1.-De
quién y de quienes
-¿Has dejado a
tu novia? –pregunta Saki- ¿A la arquitecta? ¿Y por una turista
de 17 años que no tiene donde caerse muerta? ¡Tú eres
gilipollas!
Tengo 29 años.
No tengo
estudios.
No tengo
familia.
No tengo
amigos.
Trabajo en una
discoteca.
Me emborracho
cada noche.
Quiero ser
escritor.
Nunca he
conseguido que me publiquen nada.
Mi futuro,
visto a través de los ojos de Saki, no se presenta muy
halagüeño.
Tengo más
posibilidades de llegar a los cincuenta siendo un borracho
esquizofrénico, que siendo un padre de familia ejemplar.
-Sí, la he
dejado –contesto-. Y me da igual toda la estabilidad que me
hubiera podido dar en el futuro. Me da igual todo el dinero del
mundo ¡Yo quiero ser Henry Miller! ¡Yo quiero ser Chinaski! ¡Yo
soy Bandini!
Y me giro, y
me pongo a trabajar: dándole la espalda. Sé que, en lo que queda
de noche, no me va a volver apetecer a hablar con Saki. Y
también sé que se ha molestado conmigo: he nombrado a escritores
(y personajes) de los que él no tiene ni puta idea: y lo he
hecho para que se sienta inculto.
Los turistas
empiezan a llegar a la discoteca. Hoy es viernes. Los viernes
nos visitan, a primera hora, los estudiantes del colegio
noruego. Suelen tener entre 16 y 19 años, y dinero: son hijos de
papá. Sus padres los mandan a esta isla turística para que
aprendan español mientras hacen el bachillerato. Pero ellos, por lo que
he visto, no se dedican más que a emborracharse a drogarse y a
follarse. Y las chicas suman a esas actividades las de ir a la
playa y de compras por las tiendas de moda de la ciudad.
Les envidio.
Hay uno que me
llama mucho la atención. No hay viernes noche que no venga a la
disco. Es alto, muy pálido de cara y desgarbado: en definitiva, poco
agraciado. Para colmo lleva el cabello como Michael Jackson
cuando pertenecía a los Jacksons 5. Se ha dejado crecer el
cabello a lo largo pero, como su pelo es muy rizado, le crece
hacia arriba, amontonándosele sobre la cabeza igual que si llevara
permanentemente un
gran casco de moto compuesto por pelo púbico gomoso.

Su entrada en la
discoteca siempre hace que los turistas se queden mirándolo. Su cabello
llama mucho la atención. Impresiona y hace que todo el mundo deje de
hablar, de beber, de bailar y no puedan hacer otra cosa que mirarlo. Y,
tras esos segundos, los turistas, sus compañeros de clase y nosotros los
camareros, estallamos en carcajadas.
Es un buen momento.
Los turistas continúan
señalándolo con el dedo durante toda la noche, algunos, los más atrevidos
se acercan a él y le sacan fotos. Él siempre posa a la vez que ríe.
No sé de que coño se
ríe.
Sus compañeros de clase
se apartan de él. Las chicas lo huyen. Siempre lo veo solo, caminando de
un lado a otro de la discoteca, con un vodka naranja en la mano, mirando a
la gente con una sonrisa en la cara.
Y la verdad es que nunca
me ha parecido que le importe estar solo.
Esta noche no he podido
más: me he acercado a él: y he empezado a hablarle rápido, con vergüenza,
primero porque no quería que me vieran hablando con él (no quería que
nadie pensara que yo era amigo de un tipo tan poco enrollado)
segundo, porque no sabía si le molestaría lo que tenía pensado decirle:
-¿Por qué no
te cortas un poco el pelo? ¿Por qué no lo engominas y lo aprietas hacia
abajo? -le pregunto.
-Noooo. Me gusta
tener el pelo así.
-¿Por qué?
-Me gusta.
-Joder. Pero
la gente se ríe de ti, hasta te sacan fotos de lo ridículo que se te ve
¿Es que no te das cuenta? Y las chicas no quieren estar contigo ¿Es que no
quieres tener novia? A todo el mundo le da vergüenza acercarse a ti a no
ser que sea para reírse o sacarte una foto. Incluso estoy seguro que en el
colegio todos te evitan ¿Verdad?
-Sí.
-¿Y no estás
harto? –pregunto sorprendido.
-No
-contesta.
-¿Pero por
qué?
-Porque así
evito que se me acerque la gente estúpida ¿Me guardas un secreto? Creo que
la gente que se ríe de mí y me evita sólo porque yo lleve el pelo de esta
manera no vale nada. Es una suerte que esas personas se mantengan
alejadas de mi y que sólo se me acerquen para sacarme una foto y hacerme
una broma.
Le miro.
Este tío me
ha dado una buena bofetada.
Y me la
merezco.
Con
17 años tiene, más personalidad, que yo a mis 29. Y a mis 30, y a mis 31 y
a mis 32...
Este tío es Sidharta.
-Por favor
-le digo- a partir de esta noche, siempre que vengas a esta discoteca
pídeme las copas a mi. Te pasaré gratis todas las que quieras. No puedo
más que sentir admiración y respeto hacía ti. De verdad.
-Deja
-contesta-. No es necesario, tengo dinero.
Agacho la cabeza: me
voy: humillado.
Y cuando, a
lo largo de la noche le miro y él también lo hace yo no puedo más que
seguir bajando la cabeza o huir, avergonzado, fijando mi vista hacia otra gente o hacia los
espejos de la discoteca que me reflejan: y, entonces, no logro ver más que
a gilipollas.
