derecha en las cenizas de mi madre muerta: saco un puñado: abro la mano ¿Cómo se deben tirar las cenizas de una madre al mar?: mientras lo pienso el viento cambia de sentido: o quizá sea una ráfaga de viento únicamente: lo cierto es que las cenizas de mi madre salen despedidas de mi mano y vuelan hasta la cara de mi tío F, donde chocan con fuerza.

-Sí, señor –pienso- eso debió de ser una cachetada, desde el más allá, en toda regla.

 

10.-Barman: Batman: el freganchin: la danesa: hijo ofrece madre

Entro en la discoteca.

-Hoy trabajas en la barra –me dice el dueño- Saki libra.

Menuda mierda: ¿Cómo voy a trabajar en la barra si no hablo inglés? No voy a entender a casi ningún turista: menos mal que ya es mi sexto día: por lo menos conozco algunas bebidas: pero desde que me saquen de esas no voy a tener escapatoria: el dueño se va a dar cuenta que yo de camarero, poco: y hoy no tengo a Saki el cubano para que me tape: en fin: la suerte está echada: ¿Qué voy hacer? ¿Salir corriendo de la discoteca?: sólo me queda encomendarme a Dios y entrar en la barra: que sea lo que Él quiera. O los plactonitas.

El camarero austriaco se me acerca.

-Eres un cabrón –me dice- esta noche te vas a forrar.

-¿Forrar? ¿Por qué?

-No me irás a decir que no te vas a quedar con nada de todo el dinero que hoy va a pasar por tus manos. Sólo tienes que poner tu cacharro de bote al lado de la caja y meter un poco cada vez que vayas a ticar algo.

-Claro que no.

-Entonces eres un gilipollas. En la noche todo el mundo roba. Los empresarios nos roban haciéndonos contratos con menos horas de las que realmente trabajamos y nosotros les robamos a ellos desde que nos meten en la barra y dan media vuelta.

 

Pienso: más o menos, a ese mismo razonamiento-disculpa, llegué cuando trabajaba en el gran centro comercial: y acto seguido empecé a meter la mano en la caja: tanto dinero sacaba que me olvidé de los autobuses y empecé a utilizar taxis: cuando robas, a quien de ti abusa laboralmente, renaces: incluso la depresión y los complejos te abandonan: dejas de sentirte un desgraciado chupa pollas a sentirte el más listo de todos los muchachos del patio: cada vez que pasas por un espejo te sonríes picaronamente: eres un Robin Hood que se ayuda a sí mismo: te sientes Brad Pitt en Ocean´s eleven: si no fuera por esos kilos que te sobran podrías hacer de James Bond en su próxima película: pero todo es diferente hoy: no siento odio alguno por el drogadicto demente que tengo ahora de jefe: yo he aceptado esta situación laboral desde el principio: esta vez el jefe ha sido claro conmigo desde el principio: no me ha timado: mejor dicho: me ha timado pero he aceptado el timo de hombre a hombre: al fin y al cabo, está el tema del argentino: he de conseguir que en esta discoteca me vean como una persona honrada y trabajadora: así me será más fácil introducir al argentino como trabajador en la discoteca: seré una buena referencia: harán caso de mis recomendaciones.

 

-No voy a robar nada –concluyo.

 

El austriaco me mira mal. Creo. Quizá me he ganado un enemigo en la discoteca: ahora sabe que yo sé que él roba: quizá desconfié de mí: quizá piense que me voy a chivar al dueño: quizá piense que le voy a decir a Saki que él dice que todos los de la discoteca roban: es un asunto complicado: quizá ahora esté pensando como conseguir que me echen de aquí: no... quizá me esté creando historias en la cabeza sin necesidad: soy un paranoico: siempre estoy buscando gente que me quiera matar. Voy a dejar de pensar mal.

 

-¿Hace falta algo?

 

La pregunta la hace uno de los freganchines de la discoteca: un muchacho marroquí: no tiene más de quince años: me pregunta si me hace falta vasos o alguna caja de refrescos o alguna botella  de alcohol en especial, para así irla a buscar él, escaleras abajo, al almacén.

-No, nada. Muchas gracias (quizá me haga falta algo pero no tengo ni idea)

-Si tú necesitar algo, tú decir. Tú mi hermano, tú buena gente.

El freganchín, que es marroquí, golpea su puño contra su corazón y se va. Yo hago lo mismo. Es el saludo marroquí, creo, bueno, aquí todos ellos lo hacen.

 

-No te hagas amigo de esa cosa –me dice el camarero austriaco- los moros son cochinos, traicioneros, roban a las viejas extranjeras después de follárselas. Nunca te fíes de ellos. Tú grítales, porque si te pierden el respeto o les das la mano estás perdido: te llevan a su terreno y, tarde o temprano, te van a envolver en un jaleo con la policía que te cagas.

 

-Pues a mi, este chaval, me cae bien. Además: imagínate que tienes que salir de tu país porque estás muriéndote de hambre o, simplemente, porque en cualquier momento te van a pegar un tiro en la cabeza: sino a ti a tu familia. Tanta desgracia te rodea que te juegas la vida hasta el límite de lanzarte al océano con una patera que se cae a pedazos: como las olas se pongan estúpidas vuelcas y a la mierda lo que te queda de vida. Llegas aquí y los guardias civiles te persiguen porque no tienes papeles: a ellos les da igual todos tus problemas: para ellos (el estado) no eres más que un piojoso que hay que desinfectar antes de devolverlo al agujero de donde salió buscando una vida digna (¿Papeles? ¡Qué cosa más estúpida! ¡Tienes hambre!) llegas a la ciudad o, peor todavía, a la zona turística y ves que todos tienen dinero, incluso les sobra: no hay más que mirar dentro de los containers de basura ¿Te daría cosa robar? ¿Acaso tú tendrías remordimiento por robarle el bolso -sin utilizar violencia: sólo esperando que se quede dormida tras los orgasmos- a una vieja gorda y fea que ha pasado la noche contigo el dinero que le sobra, el dinero con el que se ha venido de vacaciones? ¿Es realmente eso de mala persona? ¿No crees realmente que la mala de la historia es la vieja?

 

-Tú no tienes ni idea de la noche –contesta el camarero austriaco- Y no sé porque me echas ese discurso ¿Quién te crees que eres? ¿Santa Teresa de Calcuta con polla?

 

Y se va de mi barra.

Mmm...

El austriaco me está empezando a caer mal.

.

The lover abre sus puertas: los turistas comienzan a llegar y a pedir bebidas: no paro de servir copas: para colmo, el trabajo es doble: hasta las dos de la mañana está la promoción happy hour (dos bebidas por el precio de una).

De vez en cuando, los vasos se me caen de las manos: no sé servir copas de manera rápida: me cuesta horrores colocar los tres cubitos de hielo dentro de los vasos, mucho más agarrar dos vasos con la misma mano: una de las veces, agobiado por el número de gente que me pide bebidas, coloco los tres pedazos de hielo con las manos: al terminar de servir la copa, el turista, que está acompañado por una señora mayor con un sospechoso tono amarillento en la piel, me advierte:

-No pienso pagar esa copa: has puesto los cubitos de hielo con las manos.

-No te entiendo- replico- estás morreandote con esa repugnante vieja que lo mínimo que te va a pegar es una hepatitis B y te asustas por si tengo las manos sucias.

Pero no me entiende, claro: se lo he dicho en español: le retiro la copa antes de que se le ocurra pedirme que traduzca lo que le acabo de decir y le sirvo de nuevo la copa utilizando, esta vez, las pinzas: qué le voy hacer si soy un cagado de mierda: no me atrevo a enfrentarme a nadie.

El freganchín se ha apiadado de mí: esta noche es mi ángel salvador: me ayuda: me sirve las tres piezas de hielo en grupo de vasos que deja colocados, en fila, sobre la barra: así yo sólo tengo que descifrar lo que me pide el turista, servirlo y cobrarlo.

-A dueño gusta que camareros disfracen –me dice el marroquí- si lo haces, tú trabajar más tiempo aquí.

-¿Y por qué le gusta que nos disfracemos?

-Él dice alegrar la discoteca. A los camareros no gustar disfrazarse, dar vergüenza que gente les vea: pero tú sí. Tú gracioso. Tú disfrazar: así te quedas. Yo tu hermano. Yo ayudarte.

Pienso: ¿Disfrazarme? Qué extraño pero... ¿Por qué no? Suena divertido: trabajar disfrazado. Y así me quito la corbata: odio las corbatas.

-Jefe –le hablo desde que se me pone al alcance- ¿Podría disfrazarme?

-¿Quieres? –me dice contento.

-Sí. Es decir, si no le importa.

-No, no. Sí es mejor así. La noche es locura, magia, cuanto más ambiente demos más dinero haremos. La noche –y noto que trata de componer una frase mítica con la que impresionarme- camina de la mano con la ilusión y la magia.

El freganchín sale corriendo de la barra, vuelve a los pocos minutos con un bulto en sus manos.

-Tú poner esto: tú muy guapo con esto -dice riendo.

Miro lo que sus manos me ofrecen: un disfraz de Batman, acolchado.

-¡Eh!¡Quiero un vodka Redbull! –grita un turista por encima de las otras voces que requieren bebidas.

-Un momento –le pido- un momento a todos -les pido-.

Me agacho, sintiendo que las miradas de desconcierto de los turistas se clavan en mi espalda: entro, por una puertita baja, a un almacén donde me quito la ropa que llevo puesta: y, muy rápidamente, reaparezco en la barra: vestido del súper héroe.

-Uooooouhhhhh!–les grito a todos- What you want drink, baby?!

Los turistas ríen sorprendidos: y menos mal, porque si no me hubiera convertido en el cenit del ridículo: ahora los turistas me miran desconcertados: me tratan mejor: ya no me gritan como antes: ahora aguardan pacientemente su turno: para ellos he dejado de ser un camarero que no sabe servir copas y que se deja pisotear: me he convertido en un loco disfrazado de Batman: no saben como actuar: y yo estoy encantado: un vaso, nuevamente, se me va a caer: no puedo hacer nada por evitarlo: así que hago como si lo hubiera arrojado al suelo con rabia. Y grito:

-Arrrrggg! Mother fuker! I´m the big glass!

Los turistas están alucinando: me empiezan a sacar fotos: a dejar las vueltas como propina: a invitarme a chupitos:

me empiezo a emborrachar: comienzo a estampar vasos contra el suelo porque veo que les hace gracia: ni idea si el jefe me está mirando: la borrachera y el entusiasmo de la gente me está inflando: alocando: mi barra está siendo un éxito: me parece que las otras barras no están tan llenas: yo arrastro, con el pie, los cristales bajo el hueco de las neveras que guardan los botellines de cerveza y sigo con mi show abstracto: no tengo porque tener vergüenza: estoy disfrazado: nadie me conoce en este extremo de la isla: actuó para un público de borrachos/as amantes del sexo: ya no soy Sigmundo Fernández: me siento un personaje de Salinger: un personaje de los Simpsons: la verdad, que desde fuera, entiendo la cara de extrañados con la que me están mirando los turistas.

-Hazme un cóctel –me dice un extranjero- pero no de los de la carta: uno que tú te hayas inventado. Uno que esté de puta madre.

Me alegro que me haya pedido un cóctel inventado, pues no tengo ni idea de cómo hacer los de la carta.

-Ok. Te voy a hacer uno: pero uno nuevo: uno creado con los elementos de los ojos de esta chica ¿Te parece bien?

El turista y yo miramos a la chica a la que me refiero: está sentada en la barra: al lado de nosotros: también parece turista: nos mira sobresaltada. Hace rato que la observo: no bebe más que agua: y con pajita: no se deja manosear por ningún chico: ni siquiera quiere hablar con nadie: parece toda una señorita: observa horrorizada los comportamientos de los turistas que se besan y meten mano sin pudor deque todos los veamos: no sé qué diablos hace, una chica como ella, en una discoteca como esta:

-Me parece perfecto –sonríe cómplice el turista- it´s a beautiful lady: mucho, mucho guapa.

-¿Y cómo vas hacer un cóctel con mis ojos? -pregunta la chica.

Esta vez no me atemorizo: logro contestarle gracias a que estoy bastante borracho y porque verme jaleado por el público de la barra me ha llenado de hiperconfianza.

Comienzo a improvisar:

-Tus ojos son verdes ¿Verdad?

-Sí.

-Ok. Menta. Entonces, el primer ingrediente será menta con alcohol.

Vierto un poco de menta en la coctelera.

-¿Y tu globo ocular?

-Blanco, claro.

La botella de coco (Malibú) es blanca: así que sirvo.

-¿Qué bebida es la más parecida a tus lágrimas?

-No sé -me mira extrañada- Supongo que el agua.

-Falso. Cuando has llorado por amor tus lágrimas saben más a Sprite. Trata de acordarte.

Gracias a Dios, la chica sonríe ante semejante cursilada que le he soltado sin darle siquiera tranquilizantes. E iba a comenzar a agitar la coctelera cuando me doy cuenta que no lo sé hacer (y menos con el estilo que requieren los ojos de la gente de la barra: mi público) así que busco una escapatoria: se lo doy a una turista de la barra y le pido que la agite un poco: y que se la pase al de al lado: dándole antes un beso lleno de amor: y la gente está tan borracha y embobada (con este camarero disfrazado de Batman que, sin sentido, se dedica a estrellar vasos contra el suelo) que a ninguno se le ocurre romper el encanto ni la cadena de tan estúpido juego: uno simula que lo utiliza como vibrador con su chica y yo, haciéndome el fuerte, se lo quito de las manos: todos ríen: es la hora de servir el cóctel: la totalidad de la barra está pendiente de lo que va a salir de esa coctelera: todos ven el líquido que sirvo en el vaso especial para cócteles: verdoso: como sepa fatal estoy muerto: y eso será lo más probable: lo hice al tun tun: sin conocimientos: sólo guiándome de los colores de los ojos de esa chica que, por otro lado, no está nada mal.

El turista va a beber de él cuando le digo: un momento: falta la pasión: sangre: algo de color rojo.

Y me subo a la barra con la botella de granadina: abro el tapón y de píe, ladeo la botella hasta que el chorrito de granadina comienza a caer, recorriendo el metro setenta que, más o menos, le separa hasta el vaso que le espera, sobre la barra. Mancho la barra: mi pulso está fatal: los turistas se ríen de toda tontería que hago: los tengo en el bolsillo: es una sensación nueva: ser el centro de atención: el gracioso de la fiesta: el jefe me mira de lejos: está encantado: sonríe embobado. Quizá ya esté de pastillas.

El turista bebe y, ante la presión de todos los que le miran esperando su calificación, da su veredicto, orgulloso.

-Está buenísimo -afirma.

O miente.

Ahora todos los turistas quieren el mismo cóctel: menuda locura: más trabajo todavía.

-Si a esto saben tus ojos –le dice un turista a la chica- quisiera comerte toda.

-Vete a la mierda -le ordena. La chica me mira. Fijamente.

¿Seré demasiado fantasma si escribo que me parece que la chica sólo tiene ojos para mí? Creo que he ligado: está como encantada: presa de un sortilegio mágico: no se pierde detalle de cualquier cosa que haga: de como me muevo: de lo que hago con las manos: de cada palabra que cruzo con los clientes: a medida que se va aflojando el trabajo (ya he dejado de hacer el loco porque ahora ella me mira y me da vergüenza) comenzamos a hablar: es de Dinamarca: por lo visto está esperando a su hermano: su película favorita es Dirty Dancing: mañana regresa a su país: ésta es la primera noche que salen fuera, pues ha venido a la isla con sus padres: su hermano ha conocido a una chica y se ha ido con ella, cree que a follar, ya hace más de una hora de eso: él le dijo que le esperara aquí: ella no se atreve a regresar a los apartamentos sola: por eso está en la barra:

-Hay mucho buitre en esta discoteca ¿Me dejas que me quede aquí contigo hasta que regrese mi hermano? ¿Qué le diga a la gente que eres mi novio?

-Claro ¿Quieres que te invite a algo?

-Sólo bebo agua. Y no pienso dejar que me invites a nada: tengo dinero para pagar lo que bebo.

Esta frase hace que mi auto confianza (de "Todo a un euro") desaparezca: ahora vuelvo a ser un camarero vestido de Batman: pero la gente está muy borracha y metida en la fiesta para fijarse en mí: ella me llama: me acerco: pone su mano sobre la mía, un momento, una caricia.

-Sólo quiero acariciarte la mano, espero no te moleste –aclara.

Mi cuerpo se vuelve loco de envidia: todas las demás zonas de mi cuerpo quieren ser, ahora mismo, esa porción de piel que ella está acariciando: interiormente se produce una revolución en mi cuerpo: los pulmones revindican ser piel de la mano: y el corazón: y la masa encefálica: por fortuna ella se detiene antes de que estalle una guerra civil en mi cuerpo: únicamente deja dos cicatrices evidentes del desastre que pudo ser: mi piel de gallina y mi polla erecta.

No sé que decirle. Lo que verdad me vendría perfecto ahora es saltar: una serie de 100 saltos con repeticiones de 10: no sé que hacer: donde meterme: quiero saltar: saltar todo el rato: creo que podría estar un día entero saltando: ahora entiendo a Forrest Gump cuando se pasó meses corriendo por las carreteras de Norteamérica: genial: me siento identificado con un disminuido físico de ficción: el deseo nos convierte en estúpidos.

Sin embargo, la gente (sin sentimientos, sin advertir la historia de amor que mi mente está componiendo en el pentagrama de la fantasía) sigue acercándose a mi barra para continuar pidiendo el puto cóctel fortuito. Ahora, quien lo pide, es una chica con los ojos rodeados de rime corrido y una minifalda que le tapa el estómago.

-¿Cómo se llama la bebida?

-La máquina de follar.

-¡Qué nombre más chulo!

-Es de Bukowski.

-¿Quién es Bukowski? ¿Un rapero?

-Sí –contesto- Un amigo de Eminem.

-¡Eh, chicos! ¡Este cóctel es lo que bebe la banda de Eminem!

-Cool! –replican sus amigos tal campanas de catedral.

La danesa, mi danesa, espera a que se vaya la turista para hablar:

-Bukowski es un escritor.

-Ya.

-Tú quieres ser escritor ¿verdad?

-¿Cómo lo sabes?

-Lo llevas escrito en la cara.

Miro a la chica: ya no es la misma: su rostro comienza a trasmutar cual película diabólica: no puede ser el alcohol: ella no ha bebido más que agua: tengo que sacarle una foto: no puedo estar tan borracho: ¿Dónde está mi cámara?: estoy súper borracho: ya no sé ni cómo puedo caminar: tampoco sé que precios le estoy cobrando a la gente: me he olvidado de lo que valen las cosas: así que les cobro lo que me da la gana: de más, casi siempre: tengo que hacer buena caja para que no me echen: de pronto todo se me mezcla en la cabeza: el argentino, el cubano, el austriaco, el marroquí, la danesa, mi traje de Batman: todo me parece irreal: siento que lo que haga en esta discoteca no ocurre realmente: estoy en un espacio-tiempo que no existe: es el alcohol: una paranoia: ¿Qué diablos estoy bebiendo?: Sambuca: ¿Cómo diablos estoy bebiendo Sambuca si no sé ni que diablos es? ¿Cuándo lo aprendí? ¿Cómo es la botella? ¿Quién me sirvió esta copa? Se supone que el barman soy yo.

-Bésame –me dice la chica.

Nos besamos: me mete la lengua: se la meto yo: no es un beso: es sexo: me besa como si me estuviera follando: ha soltado un gemido de placer: ese beso, ese gemido me muestra, en mi mente, su coño: me trasmite su visión con la saliva: mi mente explota: sé como sería abrazarla: sé como sería eyacular dentro de ella. Y mi polla: mi polla no puede más: creo que nunca la he tenido tan grande: mi borrachera me hace sopesar si sería bueno sacarla, enseñarla a todo el mundo: para que la admiren: mi polla: mi súper polla: dios-polla: pero me detengo a tiempo: esta chica y el alcohol me está volviendo loco.

-Fóllame, llévame al baño o a donde quieras. Pero fóllame –pide la chica.

Yo no sé que hacer. El jefe está ahí delante, mirándome: no puedo abandonar la barra: no puedo irme de allí: supongo que me despediría: tampoco puedo fingir que me siento mal y que necesito irme: me ha visto con la chica: encuentro la cámara de fotos: por fin saco la foto que atestigua su transformación: de señorita a puta:

-¿Es qué sólo me vas a dar besitos?

-No puedo salir de la barra.

-Dame tu mano. Tócame.

Toma mis dedos, los lleva hasta sus pechos, los quiere meter bajo su falda: pero no tengo el brazo tan largo: estoy tras la barra y no me atrevo a pasar de todo, a actuar. Ella sí: va hasta el hueco de la barra: por donde los barman, el freganchín o quien sea que lo necesite, entra a la barra: no va a haber espacio físico entre nosotros de cintura para abajo: voy hasta allá también: los dos, de pie, frente a frente: nos miramos a los ojos: mi mano se introduce entre sus piernas: esquiva faldas: lucha brevemente con su tanga: acaricio su sexo: lo vi claro cuando lo imaginé con el beso y el gemido: pero la realidad es mejor que la imaginación: la realidad está de puta madre: ella abre sus piernas, conduce mis dedos hasta su interior: cierra los ojos: está mojada: toco las paredes de su interior: es un tubo: es un vaso: me encantaría terminar de emborracharme con sus flujos: beber.

-Vamos -repite.

-No puedo. Lo siento –le digo- Termino a las ocho de la mañana y mañana regresas a tu país. No va a poder ser.

-Vamos al baño un momento –me dice- Métemela aunque sea un segundo.

UN SEGUNDO ES TODO LO QUE NECESITARÍA

-De verdad que no puedo. Soy nuevo aquí. No puedo hacer estas cosas. Pero me encantaría.

El hermano regresa: le dice a la danesa que ya se pueden ir: ella dice que no se va: el hermano se enfada: ella dice que también quiere follar: el hermano me pregunta si quiero follar con su hermana: yo le digo que sí, pero que no puedo: la danesa se levanta: se va de la discoteca corriendo: el hermano sale corriendo tras ella: huelo mi dedo: joder: joder: joder: joder: joder: joder: qué bien huele mi dedo.

.

