Diario Secreto
de DESTRUCCIÓN

                                          por Sigmundo o Rafael Fernández

1.-De quién y de quienes

 

-¿Has dejado a tu novia? –pregunta Saki- ¿A la arquitecta? ¿Y por una turista de 17 años que no tiene donde caerse muerta? ¡Tú eres gilipollas!

 

Tengo 29 años.

No tengo estudios.

No tengo familia.

No tengo amigos.

Trabajo en una discoteca.

Me emborracho cada noche.

Quiero ser escritor.

Nunca he conseguido que me publiquen nada.

Mi futuro, visto a través de los ojos de Saki, no se presenta muy halagüeño.

Tengo más posibilidades de llegar a los cincuenta siendo un borracho esquizofrénico, que siendo un padre de familia ejemplar.

 

-Sí, la he dejado –contesto-. Y me da igual toda la estabilidad que me hubiera podido dar en el futuro. Me da igual todo el dinero del mundo ¡Yo quiero ser Henry Miller! ¡Yo quiero ser Chinaski! ¡Yo soy Bandini!

 

Y me giro, y me pongo a trabajar: dándole la espalda. Sé que, en lo que queda de noche, no me va a volver apetecer a hablar con Saki. Y también sé que se ha molestado conmigo: he nombrado a escritores (y personajes) de los que él no tiene ni puta idea: y lo he hecho para que se sienta inculto.

 

Los turistas empiezan a llegar a la discoteca. Hoy es viernes. Los viernes nos visitan, a primera hora, los estudiantes del colegio noruego. Suelen tener entre 16 y 19 años, y dinero: son hijos de papá. Sus padres los mandan a esta isla turística para que aprendan español mientras hacen el bachillerato. Pero ellos, por lo que he visto, no se dedican más que a emborracharse a drogarse y a follarse. Y las chicas suman a esas actividades las de ir a la playa y de compras por las tiendas de moda de la ciudad.

 

Les envidio.

 

Hay uno que me llama mucho la atención. No hay viernes noche que no venga a la disco. Es alto, muy pálido de cara y desgarbado: en definitiva, poco agraciado. Para colmo lleva el cabello como Michael Jackson cuando pertenecía a los Jacksons 5. Se ha dejado crecer el cabello a lo largo pero, como su pelo es muy rizado, le crece hacia arriba, amontonándosele sobre la cabeza igual que si llevara permanentemente un gran casco de moto compuesto por pelo púbico gomoso.

Su entrada en la discoteca siempre hace que los turistas se queden mirándolo. Su cabello llama mucho la atención. Impresiona y hace que todo el mundo deje de hablar, de beber, de bailar y no puedan hacer otra cosa que mirarlo. Y, tras esos segundos, los turistas, sus compañeros de clase y nosotros los camareros, estallamos en carcajadas.

 

Es un buen momento.

 

Los turistas continúan señalándolo con el dedo durante toda la noche, algunos, los más atrevidos se acercan a él y le sacan fotos. Él siempre posa a la vez que ríe.

 

No sé de que coño se ríe.

 

Sus compañeros de clase se apartan de él. Las chicas lo huyen. Siempre lo veo solo, caminando de un lado a otro de la discoteca, con un vodka naranja en la mano, mirando a la gente con una sonrisa en la cara.

 

Y la verdad es que nunca me ha parecido que le importe estar solo.

 

Esta noche no he podido más: me he acercado a él: y he empezado a hablarle rápido, con vergüenza, primero porque no quería que me vieran hablando con él (no quería que nadie pensara que yo era amigo de un tipo tan poco enrollado) segundo, porque no sabía si le molestaría lo que tenía pensado decirle:

 

-¿Por qué no te cortas un poco el pelo? ¿Por qué no lo engominas y lo aprietas hacia abajo? -le pregunto.

-Noooo. Me gusta tener el pelo así.

-¿Por qué?

-Me gusta.

-Joder. Pero la gente se ríe de ti, hasta te sacan fotos de lo ridículo que se te ve ¿Es que no te das cuenta? Y las chicas no quieren estar contigo ¿Es que no quieres tener novia? A todo el mundo le da vergüenza acercarse a ti a no ser que sea para reírse o sacarte una foto. Incluso estoy seguro que en el colegio todos te evitan ¿Verdad?

-Sí.

-¿Y no estás harto? –pregunto sorprendido.

-No -contesta.

-¿Pero por qué?

-Porque así evito que se me acerque la gente estúpida ¿Me guardas un secreto? Creo que la gente que se ríe de mí y me evita sólo porque yo lleve el pelo de esta manera no vale nada. Es una suerte que esas personas se mantengan alejadas de mi y que sólo se me acerquen para sacarme una foto y hacerme una broma.

 

Le miro.

Este tío me ha dado una buena bofetada.

Y me la merezco.

Con 17 años tiene, más personalidad, que yo a mis 29. Y a mis 30, y a mis 31 y a mis 32...

Este tío es Sidharta.

 

-Por favor -le digo- a partir de esta noche, siempre que vengas a esta discoteca pídeme las copas a mi. Te pasaré gratis todas las que quieras. No puedo más que sentir admiración y respeto hacía ti. De verdad.

 

-Deja -contesta-. No es necesario, tengo dinero.

 

Agacho la cabeza: me voy: humillado.

 

Y cuando, a lo largo de la noche le miro y él también lo hace yo no puedo más que seguir bajando la cabeza o huir, avergonzado, fijando mi vista hacia otra gente o hacia los espejos de la discoteca que me reflejan: y, entonces, no logro ver más que a gilipollas.

 

Pero lo mejor es cuando vuelvo a ver a un turista sacarle una foto y él posar riendo. Por fin sé de qué se está riendo.

 

De quién y de quienes.

 

 

2.-Segunda noche sin la turista pelirroja: el poeta sin glóbulos rojos en la cabeza: un espíritu de Satanás en mi cuerpo: soy Indiana Jones: ahora entiendo porque el Guerrero del antifaz odiaba a los moros.

