Hacía 3 meses que no hablaba con mujer alguna. De pronto, no sé si es por el verano o por una pastilla que han dado en alguna tienda de moda, todas las tías se han puesto super buenas, todas de belleza clase A de repente, y a mí, me han hecho tragar la pastilla contraria mientras dormía: la de cada día más feo. Une eso a que, tras 34 años de vida, estoy hasta los cojones de las conversaciones superficiales del principio; eso de tener que hablar con careta y con cuidado, no sea la chica nunca antes haya hablado con un genio, sólo con subhumanos y se asuste si le digo las cosas claras nada más abrir la boca. En una conversación, quisiera ir directamente a lo que me importa de una chica:
1.-Si quiere follar conmigo o no.
2.-Si tiene alguna enfermedad sexual (y cuanto de peligrosa es: si se cura pronto y la medicación no es muy cara, igual vale la pena).
3.-Con cuantos tíos ha follado. Porque si es una psicópata sin sentimientos que ya no siente nada al follar como yo, para eso, me hago una paja. Yo lo que quiero es que aun alucinen y les sea un trauma follar.
4.-Si tiene vida interior, a parte del ecosistema de hongos y bichos que podría formar si dejara la sangre de su periodo sin limpiar sobre la cama donde duerme y no la limpiara nunca. Es decir: que si ha leído los pocos buenos libros que hay, si sigue el mundo del cine y si tiene sueños artísticos y está luchando por ellos o es una gilipollas más del montón, conformista y con la cabeza hueca que sólo sirve para ser follada una vez y limpiarse el culo con su recuerdo o reírse de ella al recordar como gemía mientras se corría mientras me la follaba y aun ella creía que iba a llegar a algo serio conmigo: como el matrimonio.
Pues nada. Que hoy vi a una chica esperando el metro que leía “La conjura de los necios”. Si hubiera estado leyendo a Salinger me hubiera salido semen por la boca del orgasmo que me hubiera provocado. Pero como era Toole, me salió del corazón acercarme a ella y preguntarle por nuestro amigo común: Ignatius Relly (dato para incultos: el protagonista del título nombrado). Amigo con el que sueño volver a reencontrarme desde que olvide un poco más la novela pues, extrañamente, es de las pocas cosas que aun permanecen en perfecto estado de conversación dentro de mi decrépita memoria de todo a 1 euro. Y sí, reconozco que la chica estaba buena. Si hubiera sido una gorda leyendo Toole no me acercaba a ella a no ser que me fueran a disparar y necesitara ponerme detrás de ella para protegerme de los disparos.
Hablé con la chica un rato y ella me recomendó unos cuantos libros y no me esquivó ni miró nunca como si fuera un pesado. Realmente disfruté hablando con ella pero, por desgracia, mi parada era la próxima: la de siempre: la de estar solo por no haber tenido el valor de pedirle su teléfono. Y me fui a la productora y durante toda la tarde hice como si no me hubiera pasado nada antes. Pero desde que llegué a casa me hice una paja pensando que la chica venía a mi casa y follábamos a lo bestia en el suelo.



Me parece increible la forma que tienes de transmitir escribiendo, pero, no entiendo porque al final la historia que cuentas siempre acaba en paja. Te pasas la vida pajeandote. Menudo semental estas hecho Rafa.
Bona nit.
Y qué te costaba seguir en el metro con ella, llegar tarde a la productora? o al menos, pedirle algún dato para localizarla después…
“Y qué te costaba seguir en el metro con ella, llegar tarde a la productora? o al menos, pedirle algún dato para localizarla después…”
Porque una vez acaba el episodio, todo debe volver a la normalidad, como si nada hubiese pasado.
“Estaré el martes en tal sitio haciendo tal cosa. Si quieres nos vemos ahí. Esta es mi parada, ¡hasta pronto!”
¡Una guapa leyendo en el metro! Qué morbo
…
…
pues estaría bien que comentaras los libros que te recomendó
Ahí has andado un pelín torpe. Si la chiquilla no se ha mosqueado por interrumpirle la lectura(cosa que jode) y te ha dado conversación… la tenías en el bote.