Pasan las horas: está a punto de cerrar la discoteca: ni idea de donde estará la danesa: salvo en mi cabeza: desde que llegue a casa me masturbo pensando en ella: mirando sus fotos: creo que he hecho buena caja: por lo menos no he parado: sigo un poco borracho: se me acerca un chico: parece muy joven: inglés, seguro: se está bebiendo un Jack Danield´s: no sé como le han dejado entrar en la discoteca: bueno, sí, para hacer dinero: hacer dinero es lo único que importa en la vida: le saco una foto al chico: me cae simpático: a lo mejor así se me pasa la erección.

 

-¿Puedo preguntarte una cosa?

-Claro -contesto.

-¿Tienes novia?

 

Pienso: así, con la borrachera, es una pregunta difícil de responder: sí, tengo novia pero ¿Realmente tengo novia? ¿Acaso mantenemos un romance? Hemos quedado en mentir: en decirnos que somos novios pero, verdaderamente, yo no tengo novia. Ella no me ama. Y no, no siento ningún remordimiento por ponerle los cuernos, por besar a otras chicas: ¿Qué chorrada es esa del amor? Si lo pienso bien, esta época que me ha tocado vivir ha hecho del amor una caricatura TOTALMENTE DEMENCIAL: a lo largo de nuestras vidas, en la ciudad, una persona normal puede conocer (antes de cumplir los 30 años) de 1.000 a 2.000 personas de su sexo opuesto, más o menos: de esas dos mil, por ejemplo, conseguimos, solemos, intimar/follar con, digamos, de 5 a 20. Pues de ese grupito de personas nos empeñamos en elegir a una sola (en caso de que esa persona esté de acuerdo) y decimos, gritamos, juramos, que estamos perdidamente enamorados de ella. Es absurdo. El amor no es una cosa tan fácil de encontrar. Le hemos perdido el respeto al amor: lo hemos civilizado: además, el amor no es un sentimiento entre dos personas: es absurdo: eso es egoísmo: el amor es una cosa entre muchas personas: amaos los unos a los otros: lo dijo Jesucristo: suena a orgía ¿Es que nadie tiene ganas de luchar por encontrar el amor verdadero? No: sería una lucha de toda una vida y nos aterra la idea de pasarnos toda esa vida en soledad, sin oír a alguien que nos miente (y se miente) diciéndonos al oído: te quiero.

 

-No. No tengo novia.

-A mi madre le gustas. Hoy es mi cumpleaños ¿Quieres acostarte con ella?

Se me seca la garganta: se me pasa la borrachera: la erección ha muerto definitivamente: le miro: ¿Pero de qué me está hablando este chaval?

-Perdona amigo: yo no hablo muy bien tu idioma ¿Puedes repetir la pregunta?

-Hoy es mi cumpleaños.

-Sí. Muchas felicidades, de verdad... ¿Y lo otro que estabas mascullando sobre tu madre?

-Mi madre está ahí: lleva toda la noche mirándote: y dejándote propina: quiere llevarte al apartamento con nosotros: ¿Te la quieres follar? Yo duermo en la otra cama y no os molesto.

Miro a su madre.

Ya me había dado cuenta de que le gustaba: todo el rato mirándome y sonriéndome. Que asco de vieja.

No. No me la voy a follar: primero porque es tremendamente fea: segundo porque esta situación me sobrepasa: no estoy preparado para encajarla con naturalidad: a mi madre yo la veía como un ángel: lo normal es que los hombres cayeran a sus pies: pero ella no hacía el amor, imaginaba, ella era pura: celestial: se quedó embarazada por que mi padre le acarició la espalda con amor.

-Hoy es mi cumpleaños –me sigue torturando el niño- por eso estamos aquí. Me he dado cuenta como te mira, tú no, por eso no os habéis besado: ella folla con chicos como tú: a mi no me importa: seguro que te da hasta dinero al final. Es súper buena.

QUIERO SALIR DE AQUÍ

-Sí que me he dado cuenta –le digo- pero no me he acercado a ella porque... tengo una enfermedad, una enfermedad muy peligrosa. Yo no puedo hacer el amor con nadie. Soy contagioso.

-¿Tienes Sida?

-Sí

-¿Te vas a morir?

-De aquí a cinco años.

-¡No!

 

Yo me doy la vuelta, trágicamente: por el espejo veo como el niño se acerca a su madre y se lo cuenta: la madre recoge sus cosas: es hora de irse: no creo que ella se lo haya creído: estoy seguro que me vio besar a la danesa: o quizá sí lo crea: si se fijó también que, a pesar de sus ruegos y mi erección armaguedónica, no me iba con ella: le tuvo que resultar extraño: se va: me doy la vuelta: nuestras miradas se cruzan: ahora sé como miran a los sidosos: pobrecitos.

 

Se encienden las luces: el dueño -ayudado con los éxtasis que bombean su corazón- salta sobre mi barra tal gladiador: y se le caen las gafas de vista al suelo: no le digo nada: creo que quiere cogerme con las manos en la masa: ver si he robado: mira mi cacharro de las propinas: tengo bastantes: hace una mueca: desconfía: abre la caja registradora: está llena de dinero: los billetes le saltan a la cara: veo sus ojos brillar, su sonrisa codiciosa: hay mucho.

 

-Has trabajado bien -me dice muy serio- bien, bien, bien; vale, vale, vale, bien, bien, bien, vale, vale, vale, vale, sí, sí, sí, bien, bien, bien, bien, vale, vale, vale, sí, sí, sí, bien, bien, bien, vale, vale, vale, bien, bien, bien, vale, vale,  bien, bien, sí, sí, sí, vale, vale, vale, bien, bien, bien, vale, vale, vale, bien, bien, bien, vale, vale. Dame agua, agua, agua, agua, agua, agua ¿sí? ¿sí? ¿sí? una botellita, una botellita (abro el frigorífico y se la doy) una botellita, vale, vale, vale, vale, bien, bien, bien.

 

Sale de la barra: me da la mano: tomo  mis cosas, me cambio de ropa y, en la salida de la discoteca, oigo que el jefe me llama: vuelvo a entrar en la discoteca:

-¿Sí?

-Muy bien. Muy bien ¿Vale? vale, vale, vale, vale, muy bien, sí, sí, sí, muy bien, vale ¿vale? vale. Muy bien. Gracias, gracias, gracias, muy bien, muy bien: vale, vale, vale.

 

Busco su mano, se la estrecho y me voy. Las pastillas van a acabar con mi jefe.

 

 11.-Oda a la danesa.

¿Estarás esta noche pensando en mí? ¿Estarás esta noche en tu cama, escribiendo, vaciando tus nervios sobre un papel?

   ¡Ah! ¡Qué iluso eres Sigmundo!

   Se me fabrica tu imagen sobre una cama inaccesible, acariciada entre sábanas de tibia nieve; tu figura, breve y cautivadora, se desviste con pijama que brilla alegre, entusiasta, embriagado por saberse el único que toca tus trazos santificados; tu cabello da diez mil besos a tu rostro amado y es tu mente, sincera y ordenada, quien lo llena de fino oro, de pureza inmaculada, de infinitas estrellas que resplandecen iluminadas; tus ojos, que ocultan menta y musgo de montaña lejana, reposan cansados del día, sujetos a tu faz, pulida y sellada con tiento divino. En tu interior nada habla, todo es calma. La vida se resguarda.

   Mientras, en ciudades, paisajes, islas y continentes muchos no duermen: únicamente escriben. Intentan plasmar tu recuerdo; buscan las palabras, las comas, las formas, los espacios... pero no los hallan porque tu alma no se fija, nada más que se siente y al tiempo se esfuma, lejana y deseada.

   ¡Cuántos poetas llorarían! Neruda ¿Qué diría?...

   Tuve un sueño: Un sireno capturado en un bajel pirata. Su cuerpo humano, de suave tiza blanca, encadenado con plata a un mástil de madera ancha; su atlántica cola, larga, de buen pescado verde, tiñe la cubierta de vino con espeso sabor de muerte.

   De repente es el cielo quien transmuta de color tranquilo a un rojo salvaje y demente. Todo arde, se abrasa, se enciende, se prende ¡Viva el fuego! ¡Viva el incendio! ¡Y viva la muerte! Las deslavadas llamas se aproximan al sireno: primero le pinchan, lo muerden y más pronto le atrapan, lo envuelven. Sin embargo, ni grita con llanto demente, ni maldice por su infortunada suerte. Se halla tranquilo: casi hasta sonriente. No gime por sus escamas de cera, que se deshacen de expresión en la quema caliente. Las gaviotas se paran, la espuma se detiene, todos le preguntan: ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa? ¿No sientes?

   Ni poco. Los discurrires de su entendimiento, llamados con tu nombre, absorben su espíritu. Ausente, vuela absorto en los breves recuerdos conmemorativos con tu ser querido, que le amurallan el sentido con piedra y acero de los fuegos asesinos. Lo que le aleja, lo que le lleva, son las caricias que tú le diste durante tres segundos en la discoteca que se halla en un islote naufragado, tus formas de piel por él besadas ¡Mil veces! en soles ardientes de ternura valiente; tu arena de hierba clara desordenada por rumbos diversos de conquistas secretas a los que solos llegaron sus dedos con corazones; el viento imaginativo que llevó tu desnudez serena a su mente inexperta de cálido primer enamorado y, en el penúltimo final, también tu cuerpo interno inundado con gotas de rocío mañanero y de la mar, muy dulce, casi salada.

   Así muere el sireno, excitado y sin enterarse. Todo completo, su cuerpo se quema, menos la parte más gigante: su corazón de amante. Éste ya latía carbonizado por las dulces llamas que le prendieron fuego en el momento en el que desapareciste en la única noche que ha respirado oxígeno en su vida. Ya vivía muerto desde el segundo en que comprendió que, nunca jamás, te volvería a ver en esta vida.

    ¡Ah! ¡Los sueños de lana! Los sueños de dulces momentos, de ojalá Dios mío, que sí, que sí, son para los pobres infelices. Sólo algunos alegres tocados con suerte saben como capturarlos, vivirlos, encontrar el Santo Grial y apurar su final acompañado de quesos, uvas y pan blanco.

   ¿Qué dices ahora? ¿Qué recuerdas? Habla tú. Te escucho y callo.

12.- ¿Qué es la poesía?

Al día siguiente de escribir “Oda a la danesa” y colgarla en mi página web, recibo un e-mail. En él un tipo me dice que los sirenos no existen, que lo que existen son los tritones. Y yo le contesto que si toda la gente fuera como él, lo que no existiría sería la poesía.

12+1.- La noche de la superputa.

 

Ha vuelto Saki: esta noche trabajo, con el camarero austriaco, en la sala de la discoteca.

Hay una irlandesa que, con ojos melosos, no deja de mirarme como voy y vengo con la bandeja cargada de vasos: y de mirarme a la boca: seguro que le gusto: toda mi vida he desarrollado un súper poder sobrenatural para atraer a las gordas. La irlandesa, a mí, no me pone en absoluto: a pesar del dibujo su camiseta, que me hace gracia: Superputa, anuncia en inglés. Saco una foto: Saki me ve hacerlo:

-Sig, no te vayas a follar a esa gorda, que te veo desagallado –me dice- que como se ponga a follarte encima y, en un descuido, se te salga la polla del agujero, y ella no se de cuenta y te siga botando encima, te la destroza.

Paso de contestar el comentario: no me hace mucha gracia: y paso de la gorda: esquivo sus miradas: me hago el loco: no dejo de mirar al suelo: lo malo de mirar al suelo es el problema que me causan las monedas de uno, dos y cinco céntimos de euro: todos las desprecian: cuando caen al suelo no las recogen: si es marrón no es dinero, dicen: yo en cambio, tengo que agacharme y recogerlas: si no lo hago, pienso que voy a tener problemas económicos: que Dios me va a castigar: porque siento que Dios me está asechando: oigo sus pensamientos: los pensamientos de Dios:

-Como desprecie esa moneda con la de gente que hay muriendo de hambre por el mundo -barrunta mientras me mira desde el cielo-  se va a enterar ese Sigmundo Fernández de lo que es pasar necesidad.

Así que, cada dos por tres, me encuentro por el suelo recogiendo monedas de céntimos e imaginando que la gente, al verlo, piensa de mí que soy un rata o que estoy muy necesitado económicamente.

Por fin la gorda deja de mirarme: supongo que ella y sus amigas se van a probar suerte a otro pub o discoteca: aquí no han ligado con nadie: sin embargo, no creo que encuentren más fortuna en otro sitio: lo que deberían de hacer es sentarse y esperar que sean las tres o a las cuatro de la mañana: a esa hora es cuando empiezan las rebajas de egos entre los chicos: con tal de follar se van con cualquiera: en una discoteca no existen gordas a la cinco de la mañana, existen agujeros.

Sin embargo hay otra chica que sí que me gusta un poquito: no es rematadamente guapa pero no me importaría nada follármela un poco (he traído preservativos: no quiero que me peguen nada: siento un terror absoluto por las enfermedades sexuales: y estoy rodeado de ellas): a ver cómo me acerco a la turista sin ser demasiado patético: qué le puedo decir.

-¿Una foto? -me sale instantáneamente.

La chica me sonríe, sus amigas se ríen, dice que sí, y cuando voy a sacar la foto da media vuelta: posa así:

-Gra...gracias –le digo.

Y, nervioso, sigo mi caminar por la sala de la discoteca: me alejo de ella lleno de dudas:

¿Qué querrá decir esa pose? ¿Qué me vaya a tomar por culo o que me la folle por allí? Lo que está claro es su nacionalidad: no hay más que mirarle el culo: Inglaterra.

Doy media vuelta: decido ir hacia la turista nuevamente: al fin y al cabo soy camarero: lo tengo súper fácil para acercarme y decirle algo: no tengo más que comenzar, preguntándole si quiere beber algo: es mi deber: mi profesión: la busco: no la encuentro: tampoco a sus amigas: quizá se fueron a otra discoteca: joder.

La noche pasa: me dedico a pensar qué escribiré hoy en mi página web: hoy la gente está tranquilita: bebiendo, bailando, charlando: esnifando rayas de cocaína en el baño: esta noche The Lover parece una discoteca decente: la única nota de color la dan un grupo de niñatos ingleses: a pesar de lo temprano que es están bebidos: y se encuentran en esa fase de la borrachera que no molesta y resulta simpática:

se meten preservativos por la cabeza:

Saki me llama desde la barra:

-¿Qué diablos es un cóctel que se llama La máquina de follar? Me lo está pidiendo la gente.

Sonrió: le digo los ingredientes: sigo dando vueltas por la discoteca: no hay mucho trabajo que hacer: la gente está metida en las barras: estoy aburrido, me pongo a hablar con el freganchín marroquí: me habla del otro camarero de sala, del austriaco:

-Él mala gente. Él acariciar con chicle el pelo de las chicas que no querer follar con él o llenar vasos con sus meados y tropezar con la chica para mancharla: y cuando folla alguna en casa él grabar en vídeo con cámara secreta y, cuando ella duerme, sacar fotos de ella desnuda: él tiene casa muy sucia y tratarlas mal: en noche siguiente, las chicas decirles que no follar más con él: entonces él decir que tiene Sida: o callar y conseguir su dirección en país de la chica para mandar fotos de ella follando a padres de la chica. Él muy mala persona.

 

Joder. Qué mal rollo lo que me acaba de decir el moro: espero que no sea verdad: no me gustaría trabajar con alguien así: sufriría cuando le viera irse con alguna turista a casa: tendré que investigar y, sí es verdad, hacer algo: no puedo quedarme con los brazos cruzados: mi conciencia no me lo va a permitir.

 

De pronto, el freganchín sonríe: detrás de mí está la inglesa que me gusta: acechándome: borracha, endemoniada: me empuja hasta los baños de la discoteca: el dueño está fuera, buscando a su camello: así que no tengo nada que temer: Saki sí que me ve: a Saki no se le escapa nada de lo que ocurre en la discoteca: la chica me besa: no son besos como los de la danesa: estos son rápidos: desechables: comprados en un supermercado: no se caen por el hueco de mi garganta ni germinan en mi estómago: me mete en el baño de las chicas: hay una vieja (retocándose el maquillaje en el espejo) que ni pestañea cuando nos ve encerrarnos en una de las habitaciones w.c: la turista endemoniada me toca la polla: comprueba lo evidente: está firme, esperando instrucciones: creo que va a ser mi estreno en los baños de la discoteca: me baja los pantalones: se pone de rodillas: me la chupa: se la mete muy adentro: oh, Dios mío: no sé que hacer: que decir: saco los preservativos del bolsillo: se los enseño: soy el protagonista de un spot televisivo de Durex: ella dice que no: que sólo quiere chupar: eso no pasa en los anuncios: me mira mientras me la chupa: me sonríe: yo estoy temblando: me corro súper rápido: ella no quita la boca: tampoco deja de sonreír: es una chica que no deja de ser risueña ni cuando se corren en su boca: qué diferente sus mamadas a las de mi novia: las mamadas de mi novia son las únicas en el mundo que, en lugar de excitar, tranquilizan el miembro viril.

-Me acabas de hacer la mejor mamada de mi vida -le digo.

-Gracias -contesta orgullosa- Tengo que regresar ya a los apartamentos. Con mis amigas.

-Bueno, vale –contesto confuso.

 

Y salimos del baño: como desconocidos: yo estoy alucinando: ni siquiera sabemos nuestros nombres: ¿Cómo se puede ser tan fría? Saki me sonríe desde la barra: empiezo a sentir vergüenza: a lo mejor no le gustó mi polla: a lo mejor la tengo chica: ella se va de la discoteca sin mirar atrás: ni una despedida: ni una mirada cómplice: camino por la discoteca: solo: trato de quitármela de la cabeza: gracias a Dios la gente comienza a pedirme bebidas: eso me distrae: las apunto en las comandas: ahora llevo mejor la bandeja: entiendo incluso mejor el inglés: eyacular te sube a un estado de serenidad y sabiduría.

-Menos mal que por fin te veo con una chica -me dice Saki- Ya estaba empezando a pensar que eras maricón.

-Eso es porque no me viste con la danesa anoche. Hoy no he podido dormir, pensando en ella, en los besos que nos dimos.

-¿Follaba bien?

-No sé. Sólo nos dimos besos.

Saki me mira: igual que se mira a un niño:

-Si sigues trabajando en esta discoteca -me dice- llegará el día en que los besos que te den dejaran de quitarte el sueño, de parecerte importantes. Incluso las tías que te folles. Ni te acordarás de ellas después de eyacular.

-Yo no quiero que me pase eso -pienso: pero no se lo digo: seguro que se ríe de mí: que piensa que soy un maricón sensiblero.

-Bueno, ahora que ya estás empezando a follar, tienes que empezar a acostumbrarte a pegar piñas de vez en cuando.

-¿Qué?

-Sí: a algún turista o a algún trabajador de la zona: para que la gente te vea y te tomen respeto.

 

No me da tiempo de asimilar lo que me acaba de decir Saki: veo a la chica que me hizo la mamada: vuelve a entrar en la discoteca: sonrío: no ha podido olvidarme: está loca por mí: quiere conocerme: no: entra con otro chico: y de la mano: sus amigas también están acompañadas: se sientan: van a la pista de baile: el chico comienza a besarla: ella le mete la lengua: yo retrocedo, del golpe: del asco: de la tortura: de la impresión: menuda puta: mi alma chilla: caigo: en fin: los ángeles invisibles me consuelan: qué le vamos hacer: por lo menos me hizo una buena mamada. Y ese chico: pobrecito: está saboreando mi semen: no: joder: joder: recapacito: un escalofrío me recorre: yo también la besé: ¿Quién me dice a mí que fui el primero que se corrió en su boca esta noche?

Joder: Joder: voy al baño, a lavarme la boca.

 

Cuando salgo, sigo trabajando: trato de olvidarme nuevamente de la chica: pero no puedo: me apoyo en una columna: la observo sin que me vea: ahora está con otro turista: otro diferente: veo como, de la mano, se dirigen al baño: me quiero morir: una de las amigas me descubre espiando: no puedo esconder ni la vergüenza ni la tristeza que reflejan mis ojos: me sonríe:

 

-No te vayas a quedar hecho polvo por mi amiga -avisa- Ha hecho una apuesta con otra chica del grupo para ver quien consigue chupar más pollas en una sola noche. Sólo se trata de eso.

 

-Ah -contesto.

14.- Sobre Internet y otros demonios.

 

Internet. Que realidad tan extraña. Los estudiosos dicen que la gente no se muestra en Internet tal cual es. Yo creo que en Internet se conoce a la gente como verdaderamente es, es decir, como la gente desea ser: y eso es más auténtico que la representación que hacemos día a día: en la vida real actuamos llenos de apariencia, miedos e hipocresías: Internet da el suficiente valor (apoyados en la cobardía del anonimato) para atrevernos a ser nosotros mismos. O por lo menos este es mi caso. En el ciberespacio logro ser, virtualmente, lo que deseo un día llegar a ser: un escritor. Perdón. Un ezcritor.

En la vida real estoy solo: no tengo a nadie con quien mostrarme tal cual soy: por ello escribo este diario secreto en Internet: por ello me desahogo relatando mis interioridades inconfesables a través de mi página Web o con el primer desconocido/a que aparece por mi Messenger comunicándose a través de smylesLJ y onomatopeyas tipo jajajajajaja u expresiones teatralmente alargadas: ohhhhhhhh.

Y esos desconocidos/as, desde que les das la oportunidad, también se confiesan, también se desahogan: yo no soy el único solitario: no soy el único que no tiene a nadie a quien confesar sus dramas diarios: todo el mundo necesita gritar: ellos/as escriben sobre sus metas o problemas profesionales, sobre sus amistades, amores, intereses o familia mientras yo me limito a hacerles llegar un “sí” o un “vaya” por cada dos o tres frases de las que me escriben: para que crean que les estoy atendiendo, y no noten lo que ocurre en realidad: estoy esperando a que callen para volver a hablar YO de mi mismo: espero y, a la vez, chateo con el nick negra_chocolate_79 para ver si me hago su amigo y logro crear el clima de confianza necesario para me mande una foto en la que pueda ver si está buena o es otra amargada solitaria: espero, mientras bajo el mp3 de Antes muerta que sencilla o busco imágenes en el Google con las entradas tetas, teens, mamadas, putitas, follando.