 

Estoy colocando las sillas: faltan cinco minutos para que la discoteca abra sus puertas: Saki se me acerca:

 

-Hoy libra el dueño. Esta noche tengo que hacer su trabajo.

-Ah ¿Dónde quieres que trabaje yo entonces? ¿En tu barra?

-Sí, pero también vas a tener que supervisar la discoteca, tengo que salir a un sitio...

-¿Qué yo haga de encargado? ¿Yo? ¡Pero si no llevo ni dos meses en la discoteca!

-Sig. Yo confió más en ti que en toda la panda de desgraciados rastreros que trabaja aquí. De todas maneras no te preocupes. Lo único que tienes que hacer es servir las copas y echar miradas a los demás, como si estuvieras asechándoles.

-¿No se molestaran?

-Seguro. Pero nadie se va a atrever a decirte nada. Voy a dejarles bien clara cual es la situación antes de irme.

-¿Y tardarás mucho en regresar? ¿A dónde te vas?

-Sí, esa es otra. Necesito me dejes las llaves de tu apartamento.

-Claro amigo pero ¿Para qué?

-Me he ligado a una india multimillonaria. Como esto salga bien dejo la discoteca.

-¿Y tu novia?

-Esta india es multimillonaria ¿No entiendes esa palabra?

-Claro.

Extiendo, hacia su mano, las llaves de mi apartamento: y pienso en las pocas ganas que tengo de quedarme de responsable de la discoteca: ¡Yo! ¡Si no tengo ni idea de nada! ¡Si jamás había pisado una discoteca hasta que empecé a trabajar aquí! ¡Si soy un blando!

 

Saki me da la mano y se va: le veo hablar con todos los empleados de la disco (seguridad, disjokeys, camareros, freganchines, relaciones públicas): oigo como les dice que, hasta que él vuelva, yo soy el que manda: todos asienten con la cabeza: nadie parece molestarse (si sorprenderse) de que el recién llegado haya conseguido que le pongan de jefe durante unas horas: todos, menos el camarero austriaco que, al oír las palabras de Saki, no asiente sino que se queda mirándome, fijamente, con la cara crispada de odio: y, desde que Saki sale por la puerta, decide acercarse a la barra donde trabajo para decirme:

 

-¿Qué? ¿Se la chupas a Saki?

Siento una rabia infinita subirme por la garganta: tengo que contestarle con algo: como mínimo decirle, en tono jefe, que se ponga a trabajar: pero no lo hago: me bloqueo: me da miedo: mis manos tiemblan al pensar en el enfrentamiento que vendría después de decir eso: soy un cobarde: me doy asco: me giro sin decirle nada: noto su sonrisa a mi espalda (su satisfacción ante la victoria): me pongo a pasar un trapo sobre las botellas: soy más mujer de la limpieza que jefe de discoteca: y tiemblo: menuda mierda soy.

Es la hora: la discoteca abre sus puertas: el disjokey pincha la música del momento: o sea, la que más pagan las discográficas para que la pongan por Mtv: se empieza a llenar la discoteca: una discoteca turística es un negocio fácil: los turistas siempre beben: es parte de su comportamiento: no son como los españoles, que salen por los pubs y a lo mejor no beben nada en toda la noche: los turistas beben todo el rato: casi sin parar: no aguantan sentarse en un pub o disco sin tener una copa llena en las manos: más aun si son irlandeses o ingleses: y, cada copa, cuesta seis euros mínimo: eso es casi lo que cuesta una botella entera del licor que hayan pedido: pagan y no protestan: y nosotros, los empleados, casi no proporcionamos gastos: nos hacen firmar contratos (y al que le hacen) como si trabajáramos de extra durante cuatro horas, tres días a la semana: y trabajamos diez horas, durante seis o siete días a la semana.

Se acerca a la barra uno de los relaciones públicas de la discoteca: es inglés: me hace señas para que me acerque: está acompañado de una chica muy mona y de un niño de no más de 15 años.

 

-Sig. Esta es mi novia y su hermano. Han venido de Inglaterra esta misma tarde para quedarse conmigo un mes. Tú sabes que tengo que estar por ahí arriba buscando gente que traer a la disco. Así que, hasta que la discoteca cierre, no voy a poder estar con ellos ¿Te importa echarles un ojo desde la barra de vez en cuando? Me da miedo dejarlos en la disco solos.

 

-Claro –respondo comprensivo- Trabaja tranquilo, que yo cuido de ellos ¿Queréis beber algo?

 

El relaciones públicas se va: ellos me piden algo que beber y se sientan en la barra: les sirvo las bebidas y les digo que es gratis, que no tienen que pagar nada, cuando me preguntan cuanto es: pero ella se empeña en pagar y en dejarme una propina de veinte euros: le digo que ni hablar: pero ella me sonríe mirando a los ojos muy dulcemente y, aunque odio esa propina, me quedo embobado con el billete de veinte en la mano: la chica es muy guapa: y qué tetas: menuda suerte tiene el relaciones públicas: qué cabrón que se la folla todos los días.

Son las tres de la mañana: la discoteca está llena: no paro de servir copas: Saki no ha regresado: he decidido pasar de hacer lo que él me ordenó: lo de asechar a los empleados: paso: que cada uno haga lo que quiera: si quieren robar que roben: que ya nos roba bastante el dueño con sus contratos basuras: al único que sí que asecho es al camarero austriaco: le veo un par de veces cobrando de más a los turistas: dando mal las vueltas a los turistas ingleses (los ingleses, al no tener el euro como moneda oficial, son fáciles de estafar): cobrando bebidas sin hacer la comanda: tocando culos y tetas de turistas que están solas y no lo desean: debería decirle algo: pero no me atrevo: soy un cobarde. 

-Tú buen jefe –me dice uno de los freganchines- Tú buen jefe.

Un nigeriano de seguridad (dos metros de puro músculo) me trae a un tipo-poca-cosa agarrándolo por el cuello de la camisa: casi lo está estrangulando, el tipo-poca-cosa tiembla, asustado.