Pero lo mejor es cuando
vuelvo a ver a un turista sacarle una foto y él posar riendo.
Por fin sé de qué se está riendo.
De quién y de
quienes.
2.-Segunda noche sin la turista pelirroja: el poeta sin glóbulos
rojos en la cabeza: un espíritu de Satanás en mi cuerpo: soy
Indiana Jones: ahora entiendo porque el Guerrero del antifaz
odiaba a los moros.
Estoy
colocando las sillas: faltan cinco minutos para que la discoteca abra
sus puertas: Saki se me acerca:
-Hoy libra el
dueño. Esta noche tengo que hacer su trabajo.
-Ah ¿Dónde
quieres que trabaje yo entonces? ¿En tu barra?
-Sí, pero
también vas a tener que supervisar la discoteca, tengo que salir
a un sitio...
-¿Qué yo haga
de encargado? ¿Yo? ¡Pero si no llevo ni dos meses en la discoteca!
-Sig. Yo
confió más en ti que en toda la panda de desgraciados rastreros que trabaja
aquí. De todas maneras no te preocupes. Lo único que tienes que
hacer es servir las copas y echar miradas a los demás, como
si estuvieras asechándoles.
-¿No se
molestaran?
-Seguro. Pero
nadie se va a atrever a decirte nada. Voy a dejarles bien
clara cual es la situación antes de irme.
-¿Y tardarás
mucho en regresar? ¿A dónde te vas?
-Sí, esa es
otra. Necesito me dejes las llaves de tu apartamento.
-Claro amigo
pero ¿Para qué?
-Me he ligado
a una india multimillonaria. Como esto salga bien dejo la
discoteca.
-¿Y tu novia?
-Esta india es
multimillonaria ¿No entiendes esa palabra?
-Claro.
Extiendo,
hacia su mano, las llaves de mi apartamento: y pienso en las
pocas ganas que tengo de quedarme de responsable de la discoteca:
¡Yo! ¡Si no tengo ni idea de nada! ¡Si jamás había pisado una
discoteca hasta que empecé a trabajar aquí! ¡Si soy un blando!
Saki me da la
mano y se va: le veo hablar con todos los empleados de la disco
(seguridad, disjokeys, camareros, freganchines, relaciones
públicas): oigo como les dice que, hasta que él vuelva, yo soy el
que manda: todos asienten con la cabeza: nadie parece molestarse
(si sorprenderse) de que el recién llegado haya conseguido que
le pongan de jefe durante unas horas: todos, menos el camarero austriaco
que, al oír las palabras de Saki, no asiente sino que se queda
mirándome, fijamente, con la cara crispada de odio: y, desde que
Saki sale por la puerta, decide acercarse a la barra donde
trabajo para decirme:
-¿Qué? ¿Se la
chupas a Saki?
Siento una
rabia infinita subirme por la garganta: tengo que contestarle
con algo: como mínimo decirle, en tono jefe, que se ponga a
trabajar: pero no lo hago: me bloqueo: me da miedo: mis manos
tiemblan al pensar en el enfrentamiento que vendría después de
decir eso: soy un cobarde: me doy asco: me giro sin decirle
nada: noto su sonrisa a mi espalda (su satisfacción ante la
victoria): me pongo a pasar un trapo
sobre las botellas: soy más mujer de la limpieza que jefe de
discoteca: y tiemblo: menuda mierda soy.
Es la hora: la
discoteca abre sus puertas: el disjokey pincha la música
del momento: o sea, la que más pagan las discográficas para que
la pongan por Mtv: se empieza a
llenar la discoteca: una discoteca turística es un negocio
fácil: los turistas siempre beben: es parte de su comportamiento: no son
como los españoles, que salen por los pubs y a lo mejor no beben
nada en toda la noche: los turistas beben todo el rato: casi sin
parar: no aguantan sentarse en un pub o disco sin tener una copa llena
en las manos: más aun si son irlandeses o ingleses: y, cada
copa, cuesta seis euros mínimo: eso es casi lo que cuesta una
botella entera del licor que hayan pedido: pagan y no protestan:
y nosotros, los empleados, casi no proporcionamos gastos: nos
hacen firmar contratos (y al que le hacen)
como si trabajáramos de extra durante cuatro horas, tres días a
la semana: y trabajamos diez horas, durante seis o siete días a la
semana.
Se acerca a
la barra uno de los relaciones públicas de la discoteca: es
inglés: me hace señas para que me acerque: está acompañado de
una chica muy mona y de un niño de no más de 15 años.
-Sig. Esta
es mi novia y su hermano. Han venido de Inglaterra esta misma
tarde para quedarse conmigo un mes. Tú sabes que tengo que
estar por ahí arriba buscando gente que traer a la disco. Así
que,
hasta que la discoteca cierre, no voy a poder estar con ellos
¿Te importa echarles un ojo desde la barra de vez en cuando?
Me da miedo dejarlos en la disco solos.
-Claro
–respondo comprensivo- Trabaja tranquilo, que yo cuido de ellos ¿Queréis
beber algo?
El
relaciones públicas se va: ellos me piden algo que beber y se
sientan en la barra: les sirvo las bebidas y les digo que es
gratis, que no tienen que pagar nada, cuando me preguntan cuanto es: pero ella se empeña
en pagar y en dejarme una propina de veinte euros: le digo que
ni hablar: pero ella me sonríe mirando a los ojos muy
dulcemente y, aunque odio esa propina, me quedo embobado con
el billete de veinte en la mano: la chica es muy guapa: y qué
tetas: menuda suerte tiene el relaciones públicas: qué cabrón
que se la folla todos los días.