El Messenger es el confesionario del siglo XXI: salvo porque a todos nos importa un bledo la vida del otro: escuchamos sus problemas en un estado de semiinconsciencia mientras nos sacamos los mocos o pedimos al cielo que aparezca (que se conecte) en nuestra vida por fin nuestro príncipe ideal o nuestra rubia que nos despierte, cada día, haciéndonos una mamada y el desayuno. Y si el tipo/a no para de desahogarse, nada más fácil que hacer creer que se ha perdido la conexión: desconectarse: cerrar el libro y encender la tele.

En Internet se cumple el sueño secreto de toda la humanidad: ser poligámico: con suficiente tiempo libre puedes tener de dos a tres novias/os en Suiza, Chile y los Emiratos Árabes: y convertirlas/te en su/tu Tamagochi (escribirles cada día, mandarles fotos, sesiones de Web cam, llamadas telefónicas que nunca deseas que terminen). Porque Internet está llena de gente solitaria: desesperada: y de gente fea: me atrevería a decir que el 98% de la gente que nos conectamos a Internet somos feos. Si no fuera así nos iríamos a una discoteca a ligar en lugar de a un Chat donde nadie nos ve la cara y podemos enviar fotos nuestras retocadas con el Photoshop.

Y, si no me crees, date una vuelta por el cybercafé más cercano a tu casa.

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Durante estos días, Miguel (el argentino) y yo, hemos mantenido una fluida, amigable y puntual correspondencia vía e-mail (quizá avivada por el enigma de nuestra futura convivencia: él está decido a dejar su país azotado por la crisis y yo estoy decidido a mantenerle y hospedarle bajo mi mismo techo hasta que logre valerse por si mismo: es vital conocernos y ser amables el uno con el otro: queremos saber con qué clase de locura nos vamos a encontrar: porque todas las personas cargamos con una locura: a algunos nos da miedo acercarnos a las chicas que nos gustan y, a otros, les da por comerse los intestinos de personas vivas (a los de este último grupo, lo mejor es evitarlos)

En los e-mails el argentino escribe, sobre todo, de sus sentimientos, de como se siente interiormente con su familia y conocidos: y se siente mal: fatal: afirma que duerme de día para así despertarse justo cuando su familia se va a dormir: se lleva fatal con su familia: a su madre le echa la culpa del complejo de inferioridad que dice atormentarle y, a su padre, de no haberlo tratado nunca como un hijo querido: también me cuenta lo difícil que resulta obtener la documentación necesaria para poder abandonar su país: toda Argentina desea emigrar y las autoridades hacen lo posible para evitar encontrarse con el país vació de la noche a la mañana: Miguel me dice que si tuviera dinero el asunto se resolvería fácilmente, pero que su familia lo ha perdido todo de la noche a la mañana.

 

En nuestros e-mails nos hacemos muchas preguntas: y hoy, por fin, me he atrevido a hacerle la que me ha rondado por la cabeza desde el mismo día en que le conocí: la que nunca me he atrevido a hacer por considerarla vergonzosa:

 

-¿Eres maricón? Miguel, no es algo que determine nuestra futura relación: pero, al fin y al cabo vamos a dormir bajo el mismo techo, muy cercanos el uno del otro (según la disposición del apartamento) y no quisiera sorpresas como que, a mitad de la noche, me despierte sobresaltado porque me están tratando de meter una polla por la boca: quiero decir: que si piensas que esta correspondencia diaria y mi ofrecimiento para ayudarte es un ardid mío para echar un polvo o para salir del armario, estás equivocado. Respeto y admiro a los gays, pero yo no lo soy, y no quiero crear falsas esperanzas o un malentendido a nadie. Perdona si te molesta la pregunta.

 

Mando el correo electrónico y a la tarde siguiente, puntual, con la rapidez y dedicación a la que nos hemos acostumbrado, encuentro su correo con la contestación en mi buzón de Hotmail. Lo reproduzco en su totalidad.

 

 

Querido Si:

Espero no te importe te nombre Si, en lugar de Sigmundo. I like llamar a las personas y a los animales con la primera sílaba de su nombre, creo que es más auténtico. Y más cool. Por ejemplo, en tu circunstancia vital creo que se forma un beautiful acierto. Vos sois un alma afirmativa a la vida y al amor. Un sí a la vida ¿Me sigues? Si, de Sigmundo. Yo creo en ti: cada día rezo una oración arrodillado frente al sol (¿Sabes? Desde que me atreví a dar el paso de abandonar mi país e irme al tuyo pateo hasta un parquito que está lleno de arena porque se encuentra en construcción, me descalzo y entierro mis deditos en la arena: entonces siento al wonderful Dios y pienso en vos. Now me siento grande, ya puedo atreverme a hablar al wonderful Dios.

Últimamente leo tu diario todos los días y me vuelvo loco cuando no actualizas. Me vuelvo loco pensando que te ha ocurrido algo y estás convaleciente en el hospital y no estoy a tu lado para ayudarte. Me entran ganas de llorar. Creo que wonderful Dios me ha dado un beso al permitirme que te conozca. No, Si (Sigmundo), no pienses que estoy loco. Yo, descubro en tus palabras y vivencias a un baby hermoso e inocente que, al igual que yo, busca the really true, en este difuso mundo cruel que no nos queda otra que vivir (y no creas que olvido tus palabras que ya he hecho mías: la vida no es perra, nosotros nos empeñamos en hacerla perra).

Estoy seguro cuando afirmo la creencia que somos brothers espirituales. Cierra tus ojitos, Can you feel it? Espero que escribas de una vez una novela maravillosa que se convierta en un best seller internacional que lleven al cine con Leonardo di Caprio de protagonista. Vos sois muy bello y, esta afirmación, me lleva a la pregunta que me has hecho en tu último e-mail.

Un día, hace mucho, me preguntaste como llegué a tu página y yo, pensé, que no era the moment en el que tenía que responder. Pero en el e-mail de hoy me preguntas si tengo comportamiento homosexual y es tiempo ya de contestar esa duda para no crear espacios entre nosotros. Bien, estoy un poco receloso respecto si he de contártelo o no, porque no quiero que se formen confusas falsedades en tu cabeza. Pero yo confío en ti, conozco que eres una persona que valora mucho la sinceridad y conozco que vas a entender estos hechos que now te relato.

Empiezo, mi amigo. Are you ready?

Miles de dudas atraviesan mi cabeza día y noche, algunas veces no me dejan dormir, son como flechas, y una de ellas, quizá la más grande, fue la que me asaltó hace unos meses. Esta es: me atormentaba la idea de que si me encierro al amor de una forma antinatural. Quiero explicarme. A lo mejor, por el miedo al qué diría mi familia me negaba a la realidad que puede envolver a mi corazón. Quizá el amor me ha esquivado durante toda mi vida por negarme a amar a un hombre... quizá mi naturaleza espiritual era gay. Por eso entré en un foro del MSN dedicado en exclusiva a encuentros entre homosexuales y allí, sí, allí encontré un anuncio tuyo: fue la primera vez que leí tu nombre... Sigmundo Fernández.

Era un anuncio de tu página Web (¿Hasta allí llegaste buscando lectores que entraran en tu página?¡Qué bárbaro!¡Bravo por tu decisión!) me causó sorpresa tu texto, decías algo así como: “Tengo un pene escritor: ven a mi cabeza a leer mis diarios secretos”

Y allí me lancé.

Y now, me lanzo con la segunda cuestión: en ese mismo foro de contactos encontré un anuncio de un argentino, que vivía bastante cerca de mi barriada, que se ofrecía para contacto físico y amistad verdadera. Estuve un mes emiliandome con él hasta que reuní el valor necesario de quedar para tomar un café juntos: no creas, yo le había puesto en aviso de mis dudas, de no saber con certeza mis inclinaciones sexuales, de querer abrirme y experimentar pero sólo si salía de forma natural y espontánea, como una flor que se abre en primavera. La noche antes de quedar no pude dormir, estaba muy nervioso y, el día de la cita, llegué temblando. Ni siquiera recuerdo como me senté. Lo que si recuerdo fueron los ojos del camarero al preguntarme qué deseaba beber: me juzgaron, me hicieron sentir un pervertido. Él chico con el que me encontré resultó ser un encanto, really nice, mucho más guapo que en las fotos que me había mandado. Imaginé, mientras hablábamos de nuestra vida, de nuestros pensamientos, cómo sería besarlo... y me desagradó. Simplemente no fue. Me di cuenta que yo no era gay y me felicito por haberme enfrentado a la situación de frente: mucha gente se esconde, pero yo soy valiente, me enfrento a gigantes sin espada, me enfrenté al gigante con cuernos de qué dirán de mí.

Así que puedes estar tranquilo mi buen Si. No asaltaré por la noche tu cama: te dejaré dormir mi buen niño: y cuidaré que no despiertes: yo seré tu madre y tu angelito guardián (espero entiendas el uso metafórico de estas palabras, ellas no encierran más que el amor y cariño que siento por vos, por tu bondad conmigo y tus semejantes pues yo quiero ser como vos, si mi hermano, te admiro.)

Bien, por otro lado tengo yo también una pregunta que hacerte hoy ¿Entra tu novia, a la que llamas tan graciosamente la virgen María, en tu diario secreto? ¿No te dice nada por las cosas que escribes? Me refiero a asuntos como los que, recientemente, cuentas en tu página web, incluido lo de la danesa y lo de la competición de mamadas.

Bueno lindo, me despido. Ayer hubo mercadillo y encontré en él unos libros de Henry Miller que espero no tengas. Serían un bonito regalo de llegada. Y espero, que cada día, con mi presencia y amistad consiga darte muchos regalos incorporales más. Creo que ya falta poco para mi marcha. Mi madre está taquicárdica.

Suerte y éxitos,

Miguel.

 

Asimilo su e-mail: sus expresiones y manera de expresarse: siempre me cuesta un poco entenderle. No me atrevo a decir que está loco: yo estoy más loco que él: no hay más que leer mi diario ¿no?

Mente abierta, para leer a este tipo tengo que tener la mente abierta. No todos somos iguales. Quizá escribe así de raro porque sabe que me gusta escribir y cree que es la manera correcta de hacerlo. Quizá sea su estilo. Pero... ¿Por qué tiene que intercalar palabras en inglés? Contesto:

 

Miguel:

Muchas gracias por contestar tan rápido. Ahora mismo no tengo mucho tiempo para escribir pues me largo a ver un piso para alquilar, el otro día me quedé dormido y no quiero posponer más el asunto. Me muero de ganas por independizarme.

Me alegro de que tengas claro tu inclinación sexual, de todas maneras aunque fueras gay no me importaría. Sólo quiero que tengas claro que yo no tengo dudas: que no lo soy.

No me importa que me llames Si. Aunque he de reconocer que me suena un poco raro.

Lo que si creo que deberías de evitar, en correspondencias futuras, son esas metáforas manidas y ese tono demente propio de una persona que no encuentra secta a la que afiliarse. Lo que si que me gusta es la forma de despedirse que tienes: suerte y éxitos. Creo que la voy a copiar.

Y sobre lo de mi novia, decirte que ella no entra en mi Web: a pesar de que le di la dirección mucho antes de empezar a publicar mi diario secreto. A ella no le interesan en absoluto mis creaciones. No se ha leído ninguno de los relatos que he escrito y, mucho menos, mi novela. Ella siempre me anima a que me busque un trabajo serio y deje mis sueños (fantasías, las llama ella: y esa palabra me irrita mucho).

Ya te escribo con más tiempo.

Suerte y éxitos,

Sigmundo.

15.-Manager, perro, coca-cola, semen

Saki me dijo donde podía encontrar apartamentos libres: dijo: en esta dirección→, a veinte minutos: pero no dijo: escaleras: nunca dijo: escaleras y, en esa dirección→ lo que hay son: escaleras: una prueba de resistencia física: una jincana asesina: hay que pasar veinte minutos alternando escaleras con cuestas: la escalinata de cemento, se llamaría la película de terror: aburrida, empinada e interminable: y bajo el sol, 35º centígrados informa mi reloj de pulsera con (quizá sea una alucinación) pícara sonrisa: he de ser positivo: leí en la revista Muy interesante que cada vez que un individuo sube diez escalones la esperanza de vida de su corazón aumenta en un segundo: si finalmente me quedo a vivir en esos apartamentos conseguiré, a base de paseos, la inmortalidad cardiovascular.

Diviso el edificio de apartamentos: subo unas cuantas escaleras más: explanada final, aleluya: los apartamentos están de frente: nombre: Marihuana Apartaments: menudo nombre: es un edificio de cuatro plantas: parece tranquilo: letrero: SE ALQUILAN APARTAMENTOS: la fachada está pintada de blanco, las barandillas y los balcones de color verde: muchos de sus balcones enseñan toallas con banderas de diferentes nacionalidades: Noruega, Inglaterra, Irlanda... en uno del primer piso hay gente mirándome, curiosa: es gente joven: está ociosa: sin camisa: en bermudas: bebiendo cervezas: me miran: quizá me conozcan de la discoteca: Saki me dijo que los inquilinos de este edifico suelen ser trabajadores de la zona turística: trabajadores de otras discotecas y pubs: siguen mirándome: no me saludan: recuerdo una frase: el hombre, cuando mira a los ojos de otro hombre es para enfrentarse o para aparearse: dejo de mirarles: si me hubieran querido saludar, ya lo hubieran hecho: subo las escaleras: llego a recepción: veo una piscina: en el hilo musical suena música reagee: joder: joder: joder: a la izquierda, de espaldas a mí, hay una persona: alta, morena, de comprensión fuerte: tiene agarrado a un flaquísimo joven por el cuello: le está ordenando que se quite las bermudas que lleva puestas: si el joven decide hacerlo, se quedará desnudo: el flaquísimo joven me descubre, tiene los ojos azules: me los clava en mis ojos: el hombre de comprensión fuerte gira su cabeza sin soltarlo: veo su cara: no es una cara agradable: tiene cara de desequilibrado metal: de carnicero: calculo su edad: cuarenta y tres años: cuarenta y tres años de asesinatos: y violaciones: estoy asustado: me habla: el enfrentamiento ya es inevitable:

 

-¿Y tú quién eres? –me grazna/pregunta.

-¿Yo?...Yo no soy nadie –afirmo.

 

El hombre corpulento me estudia: primero mira mi cuerpo: cuatro segundos: deja de mirarlo: ha visto mis brazos escuálidos: pasa a mi cara: mis ojos denotan que estoy cagado de miedo: conclusión final: no soy peligroso; no crean: yo también he aprovechado el tiempo para sacar conclusiones sobre él: no parece extranjero: no tiene tatuajes carcelarios: y, por fortuna, no tiene más que dos manos: además, está solo: así que no es necesario salir corriendo hasta que deje de ocuparlas con el escuálido joven de los ojos azules: reconozco al joven: es inglés: lo he visto en la discoteca: mejor dicho: entrando y saliendo de la discoteca: se dedica a poner en contacto a los turistas que buscan droga con los camellos: le dan comisión: me lo dijo Saki: añadió que era un pobre desgraciado que no tenía donde caerse muerto: el dinero que gana cada noche lo gasta en éxtasis, cocaína, jachís y Amaretos con coca cola.

 

-Este niñato –me dice el hombre corpulento- lleva viviendo en MIS apartamentos y sin pagarme ¡durANTE UN MES Y MEDIO!: cada vez que subo a buscarlo ¡SE ESCONDE! no me abre la puerta EL MUY MIERDA y, si ve que estoy aquí abajo, en recepción, esperando a que salga, simplemente se atrinchera en el apartamento, apaga las luces, y no baja ni siquiera a comer hasta que deja de ver, desde el balcón, mi coche por los alrededores ¿Crees -me pregunta- que a esta persona le tengo que tratar con respeto? ¡SE QUIERE REÍR DE MÍ!

 

Deduzco: está explicándose: eso es una señal relativamente tranquilizadora: este hombre corpulento debe de ser el recepcionista, casero o dueño de los apartamentos: en definitiva explica que está atacando a quien de él trata de aprovecharse: es algo relativamente racional: si no fuera por el desmedido uso de violencia: bien: segundo paso: salir de aquí: bajar las escaleras: buscar otros apartamentos que alquilar: si es posible, con recepcionista no desequilibrado.

 

-¿Y a qué has venido? –me pregunta.

-¿Yo?...Estaba buscando un supermercado... creí que a lo mejor había uno en estos apartamentos: perdone: ya me voy.

 

-¡Espera! ¡Espera un momento! -me dice- Yo te conozco: yo sé a qué has venido tú aquí: ayer te señaló Saki, mientras trabajabas en la discoteca: me dijo que ibas a venir buscando un apartamento que alquilar: sólo que ahora me has visto desnudando a eSTE DESGRACIADO y estarás pensando donde coño te has metido, que no soy un tipo normal: pero no tienes nada que temer de mí: yo soy muy buena persona...

 

(Inciso: mientras afirma lo buena persona que es pega, con la mano abierta, cachetadas al inglés drogadicto para que se decida a quitar las bermudas)

 

...lo que pasa es que no soporto a la mieRDA INGLESA que viene a MI TIERRA a creerse que pueden reírse de mí en mi cara...

 

(el ingles flaquito ya se ha dado cuenta que no tiene otra que desnudarse: se baja las bermudas mientras el recepcionista le agarra por el cuello: de la manera de quien estrangula pero, a la vez, permite respirar: el inglés flaquito enseña, su pilila, diminuta por el miedo: sí: le miro la polla: estudio su tamaño y grosor: siempre que tengo oportunidad lo hago: me gusta comparar mi polla con la de los demás: cuando veo que la mía es más grande me pongo contento: me siento superior: el recepcionista, entonces, pega una palmada en la espalda del inglés que, más direccionadora que lesionadora, le tiende -desnudo y boca abajo- sobre las baldosas del suelo: frente a la recepción: frente a la piscina)

 

...a creerse que se pueden quedar a vivir en MIS apartamentos sin pagar nada a cambio, sin darse cuenta que ESTÁN JUGANDO CON LA COMIDA DE MIS HIJOS...

 

(ahora el casero saca, de la nada, una cuerda de tender ropa que ata alrededor del cuello del inglés: mi corazón comienza a palpitar nervioso: ¿Va a ahorcarle? ¿Ahorcarle por no pagar el alquiler?: eso no lo puedo permitir: busco, con la vista, una piedra en el suelo)

 

...así que este desgraciado se va a quedar aquí, arrodillado y atado por el cuello a esta farola hasta que yo me canse o venga un moro que –mira al inglés para asegurarse que le escucha- se lo QUIERA FOLLAR Y ME DE ALGO DE DINERO PARA USAR SU CULO...

 

(busco la cara del joven inglés: quiero ver qué efecto han causado esas palabras en su estado de ánimo: el joven inglés, aunque pálido y bastante avergonzado no está excesivamente asustado: me atrevo a escribir que acepta la situación con estoicidad: como si ya hubiera aprendido la lección de que son gajes de oficio por su vida de drogadicto: intuyo, por lo tanto, que esta no es la primera situación compleja a la que se enfrenta pasivamente: se deja hacer: no opone resistencia a que el casero ate un extremo de la cuerda a su cuello y el otro a la farola: sabe que está en sus manos: el inglés ya está esperando, simplemente, a que pase lo que tenga que pasar)

 

...pero ahora (rectifica el casero al volver a mirarme) no voy a dejar aquí al mierda este, voy a encerrarle en el cuarto de las mangueras (y lleva al inglés hasta dicha habitación obligándole a caminar a cuatro patas, realizando una representación de amo que guía con correa a perro) porque voy a subir contigo a enseñarte el apartamento que tengo libre ¿Te parece bien?

 

Tengo que responder: no me atrevo a decir otra cosa que:

-Sí.

No. No soy un cobarde: voy a decir algo más:

-De acuerdo.

 

(encierra al inglés en el cuarto de las mangueras: con llave: se gira y empezamos a subir por las escaleras de los apartamentos)

 

-Mira chaval –me dice- No me juzgues por esto que acabas de verme hacer: está es mi lucha diaria por mantener el orden en los apartamentos: si dejo que la mierda me chulee, estoy perdido: me comen. Aquí y en Pequín la vida son tres cosas (me mira a los ojos) dinero, chantaje y supervivencia. Ven (me pone la mano sobre el hombro) te voy a enseñar el apartamento, Saki me dijo que eras buena gente, te haré un descuento: tú ya viste la piscina, la limpio todos los días, eso sí, por la noche está prohibido bañarse: más que nada porque le pongo cloro: te digo esto porque algunas veces los inquilinos, cuando vuelven de juerga, se meten en la piscina a follar con alguna putilla que han conocido y, el día siguiente, lo pasan juntos en el hospital, llenos de reacciones cutáneas (anotación mental: no bañarse en la piscina) aquí hay tres reglas básicas de convivencia: primera: nada de ruidos, nada de poner la música alta de ocho de la noche a nueve de la mañana: segundo: nada de dejar bolsas de basura por los pasillos: ¿Tengo yo cara de basurero? Qué cada uno se baje su basura: y, a quien la deja, le hago abrir la puerta y comérsela: tercera: no pedirme perdón nunca: no soporto oír a la gente pidiéndome perdón: ¿Por qué? Porque nunca lo doy: el que la hace, la paga: y punto (abre la puerta del apartamento número 31) Este es el apartamento: 500 euros, sin fianza, agua y luz incluida: y te doy sábanas limpias y papel higiénico cada semana: las paredes están recién pintadas: las pinté la semana pasada: tiene un dormitorio con dos camas, un baño, una cocina, un salón y esta amplia terraza (abre la cristalera del balcón) mira que bonita la vista (miro, se ve toda la zona turística: la playa: las montañas: el océano: el centro comercial que aguarda la discoteca donde trabajo) no vas a conseguir un lugar más tranquilo que este en toda la zona:¿Sabes por qué? Porque aquí yo soy el sheriff: soy el que más mea ¿Qué te parece? ¿Te quedas?

 

-Sí -decido.

Me parece un lugar perfecto para que viva un escritor.

 

.