 

-Él entrar en la disco y nunca beber. Él decirme que beber hoy. Yo esperar si no comprar bebida, yo pegar.

 

El tipo-poca-cosa, como si la vida le fuera en ello, rebusca en la profundidad de sus bolsillos: saca dos monedas de un euro: no tiene nada más: con dos euros no le alcanza para pagar ninguna bebida de la discoteca: ni agua: pero me da pena y le digo al de seguridad que (por favor) lo suelte: le sirvo una jarra de cerveza: él hombre se sienta en una de las butacas de la barra y no deja de mirar la espalda-pared del nigeriano hasta que la ve desaparecer por la entrada de la discoteca: entonces por fin noto su rostro relajarse: me mira y ve la cerveza que acabo de servirle: me da los dos euros pero yo se los rechazo: he visto como los sujeta: no hay que tener un título de psicología ni ser Sherlock Holmes para saber, con tan solo mirarlo, que este hombre no nada precisamente en la abundancia del dinero: huele mal, como si desde hace días no pudiera dormir bajo techo o en cama propia: viste con el uniforme internacional de camarero (camisa blanca y pantalones negros): debe de trabajar en uno de los restaurantes de los millones que hay arriba: donde pagan una mierda: donde sólo trabajan inmigrantes sin papeles: ese trabajo es el único que debe de haber encontrado: este hombre tiene más de cuarenta años: sus mejores años, en el supermercado laboral, ya los ha dejado atrás: ahora se encuentra en un callejón sin salida.

 

-Gracias –me dice.

La novia del relaciones públicas no deja de mirarme mientras sigo sirviendo copas: qué buena estás cabrona: deja de mirarme que, como sigas haciéndolo, voy a tener que trabajar con una erección: tener una erección me nubla mi capacidad matemática: me es imposible sumar y comienzo a equivocarme con los precios: a cobrar o de menos: ¿Por qué me miras? No estoy bueno: bueno, la verdad es que ya no estoy tan gordo: lo he visto en una foto que me sacó la turista pelirroja en la playa:

aunque salgo metiendo barriga: estoy algo fofo pero eso lo arreglaré con el gimnasio: ya voy todos los días: quiero ser Saki: tengo que estar perfecto para cuando vuelva la turista pelirroja: ¿volverá? no me ha llamado: no me ha llamado: no me ha llamado: no me ha llamado: ¿Por qué? Quizá le ha surgido algún problema: tiene que ser eso: es normal que no me llamara el primer día (rompí mi teléfono al dejar a la Virgen María) pero al segundo día ya tenía flamante móvil nuevo y le mandé un mensaje con mi nuevo número: en mi teléfono sólo tengo un número: el suyo: y no me llama: no me llama: no me llama: no me llama: y tampoco responde a mis llamadas ¿Por qué?

Miro al pobre hombre de la cerveza: la ha apartado: ¿Qué hace?: se ha abstraído: ha sacado un bolígrafo: está escribiendo en los reversos de los posavasos: tacha, pierde la vista en la profundidad infinita del papel en blanco: escribe rápido: se detiene: continua: refunfuña: sonríe: piensa: razono: yo sé que es eso: está escribiendo: compone un texto.

 

 

El camarero austriaco, con ojos de serpiente, se acerca a la novia del relaciones públicas: él comienza a hablarle, ella no le presta atención: le ignora: el camarero como venganza por su indeferencia, para despecharse, le aprieta una teta: el hermano (quizá envalentonado por el alcohol) le empuja: el camarero austriaco le mira con sorna: levanta la mano para pegarle: ¡No se atreverá!: le da un bofetón: un bofetón seco: y se va.

 

Soy un cobarde: no he hecho nada: y, cuando ellos me miran, me giro: para tratar que no sepan que sí que lo he presenciado todo: lo vi todo y no hice nada: soy una mierda: pero es que no lo puedo evitar: tengo miedo: estoy temblando...

 

Me acerco al hombre de la cerveza.

 

-¿Qué haces?

-Estoy escribiendo -responde con un hilo de voz.

-¿El qué?

 

Me mira con miedo y vergüenza: conozco muy bien esa mirada: él es como yo: le da vergüenza decir que escribe: le da vergüenza decir que escribe porque los hombres que escribimos, si no somos ricos y ganamos dinero con ello, nos avergüenza confesarlo: es que cuando lo hacemos nos miran como gilipollas: más aun si se lo confesamos a otro hombre: nos tachan de niñitas: nos miran a la cabeza y piensan que las tenemos llena de pájaros y alas de mariposas: que tenemos envidia a las mujeres porque ellas pueden llevar compresas y nosotros no.

 

-Escribo un poema.

-¿Sí? ¿Sobre qué?

-Sobre los hombres. Yo creo que aunque pusiéramos a todos los gobiernos e individuos que adoran el dinero en un edificio y lo hundiéramos no se acabarían las injusticias en el mundo: la solidaridad no puede reinar hasta que la raza humana desaparezca del planeta.

 

Me sorprendo: este hombre es un genio: y yo pensaba que era un decrépito: menudo pensamiento para un poema: me muero de ganas por leerlo.

 

-¿Puedo ver lo que has escrito?

-No ¡No hasta que lo termine! –gime con una voz muy dulce.

-Vale. No te preocupes: te entiendo.

-Pero tengo poemas terminados –dice sacándose posavasos de la camisa- estos, sí los puedes leer.

 

Leo uno de ellos: escribe con una caligrafía confusa y con muchas faltas de ortografía: pero uno de sus versos me impacta: está en el centro: es bueno: joder, creo que es jodidamente bueno: leo el poema desde el principio: para ello tengo que ordenarlo un poco mentalmente:

 

“A veces la vida, nos lleva confundidos

y las preguntas se quedan sin respuestas

(a veces, las cartas se quedan sin responder)

Cuando la lluvia cae en el cielo gris,

el viento mueve los ojos muertos y los pájaros callan

(...)

