Diario Secreto de un
Camarero de Discoteca

Camarero de Discoteca

 

1.-Crisis en Argentina: Yo (dios) soy el culpable.

Y de pronto mi deseo se hace realidad: estalla una crisis económica en Argentina: la gente pierde los ahorros de toda su vida: los políticos corruptos han sumergido al país en la pobreza más absoluta: ir a comprar pan al supermercado se convierte en tarea imposible: los secuestros, los robos, la violencia desmedida se adueña de las calles: los ciudadanos convocan manifestaciones que no pueden resolver nada mientras dan golpes en sus cacerolas vacías de alimentos.

Quizá yo soy el verdadero culpable: seis meses atrás deseé que ocurriera: quería tener más dinero que las chicas argentinas con las que me escribo en Internet: sentirme más que ellas: que se vieran en un país subdesarrollado: que no tuvieran otra esperanza que emigrar a otro país: que me vieran –a mi y a mi país- como su salvación: quizá yo soy el maldito culpable de la hecatombe que ha arruinado a millones de familias: mis deseos se han hecho realidad porque soy un dios: un dios egoísta y sin sentimientos: igual que el nuestro, tal como escribió Nikolaus Lenau:“¿Puede llamarse Dios a un enfermo/ que construye un mundo en ardor febril/ para aniquilarlo, al poco, en sus escalofríos?/ ¿No es, tan sólo, un hijo de los dioses,/ al que le ha caído en suerte/ este mundo cual juguete de colores,/ que tan pronto lo divierte como lo maltrata,/ sin otro poder que balbucear sus deseos?”.

 

 

 

Sin duda soy un dios. Cuando decidí escapar, con mis argucias, del gran centro comercial dejé de ser humano: me salí de la masa: en ese momento desperté los poderes que todos tenemos dentro pero que nuestro sometimiento a la sociedad anula: ha salido a flote el poder inmenso del ser vivo: a partir de ahora, todo lo que desee se cumplirá: siempre y cuando, me mantenga fuera del sistema que, sin duda, nos hace ser muertos en vida: he de tener cuidado con mis deseos: podrían llegar a exterminar a la humanidad entera: ahora soy un dios que gobierna mi vida... si esto que escribo me lo creyera del todo, estoy seguro que podría caminar hasta por encima del agua: porque aunque estoy metiendo los dedos dentro de las llagas de Jesucristo continuo dudando: he de conseguir controlar mi subconsciente: que no continúe deseando lo que yo deseé en el momento que me encontré perturbado por un deseo sexualmente desenfrenado.

No.

No voy a ayudar a las chicas únicamente: ahora que soy un dios me siento misericordioso y con fuerza suficiente para ayudar a la Argentina entera: me concentro para que la situación allí se restablezca y permito, al cambiar mi pensamiento, que mi subconsciente continúe con el trabajo: y escribo un mensaje que publico en mi página Web, dirigido a todos los argentinos que sufren esa desoladora situación:

 

Queridos amigos argentinos:

Quizá porque nos conocemos desde hace bastante tiempo, la noticia de la crisis económica que estáis sufriendo en estos momentos me ha afectado de forma especial: las imágenes que veo por la tele de robo, violencia y miseria se me hacen más amargas por conocer vuestras caras. Quisiera ayudar a todos los que queráis salir del país para empezar una nueva vida: os brindo mi casa y mis ahorros: preocupaos únicamente de llegar hasta el aeropuerto de mi ciudad: a partir de ahí yo me ocuparé de todos vuestros gastos y necesidades: y os ayudaré a encontrar trabajo. No pido nada a cambio: me sentiré muy feliz haciéndolo: despreocupaos, no pertenezco a ninguna secta u organización religiosa: tampoco soy un psicópata que os matara mientras dormís: quiero hacerlo únicamente porque he llegado a la conclusión que nunca he hecho nada verdaderamente por nadie: quiero implicarme y ayudar directamente: ayudándoos me sentiré ayudado. Si queréis venir no lo dudéis: aquí tenéis a un amigo que, aunque no os puede ofrecer un castillo para vivir si os ofrece un alojamiento digno, alimentos y, apoyo hasta que podáis estableceros por vosotros mismos. Escribidme para concretar.

 

Sig

 

 

Paso el puntero del ratón sobre la opción publicar que me da la pantalla y aprieto el botón, aunque un halo de duda recorre mi espina dorsal ¿Qué pasará?

Desde que alguien acepte tendré que dejar esta casa: no puedo alojar aquí a desconocidos:¿Qué podría decir a mis abuelos? ¿Qué se van a quedar en mi minúsculo dormitorio un indeterminado número de argentinos que no conozco más que por algunos e-mails o por dejar un comentario en el foro de mi página Web? Mis abuelos se volverían locos. No lo entenderían: aunque vayan a misa cada domingo.

Pero estoy decidido: esta vez voy a ayudar de verdad: no de boquilla: tengo el sueldo de seis meses reunido: la próxima semana me darán el finiquito de mi contrato: casi cinco mil euros: y me corresponde el paro: dinero por cada mes que pase sin trabajar hasta un máximo de nueve: tengo dinero más de sobra para independizarme: debo de encontrar un trabajo en el que me paguen sin hacerme contrato: si me llega todo el dinero que estoy pensando tendré dinero de sobra para ayudar: quiero hacer algo por los demás: si no soy un dios, como mínimo, soy un ángel: un ángel que camina tras sus sueños mientras ayuda a los que le rodean. Es hora de dejar esta casa y empezar una vida de leyenda. Llevaré al pueblo argentino a la tierra prometida: yo protagonizaré los nuevos capítulos de la Biblia segunda parte.

 

2.-El destino se sabe tu número de teléfono.

Necesito un trabajo: leo los anuncios del periódico: nada que me apetezca: nada donde crea que me pueden pagar sin hacerme un contrato: por ahora no ha respondido ningún argentino a mi ofrecimiento. Suena el teléfono.

-Hola ¿Está Nicolás?

-Está equivocado –respondo.

-¿No es el 9282x4xxx45?

-Sí. Ese es el número de teléfono de esta casa.

-¿Y no hay nadie que se llame Nicolás?

-No. Le juro que no.

-Que raro, es que ayer vino aquí un chico buscando trabajo y dejó este teléfono.

-¿Buscando trabajo?

-Sí.

-Yo estoy buscando trabajo.

-¿Pero tú te llamas Nicolás?

-No. Pero estoy buscando trabajo.

-¿Has trabajado de camarero alguna vez?

-Sí –miento- He trabajado varias veces.

-Necesito alguien que haga unos días en la discoteca que dirijo para sustituir a un camarero que se ha puesto enfermo.

-Pues si quieres los hago yo.

-¿Sabes inglés?

-Sí –miento-

-Esta discoteca está en Puerto Rico.

Puerto Rico: así se llama una de las zonas turísticas de la isla: está a dos horas de mi casa: tendré que tomar el autobús pues no tengo coche: una discoteca: me da miedo: yo nunca he ido a una discoteca: pero, en esta nueva etapa de mi vida, no puedo permitirme ser un gallina: he de conseguir vivir sin miedo: puedo con todo: soy un dios: sólo he de mirar de frente al problema y decir:

-De acuerdo. Allí estaré.