El camarero
austriaco, con ojos de serpiente, se acerca a la novia del
relaciones públicas: él comienza a hablarle, ella no le presta
atención: le ignora: el camarero como venganza por su
indeferencia, para despecharse, le aprieta una teta: el hermano (quizá
envalentonado por el alcohol) le empuja: el camarero austriaco
le mira con sorna: levanta la mano para pegarle: ¡No se
atreverá!: le da un
bofetón: un bofetón seco: y se va.
Soy un
cobarde: no he hecho nada: y, cuando ellos me miran, me giro:
para tratar que no sepan que sí que lo he presenciado todo: lo
vi todo y no hice
nada: soy una mierda: pero es que no lo puedo evitar: tengo
miedo: estoy temblando...
Me acerco al
hombre de la cerveza.
-¿Qué haces?
-Estoy
escribiendo -responde con un hilo de voz.
-¿El qué?
Me mira con
miedo y vergüenza: conozco muy bien esa mirada: él es como yo:
le da vergüenza decir que escribe: le da vergüenza decir que
escribe porque los hombres que escribimos, si no somos ricos y
ganamos dinero con ello, nos avergüenza confesarlo: es que
cuando lo hacemos nos miran como gilipollas: más aun si se lo
confesamos a otro hombre: nos tachan de niñitas: nos miran a
la cabeza y piensan que las tenemos llena de pájaros y alas de
mariposas: que tenemos envidia a las mujeres porque ellas
pueden llevar compresas y nosotros no.
-Escribo un
poema.
-¿Sí? ¿Sobre
qué?
-Sobre los
hombres. Yo creo que aunque pusiéramos a todos los gobiernos e
individuos que adoran el dinero en un edificio y lo
hundiéramos no se acabarían las injusticias en el mundo: la
solidaridad no puede reinar hasta que la raza humana
desaparezca del planeta.
Me
sorprendo: este hombre es un genio: y yo pensaba que era un
decrépito: menudo pensamiento para un
poema: me muero de ganas por leerlo.
-¿Puedo ver
lo que has escrito?
-No ¡No
hasta que lo termine! –gime con una voz muy dulce.
-Vale. No te
preocupes: te entiendo.
-Pero tengo
poemas terminados –dice sacándose posavasos de la camisa-
estos, sí los puedes leer.
Leo uno de
ellos: escribe con una caligrafía confusa y con muchas faltas
de ortografía: pero uno de sus versos me impacta: está en el
centro: es bueno: joder, creo que es jodidamente bueno: leo
el poema desde el principio: para ello tengo que ordenarlo un
poco mentalmente:
“A veces
la vida, nos lleva confundidos
y las
preguntas se quedan sin respuestas
(a veces,
las cartas se quedan sin responder)
Cuando la
lluvia cae en el cielo gris,
el viento
mueve los ojos muertos y los pájaros callan
(...)
←Pincha
sobre el papel si quieres leer el resto del poema (escrito con
su puño y letra)
-Joder
–mascullo- es bueno.
-Ahora ya no
escribo tan bien: es por culpa de los glóbulos rojos de la
cabeza: se me están acabando.
-¿Qué dices?
-Antes tenía
muchos glóbulos en la cabeza pero desde que trabajo en el
restaurante chino, como no puedo comer más que carne humana,
se me están acabando.
-¿Qué comes
carne humana?
-Los chinos
para los que trabajo se creen que yo no lo sé. Pero sí que lo
sé: ellos preparan carne humana con salsa agridulce: la carne humana es buena para bailar: si comes mucha carne
humana bailas muy bien, pero para la poesía comer carne humana
resulta fatal: porque se te come los glóbulos rojos de la
cabeza.
El camarero
austriaco se acerca a la barra.
-¿Qué haces?
–me grita- ¿Por qué no estás trabajando?
Debería
decirle que se supone que el jefe soy yo: que cómo se atreve a
preguntarme ni a echarme en cara porque no estoy trabajando
cuando él no hace otra cosa que robarle a la gente y meterle
mano a las chicas igual que un degenerado: pero no me atrevo: me callo:
y me odio: me odio: me odio: me odio...
El camarero
austriaco agarra, para leerlo, el posavasos donde el hombre de la cerveza
está componiendo su poema nuevo: el poeta trata de
recuperarlo: el austriaco le pega un puñetazo en el hombro: el
poeta, asustado y confuso, se queda sentado en la butaca: el camarero
austriaco trata de leer el poema, pero no entiende nada: si
para mi, que soy español, me cuesta entender su letra, imagino
que para él resulta tarea imposible.
-¿Un poema?
–reconoce el camarero austriaco- ¡Menuda mariconada!
Y lo rompe.