Pincha sobre el papel si quieres leer el resto del poema (escrito con su puño y letra)

 

-Joder –mascullo- es bueno.

 

-Ahora ya no escribo tan bien: es por culpa de los glóbulos rojos de la cabeza: se me están acabando.

 

-¿Qué dices?

 

-Antes tenía muchos glóbulos en la cabeza pero desde que trabajo en el restaurante chino, como no puedo comer más que carne humana, se me están acabando.

 

-¿Qué comes carne humana?

 

-Los chinos para los que trabajo se creen que yo no lo sé. Pero sí que lo sé: ellos preparan carne humana con salsa agridulce: la carne humana es buena para bailar: si comes mucha carne humana bailas muy bien, pero para la poesía comer carne humana resulta fatal: porque se te come los glóbulos rojos de la cabeza.

 

El camarero austriaco se acerca a la barra.

 

-¿Qué haces? –me grita- ¿Por qué no estás trabajando?

 

Debería decirle que se supone que el jefe soy yo: que cómo se atreve a preguntarme ni a echarme en cara porque no estoy trabajando cuando él no hace otra cosa que robarle a la gente y meterle mano a las chicas igual que un degenerado: pero no me atrevo: me callo: y me odio: me odio: me odio: me odio...

 

El camarero austriaco agarra, para leerlo, el posavasos donde el hombre de la cerveza está componiendo su poema nuevo: el poeta trata de recuperarlo: el austriaco le pega un puñetazo en el hombro: el poeta, asustado y confuso, se queda sentado en la butaca: el camarero austriaco trata de leer el poema, pero no entiende nada: si para mi, que soy español, me cuesta entender su letra, imagino que para él resulta tarea imposible.

 

-¿Un poema? –reconoce el camarero austriaco- ¡Menuda mariconada!

 

Y lo rompe.

TODO PASÓ MUY RÁPIDO: VI LA CARA DEL POETA DESCOMPONIÉNDOSE, RASGÁNDOSE DE DOLOR AL MISMO TIEMPO QUE EL CAMARERO AUSTRIACO RASGABA SU POEMA: VI, EN LA MIRADA DEL POETA, REFLEJADA MI PROPIA EXISTENCIA: MIS PROPIAS FRUSTRACIONES: MI PASIÓN POR LA LITERATURA: ÉL ES MI FUTURO: YO SERÍA ÉL DENTRO DE UNOS AÑOS: NO, MENOS: YO NUNCA ALCANZARÍA SU GENIO: PORQUE ESE HOMBRE ERA UN GENIO: UN GENIO PURO: LA VIDA, EN LOS CUARENTA AÑOS QUE LE LLEVA TORTURANDO NO HA CONSEGUIDO ARRANCARLE LA LITERATURA DE ADENTRO: SÍ, SE HA ACOSTUMBRADO A VIVIR CREYENDO QUE ES UNA MIERDA: VIVE EN UNA LOCURA: COMO YO: NO SE DA CUENTA QUE ES SUPERIOR A TODOS LOS BORREGOS QUE LO RODEAN EN ESTA DISCOTECA: BORREGOS QUE NO VEN NADA MÁS QUE MATERIA: LOS OJOS DEL POETA SON INFINITOS: LOS OJOS DEL POETA SON LOS ÚNICOS CAPACES DE VER HADAS NADA MÁS DESPERTARSE: EN LOS OJOS DEL POETA VEO EL COSMOS... 

...TOMÉ LAS DOS OREJAS DEL AUSTRIACO: LO HICE MUY, MUY, RÁPIDO: NO ERA YO QUIEN ESTABA DENTRO DE MI CUERPO: YO ERA EL AGENTE OSBORNE: UN ESPÍRITU DE SATANÁS ME HABÍA POSEÍDO: YO ERA UN AGENTE ASESINO DE LA KGB: HICE, LO QUE HICE, MUY RÁPIDO PERO, AUN ASÍ, ME DIO TIEMPO DE VER AL POETA MIRÁNDOME FELIZ: A LOS DE LA SEGURIDAD DE LA DISCOTECA MIRÁNDOME SORPRENDIDOS SIN TODAVÍA SABER CÓMO REACCIONAR: LA NOVIA DEL RELACIONES PUBLICAS MIRARME SIN ENTENDER EL MOVIMIENTO VIOLENTO QUE ME DISPONÍA HACER: Y EL AUSTRIACO MIRARME CON MIEDO: PORQUÉ ÉL SÍ QUE SABÍA LO QUE YO IBA A HACERLE: ÉL LO SABÍA MEJOR QUE YO: ÉL LO SABÍA PORQUE CONOCÍA LA MALDAD MEJOR QUE YO: AGARRÉ SU CABEZA POR LAS OREJAS Y, DE UN GOLPE SONORO, SE LA CHOQUÉ, CON TODAS MIS FUERZAS, CONTRA LA BARRA: SONÓ UN CRACK: UN GRAN CRACK: UN CRACK DE PUTA MADRE: Y, CUANDO YO, ASUSTADO, QUITÉ MIS MANOS DE SUS OREJAS ÉL LEVANTÓ SU CABEZA: PERO SÓLO UN POCO: LA BARRA ESTABA LLENA DE SANGRE: SU NARIZ ROTA: SU BOCA CHORREABA SANGRE: ME MIRÓ ASUSTADO: MUY ASUSTADO: ENTONCES LLEGARON LOS DE SEGURIDAD: PENSÉ QUE ME IBAN A PEGAR, PERO NO: LE AGARRARON: UNO, INCLUSO, LE PEGÓ UNA COLLEJA.

-¿Qué estaba haciendo este? -me preguntaron.

-Le pillé robando –acerté a decir.

 

Miro para ver si él camarero austriaco se defiende: pero no: no puede: porque el golpe lo ha dejado medio grogui: flotando por el espacio.