La voz telefónica me da la dirección: empiezo a las nueve de la noche: de mañana: joder: ¡Qué nervios!: sin duda se van a dar cuenta que soy débil: un niñito: quizá me obliguen a tomar drogas ¿Y si se trata de una discoteca de gays dementes y me violan entre todos? A lo mejor me venden a las mafias de prostitución asiáticas. Sin duda, esta noche no podré dormir.

 

3.-Aventuras en la estación de autobuses: el terrorista, mi asesina de la última reencarnación y el exhibicionista.

-¡Voy a secuestrar este autobús! ¡Voy a explotarlo en el ayuntamiento! –grita un hombre que, con una granada en la mano, deambula entre las distintas filas de pasajeros que aguardan frente los autobuses de la estación central.

Tengo una cámara de fotos desechable: la he comprado para hacer alguna foto que me recuerde que una noche trabajé en una discoteca: no creo que vaya a superar la prueba: ni siquiera sé cuántos cubitos he de servir en una copa: saco la cámara y trato, con disimulo, de realizar una foto al hombre terrorista, ahora amenaza con el fin de todos los pasajeros que viajen en el mismo autobús al que él suba: justo cuando me dispongo a hacer clik, me mira:

-¡Soy más malo que Bin Laden! –me grita. Y acto seguido posa para la foto: es la primera vez que deja de chillar: toda la estación de autobuses nos mira: posa como si estuviera haciendo la primera comunión:

El hombre o terrorista se sube a uno de los autobuses: el conductor le advierte que con esa granada no le va a llevar a ningún sitio. Y tampoco con la bolsa si, primero, no le muestra el contenido:

-¡Pero si la granada está en una caja! -alega el hombre terrorista- ¡Como nosotros cuando nos saquen de este autobús!

Dos auxiliares de seguridad de la estación acuden en ayuda del conductor: son redondos: le quitan la granada: la observan: no tienen ni idea si la granada es verdadera o falsa: abren su bolsa: contiene unos calzoncillos (por los gestos de los auxiliares juraría que están llenos de mierda) papeles para fumar, un mechero y una botella de agua con un líquido rojo.

-¿Qué es esto?

-Sangre de Drácula.

(a mi me parece un refresco de frambuesa)

-Si quiere viajar en este autobús –advierte el más serio- Será sin granada, sin botella y sin mechero.

-Miradme bien a la cara –sugiere el individuo- tengo rayos X en los ojos: desde hace años que las moscas guían mi camino: yo soy una bomba.

Finalmente, tras una larga discusión sin sentido, el autobús arranca, el hombre terrorista viaja en él: sin granada: sin bolsa: sentado en uno de sus asientos pasa la lengua por los ventanales del autobús, de lado a lado, dejando un surco de saliva caer por los cristales.

-¡Vitamina E! –dice.

.

Estoy nervioso: dentro de quince minutos sale el autobús hacia la zona turística: voy a trabajar en una discoteca: algo quiere salir de mi estómago a caudales: necesito ir al baño: corro hasta el servicio público de la estación: gracias a Dios, antes de encerrarme en uno de los cubículos con wc compruebo que hay papel higiénico: no, no lo hay: tampoco en el resto de los cubículos: no puedo empezar sin él: intuyo que voy a necesitar grandes dosis para limpiar lo que va a salir de mi: tengo una catarata en el estómago: sería imperdonable llegar a la discoteca oliendo a mierda: salgo del servicio público: sólo está abierta la cafetería de la estación: si salgo a buscar una tienda donde comprar clines podría perder el autobús: pero el mostrador de la cafetería lo regenta una vieja horripilante: no puedo acercarme a ella: no me atrevo a pedirle servilletas: no es sólo vergüenza: algo tiene su cara: y su aura: me produce repulsión: debe de ser maldad: ella es muy mala: siento su maldad en estado puro: si existe la reencarnación estoy seguro de que ella me asesinó en mi última vida: a mi y a mis hijos: no quiero tener que pedirle un favor: no quiero tener nada que ver con ella: podría comprarle un par de donuts (sin mirarle a la cara) y aprovechar las servilletas que siempre entregan con ellos o, simplemente, agarrar un puñado de cualquier de los servilleteros que pueblan las mesas y salir corriendo.

No. Me desagrada en demasía la vieja: quizá me grite mientras corro con las servilletas en la mano: quizá me maldiga o se refiera a mi madre: no podría soportarlo: me produciría una crisis nerviosa: no quiero tener que oír nunca su voz: ni siquiera que me mire: de verdad que ella me asesinó en otra vida.

Regreso al baño, me encierro –sin papel higiénico- en uno de los habitáculos con retrete: cago: diarreas líquidas: me limpio el culo con cualquier papel que encuentre en mi bolsillo: entradas de cine, dos envoltorios de chocolatinas y el recorte de un periódico que se refiere a un concurso literario (al que me pensaba presentar: ahora sé que nunca lo voy a ganar): también sacrifico un billete de cinco euros: lo lleno de mierda y tiro de la cadena: es el fin del capitalismo: el wc se rebosa: se ha tupido: trato de salir del habitáculo: la puerta no tiene manecilla pero sí cerradura: no puedo salir: se me empiezan a mojar mis zapatos del agua marrón que sale del wc.

-¡Eh! ¡Socorro! –grito- ¿Alguien puede abrir esta puerta? ¡Estoy atrapado!

No hay nadie: decido escalar: apoyo las piernas en el deposito de papel higiénico sin papel higiénico: me aupo hasta uno de los muros: me ladeo y acuesto sobre él: ya no estoy tan gordo pero continuo teniendo barriga: apunto mentalmente que mañana, aunque esté cansado por el trabajo en la discoteca he de ir al gimnasio: salto al suelo: caigo, sano y salvo, junto al lavabo: no hay nadie: menos mal: pensarían que estoy loco o que andaba haciendo algo ilegal: la gente decente no suele caer del techo.

Me lavo las manos, aliso las arrugas de la camisa que llevo puesta: nadie que me viera de pronto podría llegar  a pensar que me acabo de limpiar el culo con un billete de cinco euros: saco mis lentillas para ponérmelas: no lo hice antes de salir de casa porque deseo darles el mayor rendimiento en la discoteca: según mis cálculos voy a tener que llevarlas puesta más de nueve horas seguidas y lo recomendable son seis: más allá de ese tiempo se ensucian y me hacen ver borroso.

En el baño entra un tipo: gafas culo botella, bizco, pantalón de chándal: camiseta de rayas: chubasquero: playeras: panzón: cincuenta años mínimo: barba de cinco días: me mira: se coloca junto a mí frente al lavabo: frente al espejo: se saca la polla.

Y no hace nada: se queda así, con la polla fuera, a mi lado, mirándose al espejo: con los hombros caídos: su polla está flácida: no se la pongo tiesa ni a los locos.

LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES ESTÁ LLENA DE LOCOS

Compongo, con mis cuerdas vocales, voz de tipo duro: no sé si lo conseguiré: nunca lo he intentado: pero he de ganar tiempo mientras termino de ponerme las lentillas y salgo corriendo de ese baño: algo he de hacer para que el loco no continué con su locura: quizá lo próximo es violarme.

-¿Qué estás haciendo gilipollas? –le digo.

Es la primera vez que califico de gilipollas a alguien teniéndolo de frente: tiemblo un poco por su posible reacción pero él no lo ha debido notar: mi voz ha resultado ser un éxito: el exhibicionista se guarda la polla: no obstante, continua en el mismo sitio: aunque ahora me mira: fijamente: por fortuna mis lentillas se adhieren a mi globo ocular sin dificultad.

-¿Te duelen? -me pregunta.

-¿Cómo me van a doler las lentillas, gilipollas?

Repito gilipollas: es mi palabra de la suerte: es mi comodín: no salga de casa sin ella: y miro al exhibicionista: como si le perdonase la vida... mi actuación hubiera sido convincente si, justo en ese momento, yo no hubiera salido corriendo del baño con desesperación.

A fuera estoy a salvo: me fundo en la masa de personas normales que están esperando el autobús: personas normales a los que no les pasan estás cosas: mi autobús ya se está cargando de pasajeros: todo es normal: me apresuro para no perderlo.

-Malditos plactonitas –me digo- Os estáis poniendo las botas con mi salida al mundo real.

 

4.-La discoteca.

El nombre de la discoteca es The lover, está en los sótanos de una plaza turística, al lado de la playa: estoy en la puerta: las luces están encendidas: hay unas siete personas dentro: están conectando cables: colocando botellas: ordenando ceniceros y sillas: preparan la apertura: un hombre de más o menos cincuenta años, bajito y gordito se me acerca: viste unos pantalones de pinzas y una camisa de manga corta con botones: la tela parece de seda: estoy nervioso.

-¿Quién eres tú?

-Me llamo Sig: soy el sustituto del camarero enfermo: al que llamaron por teléfono por error.

-Yo soy el dueño. Tú… tú…

Y comienza a olfatearme: la camisa: el estómago: no sé que hacer: me quedo quieto hasta que termina: se ha detiene justo antes de llegar a mi polla: menos mal.

-¿Has trabajado antes de camarero?

-Claro –vuelvo a mentir.

-¿Sabes inglés?

-Me defiendo.

-¿Ves a ese hombre negrito y alto? Pídele la camisa y la corbata: empezarás en la sala: vende todo lo que puedas: si al final de la noche haces buena caja, te quedas: y si no, te vas.

Me acerco al hombre negrito y alto: es una mole de músculos: está dentro de la barra, de espaldas a mí... estoy temblando: no sé si voy a poder con este trabajo... me da miedo tocar con el dedo al hombre moreno y alto para llamar su atención: a lo mejor se lo toma mal: decido hablar:

-H…ola.

La mole de músculos se vuelve hacia mí: me mira a la cara durante unos segundos.

-¿Tú quien eres?

-Soy nuevo: trabajo para sustituir a alguien que se ha puesto enfermo: ese señor me ha dicho que si usted puede, me de las camisas y la corbata.

-¿Te ha olido?

-Sí.

-No le hagas caso a ese viejo: las pastillas le han vuelto loco. Míralo ahora.

Miro al dueño: está regando unas plantas.

-Son de plástico –me dice- las riega cada noche antes de empezar.

-¿No sabe que son de plástico?

-Sí, pero dice que así se conservan mejor. Y a última hora de la noche se pone a hablarles: para llenarlas de oxígeno.

Tengo ganas de reírme: pero como él no lo hace: me da miedo: a lo mejor se lo toma mal: además no deja de mirarme: parece que me está estudiando: me siento incómodo.

-Toma estas camisas -me dice el forzudo.

-Están sucias –observo.

-Aquí todo está sucio.

Me voy al baño a cambiarme: me maldigo frente al espejo: otra vez corbata: ni trabajando en una discoteca me libro: el uniforme se compone de dos camisas de manga larga: una roja y otra blanca: hoy toca blanca: mi camisa blanca está manchada de rojo: parece sangre: salpicaduras.

Cuando salgo del baño le pregunto al fornido.

-¿De qué está enfermo a quién sustituyo?

-Le partí la nariz.

Los clientes comienzan a entrar: el dueño me dice que debo de preguntar a todo el que entra si desea beber algo: anotar el pedido en un bloc de comandas que me da y poner el pedido sobre la máquina registradora de la barra del fornido: él me preparará las copas: yo se las llevo y se las cobro: lo malo es que no entiendo a ninguno de los que empiezan a entrar en la disco: todos son extranjeros: no hay nadie que hable en español: y para colmo, aparece de la nada, otro camarero de sala: él si que entiende inglés: no para de apuntar, hablar con los clientes y servir pedidos: el tiempo pasa: media hora: la discoteca está llena y yo no he tomado ni una comanda. El fornido me llama:

-No tienes ni idea de inglés ¿Verdad?

-No. No entiendo nada.

-Desde que se de cuenta, el dueño te va a echar.

-Ya.

-¿Necesitas el trabajo?

-Sí.

-Mira: cuando entre alguien dile esta frase, apúntala ahí tal como te suene: What you want drink? Y lo que te responda me lo repites aquí: me repites los sonidos: y yo te digo lo que tienes que escribir en la comanda ¿Entendido?

-Sí. Gracias.

-Nada de gracias: aquí los favores se pagan.

-¿Cómo?

-Me darás la mitad de lo que ganes hasta que sepas trabajar por ti solo ¿Ok?

-Vale. Me parece justo.

-Bien. Y ahora llama al otro camarero de sala.

-De acuerdo.

-¿Qué quieres? –dice el otro.

-La mitad de las cosas que te pidan los clientes se lo escribes en las comandas de él.

-¿Y por qué? Si él no entiende inglés que se joda.

-Porque sí no lo haces te voy a partir la columna vertebral.

El camarero se queda blanco.

-V…ale.

Nos vamos los dos a la puerta: el otro camarero de sala no se atreve a mirarme: ni siquiera a rechistar: sólo dice:

-Joder: le has caído de puta madre.

-¿Quién es?

-Es Saki, el cubano. Lleva más de diez años trabajando aquí. Es un animal: dicen que ha matado gente.

.

Me da vergüenza acercarme a los extranjeros para preguntar: no obstante, lo hago: me lo tomo como un rollo de auto superación: los extranjeros me hablan y, entonces, voy corriendo hasta el fornido para repetir, como un loro:

-Guanpichnap –digo.

-Apunta: un Peach up, licor de melocotón con Seven up.

- Y tuyidiguitcouc.

-Eso son two J.D whit Coke: Jack Danield´s con coca cola.

-Ya llevo cincuenta comandas, gracias.

-De nada, pero espabila.

.

Una señora entra la discoteca: sola: viste un top y unos pantalones muy cortos: es alta: me parece una señora misteriosa: no deja de sonreír.