 

Tres días después ya estoy instalado en el apartamento: he dejado el hogar de mis abuelos (antes de cerrar la puerta no pude evitar un ataque de pánico: me giré y le dije a mis abuelos que quizá volvería pronto: al fin y al cabo no sé si conseguiré aguantar de camarero de discoteca): antes cociné un huevo duro: el primer huevo duro que hago en mi vida: quedó bien: me llenó de felicidad: hasta le hice una foto:

y ahora, aquí sentado en el sofá de mi apartamento, todavía me dura esa felicidad: y va en aumento: y no sé porqué: el apartamento es chiquitito: los muebles son viejos: el estampado de los sillones, horrible: pero a mi me parece el mejor lugar del mundo: he traído mis libros y los pósters que tenía colgados en las paredes de la habitación de casa de mis abuelos: Pulp Fiction, Conan el Bárbaro, portada del disco de Michael Jackson: Dangerous: también he colgado el póster gigante de Claudia Schiffer (sale en bikini) que me compré cuando me dieron el premio por Relato sincero de una pared enamorada y he hecho la primera compra de mi vida en un supermercado: tengo la nevera llena de chocolate: el ordenador instalado: lo único que me falta para ser plenamente feliz es Internet: llevo tres días sin actualizar mi página Web: están subiendo las visitas: muchas gracias: mi diario secreto me está empezando a hacer sentir importante: quizá valgo como escritor: creo que voy a empezar a plantearme a escribir una nueva novela: quizá sobre la noche, sobre las chicas: algo mezcla de Henry Miller, con Bukowski, El Alquimista e Ignatius Really: he de atreverme a empezar a escribir de nuevo: al fin y al cabo ya soy un escritor bohemio ¿No? Vivo en un cuarto piso sin ascensor: el apartamento lo tengo lleno de libros, no tengo televisor, trabajo en una discoteca de mala muerte, me rodea gente extraña...no: no puedo engañarme: no soy un escritor: ni siquiera un bohemio: estoy tratando de disfrazarme de escritor bohemio: realmente no soy más que un observador: un niño que tiene miedo y que quiere follar.

 

Suena mi teléfono móvil.

 

-¿Sigmundo Fernández?

-Soy yo. Sí.

-Soy de la compañía de teléfonos. Hemos recibido su solicitud de instalación de línea y kit ADSL ¿Es ahora un buen momento para ir a su casa a instalarlo?

-Sí, claro. Vengan, por favor.

-En veinte minutos estoy ahí. Gracias.

 

Cuelgo: qué bien: qué alegría:

AMO INTERNET: EN INTERNET SOY ESCRITOR

Pasan quince minutos: tocan en la puerta: es el servicio técnico: es un hombre de unos cincuenta años: barrigudo: con pelo canoso rodeándole la calva: le acompaño hasta mi dormitorio: allí, en una mesa, he instalado mi PC: el hombre empieza a desenvolver cables y a sacar destornilladores de sus maletines: parece muy meticuloso y trabajador.

De pronto interrumpe su trabajo: me mira fijamente: me estudia la cara: sopesa si hablar o callar: se lo piensa mucho: finalmente, decide hacerlo: abre la boca: cierra la boca: abre la boca: se nota que se dispone a hablar desde dentro: lleno de curiosidad, atiendo:

-Abajo, en recepción –me dice- hay un chico desnudo amarrado al cuello, con una soga de tender la ropa, a una farola.

-Ah, sí –no se preocupe- es un inquilino.

-Fui a desatarlo. Me dijo que no lo hiciera pero que, si quería, que le diera un cigarro.

-¿Y se lo dio?

-Se lo iba a dar. Pero apareció un hombre grande y me dijo que me fuera de allí ahora mismo.

-Ah, no se preocupe. Es el recepcionista.

El hombre me mira. Yo también le miro: silencio.

-¿Aquí, esto, es normal?

-Sí, bueno. Al principio resulta un poco extraño. Pero al tercer día de verlo amarrado te acostumbras. Es como una mascota.

-Mira –me dice nervioso- Yo no quiero problemas: te conecto todo esto y me voy.

-Sí, claro. Sin problemas.

El hombre reanuda su trabajo.

-¿Tiene sed? –le pregunto- ¿Quiere beber algo?

-No... bueno...(me mira)... sí... un vaso de agua me vendría bien.

-¿Agua? Tengo Coca-cola, batido de fresa, leche de soja, horchata, zumo de naranja y zumo de manzana.

-Vale. Una coca cola estaría bien...mmm... ¿La tienes en lata?

-Sí.

-Pues vale. Pero tráemela sin abrir.

-Bueno.

Voy hasta la cocina, abro el frigorífico y saco la coca-cola: ¿Qué se la traiga sin abrir? ¿Creerá que voy a meterle algo en la bebida? Bueno, supongo que estará afectado por el inglés desnudo y atado a la farola: ayer, cuando me iba a trabajar estuve a punto de sacarle una foto: pero me dio pena: no está bien ensañarse con las desgracias de la gente para ponerlas en mi página web y subir la audiencia: al fin y al cabo es un enfermo: y el casero lo libera cada noche, antes de irse: vuelvo a mi dormitorio: el instalador ha encendido la computadora: está manoseando el ratón: dejo la Coca-cola, cerrada, a su lado.

-Buf –dice- esto está pegajoso. ¿Qué has derramado aquí? ¿Coca cola?

Pienso.

No es coca cola.

Es semen.

Hace un rato me masturbé viendo las fotos de la danesa, la de la discoteca, la que no me pude follar. Se me quedó algo de semen en la mano y, sin limpiarme, cerré la sesión del PC ayudado con el ratón.

Le miro.

Me sonrojo.

Ese hombre no deja de manosear el ratón.

No tengo estómago para decir la verdad.

-Sí. Es Coca-cola.

 

 

Pincha aquí para descargarte un video de Sigmundo Fernández, feliz en el balcón de su apartamento. Archivo zip sin virus.

 

16.-Saki

No puedo poner aquí una foto de Saki: advirtió que me machacaría la cara si lo hacía: y no es algo que me apetezca especialmente. Así que pongo la de un cantante a quien se parece: Usher:

Saki tiene más cara de hombre, rasgos faciales más neandertales: y el doble de músculos: dos brazos de Saki son uno de Usher. Las turistas, nada más verlo se lo quieren follar.

 

Son las ocho de la mañana: la discoteca ha cerrado: estoy ayudando a Saki a contar las monedas del total en efectivo de la caja que ha hecho su barra: cuento el dinero tratando que el dueño no se de cuenta de lo borracho que estoy: ayudo a Saki para que él salga antes y me lleve a mi apartamento en su coche: así me ahorro subir las escaleras interminables: pero ¿A quien voy a engañar?: realmente estoy ayudando y esperando a Saki porque me cae bien: porque, después de estar toda la noche trabajando, me apetece hablar un rato con él: relajarme.

 

Hoy he puesto aquí la foto de Saki (la de Usher) porque voy a hablar de él: ahora estoy en mi apartamento: frente al ordenador: dándole al teclado: Saki me ha dejado en mi casa después de haber pasado unas horas hablando: me ha contado la historia de su vida: se puso a hablar y no paraba: yo nunca dejé de mirarle con ojos muy atentos: y de preguntarle: no quería perderme detalle de la historia que me contaba: algunas veces creí que eran mentiras pero ¿Para qué iba a mentirme? Parecía que necesitaba hablar: confesarse: no tenía pinta de estar inventando: Saki me causa mucha curiosidad: me asombra su poder con las chicas: cómo le miran: es un poder sobrenatural e instantáneo: caen a sus pies: me maravilla su mirada de duro: el miedo con el que le miran los hombres al hablar: siempre domina cualquier situación que se le presenta: es un chulo de discoteca, sí: nunca se ha leído un libro: no sabe quién es Salinger o Jorge Luís Borges pero lo admiro y no: no estoy enamorado de él: tampoco me lo quiero follar: aunque reconozco que cuando me contaba su vida le miré a la boca: pensé en como sería besarlo: pero era simple curiosidad: curiosidad de escritor: cuando realmente lo imaginé me estremeció un escalofrío: un escalofrió desagradable: no, no soy maricón.

Saki nació en Cuba, hace 34 años: si lo ves, trabajando y bailando (sobre la barra), a distancia normal aparenta menos edad pero: si te acercas un poco más y te entretienes en fijar tu vista bajo sus ojos verás arruguitas que delatan el desgaste de los años (porque los años no perdonan a nadie y, entre risas, andan locos por llevarnos a la tumba) y tiene algo de calva: muy poca todavía: pero ya se le presenta: cinco años más y tendrá un claro en toda regla.

 

Me contó que, en Cuba, las peleas callejeras son un constante diario: cualquiera puede pegar a cualquiera pues, aunque lleves ante la justicia a la persona que te pegó y ganes el pleito, las multas con que les castigan son de insignificantes cuantías económicas ya que ¿Cómo multar con dinero a los que no ganan dinero? Cuba es un país comunista y el único que tiene dinero es Fidel Castro: no es de extrañar, entonces, que la gente ande por la calle, tratando de encontrar cualquier forma, ética o no, con la que ganar dinero. Así que, su padre se lo dejó bien claro desde el principio:

 

-Tienes que ser un tipo duro. Y listo. Si no, desde que pises la calle, te dejan sin nada. No tengas nunca duda de dar un golpe a tiempo: ese golpe te ahorrará dar otros cien y vivir en la penuria.

 

Las palabras de su padre se adhirieron a sus actos: por eso, desde pequeñito, se empeñó en que todo el mundo se enterara de que no era una persona de la que se podían reír: en el colegio mató a un compañero de clase: fue un accidente: se supone.

 

Pero lo cierto es que, dentro de sí, Saki sabía lo que iba hacer: casi cada mañana, en el transcurso de las clases, alguien abría su mochila y le robaba el bocadillo de crema de cacao que su madre le preparaba para que se lo comiera en el recreo: así que, harto de no poder sorprender al ladrón de bocadillos con las manos en la masa, preparó un bocadillo mortal: untó matarratas junto a la crema de cacao. El niño que se lo robaba casi todas las mañanas se comió el bocadillo: no dejó ni las migas: Saki pudo ver por fin quien era: vio como un niño se retorcía en una esquina del patio: en el suelo: los profesores también lo vieron: lo llevaron al hospital. El niño murió: el matarratas causó una infección que le destrozó las venas: la policía investigó: Saki confesó: dijo que no sabía que lo iba a matar: dijo que pensaba que lo único que creía que pasaría sería enfermarle el estómago: darle cagaleras: Saki tenía ocho años: no le metieron en la cárcel: simplemente se lo llevaron a un internado militar.

 

En el internado militar le fue bien: le gustaba la disciplina: los desfiles: el trabajo físico: cuando cumplió los diecinueve años se alistó en el ejercito: allí se apuntó en clases de lucha libre y boxeo: sobresalía: era fuerte: su cuerpo se empezó a muscular: los fines de semana salía de fiesta: aprendió a bailar casino: follaba mucho: y con quien no debía: una noche se folló a la mujer del profesor de Kárate del internado militar que, entre otros logros, se había quedado a las puertas de ir a las olimpiadas y nunca dejaba de recordárselo y pavonearse ante la gente.

 

-Joder –le dije- ¿Y no tenías miedo de follártela con semejante novio?

 

-Hasta a ti, que eres un cagado, se te hubiese puesto la polla tiesa si hubieras visto como bailaba ese culo.

 

El profesor de kárate empezó a sospechar, a oír cosas por los pasillos: por fin los rumores: se enfadó muchísimo: una tarde, el profesor de kárate, miró mal a Saki: sabía que con eso bastaría: Saki, lejos de asustarse, aguantó la mirada. El profesor de kárate se dio cuenta que tenía una oportunidad de lucirse: darle un escarmiento para que nadie, nunca más, se atreviera a inventar cuchicheos con él de protagonista (pues en el fondo no creía que hubiera sucedido). Le preguntó a Saki si se atrevía a subir al tatami con él o era un cobarde.

-Yo te parto la cara donde quieras –le contestó Saki.

En el tatami, el karateca empezó a realizar ejercicios de estiramientos y a calentar: en realidad estaba esperando que hubiera más público: la voz se había corrido: la gente venía corriendo desde donde estaban: todo el que podía estaba frente al tatami: mientras tanto Saki gritaba:

-Venga subnormal, deja ya de estirar y ven aquí.

La pelea duró poco: Saki le rompió la mandíbula en el primer golpe y, antes de que cayera al suelo, le rompió una costilla de una patada: el karateca se iba a levantar: pero Saki saltó sobre él: lo machacó.

-No podía parar de darle –me dijo- si no lo hacía y dejaba que él se levantará yo hubiera sido a quien hubieran mandado al hospital.

 

Aparecieron los altos mandos y obligaron a los soldados a separarlos: el profesor de kárate fue enviado al hospital y Saki, expulsado del ejercito.

 

Saki tuvo que buscarse una profesión: el primer trabajo que obtuvo era de vendedor de cerveza en la selva: iba hasta allí en un camión: buscaban las fábricas, las minas o los grandes campos de agricultura: tenían que esperar a montar el negocio cuando los clientes/trabajadores no estaba presentes: vendía la cerveza encerrado junto a sus dos compañeros en una jaula con barrotes: si no lo hacían así los trabajadores se ponían de acuerdo para asaltarlos y quitarles los barriles de cerveza y el dinero que hubieran recaudado. Cuando terminaba el descanso y los clientes/trabajadores tenían que regresar, Saki y sus compañeros desmontaban la jaula e iban a otro lugar a seguir vendiendo cerveza.

 

-Mi vida era una mierda: cada noche soñaba con salir de Cuba. Pero la política de Fidel Castro lo hacía imposible.

 

Por eso empezó a frecuentar las zonas turísticas: buscaba engatusar a una extranjera: casarse con ella: que se lo llevaran de su país: era la única manera de salir: así fue como se hizo jinetero: a vivir en el fuego: su sueño: encontrar una bella mujer con dinero y volverla loca.

 

Y lo hizo realidad: bueno, más o menos: una alemana: 66 años: propietaria de una empresa de cosméticos: Saki supo enamorarla:

 

-Me la follé como un loco: de tres a cuatro veces diarias: polvos que duraban horas: la vieja nunca había tenido tantos orgasmos en su vida: yo tenía sólo 22 años: pero no era la primera vez que me follaba a una vieja: había tratado de enamorar anteriormente a otras: pero fue con ella con la que me salió la jugada perfecta: se volvió loca por mí: ya sabía que no me iba a dejar en Cuba.

 

-¿Y no te daba asco follártela? ¿Cómo conseguías que se te pusiera dura?

-Todo está en la mente Sigmundo. Y además, estaba desesperado por salir de Cuba. Sólo con pensar en el avión se me ponía tiesa.

 

La vieja se lo llevó a Alemania: removió cielo y tierra para conseguirlo: pagó cuantos sobornos se hicieron necesarios: una vez que Saki se vio en Alemania y tras la fiesta de Bienvenido a Alemania mi amor que dio la vieja con el propósito de presentárselo a todos sus familiares y amigos, Saki se escapó por la ventana: aunque, primero, se llevó todas las joyas y dinero que le cabían en su mochila: marchó a España.

-¿No tuviste problemas con la policía?

-Creo que la vieja no me denunció. Le daría vergüenza ir a la comisaría y decir que su novio cubano, de 22 años, tras sacarlo del país, le había robado y abandonado.

 

Saki vivió en Andalucía cinco años. Gracias a su espectacular físico y dotes para bailar música salsa logró entrar en un grupo de baile que actuaba en fiestas y discotecas: en una de esas actuaciones un directivo del canal de la televisión autonómica le ofreció formar parte del grupo de bailarines de la cadena. Allí estuvo trabajando cinco años. Me contó que en esa época folló mucho, incluso con una famosa de las que salen en las revistas del corazón: Marlene Mourreau: la conoció porque vino de invitada a uno de los programas de televisión: a ella le gustaba follárselo: después de ese encuentro ella lo siguió llamando: él siempre acudía.

 

-¿Por qué, si te estabas ganando la vida, nunca te dio por dar la exclusiva a una revista? Convertirte en un Dinio.

-Tenía miedo que me expulsaran de España. Yo no andaba con los papeles en regla todavía.

-¿Y cómo terminó esa historia?

-Simplemente me dejó de llamar. Y yo también a ella.

-¿Y por qué no lo haces ahora?

-Porque no tengo ninguna prueba de que aquello sucediera.

 

Un día, el contrato con la cadena de televisión terminó y, sin saber que hacer, vino a Canarias, a probar suerte: más de una vez había oído decir que en las islas era fácil encontrar trabajo. Saki llegó a la isla, se subió a un taxi y le dijo al taxista que le llevara a un sitio donde pudiera encontrar trabajo: el taxista no se lo pensó: le trajo hasta la zona turística de la isla: además era una buena carrera: Saki encontró trabajo en la discoteca The lover: hasta le hicieron los papeles: desde entonces, convirtió esta isla en su hogar: sin embargo el dinero de camarero no se le hacía suficiente: quería ganar dinero: vivir en una gran casa: empezó a vender cocaína, empezó a ganar sacos de dinero: pero alguien le delato: algún camello celoso quizá.

 

Pasó cinco años en la cárcel: gracias a sus músculos, no tuvo ningún problema dentro de la cárcel: no lo violaron, quiero decir: pero cuando salió se prometió que nunca más haría nada que le pudiera traer de vuelta: además estaba siendo vigilado de cerca por la guardia civil: dejó el mundo de la venta de droga, se dedicó a trabajar honradamente en la discoteca: encontró una novia formal: ahora viven juntos en un apartamento: afirma que ella le hace feliz.

 

-Cuando me follo a una chica en la discoteca o en mi coche no me la puedo follar duro, porque cuando llego a mi casa mi novia siempre me mira la polla, para ver si tengo marcas o raspaduras.

-¿Nadie le dice a tu novia que le pones los cuernos? Al fin y al cabo la zona turística es pequeña: esto es como un pueblo: todo el mundo se conoce.

-¿Quién va a atreverse a contárselo? ¿Quién va a estar, lo suficientemente loco, para atreverse a tenerme como enemigo?

-No sé. Sus amigas, por ejemplo. Quizá ellas te puedan ver.

-Me he follado a todas sus amigas.

-¿Sí?

-Claro. La culpa la tiene ella: va presumiendo de la polla que tiene su novio: de lo bien que follo: me ha hecho una publicidad fantástica. No hay chica que la oiga y no quiera probarme. 

 

17.-Una noche negra.

Ya llevo trabajando en la discoteca The Lover tres semanas y media, las noches empiezan a parecerme rutinarias: siempre es lo mismo: acercarme a los turistas, preguntarles ¿Qué quieres beber?: ir a buscar sus bebidas, esperar que Saki me las sirva: localizarlos, llevarles las bebidas, cobrarles: todo esto si me han dicho que quieren beber porque, normalmente, los turistas me mandan a la mierda: entonces tengo que decirles que si no piden bebida nada más entrar tienen que regresar a la puerta y pagar entrada: entonces ellos miran al gilipollas que les está avisando de lo que tienen que hacer y me vuelven a mandar a la mierda: entonces tengo que echarles: y odio escribir esto: pero les tengo miedo: no me atrevo ni a mirarles mal: miro al suelo: todos los turistas me parecen más fuertes que yo: mis brazos son siempre más flacos que los de ellos: entonces aviso a Saki o a los de seguridad: entonces los sacan de la discoteca a puñetazos o a empujones en el mejor de los casos... veo camellos entrar: encerrase con turistas en el baño: esnifar: turistas que salen corriendo de la discoteca: turistas que entran corriendo a la discoteca: peleas: chicas con minifaldas: chicos con camisetas sin mangas: miradas lascivas: miradas perdidas: miradas desilusionadas al ver que el chico que les gusta besa a otra: chicos que invitan a chicas a copas: chicas que las aceptan para beber gratis: chicas del montón que bailan tratando de llamar la atención para no quedarse sin follar:

el dueño de la discoteca -hasta el culo de pastillas- saltando con la camisa abierta en la pista de baile (seguro que vuelve a perder las gafas, que manía de guardarlas en el bolsillo delantero de la camisa): sexo por las esquinas: tocamientos rápidos que invitan a más: no pares, que me gusta cómo me frotas:

insinuaciones de nena ven conmigo a la habitación de mi hotel: turistas que le dan la llave del apartamento a sus amigas porque se van con un chico que acaban de conocer y no piensan en volver: borrachas que se acuestan sobre la barra y reniegan del Moskoskaya naranja (y del qué dirán) porque no pueden más:

palabras en idiomas que no entiendo: estoy en la isla donde nací pero ninguno de los que me rodean son de esta isla: y yo no he tomado ningún avión: dicen que soy español: pero vivo al lado de África y todo el mundo, a mi alrededor, habla en inglés: miro hacia el suelo: no tengo valor para mirar a la gente a la cara: no me avergüenzo de ser camarero: me avergüenzo de ser yo mismo: un chico al que ninguna chica desea: el camarero austriaco pasa a mi lado: me pisa: no pide disculpas: me cae mal: ninguna chica me mira: los chicos que más triunfan son los musculosos bien vestidos y con aíres de no tener ni un problema en su vida: a las chicas les resulto transparente: me miran y se preguntan ¿Donde habrá un tío bueno?: tengo que hacer más abdominales: he de moldear mi cuerpo: mañana busco un gimnasio: pero ¿Donde me opero la cara de gilipollas? ¿Donde me la pueden quitar? ¿Y mi mente?

-Sig, ven aquí: tómate algo hombre -me dice Saki desde su barra- Hoy no has bebido ni un poquito.

-Sí, por favor, dame algo de beber -contesto- si no, me echo a llorar.

-Me caes bien Sig -me aclara- Eres un pobre desgraciado, pero me caes bien.

Bebo tequila con naranja: no hay miedo de que me sorprenda el jefe: sigue en la pista de baile: creo que se está mordiendo la lengua: le sale sangre de la boca: bah, ya me he acostumbrado a verle sangrar (creo que no he escrito que una noche, al verle sangrar por la boca, me acerqué para advertirle y me gritó que era un vampiro).

Sigo dando vueltas por la discoteca: ya nadie quiere pedir bebidas a los camareros de sala: ya es segunda hora: el camarero austriaco habla con la gente, tiene amigos: yo no tengo a nadie: salvo el alcohol: apuro mi tequila con naranja: quiero otro: miro a Saki: está besando a una morena delgadísima: es delgada pero las tetas son enormes:  ves primero las tetas que la chica: luego buscas su cara y te das cuenta que para colmo está buenísima: tiene los ojos azules: sonrisa de ¿Vamos a pasar un buen rato? ¡Dame caña!: supongo que Dios está al tanto de esas in naturalezas: hace mujeres flaquísimas y encima les pone unas tetas de campeonato ¿Por qué Dios? ¿Es una señal para que sepamos que son amamantadoras que han de casarse con patriarcas?  No Dios, yo sé tu secreto: a Dios le va el morbo: se masturba creando chicas como esas: y no es justo: Dios permite tías buenas macizas y gordas deformes: Dios permite climas maravillosos y tsunamis devastadores ¿Y yo qué? ¿Por que me pone esas tías delante? ¿Para hacerme un infeliz?:¡Para hacer una masacre con mi autoestima!: porque yo sé que nunca seré feliz hasta que me folle a una chica como a esa: y eso será nunca: tiene una amiga: no está tan buena: pero está buena: paso a su lado: no me mira:

-Dame un trago Saki. Necesito beber, por favor.