 

Los de seguridad se lo llevan: no sin antes mirarme con sorpresa: les veo pensar:“Menudo tipo duro es este Sig, no deja pasar ni una”: y lo sacan de la discoteca: lo tiran sobre la acera y le gritan que no vuelva hasta mañana: hasta que el dueño solucione el problema: y le hablan como si él fuera una piltrafa: y eso está bien: porque él es una piltrafa.

 

...

 

Me dirijo al baño: me ha salpicado: tengo sangre en la cara: necesito lavarme: mientras camino, me fijo que todos los empleados y trabajadores de la zona turística me observan asombrados: mi actuación les ha dejado con la boca abierta: están sorprendidos: siempre me ven tan tranquilito, tan niño bueno, tan cobarde, que ahora no logran relacionar con mi persona la acción violenta que acabo de hacer: todos me miran: sé que me he ganado el respeto de todos: que preferirán no tener problemas conmigo en el futuro: soy un tipo peligroso: conmigo es mejor no meterse porque, hace un rato, casi mato a una persona.

 

Me miro al espejo: me limpio la sangre: estoy orgulloso de mi mismo: ¿Qué la violencia no es solución?: a veces sí que lo es: ¡Y qué bien sienta!: no, no lo es: nunca más volveré a hacer algo igual: ¿y si lo hubiera matado?: tengo mucha sangre en la cara: su sangre: un chorrito de sangre salió despedida de su nariz hasta mi cara: la sangre señaló al culpable: tengo mucha sangre: tengo que salir fuera y mirarle: sacarle una fotografía: esto tengo que recordarlo: ponerlo en mi página web.

 

Y lo hubiera hecho si, en ese momento, no hubiera entrado la novia del relaciones pública en el baño...de los tíos ¿Cómo se atreve?

 

-¿Estás bien? –me pregunta.

-Sí.

 

(Y entonces, la expresión de su cara, me cuenta que ella cree haber sido la causante de lo sucedido: que piensa que machaqué la nariz del austriaco porque antes se atrevió a tocarle la teta)

 

-Esto no tuvo nada que ver contigo...

 

(Empiezo a decir)

 

Pero ella, con ayuda de papel de baño, comienza a limpiarme la cara: y, en mi garganta, detengo las explicaciones: me siento en el cielo... me dejo hacer... ella se acerca a mi boca: la besa: y soy un cabrón, lo sé: pero abro la boca: y me besa dulcemente: y el cuarto de baño es blanco: su cara es blanca: nuestras lenguas son blancas: todo es blanco: y, durante los segundos que dura el beso, el mundo entero se me antoja perfecto.

 

...

 

Perfecto hasta aquí.

Ojalá hubiera podido poner aquí el punto y final a este episodio.

Porque, justo en ese momento, Saki entró en el baño y la echo de allí como si fuera una puta y a mi me gritó que qué diablos había hecho y yo se lo conté más o menos como pude, atropellando las palabras pero, eso sí, sin perder la suficiente sangre fría como para omitir lo del poeta: reafirmé mi versión de que había pillado robando al camarero austriaco y, además, que lo había visto pasándose con las turistas: que le tuve que romper la nariz porque pensé que me iba a pegar pues, mientras recriminaba su comportamiento, levantó un puño: y él me dice que estoy loco: que ahora el dueño se va a enterar que él no estaba en la discoteca: que hay que prepararle una coartada: que se han tenido que llevar al camarero austriaco al hospital: que había perdido el conocimiento: pero ya no le noto enfadado: hasta me mira con cariño: con satisfacción: porque sabe que al fin me he portado como un hombre: que he dejado de ser un niñito cobarde y he hecho lo que, desde hacía tiempo, debería de haber hecho: ahora si que no le va a dar vergüenza decir, en voz alta, que es mi amigo.

 

Sin embargo, lo que me rompió el corazón fue que el relaciones públicas (el novio de la chica con la que me besaba) estaba en la puerta del baño: y apuesto, uno contra siete, que vio como Saki interrumpía nuestro beso: y sí: nos vio: no hay más que ver como me mira ahora: si no se atreve a decirme nada es porque habrá visto, allá fuera, en qué estado se han llevado al hospital al primer tipo que pego en mi vida: doy miedo: soy un asesino: del baño está saliendo un asesino: y la chica está a su lado: y su mirada ¡Cuánto habla su mirada! me confirma lo que ya sé: que sí: que nos ha visto: y yo, simplemente, no sé qué hacer: qué decir.

 

Saki se mete en la barra y yo reemplazo la baja del camarero austriaco en la sala: es extraño pero, ahora cuando le pregunto a los turistas si quieren beber algo todos contestan rápidamente que sí: creo que se piensan que si me dicen que no voy a estrellar sus cabezas contra las mesas: la novia del relaciones públicas se me acerca varias veces, pero yo siempre la rechazo y me alejo de ella: me siento fatal por haberla besado: me da tremenda pena el relaciones públicas: recuerdo cuando se me acercó a la barra, a primera hora, tan enamorado, tan buena gente pidiéndome que cuidara de su novia y su hermano: y yo me la morreo en un cuarto de baño: menuda mierda: como se me pudo ir tanto la cabeza.

 

El poeta se va, me da unos poemas de regalo:

 

 

 

 

 

 

le digo que vuelva cuando quiera que, siempre que me vea en la barra beberá gratis.

 

-No sé si podré volver -advierte mientras se despide- Comer carne humana me está haciendo demasiado carnívoro y empiezo a tenerme miedo.

 

...

 

8:00 AM.

Discoteca cerrada.

Ya he hecho la caja.

Pido permiso a Saki para irme.

-Sí vete. No sea que me rompas la nariz también a mi.

Río. Y entonces recuerdo:

-¿Qué tal te ha ido con lo de la india?

-Le he dado polla para un mes: si de esta no se enamora es porque no se enamora en la vida.

-Bueno, ya veré si es verdad lo que me dices: a ver como me has dejado el dormitorio.

-No hemos follado en el dormitorio: hemos follado en el suelo.