TODO PASÓ
MUY RÁPIDO: VI LA CARA DEL POETA DESCOMPONIÉNDOSE, RASGÁNDOSE
DE DOLOR AL MISMO TIEMPO QUE EL CAMARERO AUSTRIACO RASGABA SU
POEMA: VI, EN LA MIRADA DEL POETA, REFLEJADA MI PROPIA
EXISTENCIA: MIS PROPIAS FRUSTRACIONES: MI PASIÓN POR LA
LITERATURA: ÉL ES MI FUTURO: YO SERÍA ÉL DENTRO DE UNOS AÑOS:
NO, MENOS: YO NUNCA ALCANZARÍA SU GENIO: PORQUE ESE HOMBRE ERA
UN GENIO: UN GENIO PURO: LA VIDA, EN LOS CUARENTA AÑOS QUE LE
LLEVA TORTURANDO NO HA CONSEGUIDO ARRANCARLE LA LITERATURA DE
ADENTRO: SÍ, SE HA ACOSTUMBRADO A VIVIR CREYENDO QUE ES UNA
MIERDA: VIVE EN UNA LOCURA: COMO YO: NO SE DA CUENTA QUE ES SUPERIOR A TODOS LOS BORREGOS QUE LO RODEAN EN ESTA
DISCOTECA: BORREGOS QUE NO VEN NADA MÁS QUE MATERIA: LOS OJOS
DEL POETA SON INFINITOS: LOS OJOS DEL POETA SON LOS ÚNICOS
CAPACES DE VER HADAS NADA MÁS DESPERTARSE: EN LOS OJOS DEL
POETA VEO EL COSMOS...
...TOMÉ LAS
DOS OREJAS DEL AUSTRIACO: LO HICE MUY, MUY, RÁPIDO: NO ERA YO
QUIEN ESTABA DENTRO DE MI CUERPO: YO ERA EL AGENTE OSBORNE: UN
ESPÍRITU DE SATANÁS ME HABÍA POSEÍDO: YO ERA UN AGENTE ASESINO
DE LA KGB: HICE, LO QUE HICE, MUY RÁPIDO PERO, AUN ASÍ, ME DIO TIEMPO DE
VER AL POETA MIRÁNDOME FELIZ: A LOS DE LA SEGURIDAD DE LA
DISCOTECA MIRÁNDOME SORPRENDIDOS SIN TODAVÍA SABER CÓMO
REACCIONAR: LA NOVIA DEL RELACIONES PUBLICAS MIRARME SIN
ENTENDER EL MOVIMIENTO VIOLENTO QUE ME DISPONÍA HACER: Y EL
AUSTRIACO MIRARME CON MIEDO: PORQUÉ ÉL SÍ QUE SABÍA LO QUE YO IBA
A HACERLE: ÉL LO SABÍA MEJOR QUE YO: ÉL LO SABÍA PORQUE CONOCÍA
LA MALDAD MEJOR QUE YO: AGARRÉ SU CABEZA POR LAS OREJAS Y, DE
UN GOLPE SONORO, SE LA CHOQUÉ, CON TODAS MIS FUERZAS, CONTRA LA BARRA: SONÓ UN CRACK:
UN GRAN CRACK: UN CRACK DE PUTA MADRE: Y, CUANDO YO, ASUSTADO,
QUITÉ MIS MANOS DE SUS OREJAS ÉL LEVANTÓ SU CABEZA: PERO SÓLO
UN POCO: LA BARRA ESTABA LLENA DE SANGRE: SU NARIZ ROTA: SU
BOCA CHORREABA SANGRE: ME
MIRÓ ASUSTADO: MUY ASUSTADO: ENTONCES LLEGARON LOS DE
SEGURIDAD: PENSÉ QUE ME IBAN A PEGAR, PERO NO: LE AGARRARON:
UNO, INCLUSO, LE PEGÓ UNA COLLEJA.
-¿Qué estaba
haciendo este? -me preguntaron.
-Le pillé
robando –acerté a decir.
Miro para
ver si él camarero austriaco se defiende: pero no: no puede:
porque el golpe lo ha dejado medio grogui: flotando por el
espacio.
Los de
seguridad se lo llevan: no sin antes mirarme con sorpresa: les
veo pensar:“Menudo tipo duro es este Sig, no deja pasar ni
una”: y lo sacan de la discoteca: lo tiran sobre la acera y le
gritan que no vuelva hasta mañana: hasta que el dueño
solucione el problema: y le hablan como si él fuera una
piltrafa: y eso está bien: porque él es una piltrafa.
...
Me dirijo al baño: me ha salpicado: tengo sangre en la cara: necesito
lavarme: mientras camino, me fijo que todos los empleados y
trabajadores de la zona turística me observan asombrados: mi
actuación les ha dejado con la boca abierta: están
sorprendidos: siempre me ven tan tranquilito, tan niño bueno,
tan cobarde, que ahora no logran relacionar con mi persona la acción violenta que acabo de hacer: todos me miran:
sé que me he ganado el respeto de todos: que preferirán no
tener problemas conmigo en el futuro: soy un tipo peligroso: conmigo es mejor no meterse
porque, hace un rato, casi mato a una persona.
Me miro al
espejo: me limpio la sangre: estoy orgulloso de mi mismo: ¿Qué
la violencia no es solución?: a veces sí que lo es: ¡Y qué
bien sienta!: no, no lo
es: nunca más volveré a hacer algo igual: ¿y si lo hubiera matado?:
tengo mucha
sangre en la cara: su sangre: un chorrito de sangre salió
despedida de su nariz hasta mi cara: la sangre señaló al
culpable: tengo mucha sangre: tengo que salir fuera y mirarle:
sacarle una fotografía: esto tengo que recordarlo: ponerlo en
mi página web.
Y lo hubiera
hecho si, en ese momento, no hubiera entrado la novia del
relaciones pública en el baño...de los tíos ¿Cómo se atreve?
-¿Estás
bien? –me pregunta.
-Sí.
(Y entonces,
la expresión de su cara, me cuenta que ella cree haber sido la
causante de lo sucedido: que piensa que machaqué la nariz del
austriaco porque antes se atrevió a tocarle la teta)
-Esto no
tuvo nada que ver contigo...