-Entra a la barra y quédate aquí hasta que vuelva: voy a follármela.

-¿Al baño?

-No. Yo tengo más clase. Yo me las follo en el cuarto del aíre acondicionado: tengo la llave.

Entro en la barra: él sale: la chica sonríe: se dan la mano.

-Y Sig -me dice- ten cuidado con ese tipo (y toca al tipo, lo señala, habla a su lado para que oiga lo que me quiere advertir de él) creo que va sentándose al lado de las chicas para frotarse con ellas: para rozar sus partes intimas haciéndose el disimulado: si ves que lo hace, llama a seguridad para que lo hinchen a hostias.

Y, como despedida, le da un capón en la coronilla: el hombre se sonroja: no se atreve a hacer nada: le han sorprendido: miro al tipo: el tipo no sabe que hacer: me sonríe con cara de circunstancia: me fijo que no pestañea: nunca: no pestañea: el hombre que no pestañea: que raro: claro: la coca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bebo: chupitos: pruebo el Baileys: está bueno: el tía María: está bueno: Licor 43: está bueno: Ginebra con lima: rico: Sambuca: mi preferido: After Schok rojo, azul, negro, verde: los que más suben: Pisang Ambong green: qué rico: piña colada preparada: dulce: me tambaleo: doy saltitos de lado a lado de la barra: nadie me habla: me aburro: el alcohol me hace pensar cosas raras: luces rojas: ¿de donde salen las luces rojas? ¿cómo las fabrican? el camarero austriaco se acerca a la barra: me dice que le sirva una copa a la turista que se acaba de ligar: vodka Redbull: la besa: me mira: nota mi estupor: todos tienen a una chica: menos yo:

-¿Qué pasa Sig? ¿No ligas? –me restriega el camarero austriaco con espinas por mi orgullo.

-Si Borges estuviera aquí tampoco ligaría -replico.

-¿Borges?

-Sí. Y vale más que toda la gente que está aquí junta.

-Estás fatal. Porque no ligas.

-¿Sabes qué te digo? Que las chicas que pasan de mí son unas putas o unas retrasadas mentales sin bagaje cultural alguno. Y si estuviera con alguna significaría que es hiper inteligente, con clase, buen gusto y una sensibilidad superior a toda esta basura que se regala por aquí.

-Va. Vete a hacerte una paja al baño.

Saki regresa a la barra: la chica ríe feliz.

-¿Se ha ido el tipo ese que te dije?

Miro: no está.

-Sí, se habrá ido corriendo.

-Ese tipo no se ha ido: habrá cambiado de barra: los tipos así no tienen vergüenza: ya han pasado ese límite.

-¿Qué tal la chica?

-Una putona de cuidado -describe contento.

Una putona de cuidado: ¿qué significará eso?: que le habrá hecho de todo: qué suerte: salgo de la barra: sigo dando vueltas por la discoteca: el dueño se me acerca:

-Sigmundo alegra esa cara -ordena- te quiero ver dando vueltas por la discoteca con aíre bakalaero.

-Sí, vale.

El dueño sale corriendo, muy rápido, hacia atrás, sin dejar de mirarme: parece que me quiere hacer ver que se encuentra ágil y joven: choca contra la gente: se cae al suelo: la gente sobre que ha caído, un grupo de turistas inglesas, le dan patadas con los tacones de sus zapatos, con rabia: les ha tirado las bebidas.

Sigo caminado por la discoteca: no soy feliz: me siento aparte: de pronto: entre toda la gente reconozco a una persona: pero no sé de qué: un chico alargado: no es turista: desentona en la pista de baile por la ropa que lleva puesta: viste como si trabajara en un banco: lleva el pelo corto, raya al lado, pantalones pinzas, mocasines y camisa de cuadros de Ralph Lauren: él también me ve: me saluda: quizá me suene de la ciudad: a saber donde lo conocí:

-Hola ¡Qué sorpresa verte aquí!

-Sí –contesto.

-¿Has dejado de trabajar en la librería del gran centro comercial?

-Sí. Más o menos.

Entonces recuerdo de qué lo conozco: es el hijo de una clienta: de una mujer que siempre venía a comprar libros de auto ayuda y plantas medicinales: era súper pesada: sólo quería que la atendiera yo: ella me decía que lo hacía para ayudarme: para que mi jefe viera que era su dependiente preferido: pero yo sabía que la verdadera razón era porque yo era el único que le hacía caso: el único que se preocupaba de buscarle los libros raros o de mandárselos a pedir en las editoriales: esa mujer era súper pesada: nadie la aguantaba: además venía con su marido, siempre: un viejo de dientes podridos: el marido me miraba mal: parecía que me tenía celos: yo nunca miré a la señora con ojos que no fueran de dependiente: era fea: y vieja: supongo que ese hombre era un enfermo: el típico celoso:

-¿Qué tal está tu madre? -digo- Dale recuerdos de mi parte.

El chico me mira fijamente: como si encajara un golpe: cuando acaba, habla:

-Mi madre murió de cáncer hace cinco meses.

Miro al chico: sus ojos son tristeza: me dan una pena enorme: y yo... estoy borracho: debe de ser eso: por que me empiezo a reír: como un loco: a carcajadas: me hace una gracia enorme que su madre haya muerto:  JAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJJ

JAJAJAJAJAJJAJAJAJA: no puedo parar de reír: el chico me mira sin comprender: eso me hace reír aun más: quizá sea la borrachera: yo no puedo parar de reír:  JAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

JAJAJAJAJJAA: trato de recomponer mi rostro: no puedo reírme de esa desgracia: tengo que decir algo: algo que le de pena: algo que me redima:

-Mi madre también murió de cáncer.

Pero vuelvo a estallar en carcajadas: JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJA

JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJA: no puedo dejar de reír: y juro que lo intento: JAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJA: me parece patéticamente divertida la frase con la que le trataba de consolar: JAJAJAJAJJAJAJAAJJAJAJAJJAJAJAJAJA: ya no puedo fingir que me estoy riendo de que su madre haya muerto de cáncer: ojalá que, por lo menos, huela mi aliento a alcohol.

-¿De qué te ríes, imbécil? –me dice.

-Tú madre: malgastó su vida leyendo libros de autoayuda y sobre plantas medicinales: se le fue la vida y no se dedicó más que a eso ¿Con qué cara habrá mirado a Dios cuando llegó al cielo? Él le va a decir: te di un cerebro, un cuerpo ¿Qué has hecho con él? Y ella le dirá: pues me he follado a mi marido cada mes (y Dios sabrá a qué viejo con dientes podridos se refiere) y me he leído unos mil libros de autoayuda y plantas medicinales. Y Dios se reirá, como yo, dirá: ¿Cuándo va a acabar en la tierra la epidemia de gilipollas? Y ella dirá: ¡Y tuve un hijo! Y Dios dirá: ¿Te refieres a ese desgraciado que ha venido desde la ciudad a esa lejana discoteca buscando a una turista a quien metérsela y se va a tener que regresar a casa a matarse a pajas?

El chico me empuja: es un empujón débil: no me hace daño: da media vuelta: camina, con un rictus serio, hacia la salida de la discoteca:

-¡No te lo tomes a mal! –le grito- ¡Mi madre murió de cáncer! ¡Todas las madres mueren de cáncer!

El chico da media vuelta, me mira por última vez: el efecto del alcohol se me baja un poco al ver su cara: siento que le he hecho daño: dejo de reír: pobrecito: él se va de la discoteca: supongo que a suicidarse: aunque cuando me doy media vuelta y miro hacia mis ojos en mi cara reflejada en uno de los espejos que pueblan las paredes de la discoteca vuelvo a reír: a carcajadas: me acuerdo de lo que he dicho: estoy loco, definitivamente: de remate: tiene que ser el alcohol, espero. JAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ

JJAJAJAJAJJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJAJA

Llego hasta la barra de Saki.

-¿Qué ha pasado? He visto como te empujaba ese chico ¿Quieres que le pegue?

-No, por favor. Pégame a mí. Por favor: soy yo quien se lo merece. Soy un enfermo: soy un malvado.

-Bebe un poco.

-Sí. Quiero padecer del hígado: jodérmelo: quiero hacerme daño. Quiero ser Dostoyesvski memoriando desde el subsuelo.

-¿De qué estás hablando?

-Pégame Sigmundo, por favor, no ha sido una buena noche: soy un cabrón: soy un hijo puta: será porque no ligo: me estoy convirtiendo en una piedra: sin sentimientos: demente.

-Mira -dice alejándome la copa que me estaba sirviendo- mejor hoy, no bebas más.

 

18.-El camarero austriaco y sus chicas: una noche inesperada.

¡Qué noche tan extraña!: esperad: juro que lo contaré todo desde que termine de masturbarme: denme un minuto (recuerden que soy eyaculador precoz).

¡Oh, no! ¡Maldita sea!: no voy a poder masturbarme mirando ninguna foto de ella: olvidé –realmente me dio vergüenza- sacarle, mientras hablábamos, una foto con mi cámara digital: da igual: tengo su imagen bien clara en mi mente: sólo he de cerrar los ojos para volver a verla: no creo que esa chica (su mirada, su sonrisa) abandone mi cabeza en bastante tiempo.

 Bien, me dispongo a masturbarme: deseadme suerte y éxitos amigos: hasta ahora:

 

Finalizado: ha sido una masturbación extraña: al eyacular expulsé bastante semen y, durante un segundo, sufrí la alucinación de que el semen dibujaba/formaba, en el aíre, el rostro de la chica: quise incorporarme y abrazar dicha imagen: pero, por segunda vez en esta noche, su rostro se desvaneció... mejor os cuento la historia desde el principio: aunque ya sabéis como finaliza: masturbándome: igual que siempre. 

 

***

 

Viernes noche: en la discoteca se reúnen tanto turistas como gente que se escapa de la ciudad en busca de una juerga loca: la discoteca está llenísima: todo el mundo se empuja entre sí: bailar es una provocación para quien tengas al lado: y no para de entrar más gente: al dueño le importa una mierda el aforo: se está forrando: no me puedo mover: no puedo trabajar: mi cuerpo se limita con otro cuerpo: y a menudo es con el de un gran gordo grasiento que apesta a sudor: ¿Por qué la casualidad nunca me obliga a rozarme con las tetas de una rubia maravillosa?

 

-Sig –me dice Saki- Entra a la barra y ayúdame a servir: me faltan manos.

 

Ok: entro en la barra: sirvo copas: los de la ciudad se quejan por el precio de las bebidas: me miran mal: yo les digo que se encuentran en una discoteca turística: ellos replican que, por no ser ellos turistas sino de la ciudad, tendrían que tener un precio especial: yo les digo que no puedo hacer nada, que soy un simple camarero, que yo no pongo los precios: entonces me gritan, me insultan y me anuncian, con ojos de fuego, que quieren quejarse al jefe: entonces (en lugar de hacerlo) les señalo a Saki: y él, ya de entrada, al verse señalado, les mira mal: muy mal: normalmente con esa mirada les basta y deciden para sus adentros que, a fin de cuentas, las copas no resultan tan caras pero, algunos ¡ay! se encaran con él: gritando, enfadados (pues creen que así va a acceder, intimidado, a su queja): Saki les suele agarrar por el cuello y estrangularlos un poco: que dejen de respirar cinco segundos: después de eso a la gente no le suelen quedar ganas de pedir la hoja de reclamaciones: les basta con seguir vivos: yo nunca he visto en la discoteca a nadie con un bolígrafo y una hoja de reclamaciones.

 

Veo entrar en la discoteca al camarero austriaco (es su noche libre) acompañado de dos turistas: una morena y otra pelirroja. El camarero austriaco también me ve: se acerca con las chicas a la barra, toma de la mano a la pelirroja, mientras espera que mis ojos bizqueen de envidia: toca el culo de la pelirroja: ella sonríe: la besa (siempre fijándose que le observo): se apoyan en la barra: me habla:

-Sírveme un Arehucas cola y, para ellas, dos Malibú con Sprite.

 

Comienzo a servir las bebidas mientras el camarero austriaco reanuda su morreo interminable con un ojo puesto en mi cara que refleja, ya por fin, los efectos de la tortura a la que me somete: yo no ligo: yo soy una mierda a la que nadie desea.

 

Sin embargo, algo ocurre: cuando dejo de mirarles descubro que la amiga de la pelirroja me está mirando...¡me está mirando!...¡Y conozco esa mirada! ¡Sí! ¡Sin duda!: es igual que las que me regalaba la danesa ¿Qué por qué? ¿Por qué me mira así? ¡Ni idea! ¡Porque Dios es grande! ¡Aprieta pero no ahoga!: al fin y al cabo soy el mismo gordo que ayer por la noche: acuño y apunto mentalmente una frase por si un día me convierto en un escritor inmortal: si quitas la mirada de quien te hace daño quizá halles a quien no te lo hace: joder: qué bueno soy escribiendo.

 

Me pongo nervioso: no sé qué hacer: trato de andar güay: de moverme güay: de parecer, con los clientes, un tipo güay: hablo con los turistas y, como mi inglés no es bueno, ellos no me entienden: y yo, en lugar de repetir o hacer comprender mi comentario intrascendente, río: me río sin parar: con carcajadas fingidas: hago como si fueran ellos los que no entienden su propio idioma: ellos me miran extrañados: otros -supongo que con mayores problemas de autoestima que yo- se suben al carro de la risa: qué patético soy: es que no sé qué hacer con las manos: donde ponerlas: cómo conseguir que mi mente deje de hervir de la empción.

 

-Sig ¿Qué te pasa? Deja de comportarte como un gilipollas –me pide Saki.

-Es que me está mirando una chica. Una chica morena: está buenísima. Me mira sin parar. Y sonríe.

 

Saki mira a la chica: me asusto: desde que ella vea a Saki va a querer follárselo: peligro: maldita sea: Saki se acerca: están hablando: me la va a quitar: ella ya le habrá visto lo suficiente: estará enamorada de él: de sus potentes músculos: yo me voy al otro extremo de la barra: quiero ahorcarme: romper un pedazo de hielo y rajarme las venas: veo a la chica sonreír: a mí: de lejos: me señala: pregunta a Saki por mí: lo noto: le dice que cree que soy inglés: él dice que no: que soy de aquí: la chica me vuelve a sonreír: a mí: sólo a mí: la quiero: quiero besarla: ya no tengo miedo de que Saki me quite la chica: ella sólo tiene ojos para mí: es mi noche de suerte: el camarero austriaco se da cuenta: me sonríe con brillo satánico advirtiendo que, a continuación, va a hacer algo que acabará con mis ilusiones:

 

-Vamos a los sillones del fondo –les dice- Allí estaremos más cómodos.

-No –replica ella- Yo me quedo aquí.

-Sí, mejor nos quedamos en la barra –refuerza, cómplice, la pelirroja.

 

El camarero austriaco refunfuña su fracaso: su flecha con veneno malévolo no me ha acertado: esta vez evita mirarme: sonrió: de su flaqueza, de la respuesta de las chicas y de un chupito que bebo de Jack Danield´s reúno las fuerzas necesarias para acercarme hasta la turista morena: la pelirroja sonríe pizpireta: comenzamos a hablar: no sé de qué: pero la conversación surge fluida: es extraño: me cuesta horrores acercarme a una chica para hablar, mucho más mantener una conversación pero, en esta ocasión, sus ojos me ayudan: me miran con amor, deseo y ¿admiración?: (ahora, mientras escribo, recuerdo algunos datos de esa conversación: recuerdo que su película favorita es Dirty Dancing: lo recuerdo porque es la misma película que nombró la danesa: que es inglesa y que se va a quedar en la isla una semana y tres días: este dato lo celebraron mis ojos iluminándose y ella dio cuenta de ello riéndose) la turista es morena, pelo laceo, ojos claros, ojos golosos, viste un top y unos pantalones blancos, zapatos negros, del cuello le cuelga un girasol de plata, tiene un culo redondo de no más de diecinueve años: la turista, como ángel que me ha enviado el Señor para hacerme feliz, resplandece en la discoteca.

 

-¿Y cuántos años tienes tú? -me pregunta.

-Veintidós -miento.

 

Me gustan sus hombros: me gusta su cuello: me gustan sus tetas: son grandes: grandes sin caer en la exageración de las gordas: sus tetas son perfectas: que miedo: las chicas de tetas grandes no se andan con tonterías por la vida: las chicas con buenas tetas son difíciles de conservar pues todos los hombres las desean: hablamos, reímos: el camarero austriaco trata de sabotear la conversación: pero es imposible: leí en un libro de proyecciones astrales que nuestra alma está unida a nuestro cuerpo por un hilo de plata: si eso es verdad, en estos momentos, sin duda, nuestros hilos de plata están entrelazados: las palabras de la chica van depositándose sobre mi inseguridad hasta hacerse muy pesadas y aplastarla: la sepulta: ahora me siento fuerte: inteligente: seguro: maravilloso: ni siquiera Saki me parece tan espectacular: ¿Qué es lo que me ocurre?: estoy seguro que todos seríamos mejores personas con una chica como esa a nuestro lado: quizá Hitler lo único que necesitaba para no organizar un holocausto judío era una chica como esta mirándole con ojos golosos: lo único que necesito en la vida para que mis complejos y problemas mentales desaparezcan es que una chica guapa me mire como lo hace ella.

 

Y de pronto, sin previo aviso, la chica me besa:

-Es que no puedo esperar más –me dice cuando despega su boca de la mía y descubre mis ojos llenos de sorpresa- Me gustas mucho.

-Sí. No. –contesto- no pasa nada: quiero decir: muchas gracias: hazlo cuando te apetezca: pero dame un minuto (me sonrojo) necesito reponerme.

-Eres muy dulce –califica entre risas.

-¿Dulce? ¿Yo? Ayer me reí de un chico al que se le había muerto la madre de cáncer.

La chica ríe: más aún: hoy es una noche maravillosa: todo lo que le digo le hace reír: deberían de darme un premio por chistoso.

 

El camarero austriaco vuelve a hablarme mientras sirvo una copa a un cliente:

-Quiero a esa chica para uno de mis amigos: deja de mirarla: quiero hacer una fiesta en mi casa.

-Lo siento -contesto- pero esta chica tiene un exquisito buen gusto: me ha elegido a mí.

Me clava una mirada de asesino que rebota en mi pecho: me siento Superman: sólo ella podría dañarme: ella es mi kriptonita.

Saki se acerca:

-Sig –me dice- Sal de la barra: ya pasó el trabajo.

-¿No me puedo quedar? -pregunto.

-No. Aquí lo único que haces es morrearte a la chica esa ¿Por qué no vas al baño y te la follas y cuando termines te pones a trabajar?

-¿A ella? ¡No! ¡Ella no es como las demás!

-¡Ni poco que no es como las demás! ¡Todas las tías son como las demás!

 

Salgo de la barra: paseo por la sala con la bandeja bajo el brazo: no tengo ninguna razón (salvo sexuales) para acercarme a la barra: y no me atrevo porque creo que Saki está mosqueado conmigo: la turista se me acerca y me pregunta si ya no voy a estar más tiempo trabajando dentro de la barra: le digo que creo que no y, entonces, me dice que se van a sentar en los sillones de la sala pues así estaremos más cerca.

 

-Vamos a sentarnos en los sillones de la sala –le dice la pelirroja al austriaco.

-¿Por qué? –pregunta él-. Mejor vamos a quedarnos en la barra: es lo que ustedes querían.

Por contestación las chicas se levantan y al camarero austriaco no le queda otra que seguirlas hasta los sillones donde yo ya les espero sonriente.

-Bienvenido -saludo sonriente al austriaco.

-De acuerdo -concede- la chica te quiere a ti: oí que le decía a la amiga que te esperaría hasta el cierre de la discoteca.

-¿Sí? ¿De verdad?

-Tienes la suerte del gilipollas: pero te advierto una cosa: cuando salgas de aquí nada de llevártela a tu apartamento: la mía no está muy convencida y si las separamos nos quedamos sin follar.

-Querrás decir que te quedarás sin follar tú.

-Tenemos que ir a mi casa ¿Entiendes?

 

Doy media vuelta sin contestar: recuerdo las palabras que me dijo el freganchín marroquí hace unos días: "...camarero austriaco mala gente: cuando folla alguna chica en casa él grabar en vídeo con cámara secreta y, cuando ella duerme, sacar fotos de ella desnuda: él tiene casa muy sucia y tratarlas mal: en noche siguiente, las chicas no querer follar más con él: entonces él decir que tiene Sida...": me voy hasta la puerta de la discoteca: está entrando más gente: ahora son los camareros de los pubs de arriba: menuda mierda: todos los camareros de la zona son ligones profesionales: cada noche tratan de ligarse a una turista distinta: sobre todo tengo miedo a los del pub The Best: son cachas de gimnasio: hasta se pinchan: el dueño les obliga a entrenar y, echa a quien no tiene los abdominales marcados: todas las chicas suspiran por ellos: sobre todo cuando hacen su número de la noche: subirse a la barra del pub y hacer un stripties (sin quitarse el tanga fosforescente): como uno de esos camareros decidan ligársela estoy perdido: son los que mejor saben hacérselo de la zona turística: dicho y hecho: los camareros la han visto: es que es muy guapa: y está sin compañía masculina: (por supuesto el camarero austriaco no les dice que está conmigo) se acercan a ella: empiezan a hablar, a hacer gestos mientras flexionan los músculos: me quiero morir: ella les está sonriendo: me pongo muy nervioso: mi corazón late muy fuerte: empiezo a cabrearme...

Y justo en ese momento veo a un finlandés que, borracho, baila sin camisa en la pista de baile: no está permitido estar sin camisa dentro de la discoteca: debería de llamar a seguridad y avisar: pero estoy cabreado: estoy harto de ser un gilipollas que no consigue nada de lo que se propone en la vida: estoy harto que Saki me diga que soy un cobarde: estoy harto de que me diga que nunca me atreva a enfrentarme a la gente: ya está bien: me acerco a el finlandés (no puedo evitar mirar su brazo: es más gordo que el mío): saco valor de mi enfado para decirle:

-Ponte la camisa ahora mismo.