 

Y me voy de la discoteca, pensando cómo de grande tendrá la polla Saki hasta que, al mirar a la acera de enfrente, me olvido de la polla de Saki.

 

Sentados, sobre la acera, veo a un grupo de gente: conozco a la que está en el centro: es la novia del relaciones públicas: esta llorando: y el hermano está a su lado, ido: me acerco a ella: el rimel de sus ojos se ha corrido: le veo la piel magullada: se me pone la piel de gallina.

 

-¿Qué te pasa? 

 

Ella, al descubrirme, estalla en sollozos.

 

-Han intentado violarla –me dice el hermano.

-¿Qué?

-Conseguimos escapar –aclara.

-¿Y el relaciones publicas?

-Nos ha dejado tirados –me dice ella- Se ha enfadado mucho conmigo...

 

(y me mira para preguntarme, sin palabras, nuevamente con su mirada, si hace falta que me expliqué la razón de porqué su novio se ha enfadado)

 

...no tenemos donde ir

 

Miro a su alrededor: no hay más que marroquíes tratando de consolarla: mentira: hacen como si quisieran consolarla, pero no es eso lo que quieren: lo que quieren es tocarla, manosearla, follarla... les odio: les odio por ser tan repugnantes: ahora entiendo porque el Guerrero del antifaz los mataba a montones.

 

-Apartaos...

 

(les digo a los marroquíes)

 

...venid conmigo

 

(les digo a la novia del relaciones públicas y a su hermano)

 

Y los marroquíes se apartan mientras me miran como si ellos fueran perros a los que estoy quitando la comida de la boca y ella me agradece (con la mirada, como no) que le tienda la mano y debo de confesar, aunque quede fatal que, en ese momento hasta me alegro que la hayan tratado de violar porque, mientras caminamos hasta la estación de taxis, me siento como Indiana Jones cuando liberó a todos esos niños del templo maldito. 

 

Soy un héroe.

 

3.-Tercera noche sin la turista pelirroja: el exterminador de moros y la Virgen María en la discoteca

 

-¿Y te follaste a la novia del relaciones públicas?

 

-No –contesto a Saki- Al final ni entraron en mi apartamento. Apareció el relaciones públicas, empezaron a gritarse y a insultarse melodramáticamente. Ya sabes "fuck off" por aquí y "fuck off" por allá, mientras se echaban a la cara un montón de cosas. Yo pensé que iba a tener que pelearme otra vez pero de pronto comenzaron a abrazarse y se fueron todos juntos.

 

-¿Y no te dijo nada el relaciones públicas?

 

-Nada. Bueno, me dijo que yo era un buen chico.

 

-¿Y por qué?

 

-¡Yo qué sé! ¡A saber lo que le dijo la novia!

 

-¿Pero a ti te hubiera gustado follártela?

 

-Si me la hubiera llevado a mi apartamento yo no habría hecho nada por follármela, es decir, me hubiera mostrado simpático y encantador a tope para ver si caía pero nunca hubiera dado el primer paso, nunca me hubiera acercado a ella más de la cuenta a no ser que ella se acercara primero a mi. Eso sí, lo reconozco, lo primero que hice cuando me dejaron y subí hasta mi apartamento fue masturbarme pensando en ella.

 

El jefe, con los ojos ya de pastillas, entra en la discoteca, nos ve: me sonríe como un padre que ve a su hijo preferido y se acerca hasta nosotros: me habla:

 

-Sig, no te preocupes más por el camarero austriaco. Saki me contó que le sorprendiste robando anoche y estoy muy contento que hayas asumido tu parte de responsabilidad en la discoteca. En esta discoteca hay que machacar a las cucarachas cuanto antes porque si no lo hacemos terminarían por machacarnos a nosotros.

 

(Sí -pienso- por eso le machaque la cara. Y –sigo pensando- si yo fuera por la vida machacando las caras de los ladrones, la de mi jefe debería de haber estado machacada ya desde hacía un buen tiempo)

...

 

01:00 AM. La discoteca está a tope: no paran de entrar turistas: hoy el freganchín que trabaja todos los días con nosotros ha librado (tras un mes sin que se lo hayan permitido) y, en su lugar, ha venido otro, también marroquí, pero este pasa de trabajar, quizá por lo poco que le paga el jefe (25 euros por las diez horas de trabajo).

 

Y lo cierto es que para que las barras puedan seguir trabajando tengo que, además de hacer mi trabajo, ayudarle: recoger vasos, fregarlos, traer hielo, reponer bebidas... y mientras trabajo intentando igualar la velocidad del sonido veo al nuevo freganchin sin hacer otra cosa que hablar con sus amigos, fumando cigarrillos, riéndose y tratando de ligar con las turistas.

 

Hay un tipo que se me acerca todas las noches: gordito, bajito, cabello corto, rizado y moreno: es un desequilibrado, sin duda. Sé que trabaja de camarero en un pub de arriba, sin embargo, todas las noches, tras cuatro Arehucas con cola me cuenta la misma historia:

 

-Yo realmente pertenezco a un comando infiltrado de exterminación de moros. Estoy aquí ojeando. Si veo a uno que no me guste, lo señalo y lo matan fuera de manera que parezca un accidente ¿Entiendes?

 

-Sí. Claro.

 

-Tú eres listo. Tú vas a ser uno de nuestro comando ¿Te gustaría?

 

-¿Pagan bien?

 

-Claro. Somos un comando secreto pagado por el gobierno central de Madrid. Todo es secreto y financiado con dinero público para la lucha contra el terrorismo.

 

-¿Tendré que fregar allí?

 

Y en ese momento, mis ojos me advierten de una cara conocida que, sin embargo, no consigo reconocer: una cara que no deja de mirarme: de observar como friego los vasos en el fregadero de la barra ¿Quién?; la miro: la boca se me abre: ¡Claro que sé quien es!: lo que pasa es que no la reconozco por estar en este sitio ¡Joder! ¡No puede ser! ¡No ¡Mi ex! ¡La virgen María en la discoteca!... está con su hermano, sin duda él la ha traído ¡Qué tonto fui cuando pensé que ya no volvería a verla a no ser que yo quisiera! ¡Olvidé que le había dicho el nombre de la discoteca donde trabajo!