A mí me cuesta dar el teléfono a un desconocido aunque me haya caido de puta madre, la mejor fórmula es dar el tuyo.
La próxima vez dale el tuyo y le dices que quedas a su entera disposición.
me sigues dando muxa ternura cuando te leo, pero sabes nunca vas a encontrar a la chica que buscas
un besito
Ah, “la conjura de los necios”, que bueno!
Yo también me he leído la Conjura de los Necios y no estoy gorda.
¿Nos casamos?
En vez de el número de teléfono, si te daba vergu, le podías haber dado esta dirección web.
La Cosecha por Amy Hempel
El año en que comencé a decir soireé en vez de suaré, un hombre que apenas conocía casi me mata por accidente.
El hombre no estaba herido cuando el otro coche impactó con el nuestro. El hombre que había conocido por una semana me llevó en brazos por la calle de una manera que implicaba que no podía ver mis piernas. Recuerdo haber sabido que no debía mirar, y sabiendo que me habría encantado mirar si no fuera porque no podía.
Mi sangre estaba sobre la ropa de este hombre.
Dijo, “estarás bien, pero este suéter está arruinado”.
Grité por miedo al dolor. Pero yo no sentía dolor alguno. En el hospital, después de inyecciones, sabía que había dolor en el cuarto – sólo que no sabía de quién era.
Lo que le pasó a una de mis piernas requirió cuatrocientos puntos, los cuales, cuando me tocó contar la historia, se volvieron quinientos puntos, porque nada es tan malo como podría ser.
Los cinco días en que no sabían si podrían salvar mi pierna o no, aumenté dos tallas.
El abogado fue el que usó la palabra. Pero no llegaré a eso hasta un par de párrafos más.
Estábamos manteniendo esa conversación sobre las apariencias – cuán importantes son. Cruciales es lo que yo dije. Pienso que las apariencias son cruciales.
Pero este tipo era un abogado. Se sentó en una silla de vinilo acuoso cerca de mi cama. A lo que se refería con apariencias fue cuánto de mi pérdida de ellas valía en un tribunal de justicia.
Pude discernir que al abogado le gustaba decir tribunal de justicia. Me dijo que había tomado tres veces la prueba final antes de graduarse. Dijo que sus amigos le habían dado tarjetas de negocio con un bonito relieve, pero estas adorables tarjetas se suponía que dirían Abogado-afiliado, cuando en realidad decían Abogado-al-fin.
Él ya había cubierto la pérdida de ganancias, de forma que yo ahora no podría llegar a ser una azafata de línea aérea. Nunca había considerado convertirme en algo intrascendente, él dijo, legalmente.
“Hay otra cosa” dijo. “Tenemos que hablar de matrimoniabilidad”.
La tendencia era decir ¿matrimo-qué?, aunque ya sabía qué significaba al primer momento de escucharlo.
Yo tenía dieciocho años. Dije, “primero, ¿por qué no hablamos de citabilidad?”
El hombre de una semana ya se había ido, el accidente lo condujo de vuelta a su esposa.
“¿Piensas que las apariencias son importantes?”, le pregunté al hombre antes de que se fuera.
“No al principio” dijo.
En mi barrio hay un tipo que era profesor de química hasta que una explosión se llevó su cara y dejó lo que había detrás. El resto de él se viste impecablemente de trajes negros y zapatos brillantes. Lleva un maletín al campus universitario. Qué acogedora – su familia, dijo la gente – hasta que la esposa se llevó a los niños y se mudó de casa.
En el solarium, una mujer me enseñó una foto. Dijo, “esto es a lo que mi hijo solía parecerse”.
Pasé mis tardes en Diálisis. Les daba igual cuando una silla reclinable estaba libre. Tenían televisores de pantalla ancha en color, mejores que los que hay en Rehabilitación. Los miércoles por la noche veíamos un show donde mujeres en ropas caras aparecían en espléndidos decorados y prometían arruinarse las unas a las otras.
A uno de mis lados había un hombre que sólo hablaba en números telefónicos. A ellos les preguntarías como se siente y él diría “924-3130”. O diría “757-1366”. Adivinamos qué era lo que significaban estos números, pero nadie dio un duro por ello.