El finlandés me mira: y me contesta, hablando, casi sin vocalizar:

-Uooorguhnnnn-ta-ta-ta- naga?

-Que te pongas la camisa coño –repito.

El finlandés se ríe: sube mi camisa: juguetón, me pellizca los pezones: le empujo porque no me atrevo a pegarle: me mira atónito pero, por fortuna, acto seguido decide ponerse la camisa: me doy la vuelta: triunfador: le he intimidado.

Sin embargo el finlandés me persigue: y me hace burlas: se dedica a acariciarme la espalda: Saki lo ve: y lo que es peor: la chica que me gusta también: el finlandés se está riendo de mí y no hago nada: estoy quedando en ridículo: no puedo permitir que esa chica se de cuenta de lo miedica que soy: me giro: le doy un puñetazo:

EL PRIMER PUÑETAZO DE MI VIDA

Dos puñetazos, para ser más exactos: Saki me advirtió que la primera vez que me peleara diera seis puñetazos seguidos en la nariz: porque yo no sé pelear y si no noqueo a mi contrincante desde el principio lo más seguro es que el otro me meta una paliza: pero no lo hago: me detiene ver sangrar al finlandés: tengo miedo: le sangra la nariz: tiemblo: el chico me mira con sorpresa: parece que no entiende lo que he hecho: tampoco porqué sangra: se echa a llorar: veo lágrimas caer por sus mejillas: y justo en ese momento aparecen los de seguridad: lo agarran y lo sacan de la discoteca a empujones: los amigos del finlandés aparecen de la nada: van tras él: salen de la disco: me acerco hasta la salida: observo a través de la puerta entreabierta: se están explicando: y entonces quiero morirme: el finlandés al que le ha pegado se saca un audífono de la oreja: es sordo-mudo: no me estaba vacilando cuando me hablaba: sino que no podía hablar: y cuando me siguió, frotándome la espalda, estaba tratando de disculparse: me fijo en su cara: los de seguridad también se fijan en su cara: afuera de la discoteca hay más luz: el finlandés tiene rasgos de síndrome de down en el rostro: LE HE PEGADO DOS PUÑETAZOS A UN RETRAZADO MENTAL:

ME QUIERO MORIR

La inglesa se acerca (ante el estupor de los chicos del pub The best): me giro hacia ella cerrando la puerta de la discoteca tras de mí y colocándome delante: no puede pasar: si la inglesa descubre que he pegado a un retrazado mental estoy acabado.

-Eres muy fuerte –me dice.

Y me besa.

Un beso que, avergonzado por la tamaña injusticia que acabo de hacer, no consigo disfrutar.

                               ***

Las horas van pasando: la noche termina: por fin las luces de la discoteca se encienden: la gente sale: entrego mi recaudación al dueño y, desde que me da permiso para irme, salgo corriendo. Hoy no espero a Saki: además de porque me esperan porque se ha estado riendo de mí toda la noche.

-Joder -se cachondea- menudo tipo duro y peligroso que eres: ni siquiera tienes sentimientos: yo nunca me atrevería a pegar a un retrazado mental.

-Déjame en paz Saki, por favor: no me hace nada de risa.

-¡Pues a mí sí! ¡Ja, ja, ja, ja!

 

Salgo de la discoteca: la luz del día me ciega: y también ella: la morena me está esperando: ansiosa, me abraza: no nos queremos separar: nos parece mentira que ahora dispongamos de todo el tiempo que queramos para estar juntos.

-Menos mal que has salido –me dice el camarero austriaco- me estaba quedando dormido.

(la chica y yo nos besamos)

-Diles que quieres ir a mi casa –me dice el camarero austriaco.

-Yo no les voy a decir eso –aviso cuando me separo de ella.

-¿Cómo? ¿Encima que te consigo a una chica me dices que no vas a hacer lo que yo te diga?

-Tú no me has conseguido nada.

Las chicas nos ven discutir: estamos hablando en español: así que nos preguntan que qué nos pasa.

-¿Qué queréis hacer? –pregunto.

-Tenemos hambre –me dice la pelirroja.

-Pues vamos a desayunar.

Al austriaco le brillan los ojos de furia: la luz del día me ayuda a ver, por primera vez, una paleta suya: verde: podrida de fumar hachis: preferiría no haberlo visto.

 

Ya en la cafetería, comenzamos a desayunar: ella no deja de acariciarme la mano: yo estoy exultante: súper feliz: y ellas se contagian de mi alegría: al fin y al acabo hace una mañana espléndida: la vida es maravillosa: están de vacaciones: mientras comemos (sándwiches, zumos de naranja y cruasanes con mermelada) hago chistes: incluso improviso una imitación de Mr. Bean mezclada con Woody Allen que les hacen saltar lágrimas de risa: todos los chistes o bromas que hago son celebradas con sus risas: con las risas de ellas dos: no con las risas del austriaco: el austriaco no hace otra cosa que, sentado en la silla, mirarme mal mientras sorbe un café negro: leo su mente:

 

Terminamos de desayunar: tan contento estoy que pago el desayuno.

-¡Oh! ¡Qué nice eres! –me dicen.

-Nice sí, pero gilipollas no. Tú, austriaco, págate lo tuyo.

Las chicas ríen: el austriaco saca monedas de su cartera para pagarse el café: se ve claro en su cara que le encantaría ver como me mutilan y ahorcan unos skin heads.

-Diles ahora que nos vamos a mi apartamento –pide rabioso en español: el austriaco está nervioso: tan concentrado estaba en golpearme con su odio que, desde que se sentaron a desayunar, no ha hablado con la pelirroja ni un segundo: no le ha dedicado ni una mirada cómplice: creo que se va a quedar sin follársela.

-Yo no voy a decir nada -repito.

-Nos vamos a nuestro apartamento –nos dicen.

El austriaco se quiere morir: y yo también: pero por diferentes motivos: yo me muero si ella quita la mano de la mía: lo único que quiero hacer es abrazarme a ella toda la noche.

-¿Pero por qué? –dice él- ¿No queréis venir a mi casa y tomar la última copa?

-No. Pero si queréis podéis venir a nuestro apartamento.

-No. Venid al mío o nada- anuncia tajante el camarero austriaco.

-Pues nada -dice la chica pelirroja-¿Y tú Sig? ¿Te vienes?

-Claro.

El austriaco me odia: lo noto: ahora sí que ya no hay duda de que somos enemigos: da media vuelta: se va: la pelirroja ni se inmuta, habla:

-No me gusta: parece sucio.

***

 

Estoy en su apartamento: la amiga se encierra en el dormitorio: nos quedamos a solas en el salón: acostados sobre un sofá: hemos reído: hablado: ya sólo quedan dos cosas por hacer: dormir o follar.

 

Nos besamos: no me atrevo a hacerlo con los ojos abiertos: me da vergüenza: nos besamos durante mucho tiempo seguido: me da miedo dar el segundo paso: me da miedo tocarle las tetas: pero lo deseo: ante mi indecisión mi polla quiere salir de mis pantalones y hacerlo ella misma: tiene las tetas grandes: hinchadas: ese top blanco: quitarle el sujetador: ver su piel: el color de sus pezones: estudiar el caer de sus tetas: no me atrevo: ella me para: me quita la camisa: estoy un poco gordo: espero que no tanto como siempre: hoy –debido a los ultra complejos de ayer- no he comido en todo el día: salvo el desayuno: la mitad de un sándwich de jamón y queso: ella me mira: saca su lengua: me la pasa por todo mi pecho: disfruto pero también atiendo la lección que me está dando de cómo pasar la lengua sobre un tórax desnudo: quiero hacérselo a ella: le quito la camisa: ella se deja: no como mi novia que para quitarle la camisa necesito media hora de ruegos: trato de quitarle el sujetador: me hago un lío con las hebillas: no consigo quitarle las hebillas: ella se ríe, pero esta vez veo sexo en su risa.

-¿No tienes mucha práctica, verdad?

-No-o

Ella ríe más aun: siempre ríe: sus pechos se liberan: son magníficos: preciosos: grandes: los pezones los tiene dilatados: deja de reír: con un gruñido me los pega a la boca: el deseo desenfrenado me domina por unos segundos: le doy la vuelta y la acuesto sobre el sofá: hago lo que me hizo ella: recorro sus pechos con mi lengua: con la parte de delante y con la parte de atrás: pruebo bien sus pezones: quiero que se me queden su sabor aun cuando me vaya de ese apartamento: quiero tener su sabor prisionero en mi boca toda mi vida: ella gime: le gusta: menos mal: porque a mi me encanta: no me canso de ensalivarla: bajo hasta el ombligo: quiero ir más abajo: pero no me atrevo: subo: bajo: subo: bajo: pero nunca me atrevo a quitarle el pantalón: aunque lo deseo: no me atrevo: quizá se enfade:

-Vamos me dice –mientras se desabrocha un botón.

No me lo creo: le quito el pantalón: no puedo: se lo quita ella: su tanga: blanco: como su top ¿Dónde está su top? ¿Por qué quiero saber donde está su top si ya tengo sus tetas? me mira: como pidiéndome permiso para quitarse el tanga: al fin y al cabo yo no me he quitado el pantalón: me los quito: se baja el tanga, lo desliza por uno de sus pies y, de una patada, lo manda en dirección Nepal: se pone manos a la obra con mis boxers: menos mal que hoy me los puse limpios: me los baja: la chica descubre mi polla: la toma con sus manos: como estudiándola:

-Estas muy contento –dice sonriente mientras frota, suavemente, de arriba a abajo.

Sinceramente, creo que ella está observando la erección más grande que he tenido en mi vida: me acuesta sobre su cuerpo: y no sé que hacer: ella me dice que vaya abajo: señala mi boca: sé a lo que se refiere: eso se me da bien: bajo: me gusta su chocho: hasta sus pelitos me excitan: sus pelos me parecen una araña: una tarántula: abro mi boca: acaricio con mi lengua sus labios vaginales y se los abro hasta localizar su clítoris: lo beso: paso mi lengua de arriba abajo: ella gime: creo que se va a correr dentro de nada: de pronto me entran los miedos: ¿Y sí tiene alguna enfermedad? ¿Y SI ME PEGA ALGO? Ya no disfruto tanto pasándole la lengua de arriba a abajo: me dan miedo los flujos vaginales que bebo: dejo de hacerlo tan bien: trato de sacarlos, de expulsarlos de mí: ella lo nota: suspira disgustada: recapacito: trato de volver a hacerlo bien pero he perdido el ritmo: ya no puedo: es que ahora me da asco: me indica que suba hasta arriba: toca mi polla, me acaricia: se la va a meter: sin preservativo:

-Espera –le digo.

-¿Qué pasa?

-Es que…

-¿Qué pasa?

-Ehh... Uhhhhh...

-¿Qué quieres? ¿Un condón?

-No... es...

Dudo mucho en decirle lo que estoy pensando: pero finalmente lo hago:

-¿Tú no tendrás ninguna enfermedad? ¿Verdad?

-¿Qué?

-Quiero decir...algún tipo de enfermedad sexual...

-¿Cómo?

-Perdóname... es que yo no soy como los demás camareros: yo soy nuevo... me dan mucho miedo las enfermedades sexuales... y no he podido dejar de fijarme en que te la ibas a meter sin condón...

-Yo no tengo ninguna enfermedad, por supuesto.

-¿Te has hecho análisis?

-¿Qué?

-Es que me da mucho miedo.... de verdad.... Mira, por favor, si tienes algo, por favor, no me hagas seguir adelante. Soy un buen chico. No quiero tener esa clase de problemas, por favor.

Me mira: se queda callada: silencio: por fin habla.

-No tengo nada imbécil.

Vuelvo a estar sobre ella: trato de besarla: ahora mi polla se me ha puesto chiquitita: pero sé que si la beso: sé que desde que agarre nuevamente sus tetas con pezones dilatados se me va a poner súper tiesa: no obstante, ella me detiene.

-No –dice.

Me quedo amedrentado: no sé que hacer.

-Vete, me duele la barriga.

-¿Qué pasa?

-He dicho que te vayas: me duele la barriga.

No sé que responder pero ella, enfatizando lo que me acaba de pedir: se da la vuelta dándome la espalda: se hace un ovillo: se abraza el estómago con las dos manos:

-¿Quieres que me quede? ¿Quieres que te cuide? ¿Tienes sobres de manzanilla en este apartamento?

-No, vete –me dice, con asco.

Me levanto: me visto: comienzo a marearme: y a sentirme humillado.

-Perdón... perdón... perdón si he hecho algo que te haya molestado.

-Vete.

***

 

Ahora estoy solo: acabo de terminar de escribir todo esto y me he levantado para mirarme en el espejo del cuarto de baño y tratar de descubrir, mirando dentro de mis ojos, porqué no estoy con ella, porqué he tenido que estropearlo todo... ¿Vosotros lo sabéis?

 

 

19.-La primera guerra mundial

 

Noche libre. Tengo dos opciones: quedarme en mi apartamento tratando de comenzar a escribir el libro que demostrará a la humanidad, a mi familia y a mis ex compañeros del gran centro comercial que soy un genio de la literatura moderna o ir en busca y captura de la morena a la que ayer le chupé el chocho y me mandó, pocos minutos más tarde, a la mierda: que saliera de su apartamento, cerrara la puerta y que no dejara nada olvidado dentro (salvo los trozos de mi corazón).

 

No puedo olvidarla: tengo que reconquistarla: ella es un pastel da carne: cada vez que recuerdo sus ojos sabios (y golosos) y sus pechos redondos me entran ganas de masturbarme y de enamorarme: y de darle las gracias: por su maravillosa belleza: por caminar por la calle, por venir a la disco donde trabajo, en lugar de estar en un zoológico exhibiéndose como el animal más bello: o en el anuncio de una revista de moda.

 

Pero no me atrevo a salir a por ella: me avergüenza ir al único sitio donde existe la posibilidad de llegar a encontrármela sin sentirme un psicópata que le asecha y acosa: la discoteca. Me avergüenza que, en mi noche libre, mis compañeros de trabajo me vean allí: encoloniado, con mi pelo engominado peinado hacía atrás y mi camisa nueva de botones: me avergüenza que me vean tan ridículo, tan guapito y que luego ella haga su maravillosa aparición y ni me mire (salvo quizá cuando se de cuenta que a sus tacones se le ha pegado un chicle, ah, no: no es un chicle: es mi orgullo: todo el que tenía disponible para el resto de mi vida).

 

No. No puedo estar enamorado de ella: sólo hace un día que la conozco: lo único que quiero es follármela: si me la follo mil millones de veces seguro que deja de parecerme maravillosa: el amor no es nada más que excrementos del subconsciente: ya se me pasará: decidido: me quedo en casa escribiendo.

 

-Hay dos clases de hombres –recuerdo las palabras de Sean Connery, desde una de sus películas- los que, los sábados por la noche, se quedan en casa con mamá y los que, los sábados por la noche, salen y se follan a la reinas de la fiestas.

 

 

Yo quiero ser Sean Connery. Y James Bond. Sin embargo, nací para pertenecer al primer grupo: se puede comprobar viéndome la cara de idiota que tengo: nací para quedarme en casa los sábados por la noche y, encima, sin madre: el destino me la exterminó, con la excusa de un cáncer, para volverme bien loco desde niño: mientras los demás niños jugaban y descubrían la vida yo jugaba y descubría la muerte.

 

 Pero... ¿Acaso no soy un dios? ¿Ya no recuerdo mis poderes sobrenaturales? ¡Yo desaté la crisis económica en Argentina sólo con el pensamiento! ¡Y ni siquiera me hizo falta salir de casa para encontrar un empleo maravilloso! ¡Y me escapé del gran centro comercial desde que decidí hacerlo! ¡Y ellos me estuvieron pagando siete meses mientras yo no hacía nada más que leer, aprender lenguaje html y masturbarme mirando a mis vecinas a través de las cortinas de mi habitación! ¡Todo lo que deseo lo puedo alcanzar!:

 

SÓLO HE DE TOMAR CON MIS MANOS LO QUE SE ME ANTOJE.

 

Decidido: salgo a por ella, me vestiré con unos vaqueros, unos zapatos y una camiseta roja de manga corta: vestido así no sospecharán que ando desesperado, en busca del amor de alguien: y, cuando me pregunten, diré en la disco que solamente he venido a tomar una copa:

 

-No vengo en busca de nadie: sólo a tomar un Tía María con Coca-cola y me voy. Vine de paso.

 

Eso sí, beberé el Tía María muy despacio: tardaré en bebérmelo una hora: seguro que antes de que lo termine se me acerca alguien: algún cliente solitario: algún trabajador de la zona con el que entablar una conversación sobre lo que sea mientras rezo para que ella aparezca por el local: seguro que no voy a estar todo el rato solo en la barra: odiaría que mis compañeros de trabajo me mirarán y descubrieran mi vergüenza por estar solo: hasta quizá, en ese momento, el dueño anotaría mentalmente despedirme cuando viniera a trabajar a la noche siguiente al darse cuenta que, para nada, ni de lejos, soy un tipo enrollado: sino extraño y semi-autista.

 

Me decido, por fin, a entrar en el cuarto de baño: me ducho: me engomino el cabello: me seco: me echo desodorante: me echo colonia (por el pelo, así cuando alguna chica se acerque para saludarme con un beso la olerá): me visto: me toco el cabello: lo tengo tieso: si alguien lo toca seguro que se descojona de mí y llama a otra gente para que me lo toquen y también se descojonen: tengo que volver a lavarlo y sacarle toda la gomina: me quito la camisa: la estoy empapando de sudor por los nervios que tengo: me ducho otra vez: paso de ponerme gomina: por favor Dios haz que el pelo se quede bien de una puta vez de manera natural: Dios, sé mi peluquero: mejor no salgo: soy gordo: soy estúpido: ¿A quién voy a engañar? Ella va a pasar otra vez de mí: decidido: mejor me quedo en casa: tengo que escribir: quiero ser escritor: tengo que empezar a escribir mi nuevo libro: está vez no habrá editorial que se atreva a rechazarlo: voy a vender más libros que Harry Potter: saldré en la portada de la revista Qué leer como fenómeno literario del año: no puedo distraerme con turistas morenas: tengo que ponerme a ello.

 

Soy un cobarde: voy a ir a esa puta disco y todo va a salir maravillosamente bien: no voy a estar solo: la gente se me va acercar y hablar: Saki se va alegrar de verme: seguro que me choca la mano y me hace fiesta desde que aparezca: las turistas se van a acercar a mi: me van a desear: la turista morena lo observará y se volverá loca de celos: he salido de la ducha: me vuelvo a echar colonia en el cabello: y desodorante: me echo ese spray que no daña el ozono pero me pone la piel roja bajo mis axilas, en el pecho y en la zona baja de la espalda (sudo mucho por la espalda) tanto desodorante echo que se forma una nube de spray a mi alrededor y empiezo a toser: me siento una cucaracha víctima del insecticida: me peino para atrás: sin mirarme al espejo: si me miro en el espejo no voy a salir nunca de casa: noto mis tetitas de grasa temblar al caminar: sigo gordo: debería de hacer más gimnasia: quizá pesas: comer menos no: desde que vivo sólo como nada más que una vez al día (antes de ir a trabajar): me paso el día durmiendo y la noche trabajando: no obstante, soy feliz: ayer era muy feliz: pero había trampa: ella me estaba besando...

 

Son las once de la noche: bajo la escalinata interminable y llego hasta la zona turística: a esta hora los turistas no suelen estar muy borrachos todavía: en mi camino, hay un grupo de turistas quinceañeros que vomitan y hacen bulla: doy un rodeo para no cruzármelos de frente: no quiero problemas: no quiero tener que correr: siempre seré un cobarde: llego hasta la discoteca The Lover: bajo las escaleras: el portero me saluda: me da la mano: el trato es normal: no hace ninguna gracia: ningún músculo de su cara revela extrañeza por verme en la disco en mi noche libre: bien, menos mal: no estoy desentonando tanto como creía: suena música: otra vez ese rap de 50 cents: no hay mucho turista dentro de la disco: veo el austriaco: me clava la mirada: le ignoro: avanzo: busco con la mirada a mi turista morena: no la encuentro: pero sigo sintiendo la mirada del austriaco clavada: le vuelvo a mirar: está serio: como a la expectativa: sus músculos tensos: quiere saltar sobre mí: pero está quieto: quizá espera que vaya hasta donde él está y me disculpe por lo que pasó durante el desayuno con las chicas: mejor que espere sentado: me odia: la pelirroja tampoco está: veo a Saki: sonríe: qué bien: me dirijo a su barra con la mejor de mis sonrisas de cariño: estoy sobreactuando: tengo que ser más natural: la gente es tonta pero todos sabemos advertir cuando una sonrisa es falsa.

 

-¿Qué haces tú aquí? –me pregunta Saki tras chocarme la mano.

-Me aburría en el apartamento y he venido a tomar una copa ¿Qué tal la noche? –contesto.

-Igual que todas las noches: aquí nunca cambia nada.

-Ah.

 

No sé qué decir: ¿Cómo continuar la conversación? normalmente no hablamos más que de cosas del trabajo: no nos contamos nada a parte de eso: ¿Somos amigos? Los amigos hablan entre sí todo el rato: nunca se crean silencios incómodos: supongo: yo nunca he tenido un amigo de verdad.

 

-¿Quieres beber algo? –me pregunta.

-¿Me sirves, por favor, un Tía María con Cola?

 

Mientras Saki me prepara la bebida me siento en el taburete de la barra: me miro en los espejos que pueblan las paredes de la discoteca para ver qué tal está mi look: estoy sentado demasiado encorvado: parezco amorfo: pongo la espalda recta: ahora estoy demasiado recto: y eso hace que se realcen mis tetitas de grasa: mejor vuelvo a encorvarme: me duele la espalda: Saki me sirve la copa y no paro de beber de ella: los nervios no me dejan tranquilo: me la acabo de empezar y ya voy por la mitad de la copa: la gente me mira: todo el mundo me ve solo y sabe que no deseo estarlo: Saki no se acerca: debo de estar dando pena: "amigos son los en que en las prosperidades acuden al ser llamados y en las adversidades sin serlo": lo dijo Demetrio I: me sonrojo: me quiero morir: me levanto: me voy al baño: quiero ver como tengo el pelo: quizá si soluciono mi peinado mi suerte cambiará: entro en el baño: hay un tío mirándose al espejo fijamente, estudiándose a detalle: coqueto: cuando me advierte disimula: hace como que estaba lavándose las manos y se va: no hay nadie más dentro del servicio: le relevo frente el espejo: maldita sea: tengo el pelo horrible: tiene demasiado volumen y eso hace que mi cara parezca aún más gorda: parezco un cabezudo: abro el grifo: me mojo las manos: aplasto y aplano mi pelo: me miro en el espejo, fijamente: ahora estoy un poco mejor pero, desde que mi pelo se seque, voy a volver a ser un gordo cabezudo: noto que alguien entra en el baño: creo que me ha visto mirarme fijamente en el espejo: disimulo: hago como que estaba lavándome las manos y salgo del baño: por un momento pienso regresar para ver si él también se va a dedicar a mirarse al espejo: pero me da vergüenza volver: la gente me vería regresar al baño: entonces, quizá, toda la gente sabría que no voy al baño por necesidades físicas, sino por razones puramente estéticas.