 

-¿Por qué no contestas a mis llamadas? –dice como saludo.

 

-Es que no tengo teléfono -anuncio tratando de controlar el temblor que me provoca verla y que me vea de nuevo (¿estaré guapo?)- Lo tiré.

 

(Me mira enfadada)

 

-¿Y porqué no tiraste sólo la tarjeta telefónica? ¡Era un teléfono caro! ¡Te lo regalé yo!

 

-En ese momento no pensaba con la cabeza.

 

-¿Y cuando has pensado tú con la cabeza? –me grita señalando los vasos que tengo en mis manos- ¿El día que decidiste dejar los estudios? ¡Para esto! ¡Para terminar fregando! ¡Eres freganchin!

 

-No... eh...

 

-¡A esto te han conducido tus sueños de ser escritor! ¿Te das cuenta?

 

-No, de verdad que no. No soy freganchin. Soy camarero.

 

(Se ríe: y lo hace de esa forma que no deja lugar a dudas que lo hace de mí)

 

Se acerca el dueño de la discoteca, pregunta:

 

-¿Pasa algo Sig? ¿Te está molestando esta turista?

 

-¿Y quién es el drogata este? –me pregunta la virgen María.

 

-Mi jefe -respondo.

 

Entonces mi jefe le mira tratando de encontrar estupor en su cara, buscando disculpas con las que empiece a atragantarse pero, a cambio, la Virgen María le grita:

 

-¡Tú lo que eres es una mierda! ¿Por qué tienes a mi novio fregando vasos? ¿Quién te crees tú que eres? ¡Explotador! ¡Eso es lo que eres! ¡Un explotador! ¡Mi novio vale un millón de veces más que tú!

 

-Oiga señorita... -replica el dueño sin saber como terminar la frase.

 

(El jefe está irreconocible: yo pensé que se iba a enfadar, llamar a seguridad pero mi ex le infunde respeto: sin duda ella, con su presencia y personalidad, lo ha doblegado)

 

-Vámonos de aquí Sig. Ya has hecho el tonto por bastante tiempo.

 

Y me tiende la mano. Y estoy tentado de agarrársela, e irme de la disco, de esta vida, volver a casa de mis abuelos: a mi vida de reprimido.

 

-No –digo.

 

-Sig, cambiaré. Cambiaré por ti. Sé que todos nuestros problemas derivan del plano sexual. Pero cambiaré, lo prometo... Esto es una locura... me he pasado días llamándote por teléfono y luego enfadada he borrado tu teléfono de su memoria: me he prometido que nunca más voy a llamarte...pero luego me arrepiento y llamo a alguna amiga mía para que me lo vuelva a dar y, entonces, lo anoto en un trocito de papel, con números bien grandes. Pero acto seguido me arrepiento otra vez y lo tiro a la papelera, y lo rompo en muchos trocitos, pero siempre me arrepiento y uno los trocitos... ¡Y los vuelvo a tirar y rompo tantas veces que ya es imposible reconstruirlo! Y entonces pido al cielo que me ayude: le pido a Dios que me llames, arrepentido; que me digas que quieres volver conmigo ¡Y total! ¡Para qué! ¡Para que me digas que tiraste el teléfono!

 

-No escucha, nuestra relación es un absurdo. Somos totalmente diferentes.

 

-¿Estás hablando de la cama?

 

-No...

 

-Sí. Sé que no soy buena en la cama. No me gusta nada el acto sexual, pero ¿Sabes? hay algo en los besos posteriores, en la charla, en las risas, en los gestos que sí que me atrapa. Y no sé que hacer con todos esos momentos que rondan por mi cabeza sin parar. No sé donde dejarlos, en que lugar meterlos y que no salgan de allí: ¿En mi cómoda? ¿Dentro de un bolso? ¡No puedo!

 

-No me hagas esto. Nunca me habías hablado así antes, no te reconozco.

 

-Te he dicho que voy a cambiar. Me he dado cuenta de lo que estoy perdiendo y no quiero. Tú eres mi chico, sabes que tu lugar es junto a mí.

 

(Estoy a punto de llorar: creo que hay algo de cierto en lo que me acaba de decir: sí: yo siento que soy su chico: pero no quiero serlo: contengo mis lloros)

 

-No. Ya no.

 

-¿Pero por qué?

 

-Tú no me entiendes. Ya no quiero más paz en mi vida, no quiero ser un buen chico, ya ni quiero que tus padres estén orgullosos de mi: no quiero tener hijos que me vean cada mañana partir a un trabajo aburrido vestido con chaqueta y corbata y por la noche roncando frente al televisor...yo quiero que la gente que camina por la calle se sienta molesta con solo verme: que todos sepan que no soy como ellos: que todos sepan que me dan asco y que me río de su sistema de valores. Realmente deseo ser merecedor de los premios más importantes del mundo (los Oscars, el Nóbel) para meterlos en mi vater y cagarme, en conexión vía satélite, sobre ellos ¡Quiero gritarles a los cadillacs, a las joyas y a todas las mentiras de los publicistas que te dicen a qué debes aspirar en tu vida que por encima de mi persona no van a pasar!

 

-¡Estás loco!

 

-No. Te dejé porque tú eras el último nexo que me ataba al mundo establecido. Sin ti ya no tengo conciencia, raíces ni estúpidas éticas o morales. Estoy solo en el mundo y me enfrento al camino sin ninguna atadura. Es ahora cuando no voy a tener miedo de escribir sobre la realidad, sin hipocresías. Ahora sí que tengo alguna opción de convertirme en un escritor de verdad ¿Y sabes una cosa que he pensado últimamente? Esto es lo que Dios tenía pensado para mi vida desde un principio: por eso mató a mi madre con un cáncer, por eso hizo que mi padre nos abandonare: por eso nunca me dio una familia que me quisiera. Él deseaba que yo fuera un hombre libre: por esto no puedo estar  a tu lado.