-Aiguant eigtbacardibrisardguatermelo (cuatro Bacardi Brizard Watermelon) –me dice

-¿Ocho?

-Sí.

Apunto el pedido en la comanda. Es el primer pedido que consigo apuntar yo solo: se lo doy a Saki, orgulloso.

-¿Ocho? ¿Para ella sola?

-Eso me ha dicho.

-Pregúntaselo otra vez que tu no entiendes ni patata de Inglés.

Voy a donde está la señora.

-Perdone ¿De verdad que quiere ocho Bacardi Brizards?

-Yes!! PARTY!!

Saki le sirve los ocho Bacardis: son unos botellines de cristal con un líquido morado: ron con zumo de sandia.

-Seguro que es finlandesa: todas las finlandesas están locas.

 Ella empieza a beberse los botellitas: uno tras otro.

-Esta no quiere fiesta: quiere guerra –dice Saki.

Al rato la extranjera se levanta, se tambalea, se agarra a una columna y sube hasta la tarima: comienza a bailar:

-Yeah! Yeah! –grita.

La gente se empieza a reír de ella: Saki comienza a echarle soda con la manguera de servir refrescos: ella, lejos de enfadarse se muestra encantada:

simulando ser una estrella porno comienza a quitarse la ropa: se queda vestida únicamente con un tanga de piel de tigre: la gente se ríe de ella: está tan borracha que se cree en un vídeo de la Mtv: cree ser lo más erótico desde Kylie Minogue: y no deja de mirar a Saki: todo el rato.

-Te está mirando Saki.

-Esa es una puta. Una guarra buscando polla.

-¿No te gustaría estar con ella?

-¿Con eso?¡Qué va! Si trabajas mucho tiempo aquí te harás selectivo con las mujeres: no querrás follarte a cualquier cosa: te darás cuenta que hay pocas que merezcan que te las lleves a tu casa: a follártelas en tu cama: la mayoría de las mujeres sólo sirven para que te la chupen un poco en cualquier esquina..

-¿Y esa de qué tipo es?

-De las locas: si me la follo hoy, que será su primer día de vacaciones, tendría que estar luego follándomela cada noche, hasta que regrese a su país: y si paso de ella: la voy a tener que aguantar en la barra, acosándome durante toda la semana: preguntándome porque no quiero follármela más: incluso, esperando aquí a que termine de trabajar: montando espectáculo a cualquier chica que se me acerque: me estropearía futuros rollos: y lo más seguro que el último o penúltimo día me denuncie a la policía: por violación o cualquier mentira que se le ocurra: lo mejor es pasar de las locas: a lo mejor, si estoy aburrido, le dejo que me la chupe el último día.

Miro a la señora: ya ha dejado de bailar: está cansada: nadie la mira: nadie le hace fiesta: se limita a dar vueltas alrededor de la tarima: aburrida: quizá le de vergüenza bajarse: vestirse: volver a sentarse.

.

-Tienes que beber algo –sugiere Saki- Eres muy tímido con la gente: tienes que soltarte: estás trabajando en una discoteca, no en un hotel de cinco estrellas.

-Es que yo no bebo: no me gusta el sabor a alcohol.

-Ya verás como esto si te gusta.

Saki saca una botella de un frigorífico de las neveras: llena un vasito de cristal: es un líquido rojo: se llama After shock.

-¿Tiene droga? –pregunto asustado.

-No, gilipollas.

-¿Y tú no bebes?

-No cuando me meto pastillas.

Bebo. Y entiendo, a la perfección, esa frase hecha que tantas veces se dice: “la cabeza me va a explotar”: Saki se ríe.

-Parece que es la primera vez que bebes en tu vida.

-Tanta cantidad sí.

-¡Pero si sólo te serví un vaso de chupito! Tú, cuando sales por la noche ¿Qué bebes?

-Es que yo nunca salgo por la noche.

Saki se ríe más: creo que le caigo bien: o le hago gracia.

-Tendrás que beberte otro: como el dueño te vea tan parado te echa.

Creo que esta vez la invitación la hace Saki no por ayudarme sino por divertirse él viendo la cara que pongo mientras trago: pero le dejo hacer: bebo otro chupito: está bueno: empiezo a sonreír (después de recuperarme): sonrió a todo el mundo: más de la cuenta: a nadie le importa que esté borracho: paso desapercibido: todos los turistas están borrachos: cantan, bailan, beben, discuten, se pegan... y se besan, se tocan: no veo a nadie que deje de hacerlo: el After Shock ha hecho su efecto: me olvido de trabajar: me concentro en sacar fotos: no tengo miedo de que me sobrepase, desmesuradamente, en ventas el otro camarero de sala: él está con una rubia en una de las esquinas de la discoteca: hay chicas que sacan las pollas de los chicos y les masturban: otras simplemente se las frotan con dos deditos: muy finamente: son unas señoritas:

los chicos también meten sus manos por debajo de las faldas de ellas: algunos lo hacen con disimulo: otros, simplemente, no se cortan:

 

 

a medida que va pasando la noche veo que, la seguridad de la discoteca, sacan a parejas de los baños: empapados:

-¿Por qué los sacan? –pregunto a Saki.

-Estarían follando en el baño.

-¿En el baño?

-Sí

-¿Y por qué están mojados?

-Los de seguridad, antes de hacerles salir, les tira agua por arriba de la puerta: para que se les baje la excitación: si no, no hay manera de que abran la puerta hasta que terminen.

-¿Y por qué no les dejan follar?

-Joder, porque lo dejan todo manchado de semen y sangre: con los preservativos y los tampaxs tirados por el suelo: un asco.

 

No dejo de abrir la boca: por asombro: las turistas entran por la puerta, bailando, se sientan a beber un par de copas: los chicos se les acercan: si ninguno les gusta se van a otro pub a seguir buscando o salen a la pista de baile a bailar para pescar a alguno que no se les haya acercado: pero realmente no bailan: simulan el acto sexual: mueven el culo como si estuvieran siendo penetradas por detrás: entonces algún chico se les pega y les pone la polla (sin sacársela) en el culo mientras baila (dando saltitos) y, si a la chica le gusta (o si se calienta) comienzan a besarse, a tocarse y a masturbarse. O simplemente desaparecen rumbo al apartamento de uno de ellos.

Saki no deja de mirarme y reírse.

-Esto es normal: pasa todos los días. Los guiris viene de sus países y, como aquí no les conoce nadie, hacen lo que quieren, lo que sienten, sin pensar en hipocresías: viven el momento. Vivir, momento a momento, es la única manera de rozar la felicidad.

-¿Y no tienen miedo de pillar el sida?

-¿El sida? El sida no existe.

La borrachera se me va pasando: estoy súper excitado: pero la fiesta que allí sucede no tiene nada que ver conmigo: yo estoy fuera: ninguna chica se me acerca: tampoco yo me atrevo a mirar a ninguna a la cara: estoy en el bando de los fracasados: ni siquiera soy el capitán de los fracasados: soy el que friega la cubierta: de pronto veo a un chico: en la barra: solo: sin duda, si yo estuviera en esta discoteca, de cliente, este sería yo:

-Tú y yo somos hermanos –le digo

-What? –pregunta: no me entiende.