(Empiezo a
decir)
Pero ella,
con ayuda de papel de baño, comienza a limpiarme la
cara: y, en mi garganta, detengo las explicaciones: me siento
en el cielo... me dejo hacer... ella se acerca a mi boca: la besa:
y soy un cabrón, lo sé: pero abro la boca: y me besa
dulcemente: y el cuarto de baño es blanco: su cara es blanca:
nuestras lenguas son blancas: todo es blanco: y, durante los
segundos que dura el beso, el mundo entero se me antoja
perfecto.
...
Perfecto
hasta aquí.
Ojalá
hubiera podido poner aquí el punto y final a este episodio.
Porque,
justo en ese momento, Saki entró en el baño y la echo de allí
como si fuera una puta y a mi me gritó que qué diablos había
hecho y yo se lo conté más o menos como pude, atropellando las
palabras pero, eso sí, sin perder la suficiente sangre fría
como para omitir lo del poeta: reafirmé mi versión de que
había pillado robando al camarero austriaco y, además, que lo
había visto pasándose con las turistas: que le tuve que romper
la nariz porque pensé que me iba a pegar pues, mientras
recriminaba su comportamiento, levantó un puño: y él me dice que estoy loco: que
ahora el dueño se va a enterar que él no estaba en la
discoteca: que hay que prepararle una coartada: que se han
tenido que llevar al camarero austriaco al hospital: que había
perdido el conocimiento: pero ya no le noto enfadado: hasta me
mira con cariño: con satisfacción: porque sabe que al fin me
he portado como un hombre: que he dejado de ser un niñito
cobarde y he hecho lo que, desde hacía tiempo, debería de
haber hecho: ahora si que no le va a dar vergüenza decir, en voz alta, que es
mi amigo.
Sin embargo,
lo que me rompió el corazón fue que el relaciones públicas (el
novio de la chica con la que me besaba) estaba en la puerta
del baño: y apuesto, uno contra siete, que vio como Saki
interrumpía nuestro beso: y sí: nos vio: no hay más que ver como me mira
ahora: si
no se atreve a decirme nada es porque habrá visto, allá fuera,
en qué estado se han llevado al hospital al primer tipo que
pego en mi vida: doy miedo: soy un asesino: del baño está
saliendo un asesino: y la chica está a su lado: y su mirada
¡Cuánto habla su mirada! me confirma lo que ya sé: que sí: que
nos ha visto: y yo, simplemente, no sé qué hacer: qué decir.
Saki se mete
en la barra y yo reemplazo la baja del camarero austriaco en
la sala: es extraño pero, ahora cuando le pregunto a los
turistas si quieren beber algo todos contestan rápidamente que
sí: creo que se piensan que si me dicen que no voy a estrellar
sus cabezas contra las mesas: la novia del relaciones públicas
se me acerca varias veces, pero yo siempre la rechazo y me
alejo de ella: me siento fatal por haberla besado: me da
tremenda pena el relaciones públicas: recuerdo cuando se me
acercó a la barra, a primera hora, tan enamorado, tan buena
gente pidiéndome que cuidara de su novia y su hermano: y yo me
la morreo en un cuarto de baño: menuda mierda: como se me pudo ir tanto la cabeza.
El poeta se
va, me da unos poemas de regalo:

le digo que
vuelva cuando quiera que, siempre que me vea en la barra
beberá gratis.
-No sé si
podré volver -advierte mientras se despide- Comer carne humana me está haciendo
demasiado carnívoro y empiezo a tenerme miedo.
...
8:00 AM.
Discoteca
cerrada.
Ya he hecho
la caja.
Pido permiso
a Saki para irme.
-Sí vete. No
sea que me rompas la nariz también a mi.
Río. Y
entonces recuerdo:
-¿Qué tal te
ha ido con lo de la india?
-Le he dado
polla para un mes: si de esta no se enamora es porque no se
enamora en la vida.
-Bueno, ya
veré si es verdad lo que me dices: a ver como me has
dejado el dormitorio.
-No hemos
follado en el dormitorio: hemos follado en el suelo.
Y me voy de
la discoteca, pensando cómo de grande tendrá la polla Saki
hasta que, al mirar a la acera de enfrente, me olvido de la
polla de Saki.
Sentados,
sobre la acera, veo a un grupo de gente: conozco a la que está
en el centro: es la novia del relaciones públicas: esta
llorando: y el hermano está a su lado, ido: me acerco a ella:
el rimel de sus ojos se ha corrido: le veo la piel magullada:
se me pone la piel de gallina.
-¿Qué te
pasa?
Ella, al
descubrirme, estalla en sollozos.
-Han
intentado violarla –me dice el hermano.
-¿Qué?
-Conseguimos
escapar –aclara.
-¿Y el
relaciones publicas?
-Nos ha
dejado tirados –me dice ella- Se ha enfadado mucho conmigo...
(y me mira
para preguntarme, sin palabras, nuevamente con su mirada, si hace falta que
me expliqué la razón de porqué su novio se ha enfadado)
...no
tenemos donde ir
Miro a su
alrededor: no hay más que marroquíes tratando de consolarla:
mentira: hacen como si quisieran consolarla, pero no es eso lo
que quieren: lo que quieren es tocarla, manosearla,
follarla... les odio: les odio por ser tan repugnantes: ahora
entiendo porque el Guerrero del antifaz los mataba a montones.
-Apartaos...