 

Vuelvo a la barra: Saki me ve: pero no se acerca para hablarme: se queda en el otro extremo de la barra sin hacer nada: miro hacia las mesas.

 

ELLA ESTÁ AHÍ: LA TURISTA MORENA

 

Sentada, en una de las mesas, con su amiga pelirroja y...

 

OTRO CHICO

 

se me cae en cachitos la cara al suelo: mis ojos mandan información a través de mis nervios ópticos a sabiendas del daño irreparable que están causando a mi alma y psique: ese chico es bajito: moreno: tiene la cara de Chuki, el muñeco diabólico:

es feo: de cabello negro: su cabello parece una peluca de bello púbico: parece inglés o irlandés, quizá galés: viste elegantemente: con una camisa como la que me iba a poner yo: y está con ella: beben juntos: algo con coca-cola: la pelirroja está un poco apartada de ellos: tranquilízate Sig: quizá sea nada más que su hermano: no, no puede reemplazarme tan pronto: anoche yo chupaba su chocho: tenemos que estar unidos o algo: aunque sea por la decencia: por el pacto machista no escrito del sexo: si una mujer NO está casada no puede estar con un hombre si la noche anterior otro hombre le chupo el chocho y éste no le ha abandonado: ellas me miran: han reparado en mi presencia: joder: seguro que ven en mi rostro que me está haciendo mierda: seguro que se van a reír de mí.

-¿Qué te pasa?

Me asusto al oír la pregunta: no sé de qué garganta proviene: ¿Quien ha hablado tan cerca de mí?: ¿Quién está preguntando a mi alma desnuda que llora?: es Saki: claro.

-No –contesto.

-¿No?

-Quiero decir que no pasa nada.

-¿Te gusta esa chica? –y la señala con una mirada rápida.

-Nooo.

-Venga, no mientas.

-No me gusta.

-Te fuiste anoche con ella.

-Sí, pero sólo a desayunar.

-¿Y no follaron?

Me da vergüenza mantener, ante Saki, que sólo estuvimos desayunando: creo que, en su pensamiento, no llego a la altura de hombre.

-Sí. Estuve en su apartamento.

-Te la follaste entonces, pillín.

-No: sólo hablamos.

-Entonces pasó de ti.

-No... estuvimos juntos: pero no follamos.

-¿Te la chupó?

-No. Bueno, un poco –miento (y por nada del mundo le voy a precisar que solo yo utilicé la boca para eso)

-Ah, cabrón –bromea- invítale a algo de beber y tráetelas a la barra.

-Está con otro tío.

-¿Eso? Pero si es un monstruo.

-Y qué: le gustan los monstruos. Ayer estaba conmigo.

-Tú estás mal, Sig. Tú estás mal.

Y me sirve un vodka con algo: no sé si limón o naranja: debido a la impresión de verla con otro chico mis papilas gustativas se han desactivado: me quiero morir: me miro al espejo: mi cabello ha vuelto a engordarme: si por lo menos pudiera controlar mi cabello quizá, entonces, podría comenzar a reconstruir mi alma destrozada: pero con un cabello como este nadie podría reunir el suficiente valor.

 

La turista morena habla con su amiga pelirroja, parece que le está pidiendo algo: la turista pelirroja duda pero finalmente se levanta de la mesa: creo que se dirige a donde estoy sentado: camina un poco encorvada, pero mucho menos que yo: me cae muy bien la pelirroja: ayer, mientras desayunábamos todos juntos y yo hacía aquellas imitaciones de Mr. Bean mezclado con Woody Allen, se rió mucho: incluso más que la morena.

 

-Mi amiga dice que lo siente.

 

No entiendo: ¿Qué lo siente? ¿El qué? ¿Lo que pasó anoche? ¿Qué está arrepentida? ¿O siente que esté con otro chico? No, eso no lo puede sentir porque si no, no estaría con otro chico: esto no es un culebrón venezolano: nadie la amenaza con que se quedará sin herencia si está conmigo ¿Quizá siente que yo le esté viendo con otro chico? No entiendo qué siente: pero me da vergüenza pedirle a la pelirroja que, por favor, me lo aclare: tengo mi orgullo: no quiero que me vea como lo que soy: un colegial de doce años que tiembla y llora al recibir su primer desengaño amoroso.

 

-No pasa nada: da igual –le digo: mintiendo como un bellaco.

 

La pelirroja estudia mi rostro: yo estoy callado: no sé qué decir: además si hablo, quizás se me escape alguna lágrima: la pelirroja continúa mirándome en silencio: la miro: me mira: y nos quedamos así durante unos segundos: como adultos imbéciles que malgastan su tiempo jugando a buscar las siete diferencias en la sección de pasatiempos de una revista infantil y no encuentran ni una.

 

Por fin da media vuelta: se va: yo hago como si no pasara nada: pero me vuelvo hacia el espejo para ver como, al sentarse, hablan entre sí: parecen espías de la CIA compartiendo información.

 

¿Y qué hago ahora en esta puta discoteca? Nada: quisiera desaparecer sin ser visto: volatizarme: si no me diera vergüenza lo que Saki pensaría de mí, esperaría a que ellas se distrajeran para saltar, veloz, por encima de la barra: caer dentro y, reptando, arrastrarme por el suelo del interior de la barra hasta dar con la pequeña puerta que se comunica con el almacén y, éste, a su vez, con el garaje: entonces me levantaría y saldría corriendo: y no pararía hasta llegar a mi apartamento.

 

Pero no lo puedo hacer: quedaría delante de la gente como un friki patético y desequilibrado: tengo que aguantar la compostura y mantenerme con los ojos muy abiertos, hasta dar con la manera más digna posible de salir de la disco.

 

El camarero austriaco se me acerca.

 

-¿Qué te ha dicho? –me pregunta.

-¿Quién?

-Ella. Mi chica.

-¿La pelirroja?

-Sí.

-Me ha dicho que lo siente.

-¿Por qué? ¿Por dejarme marchar anoche?

-Claro.

-¿Te dijo que lo sentía en serio?

-Sí.

-¿Y por qué no me lo ha dicho a mí?

-Porque le pones demasiado: dice que no quiere hablar contigo, sólo chupártela.

-Me estás vacilando.

-No.

-Sí.

-No: ella dijo que lo sentía.

-¿Pero el qué?

-¡Yo qué se! ¡Dijo que lo sentía! ¡Nada más!

-¿Y no le preguntaste?

-No.

-¿Por qué?

-¡Por qué no me dio la gana! ¡No me interesaba nada!

-¿Con quién está la tuya?

-Con su hermano –contesto.

-¿Su hermano? ¿De verdad? ¿Y por qué la está besando?

 

¡!

 

Miro: el inglés con cara de muñeco diabólico le está comiendo la boca: y ella aguarda en su boca la lengua del muñeco diabólico con la hospitalidad propia de una geisha: yo sé de qué estoy hablando: una vez ella me dio el mismo beso que ahora le está entregando a él: los dos mueven la cabeza como si practicaran un ejercicio de gimnasia rítmica sincronizada bajo el agua: el camarero austriaco me mira: celebra, se baña y disfruta en el incendio de mi sufrimiento.

 

-Jódete –me dice mientras se va.

 

Quiero irme de la discoteca: quiero irme de mi apartamento: quiero irme de la zona turística: quiero regresar a casa de mis abuelos: a mi habitación llena de libros y con mi ordenador con conexión a Internet: quiero estar con mi novia: ir al cine, atiborrarme de hamburguesas en el McDonnalds mientras ella come Mcnuggest, acompañarla a su casa, tomar el autobús, llegar a mi casa y hacerme una paja pensando en alguna chica que me gustaría follar, antes de acostarme a dormir: siempre seré un fracasado y un reprimido: ¿Para qué luchar?: no es mi culpa haber nacido estúpido.

 

La chica pelirroja se aparta, cada vez más, de su amiga y del muñeco diabólico: se nota que está incómoda: ellos no hacen más que besarse: como si estuvieran en un concurso-maratón de besos: además el camarero austriaco no deja de mirarla fijamente, igual que un psicópata que planea abrirla en canal: estoy seguro que ella también desea irse: quizá... quizá ella sea mi llave para salir de la discoteca dignamente: y yo la suya: ahora todo es cuestión de levantarse y comprobar que mis suposiciones son ciertas: pero si me dice que no, me enterrarán más abajo aun en el cementerio de la vergüenza: donde la tierra huele a podrido: ánimo, Sig: todo se reduce a levantarse, caminar hacia ella sin caerse y preguntárselo y, si me dice que no, seguir recto hacia la salida, como si no hubiera pasado nada: como si hace un rato que no me hubieran tirado una bomba atómica dentro de mi caja toráxica.

 

Me levanto: le gente me mira: se ha levantado –piensan (y siguen con sus cosas)- camino: no me caigo: me aproximo a la mesa del adulterio: le hablo a la pelirroja:

 

-Oye ¿Quieres beber algo? –le digo.

 

Todos los ojos de la mesa se clavan en mi: han dejado de besarse: curiosamente advierto un temblor de miedo en la cara del chico que me ha quitado a la turista morena: quizá crea que vengo a por bronca: eso es porque no sabe que soy un cagado: también noto extrañeza en la mirada de la morena: los entes abstractos del miedo y extrañeza flotan a mi derecha, pero yo miro únicamente a la pelirroja esperando que conteste mi pregunta: lo que más quiero en el mundo es salir de aquí.

 

-Vale -contesta. Y se levanta (sabía que quería salir de esa mesa)

-¿Quieres beber algo aquí o en otro sitio? –pregunto nuevamente.

-¿Dónde?

-Hay pubs arriba.

-Vale -sonríe- Vámonos a otro sitio.

 

Y nos vamos de la discoteca: Saki nos mira alegre, orgulloso: como si creyera que me he apoderado de la situación y me voy con la pelirroja a follar: el muñeco diabólico nos mira aliviado al ver que me voy sin haber buscado bronca: la turista morena nos mira absolutamente extrañada, como si se le hubiera olvidado sumar y restar: parece no entender porqué su amiga se va conmigo y, el camarero austriaco, nos mira (sobre todo a mí) como si quisiera violarme, analmente, con una sierra mecánica.

 

...

 

No se me da bien caminar con una chica: no logro hacerlo de manera natural: me sonrojo. Varios asuntos provocan que camine nervioso:

 

1.- Me pongo nervioso preguntándome qué pensara de mí.

2.- Me pongo nervioso imaginando que algún chico vaya a molestarla, tenga que defenderla peleando, yo pierda y quede como un flojica delante de ella.

3.- Me pongo nervioso porque la imagino follando conmigo.

 

Entro con la pelirroja en Scream: elijo ese pub porque es tranquilo: en el que menos posibilidades hay de pelea: nos sentamos en uno de los sillones acolchonados con mesa y un camarero se acerca para que pidamos algo de beber: le pregunto a ella: un Malibú con piña, dice: yo me decido por otro vodka doble con cola y dos chupitos de Sambuca: lo mejor es que termine de emborracharme cuanto antes: estando borracho me libero de mis complejos: y las cosas flotan: deberían de inventar unas pastillas que, al tomarlas, te emborracharan sin dañar hígado y las neuronas: estar borracho es bueno: he visto gente que, estando borracho, han conseguido follarse a chicas mil veces más guapas que ellos (también he visto borrachos irse con mujeres feísimas: borrachos que no podrían conseguir una erección con esas mujeres si no fuera por el alcohol):

 

 

el alcohol es un milagro: Jesucristo lo multiplicó en las bodas de Caná: el alcohol es democracia: todos somos iguales cuando nos emborrachamos: el alcohol es sabiduría: nos hace centrarnos en lo que verdaderamente importa de la vida: la fiesta: la diversión: el alcohol te hace decir las mejores frases de tu vida: y escribirlas: Baudelaire, Hemingway, Fitzgerlad, Bukowski...; hay gente que tiene muy mal beber: se ponen violentos e insultan: pero de esos se encargan los de seguridad: los echan: en el cielo (la discoteca) sólo se quedan los borrachos buenos: beber es una bendición para las almas buenas.

 

Mi tercera copa de la noche y el chupito de Sambuca (el otro se lo tomó ella) ya me pone en el bendito estado: Dios me ilumina: encuentro la solución para mi cabello: la coca-cola que me trajo el camarero: la coca-cola es bueno para todo: mi borrachera me hace recordar: hay una mujer que llegó a los 100 años porque cada día tomaba coca-cola: los fontaneros tiran coca-cola por el desagüe para desatascar fregaderos: la coca-cola quita el cáncer: y los sarcomas de Potasi: la turista pelirroja me mira fijamente:

 

-Estás muy pensativo. Desde que salimos de la discoteca no has hecho otra cosa que pensar.

-Es que estoy pensando cosas súper interesantes.

-¿Qué cosas?

-Cosas sobre la vida y la muerte.

 

La turista pelirroja se ríe: y, en este momento, le pido que tome el botellín de coca-cola y vierta un poquito de su contenido en mis manos: ella ríe nuevamente: yo insisto: ella dice que no: yo le digo que por favor: ella ríe más aún: yo también río: los turistas del pub comienzan a mirar nuestras risas: los camareros también: yo le digo que vierta sólo un poco, que si no me ayuda ella lo tendré que hacer yo sólo y no quiero derramar coca-cola sobre la mesa, que los camareros se enfadarían y nos echarían y nos pegarían: me pregunta que para qué diablos quiero coca-cola en mis manos: le digo que para peinarme: ella ríe más: los turistas nos observan cómplices: ella se decide: yo abro las palmas de las manos y las junto como formando una taza de piel y huesos humanos: y una vez que ha vertido la suficiente coca-cola, llevo mis manos hasta mi cabeza y me empapo el cabello: me aplasto el pelo, lo peino con los dedos: y me veo magnífico (aun sin espejo): por fin se me ha quedado el pelo como yo quería: los turistas ríen: los camareros ríen: el discjockey del pub hace un comentario jocoso (que suena a buen rollo) por los micrófono en un inglés que no entiendo: ya hace un rato que la turista no se cansa de reír: me encanta hacerla reír: me encanta que la gente ría: nos empiezan a llegar copas a nuestra mesa (todas con coca-cola): invitaciones de los turistas: a la turista pelirroja le hace ilusión que nos inviten: bebemos, alagados, dando las gracias a todos y, de pronto, me doy cuenta que no importa nada: y qué más da si la turista morena pasó de mi si ahora estoy con una pelirroja: y porqué no besarla a ella: y chuparle el chocho también: ver un chocho pelirrojo por primera vez en mi vida: y la miro: y me mira: y sé que el alcohol ha solucionado, nuevamente, mis problemas:

 

-¿Puedo besarte? –pregunto.

 

Ella sonríe: como un padre que oye decir a su bebé, “papá” por primera vez.

 

-No sé ¿Por qué no pruebas?

 

Cierro los ojos: me aproximo a donde creo que está su boca en la cara: me prometo no parar de avanzar hasta que su boca me detenga: me caeré al suelo si no lo hace: avanzo: ella acepta mi boca: y mi lengua: nos besamos: abro los ojos: ella también tiene los ojos abiertos: me mira como niña traviesa: oigo su mente:

 

-¡Te das cuenta de lo que estamos haciendo! ¡Tú estabas con mi amiga y yo con tu amigo! ¡Qué fuerte!

 

Cierro los ojos: me gusta su beso: y creo que ella también disfruta con el beso: cierra los ojos: es imposible besar de esta manera con los ojos abiertos: me atrevo a mostrar mi deseo sexual en el beso mientras espero que no le moleste: se lo comunico a través de la pasión en la que envuelvo el beso: ruego: por favor Dios, que este beso no sea el último: y cuando abrimos los ojos y paramos y me mira, me avergüenzo por haberle mostrado, tan claramente y pronto, que la deseo: y también por no tener cojones: yo no voy a dar el siguiente paso: odiaría me dijera "deja de tocarme": me haría sentir sucio, repugnante: tomo mi copa y la apuro mientras le miro a los ojos: ella ríe: un camarero pasa cerca de nuestra mesa: le pido que nos saque una foto:

 

 

y, antes de que el camarero se vaya, ella saca otra cámara de su bolso y pide que saque una más, por favor: sonrío: esas prisas son buena señal: deben serlo: ella también quiere tener un recuerdo gráfico: creo que le gusto: un poco al menos.

 

Me limito a beber y a hablar con ella: siempre pregunto lo mismo cuando no sé qué decir: ¿Cuál es tu película favorita? Y ellas siempre afirman que no se acuerdan pero luego, al poco, siempre sueltan el mismo título: Dirty Dancing. Qué extraño.

 

Desde que empezamos con los besos, los turistas han dejado de mirarnos y de invitarnos a copas: da igual: tenemos la mesa llena: y nos comprometemos a no irnos hasta que las bebamos todas: los besos continúan: cada vez estamos más borrachos y los besos que nos entregamos son más calientes: nos empezamos a tocar (y, aunque yo estoy perdidamente borracho, me acuerdo de meter barriga cuando su manos pasan por mi estómago, y ella lo nota y se ríe de mí, y yo le digo que estoy gordo y ella me dice que los gordos son buenos follando y yo digo que yo soy un gordo pero que soy malísimo follando y ella se ríe (quizá porque no sabe que es la pura verdad).

 

-¿Nos vamos? –pregunta ella.

-¿Es ahora cuando nos separamos? -pregunto.

 

Ella ríe y me abraza: y yo río y la abrazo: pero sin tener idea de qué quieren decir esas risas y esos brazos ¿Es hora de irme a casa?

 

Empezamos a caminar: camino recto y tranquilo: debe de ser por la borrachera: llegamos a la parada de taxis: y ella me da la mano para que no me vaya y me meta dentro de su taxi:

VOY BIEN

ella nombra una dirección al taxista y yo pienso si tendré dinero en el bolsillo para pagar, más tarde, el taxi que me lleve de vuelta a mi apartamento: no sé si me lo he gastado todo en bebidas: no recuerdo cuánto dinero me he gastado durante la noche: pero sí se que tengo el dinero suficiente para pagar, por lo menos, este viaje: por nada del mundo dejaría que ella pagara: no quiero que crea que no soy un caballero: aunque pagar este signifique que más tarde tenga que pegarme el pateo de mi vida: busco su boca para que me haga olvidar: y nuestras lenguas borrachas luchan entre sí como mujeres que luchan desnudas en el barro: ella gime de placer: el taxista, cachondo, nos mira por el retrovisor: yo, también cachondo, me la follaría ahí mismo.

 

Entramos en su apartamento: está altamente desordenado: hay paquetes de patatas y botellines de Smirnoff Ice por todas partes; sobre las mesas, las maletas abiertas sin deshacer: ropa, toallas y revistas del corazón tiradas por el suelo.

 

-Ya sé para qué me has traído aquí: quieres que te arregle todo esto.

-Sí -sonríe- pero primero...

 

Me conduce hasta el dormitorio, junta las camas y se acuesta sobre ellas: se quita la camisa: me abalanzo sobre ella: quiero quitarle el sujetador: ya está, por fin voy a follar: creo que cuando, me corra dentro de ella, mi polla no soltará espermatozoides, sino que funcionará como un aspirador: aspirará todo este momento: me ayudará a recordarlo durante toda mi vida.

 

Me pongo a pensar en mi novia, la Virgen María: no puedo evitarlo: trato de sacármela de la cabeza: pero la imagino en casita, viendo en pijama la tele con sus padres y hermano: quizá cenando: la odio: odio a mi novia: la odio con toda mi alma por no haber juntado nunca dos camas para que hiciéramos el amor: por nunca haberse emborrachado conmigo y por nunca haberme besado con deseo: no, no me siento mal por engañarla con otra chica: esto no tiene nada que ver con ella: esto es sexo: el sexo que ella siempre me prohíbe: todo el mundo en el planeta tierra folla, menos yo: todas las novias desean a sus novios, menos mi novia: estoy seguro que todos mis complejos se los debo a ella: y esta turista pelirroja tiene pinta de que se dispone a descomplejarme de arriba abajo.

 

Tocan en la puerta: mierda: odio a las puertas y a la gente que toca en ellas, odio la capacidad que nos ha dado Dios para producir sonidos cuando golpeamos las puertas con nuestras puños.

 

Insiste: alguien toca en la puerta como si se tratase de un gato: araña la puerta: parece una película de miedo.

La turista pelirroja busca su camisa, se la pone y se levanta: yo me quedo acostado en la cama, pensando: quizá sea la turista morena: si es así, ¿Cómo le sentará verme en la cama con su amiga?: a ella quizá le de igual pero yo no voy a poder mirarla a la cara: me va a dar vergüenza: pero me voy a sentir de puta madre: es la mejor de las venganzas: aunque mi erección no tenga nada que ver con una venganza: me visto: no soportaría que las dos juntas vieran mi barriga desnuda.

 

Equivocado. Quien toca es el muñeco diabólico: pregunta si estoy en el apartamento: ella contesta que sí:

 

-Está en el dormitorio.

 

Me quedo en la cama pensando qué hacer: no quiero levantarme y que me vea: quizá entonces tengamos que hablar y se de cuenta (en mi tono de voz, en mi mirada) que para nada soy una persona peligrosa: quiero que conserve el irracional miedo que le provoco.

 

Empiezan a hablar: hablan de prisa: en su idioma: no les entiendo en absoluto y, de pronto, empiezan a sonar ruiditos: golpes en el suelo: parece que alguien se retuerce por el suelo: la turista pelirroja aparece en el dormitorio: me dice que venga: me levanto: cierro los puños: quizá si me ve aparecer con los puños cerrados me tenga más miedo: el muñeco diabólico está en el suelo: señala la pared, grita:

 

-¡Arañas verdes!