.

-Sig –ordena Saki- entra en la barra.

-¿Yo? ¿En la barra?

-Del otro camarero no me fió: creo que mete la mano en la caja.

-Pero si no entiendo inglés ni sobre bebidas: no voy a saber atender a nadie.

-Tú sirve cualquier cosa de las botellas baratas: todo el mundo anda borracho y no se enteran de lo que están bebiendo. Toma mi reloj.

-¿Y el dueño no dirá nada? ¿No se enfadará porque yo esté dentro de la barra?

-No te preocupes por él. Está tirado en el suelo del garaje: se metió alguna mierda de más esta noche.

-¿Necesita ayuda? –me preocupo- ¿Llamo una ambulancia?

-Da igual, hombre. Él siempre se está desmayando en el suelo del garaje.

-¿Vas a ir ahora a atenderlo?

-¡Qué va! Voy a ir a hablar con unos moros.

Y de su muñeca se saca un Rolex de oro que me entrega. Me mira: su mirada habla: dice: como te vayas con él te encontraré y te daré la paliza de tu vida.

-¿Y para qué quieres que te guarde el reloj?

-No me gusta pegar a la gente con el reloj puesto.

Saki sale de la barra: coge a dos moros por el cuello y los saca –arrastrándolos- por la puerta de atrás de la discoteca: todo es tan rápido que, un segundo después de haberlo visto, los turistas borrachos dudan si ha ocurrido realmente.

Yo me quedo blanco ¿Pero en qué clase de lugar me he metido?

Un extranjero, muy gordo, empieza a hablarme: no le entiendo en absoluto: creo que es noruego: que me está pidiendo una bebida: empieza a hacer gestos: no sé que diablos querrá beber: el noruego comienza a aullar:

yo no sé que hacer: así que, para entretenerlo, comienzo a sacarle fotos: y él, lejos de extrañarse, a posar:

me doy cuenta que el botellín que tiene delante está casi vacío: ¿Querrá otro igual?: trato de encontrarlo, en las neveras: líquido blanco, etiqueta con letras rojas: Smirnoff Ice: lo encuentro: le hago gestos para saber si lo quiere: me dice que sí: con la lengua, poniéndosela en la punta de su nariz: abro el botellín: se la entrego: me da un billete de cien euros y gestos para que me quede con la devuelta: mi primera propina: sólo con esa propina ya he ganado más dinero que si hubiera estado trabajando dos días en el gran centro comercial.

El gordo me invita a beber pero, justo en ese momento, vuelve Saki: tiene las manos rojas: la piel de sus nudillos despellejadas.

-Ya puedes salir de la barra.

-¿Estás bien?

-Pues claro.

-¿Ha pasado algo?

-Nada.

-¿Dónde están los moros?

-En el suelo.

-¿Qué hicieron?

-Una cosa que debes de aprender es que, en la discoteca, no debes preguntar nada a quien no conoces de nada. 

.

-¿Por qué sacas fotos? -me pregunta Saki.

-Es que estoy flipando. No tenía ni idea de lo que pasaba en las discotecas.

-A mi no me saques fotos nunca –advierte.

-Casi te pregunto porqué, pero me acabo de acordar del consejo que me acabas de dar envuelta en frase mítica.

-Muy bien… ¿Qué te extraña todo esto, dices?  Es que aquí todas las tías son unas putas: mira esa: dame la cámara.

Se la doy: no: me la arranca de las manos.

-¡Tú! ¡Puta! Levántate la falda- le dice (en inglés) a una turista.

La guiri le mira, pizpireta, se levanta la falda, le sonríe.

Saki le saca una foto:

-Date la vuelta guarra!

La turista hace lo que Saki le pide: además se nota que está orgullosa de su culo.

 

-A esta me la follo hoy –dice Saki.

.

8:00 a.m. Se encienden las luces, la música se detiene: la voz del disjokey suena por los altavoces:

-Es la hora de cerrar: gracias a todos por pasar vuestro tiempo en The Lover, gracias a los turistas, a los trabajadores de la zona, a todos los cabrones que habéis venido a emborracharos y a pillar a alguna chica. Ya es hora de volver a casa: pero os recordamos que mañana, desde las nueve y media de la noche, The lover volverá a abrir sus puertas para todos vosotros.

-Maldita sea –me dice el otro camarero de sala- se me ha escapado la turista que tenía para llevarme a casa. Joder, es que son las ocho de la mañana y, hasta esta hora, no hay tía que te espere: la culpa la tiene el dueño: si no hay policías por la zona, no cierra la puta disco hasta que deja de hacer dinero.

Miro a mi alrededor: no hay más que borrachos: las chicas que quedan son muy feas: la única que sirve es la  rubia que espera a Saki: no se lo hago notar al camarero de sala: seguro que le jodería: y que ya lo sabe: a él no le esperan porque no es tan guapo y musculoso como Saki.

Hay un borracho que tiene pinta de estar profundamente dormido: me acerco hasta él.

-Amigo –le hablo- Están cerrando:¿Estás bien?

No contesta. Pienso moverle un poco, pero me da miedo: quizá se enfade, quizá se despierte y me pegue... no puedo seguir sintiendo miedo: me lo prometí: he de superarlo: le toco con un dedo.

-Holaaa –le susurro al oído- Buenos díaaaaaass.

El borracho no se mueve. Está sepultado, enterrado bajo mil sueños. Le tiro de una oreja, un poco. No reacciona. Me saco una foto con él:

sigo tratando de despertarle: pero no hay manera: se lo digo a uno de seguridad, que pasa por ahí:

-Creo que este tío esta muerto.

De una botellita de agua de la que estaba bebiendo, le tira agua por la cara, por el cuerpo: le agarra por el cabello: le tira de él: por fin el borracho resucita: abre los ojos, pero no se mueve, no se levanta: no le importa nada de lo que le ha hecho:

-Quiero quedarme a dormir aquí –dice.

-De acuerdo –dice el de seguridad- pero desde que cierren las puertas y todos los que no son maricones se vayan, vamos a hacer una fiesta privada: este es mi novio (refiriéndose a un chico que se acerca a ayudarle) y te la vamos a meter por el culo hasta que tú también te corras, morenito.

-Noooooo –dice el borracho mientras se levanta- ¡No me toquéis!

.

Reaparece el dueño de la discoteca: está vivo: tiene la camisa y el pantalón manchado de tierra: sus gafas han desaparecido: se nota que ha estado tirado en el suelo del garaje durante mucho tiempo: se aproxima a mí: es la hora de la verdad: mi evaluación.

-No he podido verte trabajar esta noche –aclara- porque he tenido una reunión con gente muy importante, no obstante, le he preguntado a Saki y me ha dicho que sirves para el trabajo. Puedes venir el resto del mes y luego ya veremos. Toma tu dinero (me entrega 48 euros)

-Gracias ¿Me harás contrato?