(les digo a
los marroquíes)
...venid
conmigo
(les digo a
la novia del relaciones públicas y a su hermano)
Y los
marroquíes se apartan mientras me miran como si ellos fueran
perros a los que estoy quitando la comida de la boca y ella me
agradece (con la mirada, como no) que le tienda la mano y debo
de confesar, aunque quede fatal que, en ese momento hasta me
alegro que la hayan tratado de violar porque, mientras
caminamos hasta la estación de taxis, me siento como Indiana Jones cuando liberó a todos esos niños del templo maldito.
Soy un
héroe.
3.-Tercera noche sin la turista
pelirroja: el exterminador de moros y la Virgen María en la
discoteca
-¿Y
te follaste a la novia del relaciones públicas?
-No
–contesto a Saki- Al final ni entraron en mi apartamento.
Apareció el relaciones públicas, empezaron a gritarse y a
insultarse melodramáticamente. Ya sabes "fuck off" por
aquí y "fuck off" por allá, mientras se echaban a la cara
un montón de cosas. Yo pensé que iba a tener que pelearme otra
vez pero de pronto comenzaron a abrazarse y se fueron todos
juntos.
-¿Y
no te dijo nada el relaciones públicas?
-Nada. Bueno, me dijo que yo era un buen chico.
-¿Y
por qué?
-¡Yo qué sé! ¡A saber lo que le dijo la novia!
-¿Pero a ti te hubiera gustado follártela?
-Si
me la hubiera llevado a mi apartamento yo no habría hecho nada
por follármela, es decir, me hubiera mostrado simpático y
encantador a tope para ver si caía pero nunca hubiera dado el
primer paso, nunca me hubiera acercado a ella más de la cuenta a
no ser que ella se acercara primero a mi. Eso sí, lo reconozco,
lo primero que hice cuando me dejaron y subí hasta mi
apartamento fue masturbarme pensando en ella.
El
jefe, con los ojos ya de pastillas, entra en la discoteca, nos
ve: me sonríe como un padre que ve a su hijo preferido y se
acerca hasta nosotros: me habla:
-Sig, no te preocupes más por el camarero austriaco. Saki me
contó que le sorprendiste robando anoche y estoy muy contento
que hayas asumido tu parte de responsabilidad en la discoteca.
En esta discoteca hay que machacar a las cucarachas cuanto antes
porque si no lo hacemos terminarían por machacarnos a nosotros.
(Sí
-pienso- por eso le machaque la cara. Y –sigo pensando- si yo
fuera por la vida machacando las caras de los ladrones, la de mi
jefe debería de haber estado machacada ya desde hacía un buen
tiempo)
...
01:00 AM. La discoteca está a tope: no paran de
entrar turistas: hoy el freganchín que trabaja todos los días
con nosotros ha librado (tras un mes sin que se lo hayan
permitido) y, en su lugar, ha venido otro, también marroquí,
pero este pasa de trabajar, quizá por lo poco que le paga el
jefe (25 euros por las diez horas de trabajo).
Y
lo cierto es que para que las barras puedan seguir trabajando
tengo que, además de hacer mi trabajo, ayudarle: recoger
vasos, fregarlos, traer hielo, reponer bebidas... y mientras
trabajo intentando igualar la velocidad del sonido veo al
nuevo freganchin sin hacer otra cosa que hablar con sus
amigos, fumando cigarrillos, riéndose y tratando de ligar con
las turistas.
Hay un tipo que se me acerca todas las noches: gordito,
bajito, cabello corto, rizado y moreno: es un desequilibrado,
sin duda. Sé que trabaja de camarero en un pub de arriba, sin
embargo, todas las noches, tras cuatro Arehucas con
cola me cuenta la misma historia:
-Yo realmente pertenezco a un comando infiltrado de
exterminación de moros. Estoy aquí ojeando. Si veo a uno que
no me guste, lo señalo y lo matan fuera de manera que parezca
un accidente ¿Entiendes?
-Sí. Claro.
-Tú eres listo. Tú vas a ser uno de nuestro comando ¿Te
gustaría?
-¿Pagan bien?
-Claro. Somos un comando secreto pagado por el gobierno
central de Madrid. Todo es secreto y financiado con dinero
público para la lucha contra el terrorismo.
-¿Tendré que fregar allí?
Y
en ese momento, mis ojos me advierten de una cara conocida
que, sin embargo, no consigo reconocer: una cara que no deja
de mirarme: de observar como friego los vasos en el fregadero
de la barra ¿Quién?; la miro: la boca se me abre: ¡Claro que
sé quien es!: lo que pasa es que no la reconozco por estar en
este sitio ¡Joder! ¡No puede ser! ¡No ¡Mi ex! ¡La virgen María
en la discoteca!... está con su hermano, sin duda él la ha
traído ¡Qué tonto fui cuando pensé que ya no volvería a verla
a no ser que yo quisiera! ¡Olvidé que le había dicho el nombre
de la discoteca donde trabajo!
-¿Por qué no contestas a mis llamadas? –dice como saludo.
-Es que no tengo teléfono -anuncio tratando de controlar el
temblor que me provoca verla y que me vea de nuevo (¿estaré
guapo?)- Lo tiré.
(Me mira enfadada)
-¿Y porqué no tiraste sólo la tarjeta telefónica? ¡Era un
teléfono caro! ¡Te lo regalé yo!
-En ese momento no pensaba con la cabeza.
-¿Y cuando has pensado tú con la cabeza? –me grita señalando
los vasos que tengo en mis manos- ¿El día que decidiste dejar
los estudios? ¡Para esto! ¡Para terminar fregando! ¡Eres
freganchin!
-No... eh...