Hubo a veces, al otro lado, un niño de 12 años. Sus pestañas estaban gruesas y oscurecidas por la medicación de la presión arterial. Él era el siguiente en la lista de trasplantes, tan pronto como – la palabra que usaban era cosecha – tan pronto como un riñón fuera cosechado.
La madre del niño rezaba por conductores ebrios.
Yo rezaba por hombres que no fueran discriminadores.
¿No somos todos, pensaba, la cosecha de alguien?
La hora terminaría, y una enfermera de piso me llevaría en ruedas hasta mi cuarto. Ella diría, “¿por qué ver esa basura? ¿Por qué no mejor preguntarme cómo estuvo mi día?”.
Pasé quince minutos antes de irme a la cama apretando horquillas de goma. Uno de los medicamentos estaba haciendo que mis dedos se endureciesen. El doctor dijo que me lo daría hasta que no pudiera abotonarme la blusa – un modo de expresarse con alguien en un vestido largo de algodón.
El abogado dijo, “trabajos de caridad”.
Se abrió la camisa y me mostró dónde un acupuntor le había aplicado jarabe de cola en el pecho, enterrado cuatro agujas y dicho que la verdadera cura eran los trabajos de caridad.
Dije, “¿Cura para qué?”.
El abogado dijo, “Intrascendente”.
Tan pronto como supe que estaría bien, me sentí segura de que estaba muerta y no lo sabía. Me movía a través del tiempo como una cabeza cortada que termina una oración. Esperaba el momento que me despertara de mi vida aparente.
El accidente ocurrió al atardecer, así que en ese momento era cuando más me sentía así. El hombre que conocí la semana pasada me llevaba a cenar cuando sucedió. El lugar era en la playa, una playa en una bahía en la que puedes mirar las luces de la ciudad, un lugar donde puedes observarlo todo sin tener que ponerle atención.
Un buen tiempo después fui a esa playa por mi cuenta. Yo conduje el coche. Era el primer buen día de playa; vestí pantalones cortos.
Al borde de la arena me desaté las vendas elásticas y fui hacia la espuma. Un chico en un traje mojado miró mi pierna. Me preguntó si un tiburón lo había hecho; había avistamientos de grandes blancos por esa parte de la costa.
Le dije que sí, que un tiburón lo había hecho.
“¿Y vas a volver a entrar?” preguntó el chico.
Yo dije “Y voy a volver a entrar”.
Dejo mucho fuera cuando digo la verdad. Lo mismo pasa cuando escribo una historia. Voy a empezar ahora a contarte qué es lo que he dejado fuera de “La Cosecha” y quizás empiece a preguntarme porque tuve que dejarlo fuera.
No hubo otro coche. Sólo hubo un coche, el que me impactó estando en la parte de atrás de la motocicleta del hombre. Pero piensa en las incómodas sílabas cuando tienes que decir motocicleta.
El conductor del coche era reportero. Trabajaba para un periódico local. Era joven, un recién graduado, y se dirigía a una reunión para cubrir una protesta. Cuando digo que en ese entonces yo era una estudiante de periodismo, es algo que podrías no haber aceptado en “La Cosecha”.
En los años que siguieron, esperé por el artículo del reportero. Él rompió con la historia del templo en People que resultó en el viaje de Jim Jones a Guyana. Luego, cubrió Jonestown. En las oficinas del San Francisco Chronicle, mientras el número de víctimas mortales ascendía a novecientos, los números fueron posteados como donaciones en una noche de promesas. En algún lugar de los cientos, un letrero fue pegado a la puerta que decía JUAN CORONA, CHÚPATE ESA.
En la sala de emergencias, lo que le ocurrió a mi pierna no requirió cuatrocientos puntos sino un poco más de trescientos. Exageré incluso antes de empezar a exagerar, porque es cierto – nada es nunca tan malo como podría serlo.
Mi abogado no era ningún Abogado-al-fin. Era uno de los socios en una de las firmas más viejas de la ciudad. Él nunca se habría abierto la camisa para revelar el sitio de la acupuntura, que es algo que él nunca habría tenido.
Matrimoniabilidad era el título original de “La Cosecha”.