-Aquí no hacemos contratos. Esto es otro mundo: aquí nosotros hacemos lo que nos da la gana: lo tomas o lo dejas.

-Lo tomo: no me importa.

-Y como traigas a un inspector de trabajo a esta discoteca te haré matar: conozco moros que lo hacen por setenta euros.

-No lo haré, se lo juro.

-Pues entonces vivirás.

Aprieto los dientes de alegría: me encanta la discoteca: me encanta que me haya amenazado de muerte: siento que este es el sitio perfecto para empezar mi carrera de escritor: no tengo que inventarme historias: aquí sólo he de abrir medianamente bien los ojos y contarlas: es un sitio tan extraño: tan diferente a todo lo que he conocido... ¿Qué pensará mi novia, la Virgen María, de mi nuevo trabajo?

Busco a Saki:

-Toma tu dinero.

-Quédatelo por ahora. Pero mañana ponte las pilas con el inglés.

-Gracias Saki.

Salgo de la discoteca, me dirijo a la parada de autobuses: todavía quedan más de dos horas para que vuelva a casa: a pesar de lo cansado que estoy sé que haré todo el trayecto de vuelta sonriendo.

 

5.-El correo electrónico.

Recibo varios correos electrónicos de Argentina. Todos me dicen que han decidido enfrentarse al problema sin abandonar el país; también me advierten sobre lo difícil que resulta, debido a la burocracia y a la corrupción, obtener los documentos necesarios para emigrar. Todos menos uno: un argentino que se llama:

Miguel.

-Sigmundo, amigo –me escribe en su correo electrónico- es divino lo que ofreces, yo quisiera intentarlo si a vos no os parece mal y aun mantenés ese ofrecimiento. Me ahogo sin remedio en mi country, no encuentro ni una solución minúscula a la situación que nos está ahogando: la gente y el estado se ha vuelto totalmente crazy: vivo un caos insolucionable. Si mantenés tu ofrecimiento celestial, yo aceptaría con ninguna duda y con gigantesco entusiasmo. Sería bárbaro comenzar una nueva vida en tu país porque el mío está totalmente dirty, podrido, hundido en fango, simplemente no va. De verdad que necesito escapar de esta miseria.  Además, la situación con mi family se está haciendo insostenible ya desde hace un tiempo para acá. Quisiera purificar mi alma junto a la de vos, te leo muchísimo, creo que eres un genio, un asombro. Estoy seguro que somos espíritus afines, que nos vamos a llevar de fábula: yo también soy creativo y tengo muchos planes que necesito desarrollar para mi crecimiento personal, pero es absolutamente necesario salir del país. En mis mejores sueños deseo que tu ofrecimiento siga vigentemente potente.

 

Pienso: el argentino se expresa un poco raro: soy un defensor del idioma español: odio que se intercalen palabras inglesas en la lengua de Cervantes: de entrada, no me cae muy bien: de todas maneras, no he de permitir que las trabas culturales venzan mi altruismo: quiero ayudar de verdad a alguien: implicarme: todos los habitantes del planeta somos hermanos: ha llegado el momento de dejar la casa de mis abuelos: independizarme: me iré a vivir a la zona turística: tomaré un apartamento: allí será donde me aloje con el argentino: trabajaré sin contrato en la discoteca: cuando el argentino venga, si no encuentra trabajo, le cederé el mío: eso será un alivio para él (en caso de que no tenga papeles de residencia): yo buscaré otro trabajo: le mantendré y dejaré que ahorre para que pueda independizarse desde que lo desee: no parece un mal chico: creo que me escribió hace bastante tiempo: me dijo que le había gustado mucho mi Relato sincero de una pared enamorada.

 

-Mi ofrecimiento sigue en pie –contesto- tú simplemente ven: no te preocupes por el dinero. Yo me ocuparé de ti, hasta que te puedas valer por ti mismo. Agarra el valor, ya que quieres cambiar de vida y país y ven. Aquí tienes a un hermano.

 

6.-Inmensamente triste e inmensamente feliz.

-Anoche estuve trabajando en una discoteca –le digo a la Virgen María, mi novia.

-¿Tú? ¿En una discoteca? ¿Y por qué?

-Joder. Porque no tengo trabajo, y en algo he de trabajar.

-Pero si tú nunca sales a discotecas.

-Ya, pero ahora trabajo en una.

-¿Y cómo lo conseguiste?

-Me llamaron por teléfono, era equivocado, estaban buscando a otro, pero finalmente les dije que yo también estaba buscando trabajo y me dejaron probar.

-Que raro ¿Y lo hiciste bien?

-Sí. Más o menos. También hay ahí uno que me ayudo.

-¿Qué te ayudó? ¿Por qué?

-Debí de caerle bien.

-¿Tú?

-Sí.

-¿Y por qué?

-No sé.

-¿Y donde es la discoteca?

-En el sur, en la zona turística.

-¿Allí?

-Sí.

-Yo no quiero que trabajes allí.

-¿Por qué?

-Porque esos sitios por la noche son un asco: no tienen nada de clase.

-Yo estuve anoche, y la verdad que no es para tanto: la gente está un poco borracha, pero eso es todo.

-Yo no quiero tener un novio camarero de discoteca.

-¿Por qué?

-Porque no es una profesión digna. Ni siquiera es una profesión: es para drogadictos: para acabados de la vida.

-Pero es que necesito un trabajo.

LE CUENTO LO DEL ARGENTINO, MIS DESEOS DE AYUDAR A ALGUIEN, DE IMPLICARME.

-Eso es una locura –anuncia cuando termino de explicarle.

-No ¿Por qué va ser una locura? Locura es que nadie nunca ayude a nadie.

-Pero si no lo conoces de nada.

-Por eso mismo, porque no lo conozco de nada no es una locura.

-Manda dinero a una ONG, apadrina un niño: pero alojar a un desconocido en tu casa y para colmo mantenerlo no es normal.

-Pues debería de ser normal. Yo quiero vivir en mi mundo, estoy harto del que me rodea. Y en mi nuevo mundo eso va a ser normal.

-A lo peor es un psicópata.

-¿Por qué todas las personas que no conozco deben de ser psicópatas?

-Además, si te vas a vivir a la zona turística nos vamos a ver menos.

-¿Menos que ahora? ¡Sí solo nos vemos cinco horas a la semana! De todas maneras yo vendré a verte cada día que libre. Y los días que quieras, tú puedes bajar a verme: podemos pasar el día en la playa o en mi apartamento: allí todos tienen piscina.

-Sig, yo no quiero que tú trabajes en la discoteca: me da miedo. Y a la mierda la piscina.

-No te tiene que dar miedo, hay un equipo de seguridad tremendo: es imposible que me pase nada: además, me conoces: no soy de los que se meten en líos.

-No sé si quiero que sigamos siendo novios.