-¡A esto te han conducido tus sueños de ser escritor! ¿Te das
cuenta?
-No, de verdad que no. No soy freganchin. Soy camarero.
(Se ríe: y lo hace de esa forma que no deja lugar a dudas que
lo hace de mí)
Se acerca el dueño de la discoteca, pregunta:
-¿Pasa algo Sig? ¿Te está molestando esta turista?
-¿Y quién es el drogata este? –me pregunta la virgen María.
-Mi jefe -respondo.
Entonces mi jefe le mira tratando de encontrar estupor en su
cara, buscando disculpas con las que empiece a atragantarse
pero, a cambio, la Virgen María le grita:
-¡Tú lo que eres es una mierda! ¿Por qué tienes a mi novio
fregando vasos? ¿Quién te crees tú que eres? ¡Explotador! ¡Eso
es lo que eres! ¡Un explotador! ¡Mi novio vale un millón de
veces más que tú!
-Oiga señorita... -replica el dueño sin saber como terminar la
frase.
(El jefe está irreconocible: yo pensé que se iba a enfadar,
llamar a seguridad pero mi ex le infunde respeto: sin duda
ella, con su presencia y personalidad, lo ha doblegado)
-Vámonos
de aquí Sig. Ya has hecho el tonto por bastante tiempo.
Y
me tiende la mano. Y estoy tentado de agarrársela, e irme de
la disco, de esta vida, volver a casa de mis abuelos: a mi
vida de reprimido.
-No –digo.
-Sig, cambiaré. Cambiaré por ti. Sé que todos nuestros
problemas derivan del plano sexual. Pero cambiaré, lo
prometo... Esto es una locura... me he pasado días llamándote
por teléfono y luego enfadada he borrado tu teléfono de su
memoria: me he prometido que nunca más voy a llamarte...pero
luego me arrepiento y llamo a alguna amiga mía para que me lo
vuelva a dar y, entonces, lo anoto en un trocito de papel, con
números bien grandes. Pero acto seguido me arrepiento otra vez
y lo tiro a la papelera, y lo rompo en muchos trocitos, pero
siempre me arrepiento y uno los trocitos... ¡Y los vuelvo a
tirar y rompo tantas veces que ya es imposible reconstruirlo!
Y entonces pido al cielo que me ayude: le pido a Dios que me
llames, arrepentido; que me digas que quieres volver conmigo
¡Y total! ¡Para qué! ¡Para que me digas que tiraste el
teléfono!
-No escucha, nuestra relación es un absurdo. Somos totalmente
diferentes.
-¿Estás hablando de la cama?
-No...
-Sí. Sé que no soy buena en la cama. No me gusta nada el acto
sexual, pero ¿Sabes? hay algo en los besos posteriores, en la
charla, en las risas, en los gestos que sí que me atrapa. Y no
sé que hacer con todos esos momentos que rondan por mi cabeza
sin parar. No sé donde dejarlos, en que lugar meterlos y que
no salgan de allí: ¿En mi cómoda? ¿Dentro de un bolso? ¡No
puedo!
-No me hagas esto. Nunca me habías hablado así antes, no te
reconozco.
-Te he dicho que voy a cambiar. Me he dado cuenta de lo que
estoy perdiendo y no quiero. Tú eres mi chico, sabes que tu
lugar es junto a mí.
(Estoy a punto de llorar: creo que hay algo de cierto en lo
que me acaba de decir: sí: yo siento que soy su chico: pero no
quiero serlo: contengo mis lloros)
-No. Ya no.
-¿Pero por qué?
-Tú no me
entiendes. Ya no quiero más paz en mi vida, no quiero ser un
buen chico, ya ni quiero que tus padres estén orgullosos de
mi: no quiero tener hijos que me vean cada mañana partir a un
trabajo aburrido vestido con chaqueta y corbata y por la noche
roncando frente al televisor...yo quiero que la gente que
camina por la calle se sienta molesta con solo verme: que
todos sepan que no soy como ellos: que todos sepan que me dan
asco y que me río de su sistema de valores. Realmente deseo
ser merecedor de los premios más importantes del mundo (los
Oscars, el Nóbel) para meterlos en mi vater y cagarme, en
conexión vía satélite, sobre ellos ¡Quiero gritarles a los
cadillacs, a las joyas y a todas las mentiras de los
publicistas que te dicen a qué debes aspirar en tu vida que
por encima de mi persona no van a pasar!
-¡Estás
loco!
-No. Te dejé porque tú eras el último nexo que me ataba al
mundo establecido. Sin ti ya no tengo conciencia, raíces ni
estúpidas éticas o morales. Estoy solo en el mundo y me
enfrento al camino sin ninguna atadura. Es ahora cuando no voy
a tener miedo de escribir sobre la realidad, sin hipocresías.
Ahora sí que tengo alguna opción de convertirme en un escritor
de verdad ¿Y sabes una cosa que he pensado últimamente? Esto
es lo que Dios tenía pensado para mi vida desde un principio:
por eso mató a mi madre con un cáncer, por eso hizo que mi
padre nos abandonare: por eso nunca me dio una familia que me
quisiera. Él deseaba que yo fuera un hombre libre: por esto no
puedo estar a tu lado.
(Me interrumpe el demente del pub de arriba)
-¿Quieres que mate a ese moro? –pregunta mientras señala al
freganchin que pasa de trabajar.
-Déjame ahora, estoy hablando con esta chica.
-¿Quieres que lo mate? ¡Dímelo!
-¡Qué me dejes en paz joder!
-Sólo tienes que asentir con la cabeza y lo mato.