El daño hecho a mi pierna fue considerado cosmético aunque aún, después de quince años, me cuesta arrodillarme. En un acuerdo fuera de tribunal, la noche anterior al juicio, me dieron cerca de cien mil dólares. El seguro del coche del reportero ascendió a doce dólares por mes.
Se sugirió que me frotara la pierna con hielo, para resaltar las cicatrices, antes de que me subiera la falda tres años después para el tribunal. Pero no había hielo en los cuartos del juzgado, así que no tuve oportunidad de pasar o fallar esa prueba de ética.
El hombre de una semana, a quien pertenecía la motocicleta, no era un hombre casado. Pero cuando pensaste que tenía una esposa, ¿no era yo responsable de hacer algo? ¿Y no se me venía encima?
Después del accidente, el hombre se casó. La chica con la que se casó era una modelo de pasarela. (“¿Piensas que las apariencias son importantes? Le pregunté al hombre antes de que se fuera. “No en un principio”, dijo).
Aparte de ser una belleza, la chica valía millones de dólares. ¿Habrías aceptado esto en “La Cosecha” – que la modelo fuera también una heredera?
Es cierto que íbamos camino a comer cuando ocurrió. Pero el lugar donde podías observarlo todo sin tener que prestarle atención no era una playa en una bahía; era en la cima del Monte Tamalpais. Teníamos la cena con nosotros al aproximarnos por el ondulante camino montañoso. Esta es la versión que tiene cabida para una ironía perfecta, así que no te incomodes cuando diga que los siguientes meses, desde mi cama de hospital, tuve una espectacular vista de la mismísima montaña.
Habría escrito esta parte siguiente en la historia si alguien la hubiera creído. ¿Pero quién lo habría hecho? Yo estuve ahí y no lo creí.
En el día de mi tercera operación, hubo un intento de escape en el Centro de Ajustamiento de Seguridad Máxima, adyacente al Corredor de la Muerte, en la prisión de San Quentin. “Soledad Brother” George Jackson, un hombre negro de veintinueve años, sacó una pistola calibre 38, gritó “¡Hasta aquí!” y abrió fuego. Jackson fue asesinado; también lo fueron tres guardias y dos “otorgadores de escalón social”, presos que les llevan a otros prisioneros sus comidas.
Otros tres guardias fueron apuñalados en el cuello. La prisión está a unos cinco minutos en coche del hospital Marin General, así que ahí es donde los guardias heridos fueron llevados. La gente que los llevó eran tres tipos de policías, incluyendo Patrulleros de Carretera de California y Sheriffs del Condado de Marin, altamente armados.
Había policías en el techo del hospital con rifles; estaban en los pasillos, invitando a pacientes y visitantes a volver a sus cuartos.
Cuando fui llevada en silla de ruedas hacia fuera de Recuperación más tarde ese día, vendada de la cintura a los tobillos, tres oficiales y un sheriff armado me registraron.
En las noticias esa noche, hubo un seguimiento del disturbio. Mostraron a mi cirujano hablando a los reporteros, indicando, con un dedo en la garganta, cómo había salvado a un guardia cosiendo de oreja a oreja.
Esto lo vi en televisión, y porque era mi doctor, y porque los pacientes de hospitales están ensimismados, y porque estaba drogada, pensaba que el cirujano estaba hablando de mí. Pensé que estaba diciendo, “Bueno, está muerta. Se lo estoy anunciando a ella en su cama”.
El psiquiatra que vi por derivación del cirujano dijo que el sentimiento era bastante común. Ella dijo que las víctimas de traumas que aún no han asimilado el trauma suelen creer que están muertas y no lo saben.
Los grandes tiburones blancos en las aguas cercanas a mi casa atacan de una a siete personas al año. Su principal víctima es el buzo de abalón. Con los bistecs de abalón a treinta y cinco dólares el kilo y subiendo, el Departamento de Caza y Pesca espera ataques de tiburones para no sufrir disminuciones.
http://www.diosgalon.com.ar/files/lacosecha.htm
“La conjura de los necios” está escrita por un gordo y a él sí pareces admirarle. ¿Qué tienen de malo las gorditas que leen ese libro? Algunas follan mejor que las delgadas y con más ganas.