ME SOBRECOJO: ME LO ESTABA ESPERANDO: SIN EMBARGO NO QUIERO CEDER:

-Cariño, con esta vida que he llevado hasta hoy no soy feliz. Nada feliz. Yo me voy a ir a trabajar a esa discoteca y a ayudar a ese argentino que no conozco de nada, incluso a toda persona necesitada que me encuentre en mi camino. Y no para ganarme el cielo: sino porque yo soy así. Pero, para colmo, lo voy a hacer divirtiéndome: trabajar en esa discoteca no es trabajar. No te puedo obligar que me comprendas ni aceptes mi nueva vida: sé que mis proyectos te suenan raros: así que, si me quieres dejar, hazlo. Aunque me abandones, siempre estarás en mi corazón.

-No, no te voy a dejar. No puedo: sabes que te quiero.

ME DICE TE QUIERO, ENTRE LÁGRIMAS, Y ESO ME HACE INMENSAMENTE TRISTE E INMENSAMENTE FELIZ.

 

7.- Camisetas y lenguas mojadas.

Discoteca.

-Esta noche hay fiesta de camisas mojadas –me anuncia Saki.

-¿Y en qué consiste?

-Las turistas se ponen camisetas que se transparentan con el agua para enseñar las tetas.

-¿Y qué les damos a cambio?

-Tres bebidas gratis y una camiseta a todas las que concursen. Y para la finalista, una botella de champagne.

-¿Y a la ganadora?

-Se supone que 1000 euros. Pero la ganadora es siempre la misma: ya la verás luego: es una lesbiana que trabaja de relaciones públicas en un bar de arriba. Le damos 90 euros para que haga como que no se espera ganar y chille de alegría cuando le entreguemos el cheque falso. Tiene buenas tetas y sabe bailar como una puta guarra.

-¿Y las turistas no se dan cuenta que hay tongo?

-¡Qué se van a dar cuenta! Las turistas no suelen quedarse más que una semana. Y ningún trabajador de la zona se atreve a decir nada porque sabe que se buscaría la ruina con nosotros.

 

Abre la discoteca: a las chicas les cuesta inscribirse, pero a medida que va pasando la noche y beben, se animan a hacerlo. A las 3:30 de la mañana ya tenemos 23 turistas: el encargado les hace pasar a un cuarto donde les entrega un número y la camiseta blanca del concurso: las chicas se cambian.

-Sig –me dice- trae la botella de After Shock y veinticinco vasos de chupitos.

Maldigo. Quería verlas cambiar: sólo hay una cosa que me ponga más caliente que ver a una chica quitarse la camisa y el sujetador: ver hacer lo mismo a veintitrés: voy hasta la barra, tomo la botella: la conozco bien gracias a los chupitos que me dio Saki la pasada noche: vuelvo a la habitación.

-Sírveles todos los chupitos que quieran mientras el freganchín lleva la piscina a la pista de baile. Mientras más borrachas estén cuando salgan, mejor.

Las chicas se abalanzan sobre mi: no, no para follarme: quieren beber: les sirvo los chupitos, algunas vomitan: pero sí, a los siete minutos, al tercer chupito, ya hablan con la boca descolocada, definitivamente, están preparadas para dar espectáculo.

-¿Crees que puedo ganar? –me dice una. Y me enseña las tetas

-Creo que sí -decimos, al unísono, yo y mi polla (que ya hace rato anda despierta)

Ella me sonríe como una zorra y yo me sonrojo. Quizá debiera hacer algo, no sé, bromear, besarla, algo: pero no sé qué es. Tampoco tengo tiempo para pensarlo: el disjokey anuncia que la competición de camisetas mojadas comienza: las concursantes gritan de emoción: los chicos que aguardan fuera se pelean por los mejores puestos que bordean la pista de baile mientras los miembros de Seguridad dan empujones: el freganchín ya alojó, en el centro, una cutre piscina de plástico azul. El camarero austriaco de sala (que se ha vestido para la ocasión únicamente con unas bermudas de flores) será el encargado de echarles, con una manguera, el agua por encima de las tetas para que la camisa se transparente hasta hacerse invisible. El disjokey grita:

-¡Tetas número 1!

Y la turista tetas número 1 sale del cuarto y entra en la piscina: la música se sube: el ritmo se mezcla con la emoción: suena la canción comercial de moda del momento: Yeah de Usher. La turista baila lo más sexy que se le ocurre: el austriaco abre la manguera: los chicos gritan de expectación: la turista es rubita, blanquita de piel, ojos pícaros y claros: no aparenta más de 17 años: la chica puede estar segura que nunca en su vida será más deseada que en este momento: todos están deseando que la camisa se transparente para verle las tetas y, cuando por fin sucede, las pupilas del público se dilatan para memorizar bien la forma de las tetas de la turista, la manera en que caen, rebotan y se mueven siguiendo a sus movimientos de baile: y aparecen sus pezones: chiquititos: pueriles: todos miran cómo son: tamaño y color: todos la miran con una suplica en sus ojos: ¿Puedo follarte un ratito, por favor?

-¿Por qué nos excitan tanto los pezones? –pienso- Yo también tengo un pezón, pero mi pezón no me excita en absoluto. Ni si quiera sé qué color tiene (anoto, mentalmente, mirármelo cuando llegue a casa: no sería apropiado hacerlo ahora)

La rubita desaloja la piscina para dejar paso a:

-¡Tetas número 2! –grita el disjokey

La número dos es una gorda: un absurdo al lado de la belleza de la primera: el público, decepcionado, chasquea los labios: pero la gorda es una putona que no desea pasar desapercibida ni perder la oportunidad de ganarse 1000 euros: antes incluso de que el austriaco comience a tirarle agua con la manguera, se quita la camisa y la falda: quedándose milimétricamente tapada con una tanga que descubre, al gran público, de que se trata de una gorda putona con chocho peludo: le quita la manguera al austriaco de las manos: agarra el borde y simula que realiza una mamada mientras comienza a bailar: ahora la gorda no parece tan fea: hasta tiene su encanto: tiene unas tetas gigantes: no se sabe donde termina la piel y donde comienza la grasa: cuando se agacha, al hacer un movimiento brusco de baile, parece que las tetas se le van a caer al suelo: miro al techo ¿Y si se cayera un foco de la discoteca a la piscina? La turista moriría electrocutada: imagino la llamada telefónica que recibirían sus padres a estas horas de la madrugada:

-Habla la policía: sentimos comunicarle que su hija ha muerto electrocutada  mientras practicaba una felación a una manguera en una competición de camisetas mojadas. Ha quedado tan achicharrada que les pedimos que pasen, por favor, por el depósito de cadáveres para identificar su tanga elástico.

-¡Tetas número 3!

La gorda desaparece y una morena de pelo largo y cuerpo estrecho entra en la piscina: está tan flaca que sus brazos parecen escobas articulables: casi no tiene tetas pero baila y se baja los mini pantalones que lleva puestos: enseñándonos su tanga negra: como su cabello: mete sus dedos bajo la tanga (¿ya no existen las bragas?) y simula que se acaricia el clítoris o la perla negra del corsario negro que le ha regalado Dios en su nacimiento.

-¡Oh Dios mío! –grita un turista- ¡Este es el mejor espectáculo al que he asistido en mi vida! ¡Y todavía quedan veinte chicas más!