-Vale, vale ¡Mátalo, joder! ¡Mátalo pero déjame hablar en paz!
-Ok.
-Sig, por Dios –retoma la virgen María- ¿Te das cuenta en qué
lugar te has metido? Todavía estamos a tiempo de que salgas de
esta locura en la que te has metido: Sig, deja de mentirte
¡Por Dios! ¡Todo el mundo desea ser algo maravilloso cuando se
es niño o adolescente! ¡Modelo, cantante, actriz...! ¡Pero
luego, con el tiempo, todo pasa! ¡Te das cuenta que no son más
que sueños! ¿Pero qué diablos ha pasado contigo Sig? ¿Qué no
funciona bien por tu cabeza? ¿Por qué te crees tan especial?
-Yo no soy una persona especial: soy una persona que quiere
serlo. Sé que no escribo tan bien como creo. Pero estoy en el
camino de llegar a serlo: he emprendido el viaje: y me da
igual que dure 70 años si al final consigo escribir ese poema
que lo explique todo.
Miro al dueño de la discoteca: no se ha ido: sigue con el ceño
fruncido nuestra conversación: me está mirando con la boca
abierta: creo que está flipando: no sé cuantas pastillas se ha
tomado esta noche.
-Tenemos que hablar Sig. Tienes que dejar de pensar en esas
locuras, madurar.
-Mira, lo siento. Pero no lo vamos a hablar. Nunca. Ya está
todo hablado. Hemos terminado. Ya te lo dije por teléfono.
-No, no hemos terminado. Yo te quiero ¡Y me estás volviendo
loca! ¿Sabes que hice hoy? Me tendí en la cama y, acurrucada,
traté de disfrutar con el dolor que me proporciona tu
indiferencia.
-¿Sí? ¿Y lo conseguiste? Porque yo he tratado de hacer eso
durante toda mi vida y no lo he conseguido. Vete. No quiero
que me líes más ¡Si tú te estás volviendo loca que sepas que
tú ya me volviste loco hace tiempo!
-No me voy a ir. Me voy a quedar ahí, sentada, esperándote.
Mirándote toda la noche ¿Cómo no te da asco trabajar en este
sitio? ¡Tú tenias clase!
-Vete de aquí ¡Y llévate tu mundo contigo!
Y
se sienta en uno de los sillones de la discoteca, su hermano
le acompaña: su hermano no sabe que hacer: su hermano no me ha
saludado: ni siquiera se atreve a mirarme: está ausente: de
vez en cuando veo que mira a una turista guapa: y, acto
seguido, a mi: creo que él cree entender porque quiero
trabajar en esta discoteca.
Pero al rato mi ex se vuelve a levantar para hablar conmigo:
yo la esquivo: huyo: así que ella da media vuelta y comienza a
escribir una nota que, cuando termina, me entrega en la mano:
“De acuerdo,
aceptaré que hay personas que hagas lo que hagas jamás te
querrán y lo mejor es olvidarlas y alejarte de ellas. Pero sin
duda es una putada y si hay
cielo
será lo primero que escribiré en
su
libro de reclamaciones”
La nota me deja en mitad de una crisis nerviosa: no puedo
trabajar: ella no deja de mirarme: y su mirada me atraviesa:
ella nunca me había dicho cosas tan bonitas: ahora me da
vergüenza fregar vasos: me da vergüenza la gente que me rodea:
esos ojos: tengo que dejar de verlos: me entran ganas de
saltar sobre la barra cuando algún turista se le acerca para
tratar de ligársela: pero gracias a Dios su cara los espanta:
no hace fala ni que su hermano diga una palabra: tengo que
dejar de mirarla: es como si un cuchillo se me clavara una y
cien veces en mi nuca: como si hubieran soltado ácidos
hirvientes por mi sangre ¡Si por lo menos consiguiera dejar de
verla! ¡Dejar de ver como me mira! Pero ¿Cómo conseguirlo?
Entonces se me ocurre.
Es fácil.
Voy al baño, me quito las lentillas.
No veo nada.
Tengo dos y pico de falta de vista en cada ojo.
Sin lentillas no distingo a quien pertenecen las caras que
están a más de un palmo de mi.
Ella desaparece.
Ya no la veo.
Ahora ella es como un fantasma: temo el momento en que se me
aparezca.
No obstante, la noche, ignorando dramas, continua su locura:
por la discoteca, de vez en cuando, aparecen chicos
disfrazados.

Piensan que así van a llamar la atención de las turistas: que
así les van a gustar más: que así van a follar: y ellas les
ríen las gracias, hasta charlan un poco con ellos, pero nunca
veo que sean besados:
porque
si una persona así se sienta al lado de una chica está pierde
el glamour: la gente los señala: y a las chicas les gusta
sentirse especiales: pero no gilipollas, además las turistas
están buscando un tío bueno (vestido/disfrazado de Gucci) o,
como mínimo, un tipo normal y corriente, no a alguien que sale
disfrazado a las discotecas: porque los que se salen del
comportamiento habitual son rechazados: los que no hacen lo
que hace todo el mundo están equivocados.
Como yo.
Quizá la virgen María tiene razón. Estoy loco y no me doy
cuenta.
Quizá mi final sea como el final de noche de estos chicos: se
dan cuenta que han hecho el imbécil, que se han equivocado con
sus planteamientos: dejan de sentirse graciosos cuando se dan
cuenta que ninguna chica se deja cegar por su originalidad,
que se han equivocado acudido a la discoteca vestidos de esa
manera: se sientan e