Si consigues una serie (mejor película) que se acerque un poco a esa mezcla de ingenio, brillantez y chorrada que vomitas en este y algunos otros de tu ensayos, seguro que cosechas un sonado y espantoso éxito.
Felicidades de nuevo, gracias por compartirlo.
Pedazo de entrada, sí señor.
pues a mi me encanta tontear, todo ese juego de bromas y pikes hasta que quiere que la folles. si me la follo sin todo eso tiendo a pensar que no tiene merito, no ofrece resistencia porque es pendon, que va de regalada, que cualquiera se la puede calzar porque evidentemente no soy un perfecto adonis
Hola, bicho.
Te sigo hace tiempo. No sé si darte el pésame por haber perdito tu curro en el 20 minutos o felicitarte porque así tienes las puertas y la mente abiertas de nuevo (por cierto, lo que tienes cada vez más abierto es la frente, cuídate esa melenita, julandrón).
En parte me alegro de que hayas vuelto a la antigual línea. Me leí tus diarios del tirón, en un par de días de esos de escaqueo, y me dieron mucho que pensar. Yo tampoco quiero ser un subhumano, pero soy algo más tradicional, quiero a mi familia, y a mis dos monstruitos, y lucho cada día por seguir adelante. Tengo muchas inquietudes, como tú, pero también soy práctico: hay que pagar facturas, comer, echar gasoil… En fin, hay que amoldarse un poco al sistema, si quieres que el sistema te deje vivir.
Tal vez algún día, cuando hay terminado mis estudios a costa de no dormir, cuando de esos estudios haya conseguido mejorar mi estatus y tenga un grupo de subhumanos produciendo para mí, entonces podré escribir mi libro de éxito y superación, pintar mis acuarelas, hacer viajes maravillosos con experiencias irrepetibles.
Mientras llega ese día, seguiré saboreando cada amanecer como si fuera el último, y cada noche como si fuera la primera. Hay que vivir, porque la vida en sí misma es el mejor premio. Todo lo demás, ya llegará.
Suerte, compañero, y que te vaya bien.
David: yo prefiero el final paja a :”…que fueron felices y comieron perdices..” no crees?
bonito cuento, tia buena, metromadrid, libro de obeso obseso tool….buen coctel desdes luego. Es gracioso xq la conjura de los necios es un libro pegajoso como una fritanga de feria que te persigue su olor mucho tiempo, a mi me parecio ciertamente interesante.
Un beso y no te preocupes algún dia encontraras a la tia que te aguante un rato largo.
pd: a mi me gusto como se lo hizo rosa y la de la escena de amor final que no me acuerdo como se llama tambien me gusto.
es la primera vez que chequeo tus coments .y dejame devirte que me he vacilado un monton es muy bueno todo lo que cuentas ……………pero hijo que e costo pedirle una referencia …………..tas medio quedado un beso desde Perú y de ahora en adelante chequeare seguido tus coments
tu te tienes que acercar a la chica y le muestras tu glande, entonces previamente tienes que llevarlo con 2 puntitos negros dibujados en la punta, para que parezca un monigote
empiezas a mover tu glande y dices con voz muy aguda: Hola! soy un pene! quieres concerme? el medico me ha dicho que necesito que una chica que me de mimitos y lametones por la cabeza, sino podria morir! me ayudas guapa?
es muy divertido, hazlo ezcritor, no te importe que sea el metro, nadie te dira nada. tengo comprobado que la gente que lo ve siente mas verguenza que tu. Ademas sera algo tan increible para la chica que se tragara todo tu espectaculo porque qedara en shock sin creerse muy bien lo que esta pasando. Y es posible que la cautives
La conjura de los necios es mi libro favorito y tu lo recomendaste en tu blog, es algo que te agradecere toda la vida.
Echo de menos cuando en ezcultura recomendabas libros, yo me los leía todos y estaba encantado
Me solidarizo con Clodovico. Tengo pendiente algún que otro libro y me vendría de lujo que recomendaras literatura, algo así como aquellos libros que uno debe leerse antes de morirse.
Otra cosa, por la chavala no te preocupes. Si lo de la serie funciona será ella la que te reconozca a tí por la calle y te dé sus datos (o algo más).
hacia tiempo que no leia un cacho de mierda como este