Cierto. Veinte más: cuarenta tetas: todas deseables a su manera, algunas turistas más timiditas a la hora de mostrarlas y otras mucho menos. De todas maneras no hay ninguna como las de la lesbiana que trabaja en el bar de arriba: aparece de la nada: o por lo menos yo no la vi llegar: es rubia y muy bien dotada: una diosa de Atenas:)creo que es inglesa: además se trae a una amiga: hacen un número lésbico y todos los turistas aúllan de placer: sobre todo cuando una le chupa el culo a la otra: sin duda ellas serán las ganadoras sin que a nadie se le ocurra protestar.

 

 

 

Cuando termina la competición todos los hombres de la discoteca homenajean a la agricultura de la isla donde se encuentra la discoteca portando,

entre las piernas, el producto más famoso de su agricultura: el plátano canario en estado maduro: casi no podemos ni caminar ante semejante honor: algunas chicas, las recatadas, que no han participado y se han quedado tranquilamente bebiendo, apartadas, esperando que la pista de baile se desaloje huyen asustadas: nuestras miradas llenas de semen y deseo les asustan: sin embargo otras se quedan: es el momento más fácil de follarse al chico que han estado asechado durante toda la noche: las chicas de la competición van a las barras de la discoteca a pedir sus bebidas gratis: se sienten estrellas, no permiten que los chicos se acerquen a hablar con ellas: son Jennifer López, Britney Spears: tienen el ego inflado: no todas las chicas soportan, sin trastornos, que trescientos chicos las deseen, babeando, cuando suben a un escenario (o a una piscina): otras chicas han concursado sin el consentimiento de sus novios: algunas escenas de celos se producen: pero los novios no les gritan demasiado: ni siquiera fruncen el ceño en demasía: hay trescientas pollas acechando su ruptura: deseando que el novio diga una palabra fuerte o realice el amago de gesto violento para saltar sobre él y partirle la cara, tratando así de convertirse en el nuevo príncipe de la princesa que enseña las tetas.

LOS CIENTÍFICOS DEBERÍAN DE CENTRARSE EN INVESTIGAR EL CALOR DEL DESEO DESENFRENADO: ESTOY SEGURO QUE, A PARTIR DE SUS RADIACIONES, SE PODRÍA PRODUCIR UNA ENERGÍA ALTERNATIVA QUE MOVIERA COCHES Y PROPORCIONASE ELECTRICIDAD A CIUDADES Y NACIONES ENTERAS.

Yo también estoy muy salido: me enrollaría con cualquiera: pero sigo sin atreverme ni a mirar a una chica a la cara: sin embargo creo que esta noche Dios está conmigo: sospecho que hay una chica a la que le hago tilín-tilín: tiene el cabello negro guardado en media melena: no la vi en la competición de las camisetas mojadas: supongo que acaba de entrar: es de tez morena: no tengo ni idea de qué país pude ser: me persigue con la mirada: me estudia los labios: le gusto, sin duda: pero yo no le voy a hablar: soy muy tímido: ella me engancha del pantalón y me atrae hacía si: me besa: de improvisto.

ALELUYA

Es un beso largo, treinta segundos, me mete la lengua hasta que la frota con la mía: me desea: yo me siento en el cielo: cuando me suelto (y lo hago porque -aun en mi miseria de donjuán- quiero hacerme un poco de rogar) la miro a los ojos con agradecimiento: me brillan los ojos de amor: pero no consigo sostener su mirada: escapo: sin embargo sé que volveré: estoy embrujado: ella es una sirena que ha capturado mi corazón: del impulso llego hasta la barra de Saki: tengo que contárselo: si no, explotaré en mil pedazos de emoción.

-¡Saki! ¡He besado a una chica! ¡Por fin!

Saki se ríe.

-¡Ja, ja, ja! ¡Felicidades! ¿A quién? Maldito -pregunta con sorna- ¿No me habrás quitado a ninguna novia?

-A esa- le digo señalándola con el dedo- ¡A lo mejor me la follo!

-¿A esa? ¡Pero si es un tío!

-¿Cómo?

-¡Qué es un travesti, gilipollas!

Saki sale de la barra y saca al travesti a tortas de la discoteca. El travesti (antes sirena de mi corazón) me mira con tristeza.

-Has pagado la inocentada del principiante –me dice Saki cuando vuelve a la barra-. Ese tío viene a la discoteca siempre que hay competición de camisetas mojadas: sabe que es la noche en que los chicos andan más calientes por la discoteca: se llama Carlitos, es de Ecuador, trabaja en la cocina de un restaurante del pueblo de al lado: se pone un sujetador con relleno y viene a la discoteca a tratar de chupar pollas: nosotros no le dejamos entrar en la discoteca porque cuando los turistas descubren que se la acaba de chupar un hombre forman unos jaleos increíbles aquí dentro y no tenemos necesidad. Además da mala fama a la discoteca ¿Te la chupó?

-No. Sólo me pegó un morreo.

-¿Y te gustó?

-Joder. Yo pensaba que era una tía y estaba flipando de emoción. Su cara es de rasgos muy finos y además, no sabía que su sujetador guardara únicamente relleno.

-¿Quieres salir a pegarle?

-No, no.

-Pues vete al baño y límpiate la boca joder. No te puedo dejar solo ni un minuto, Sigmundo.

Me voy al baño: me limpio la boca: que vergüenza: me gusta ser besado por hombres si creo que son mujeres: ósea, sólo me gusta ser besado por mujeres: esto debería de demostrar que no soy maricón a ese psicólogo obseso que me perseguía cuando trabajaba en el gran centro comercial. Escupo mi saliva al lavabo: a lo mejor se la había chupado a alguien antes.

Y cuando salgo del baño vuelvo a ver al travesti. Ahora está con un marroquí cuarentón: le está comiendo los morros: no, no le voy a decir que ha vuelto, ni a Saki ni a Seguridad: le dejaré hacer: le saco una foto: quiero tener un recuerdo: el único hombre con el que me he morreado me está poniendo los cuernos en este mismo momento.

 

 

8.-En busca de silicona: reporteros de National Geographic en acción.

 

 Discoteca. Hora punta.

-¡¡¡Uhhhhhh!!! –grita Saki- ¡¡¡Yeahh!!! ¡Mañana es mi día libre!

-Qué bien.

-¿Qué te pasa Sig?

-Nada.

-¿Todavía sigues dándole vueltas al morreo que le diste al travesti? (ver capítulo anterior)

-No, no.

-¿Qué te pasa? ¿Estás triste?

-No. Nada. Es que no sé si estoy tomando la decisión correcta en mi vida: ya sabes...

-No. No sé.

-Definitivamente, no encajo en una discoteca. Aquí soy un Alien: todo me parece extraño. No soy buen camarero: se me cae todo de las manos, no conozco ni el nombre de las botellas... y luego está la noche: ya sabes que antes no salía nunca: todo esto me queda grande.

-No te irás a rajar ahora. Hasta estás aprendiendo inglés en un tiempo record.