 

(Me interrumpe el demente del pub de arriba)

 

-¿Quieres que mate a ese moro? –pregunta mientras señala al freganchin que pasa de trabajar.

 

-Déjame ahora, estoy hablando con esta chica.

 

-¿Quieres que lo mate? ¡Dímelo!

 

-¡Qué me dejes en paz joder!

 

-Sólo tienes que asentir con la cabeza y lo mato.

 

-Vale, vale ¡Mátalo, joder! ¡Mátalo pero déjame hablar en paz!

 

-Ok.

 

-Sig, por Dios –retoma la virgen María- ¿Te das cuenta en qué lugar te has metido? Todavía estamos a tiempo de que salgas de esta locura en la que te has metido: Sig, deja de mentirte ¡Por Dios! ¡Todo el mundo desea ser algo maravilloso cuando se es niño o adolescente! ¡Modelo, cantante, actriz...! ¡Pero luego, con el tiempo, todo pasa! ¡Te das cuenta que no son más que sueños! ¿Pero qué diablos ha pasado contigo Sig? ¿Qué no funciona bien por tu cabeza? ¿Por qué te crees tan especial?

 

-Yo no soy una persona especial: soy una persona que quiere serlo. Sé que no escribo tan bien como creo. Pero estoy en el camino de llegar a serlo: he emprendido el viaje: y me da igual que dure 70 años si al final consigo escribir ese poema que lo explique todo.

Miro al dueño de la discoteca: no se ha ido: sigue con el ceño fruncido nuestra conversación: me está mirando con la boca abierta: creo que está flipando: no sé cuantas pastillas se ha tomado esta noche.

 

-Tenemos que hablar Sig. Tienes que dejar de pensar en esas locuras, madurar.

 

-Mira, lo siento. Pero no lo vamos a hablar. Nunca. Ya está todo hablado. Hemos terminado. Ya te lo dije por teléfono.

 

-No, no hemos terminado. Yo te quiero ¡Y me estás volviendo loca! ¿Sabes que hice hoy? Me tendí en la cama y, acurrucada, traté de disfrutar con el dolor que me proporciona tu indiferencia.

 

-¿Sí? ¿Y lo conseguiste? Porque yo he tratado de hacer eso durante toda mi vida y no lo he conseguido. Vete. No quiero que me líes más ¡Si tú te estás volviendo loca que sepas que tú ya me volviste loco hace tiempo!

 

-No me voy a ir. Me voy a quedar ahí, sentada, esperándote. Mirándote toda la noche ¿Cómo no te da asco trabajar en este sitio? ¡Tú tenias clase!

 

-Vete de aquí ¡Y llévate tu mundo contigo!

 

Y se sienta en uno de los sillones de la discoteca, su hermano le acompaña: su hermano no sabe que hacer: su hermano no me ha saludado: ni siquiera se atreve a mirarme: está ausente: de vez en cuando veo que mira a una turista guapa: y, acto seguido, a mi: creo que él cree entender porque quiero trabajar en esta discoteca.

 

Pero al rato mi ex se vuelve a levantar para hablar conmigo: yo la esquivo: huyo: así que ella da media vuelta y comienza a escribir una nota que, cuando termina, me entrega en la mano:

 

“De acuerdo, aceptaré que hay personas que hagas lo que hagas jamás te querrán y lo mejor es olvidarlas y alejarte de ellas. Pero sin duda es una putada y si hay cielo será lo primero que escribiré en su libro de reclamaciones” 

 

La nota me deja en mitad de una crisis nerviosa: no puedo trabajar: ella no deja de mirarme: y su mirada me atraviesa: ella nunca me había dicho cosas tan bonitas: ahora me da vergüenza fregar vasos: me da vergüenza la gente que me rodea: esos ojos: tengo que dejar de verlos: me entran ganas de saltar sobre la barra cuando algún turista se le acerca para tratar de ligársela: pero gracias a Dios su cara los espanta: no hace fala ni que su hermano diga una palabra: tengo que dejar de mirarla: es como si un cuchillo se me clavara una y cien veces en mi nuca: como si hubieran soltado ácidos hirvientes por mi sangre ¡Si por lo menos consiguiera dejar de verla! ¡Dejar de ver como me mira! Pero ¿Cómo conseguirlo?

 

Entonces se me ocurre.

Es fácil.

Voy al baño, me quito las lentillas.

No veo nada.

Tengo dos y pico de falta de vista en cada ojo.

Sin lentillas no distingo a quien pertenecen las caras que están a más de un palmo de mi.

Ella desaparece.

Ya no la veo.

Ahora ella es como un fantasma: temo el momento en que se me aparezca.

 

No obstante, la noche, ignorando dramas, continua su locura: por la discoteca, de vez en cuando, aparecen chicos disfrazados.

Piensan que así van a llamar la atención de las turistas: que así les van a gustar más: que así van a follar: y ellas les ríen las gracias, hasta charlan un poco con ellos, pero nunca veo que sean besados: porque si una persona así se sienta al lado de una chica está pierde el glamour: la gente los señala: y a las chicas les gusta sentirse especiales: pero no gilipollas, además las turistas están buscando un tío bueno (vestido/disfrazado de Gucci) o, como mínimo, un tipo normal y corriente, no a alguien que sale disfrazado a las discotecas: porque los que se salen del comportamiento habitual son rechazados: los que no hacen lo que hace todo el mundo están equivocados.

Como yo.

Quizá la virgen María tiene razón. Estoy loco y no me doy cuenta.

Quizá mi final sea como el final de noche de estos chicos: se dan cuenta que han hecho el imbécil, que se han equivocado con sus planteamientos: dejan de sentirse graciosos cuando se dan cuenta que ninguna chica se deja cegar por su originalidad, que se han equivocado acudido a la discoteca vestidos de esa manera: se sientan e