 

La pelirroja me dice que tiene un mal viaje de LSD, que sufre alucinaciones, que la turista morena pasó de el y se fue con otro: esto me golpea un poco en mi corazón (o más bien en mi orgullo): soy uno más en su lista de conquistas: da igual: ahora me interesa más la pelirroja: parece menos puta: y más dulce: qué extraño: hoy por la tarde hubiera dado, sin dudarlo, la vida por la turista morena y, en estos momentos, me daría igual que unos caníbales planearan hacer foagrás con su hígado.

 

Miro al muñeco diabólico: se le ve gracioso revolcándose en el suelo: pero veo en los ojos de la turista pelirroja que espera que yo tome las riendas de la situación: no sé qué hacer: nunca he visto un programa informativo ni leído un manual sobre LSD: para mi que está fingiendo: no creo que esté sufriendo alucinaciones: pienso que está actuando y que es un mal actor.

 

-Está fingiendo -afirmo.

 

La turista pelirroja me mira extrañada.

 

-¿Seguro? Yo creo que no.

-Te lo voy a demostrar.

 

Me acerco al muñeco diabólico: él me mira, entre aterrado y extrañado, mientras trato de quitarle los pantalones.

 

-¿Qué haces? -gime.

-Voy a violarte..

 

El muñeco diabólico se resiste, con fuerza:

 

-¿Ves? Si estuviera de LSD se dejaría quitar los pantalones sin enterarse –le digo a la pelirroja utilizando un tono seguro: quiero hacerle creer que soy un entendido del tema.

 

Igual que un resorte, el muñeco diabólico se levanta, gritando: me aparta: se sube los pantalones, entra en el apartamento, abre la ventana y, mientras nosotros lo observamos boca abiertos desde la puerta, se tira por la ventana.

 

Y así termino mi noche libre: alguien llamó a la policía, más tarde una ambulancia: el muñeco diabólico cayó de espaldas: gracias a Dios estábamos en un primer piso de poca altura: milagrosamente, al muñeco diabólico no le pasó nada demasiado grave: unas vértebras fracturadas, creí entender: llega la turista morena: la pelirroja le cuenta lo que ha pasado: noto miedo en la cara de la morena devora hombres: no dejan de hablar entre ellas: hablo con la policía: les cuento qué pasó: y que el muñeco diabólico está de LSD: ellos no dudan de lo que les cuento: no tenemos pinta de asesinos: y el muñeco diabólico no sale de su historia de arañas verdes: me voy a mi apartamento: me despido de la pelirroja esperando que me diga que no me vaya, que me quede: pero no dice nada: me deja ir: doy media vuelta: camino y, cuando no me ven, compruebo si tengo o no dinero en el bolsillo: monedas y un billete de 20, arrugadísimo, aparecen en uno de mis bolsillos: es más que suficiente para volver a mi apartamento en taxi.

 

Solo. Siempre solo...

 

...en mi apartamento, una vez que he comido algo, antes de ducharme, vuelvo a masturbarme: mi masturbación número: 97347594334545545983449876436874536767457447606750

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Creo.

Si no me he equivocado al contar.

 

20.-Un recuerdo que me duele.

La vergüenza dificulta que empiece a escribir este recuerdo. Voy a contarlo, sacarlo de mi por vez primera: nunca se lo he contado a nadie.

Quiero hacerlo, me ayudará: escribir sobre las situaciones que me atormentan hace que me sienta mejor: es como si sacara un cáncer de mi cuerpo y se lo transfiriera a un personaje de papel: yo me curo y él empeora.

Todos (los que leéis este diario desde Internet) sabéis que mi madre murió de cáncer cuando yo tenía 10 años. Lo que no sabéis es que una vez hice llorar a mi madre de pena por haberme tenido.

Soy casi retrasado mental. Por poquito.

A pesar de que hayan pasado veintitrés años recuerdo esa tarde y aquella consulta médica perfectamente.

Yo tenía seis años años de edad: y dificultad para hablar: tartamudeaba mucho: las palabras se me atragantaban.

Mi madre me llevó al médico: estos al psicólogo: me hicieron test, pruebas de psicomotricidad, exámenes médicos: me recuerdo sentado, con la cabeza mojada y llena de cables viendo como mi actividad cerebral movía una aguja electrónica que rallaba un papel.

Las pruebas terminaron, me hicieron pasar a un despacho donde, con mi madre, esperaríamos al psicólogo. Mi madre me besó. Detallo esto porque ese beso es el único que recuerdo, con perfecta claridad, de mi madre.

Al rato, el psicólogo entró en el despacho con los resultados de las pruebas: no se cuidó de hablar delante de mí, pensó que si hablaba con la jerga médica y rápido, yo no entendería nada.

Y hubiera sido así si, después de que el médico dijera:

EL COEFICIENTE INTELECTUAL DE SU HIJO ES MÍNIMO: CASI ROZA EL DE UN DISMINUIDO PSÍQUICO

mi madre no me hubiera mirado con ASCO y, acto seguido roto a llorar: supe que las palabras del médico habían provocado esa reacción: por eso se quedaron grabadas en mi memoria: no las entendía pero allí estaban: grabadas a fuego (mucho más adelante, con más edad, las desenvolví y entendí claramente).

Intuí algo: me puse a dibujar: en el colegio me aseguraban que dibujaba muy bien: intuí que tenía que hacer algo que hiciera sentir orgullosa a mi madre: que sorprendiera al médico: dibujé y dibujé mientras ellos hablaban: quise hacer el mejor dibujo del mundo: dibujé un hombre con una medalla en el pecho que corría más rápido que un caballo.

Cuando lo terminé se lo enseñé a mi madre... y creo que mi madre tuvo la misma idea que yo: se lo enseñó al médico, orgullosa:

-Mi hijo dibuja muy bien –anunció.

El psicólogo, viendo mi dibujo de forma objetiva, comprobó que no era ninguna maravilla: sin duda yo no era un gran dibujante: sin duda, en el colegio me adulaban: sin duda, mi madre y yo nos habíamos creído esas adulaciones.

La mirada del psicólogo bastó para que mi madre lo comprendiera. Mi madre lloró y yo reprimí mis lágrimas: quise abrazarla para consolarla pero el psicólogo se me adelantó.

Y odié a ese médico: porque note que su abrazo no era sincero: él lo que realmente quería era seducir a mi madre: así que ella se apartó de él y nos fuimos de la consulta: no recuerdo que habláramos en el camino de regreso a casa: sólo recuerdo que ella caminaba detrás de mi y yo iba delante, como queriéndola guiar... no recuerdo nada más de aquella noche: hasta aquí me deja recordar mi mente.

En el colegio, me costó muchísimo aprender a dividir: los niños se reían de mí cuando el profesor me preguntaba la lección que acababa de explicar en voz alta: yo nunca sabia contestar correctamente: recuerdo, más recientemente, los textos de la universidad que nunca terminé: me costaba horrores entenderlos.

Cada uno es lo que es: y yo soy un estúpido: casi subnormal: y, cuanto antes me acepte, antes comenzaran a irme mejor las cosas. 

SOY TONTO

21.-Pessoa, susurrándome.

Es de noche. Duermo.

Desde el cielo de los poetas, el espectro de Pessoa baja para flotar sobre mi cama, para susurrarme al oído:

-Sigmundo: tú no eres nada: jamás llegarás a ser escritor pero, a parte de eso, guardas en ti todos los sueños del mundo. Y eso es maravilloso.

El espectro se va: me deja en la duda: no sé si sus palabras me han reconfortado o me han entristecido más aun.

Pienso:

¡Qué feliz sería si pudiera olvidarme de que existo!

22.-Tengo que relajarme y aceptar que la vida es muy rara.

 

Estoy en la discoteca, trabajando.

Sé que nunca en la vida voy a follar: los plactonitas no me dejan: experimentan conmigo cuánto tiempo puede estar un hombre sin follar y no pegarse un tiro o algo de eso, cuando ve a todo el mundo a su alrededor hacerlo con frecuencia.

 

-Te fuiste ayer con la pelirroja –me ataca el camarero austriaco.

-Ya lo sé.

-Tú no eres mi amigo.

-¿Lo éramos? ¿No eras tú el que te reías de mí porque yo nunca estaba con una chica? ¿El que está todo el rato puteandome?

-Muy bien. A partir de ahora te las voy a quitar todas yo.

-De acuerdo. Venga, vale, vale.

 

Doy media vuelta: me alejo: no quiero ponerme nervioso: empezaría a tartamudear y a temblar: no quiero que me vea así: y me da igual que quiera quitarme todas las chicas: no tengo ninguna: soy como un eunuco en la discoteca: un hombre sin polla: y tampoco le tengo miedo: él nunca me pegaría: sabe que Saki es mi amigo.

De todas maneras acabo de decidir que nunca más voy a tratar de estar con una chica ¿Para qué? Todas se me escapan: nunca consigo ser lo suficientemente importante para meterme dentro de ellas: nunca consigo follar: a partir de ahora voy a ignorarlas: ignorar las tetas, los culos, los labios: me va ha resultar difícil: pero he descubierto una buena página porno en Internet: me será suficiente: con eso y mi imaginación: gracias a Dios tengo una gran imaginación: ayer imaginé y sentí que Nicole Kidman, Penélope Cruz, la princesa Letizia y la turista pelirroja, desnudas en mi cama, se turnaban para chuparme la polla: eyaculé sintiéndolas: ellas y yo estábamos en esa cama: sin duda.

 

-¿Qué tal estás Sig? –pregunta Saki.

-Bien.

-¿Qué tal tu noche libre?

-Fatal. Hice que el chico aquel se tirara por la ventana.

-¿Lo tiraste por la ventana?

-No. Se tiró él solo.

-Pero ¿Por tu culpa?

-Sí. Más o menos.

-¿Y cómo lo hiciste sin utilizar las manos? ¿Te va el rollo machaque psicológico?

-Nooo... Yo hice que lo iba a violar, él se había pasado con el ADSL, creí que estaba fingiendo... Mira, no te lo puedo explicar, de verdad: no estoy de humor.

-¿Con el ADSL? Que raro...

-¡Ah! ¡No! ¡Con el LSD! ¡Con la droga esa!¡Es que estoy todo el día pensando en Internet!

-¿Qué te pasa Sigmundo? Siempre estás como atormentado.

-Dímelo tú, Saki ¿Cómo haces para follar con las turistas siempre que te da la gana? Cuando te veo, me haces recordar esa frase de Julio Verne: "Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad".

-No sé. Yo me pongo delante, ellas me ven y al poco, me quieren follar.

-Claro. Pero yo... ¿Cómo lo hago yo?

-Tú lo que tienes que hacer es ir al gimnasio todos los días, inyectarte ciclos, ponerte moreno y cortarte esos pelos largos de la cabeza.

-Mañana. Te juro que a partir de mañana voy al gimnasio todos lo días, pero el pelo no: quiero dejármelo crecer.

-¿Por qué quieres llevarlo largo? No está de moda.

-Me he dado cuenta que cuanto más largo tengo el pelo mejor escribo. Y también porque con el pelo largo parezco más peligroso, me tapa los pómulos: mis pómulos son infantiles: es lo que hace que mi cara siga pareciendo de niño.

-Realmente Sig, no sé porqué me caes bien. Lo único que sé es que hablar contigo, y verte aquí en la discoteca, trabajando, me entretiene muchísimo.

 

Me separo de la barra: me doy cuenta que el camarero austriaco nos observaba mientras hablábamos: seguro que cree que estábamos cuchicheando sobre él: una turista me llama a su mesa: está rodeada de amigas.

 

-¿Puedes traerme un vodka Redbull?

-Sí otorgo.

 

No la he mirado: tampoco a sus amigas: no las he admirado: hasta he asentido con desprecio: que se jodan: soy el nuevo Sigmundo Fernández: el hombre del miembro frío: no voy a volver a mover un dedo por follar: y si aparece la turista pelirroja juro que ni la miraré: ni siquiera la saludaré: se acabo babear por su culo: paso: paso: paso: no: maldita sea: si aparece, tendré que saludarle: no puedo darle el gusto de no hacerlo: si no, se dará cuenta que me ha tocado: que me ha humillado: que ha herido mi amor propio: la saludaré como si lo de ayer no me hubiera afectado en absoluto: la saludaré como si, esta misma tarde, no me hubiera hecho 700 pajas pensando en ella: su amiga, la morena ya no me gusta nada: me da miedo que sea tan promiscua: a lo mejor tiene el SIDA o algo parecido: ahora me alegro de que no me dejara metérsela aquella mañana: aunque, quizá contraer el SIDA sea una solución para mi vida: seguro que, entonces, las editoriales querrían publicar un libro mío: el escritor sidoso: éxito seguro.

 

Los plactonitas existen: leen mi mente: cuando estoy pensando que no quiero encontrarme con una persona me la ponen delante: la turista pelirroja acaba de entrar a la discoteca: mierda: esquivo su mirada: no he conseguido soportarla: respira Sig, toma fuerzas: la miro: la saludo con la mirada, como si fuera la primera vez que la veo esa noche: pero no cuela: ya es demasiado tarde: viene hacía mí: aguanto el tipo: tengo que fingir que ella no me afecta: me va a dar un beso: creo que se dirige a mi boca: lo esquivo: le doy yo uno en la mejilla:¡Toma puta!¡Trágate eso!: pero ella sonríe: parece que no le ha afectado: quizá su sonrisa es fingida: en ese caso, y sin duda, disimula mejor que yo: la turista pelirroja sigue su camino ¿A qué habrá venido a la disco? Su amiga no está con ella...

 

... va al baño: yo sigo sirviendo copas: utilizo el reflejo del espejo (de los que pueblan las paredes de la discoteca) para verla salir del baño: hago como que no la veo: me mantengo de espaldas a ella: como si estuviera buscando un cliente por la pista de baile: y, cuando al rato me vuelvo, no la encuentro: ella ya no está: se ha ido de la discoteca: y no sé a donde: ni con quien estará.

 

Mentiría si ahora no escribiera que siento mi corazón hacerse trizas.

 

...

  

La noche continua: ahora estoy dentro de la barra, trabajando con Saki: la discoteca se ha llenado: tengo ganas de pegar a alguien: puedo hacerlo: pero como un cobarde: no me pasaría nada: estoy con Saki: y detrás de la barra. Sólo tengo que elegir a alguien y golpearle en la nariz: ¡Bang!: un golpe rápido que haga chorrear sangre a una nariz: tengo que buscar una excusa: una excusa que baste a mi conciencia: dicho y hecho: los plactonitas se han encargado de todo: hay un tipo, sin duda finlandés, tumbado sobre la barra: fuma acostado sobre ella:

empiezo a odiarle: tiene pinta de haberse puesto así para hacerse el duro: para que la gente piense: menudo tío, hace lo que le da la gana y nadie se atreve a decirle nada: quizá lo que quiere es impresionar o llamar la atención de unas turistas que están delante de él: me acerco.

 

-¡Tú! ¡Levántate!

 

(le grito como si fuera una basura: quiero que se de cuenta de eso: que estoy despreciándole y retándole, mirándole a la cara: y que todo el mundo, incluido esas turistas, también lo advierta)

 

El finlandés me mira. Pero cierra los ojos: hace como si no me tuviera en cuenta: como si no fuera rival: sigue durmiendo y fumando sobre la barra.

 

Perfecto.

 

Es el momento: lo tengo acostado delante de mí, con los ojos cerrados: indefenso: es el momento de golpearle en la nariz: un golpe duro: mi puño contra su nariz: que le chorree la nariz: sobre todo eso: que se llene todo de sangre: tengo que hacerlo: sin pensar: después me sentiré mucho mejor: me aliviará.

 

No: no soy así: no quiero llegar a ser así: tengo que tranquilizarme: que follar no me agobie: todo lo malo pasará: no puedo convertirme en un demente: primero sería esta locura y ¿Después? ¿Convertirme en un psicópata nocturno? le diré a Saki que hay un finlandés acostado sobre la barra: y veré como actúa: Saki es un tipo que controla: a pesar de su fuerza sólo pega cuando tiene que pegar: él, con sus kilos de músculos, nunca abusaría de un tipo indefenso como este finlandés: Saki no está tan loco: y eso que lleva ocho años trabajando en esta discoteca: pero claro, se folla todo lo que quiere: y eso tranquiliza: eso relaja la mente: tengo que aprender a ser como él:

 

-Saki. Mira ese tipo: está ahí acostado sobre la barra. ¿Está permitido?

-¿Pero tú no le acabas de decir que se levantara?

-Sí.

-¿Y no te hizo caso?

-No.

-¿Qué no? ¿Quién se ha creído este guiri de mierda que es?

 

Saki se aproxima al finlandés: entonces imagino que, desde el más allá, el ángel de la guarda del finlandés le dice que abra los ojos: el finlandés abre los ojos: tarde: ya lo único que puede hacer es ver el puño de Saki caer sobre su nariz: el golpe provoca fuegos artificiales de sangre: la sangre no llega al techo: pero si a la camisa de Saki.

 

-Joder: ahora me tengo que cambiar la camisa.

 

El finlandés ha caído al suelo: se levanta como si fuera a caérsele una casa encima y sale de la discoteca lo más rápido que sus pies le permiten: tiene la nariz rota en dos partes: a partir de hoy siempre que se mire a un espejo recordará estas vacaciones: y, si en el futuro tiene un hijo, tendrá que soportar que su retoño le pregunte porqué tiene la nariz tan rara.

 

...

 

La turista entra en la discoteca: y entonces la vida transcurre a cámara lenta: primero veo que se aproxima a la barra: después veo a sus ojos pedirme que me acerque: lo hago: no veo al camarero austriaco pero noto como, desde algún lado de la discoteca, me arroja su mirada como si fuera un cuchillo teledirigido que consigue esquivar a la gente hasta conseguir clavarse en mi nuca: no me hace daño pero provoca escozor: ella me pregunta que si quiero dormir con ella esta noche: así, directamente: sin preparar a mi corazón con siglos de antelación: yo le digo que sí: ella me dice que porqué no le doy las llaves de mi apartamento: que no quiere esperarme aquí: que no soporta las miraditas del camarero austriaco: yo se la doy: ella me pide la dirección.

-¿Vivías solo, verdad?

-Sí.

 

Mi apartamento: nunca hay nadie: sólo el que saca la foto: yo.

 

Apunto la dirección en el reverso de un posavasos: y tomo cinco euros del vaso de mi bote para que ella tome un taxi y no vaya hasta mi apartamento caminado: ella sonríe: yo me quedo quieto: ella pide que me acerque: me acerco: me besa: la beso: se separa: me mira fijamente: yo le miro: parece que está decidiendo si ir o no: yo no sé qué hacer: qué cara sería la apropiada para este momento: no creo que sea aconsejable quitarle la mirada: pero lo hago: me da vergüenza que me mire a la cara: soy feo: ella sonríe nuevamente y se va, no sin antes decir.

 

-Te veo luego.

 

Todo esto ha pasado en un minuto: un minuto que ha cambiado mi vida: hace un rato que casi doy el primer paso para convertirme en un psicópata: sin embargo, ahora, vuelvo a estar en el camino de la cordura mental: ahora quiero ser un padre de familia. El mundo se ha quedado sin un nuevo carnicero de Milwaukee.
 

 

-¿Le has dado la llave de tu apartamento? -pregunta Saki.

-Sí.

-¿Y si te roba? ¡Ve tras ella!

-No. No Saki. No me va a robar.

-¡Tú lo que estás es tonto!

-No Saki. No hay que pensar siempre mal de la gente: no todo el mundo es malo.

-¿Sí? Dímelo mañana ¡Te van a robar todo!

 

Saki concluye la conversación. Creo que se ha molestado. Creo que se ha molestado porque es la primera vez que no le hago caso en algo.

 

...

7:30 de la mañana.

La discoteca está cerrada.

Me han soltado.

Un animal que rebosa sexo camina por las calles.

Va camino de su guarida.

Allí le espera una muchacha.

Mi polla me guía por el camino.

Y también el amor.

Amo a esa muchacha por ser tan simpática.

Amo a esa muchacha porque quiere follarme.

¡Qué buena es!

Se la voy a meter.

¡Se la voy a meter!

Un milagro.

Vuelo por la escalinata: la subo en un segundo.

Tengo que relajarme.

No puedo correrme nada más metérsela.

Soy eyaculador precoz.

Tengo que relajarme un poco, pero no tanto como para que la polla se me ponga flácida.

Tengo que pensar en ella y, a la vez, en mi abuela.

No puedo fracasar.

No quiero correrme rápido.

Qué vergüenza.

Tengo que hacerlo bien.

Tú puedes, Sig.

Fóllatela como un hombre.

No te corras rápido.

Se la metes y la sacas, se la metes y la sacas.

Así hasta mil.

O diez mil.

Hasta lo que haga falta.

Aguantas el semen con fuerza.

Como un hombre.

Tengo que ser Saki.

Me imaginaré que soy Saki mientras me la follo.

Siendo otra persona hay menos riesgo de fallar.

Me meteré en el papel.

Soy Saki.

Me la voy a follar en silencio.

Con rostro serio.

Como si yo fuera un empleado de banca realizando una transacción bancaria de millones de dólares: nada puede fallar.

Follar es un asunto serio.

Mierda.

Follar se parece mucho a la palabra fallar.

No hoy.

No ahora.

Me la voy a follar como un campeón.

¡Deja de ser un niño Sig!

¡Eres un hombre!

¡Ya tienes 29 años!

¡Es hora de olvidarte de los comics de Spiderman!

Vas a follar esta noche.

Y puede que sea la única oportunidad de tu vida.

La decisiva.

Vas a follar.

No te vas a correr súper rápido.

Eres un hombre. 

Soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: :soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre: soy un hombre.

Y un campeón.

 

...entro en mi apartamento: silencio: no hay nadie: ¿me habrán robado?: sé que no: además lo único que tengo de valor es el ordenador: voy hasta mi dormitorio: el ordenador está allí: las cortinas están echadas: porque ella está allí: acostada en mi cama: duerme: duerme: ¡Qué bella!: está desnuda: ¿De verdad?: sí: le veo el culo: no me lo puedo creer: ¡Me espera desnuda en mi cama!: ¡Cómo en las películas! Tengo que sacarle una foto: sé que está mal hacerlo pero tengo que sacarle una foto: sino nadie me va a creer cuando lo escriba en este diario: ni yo mismo: ya está: