PRIMEROS DÍAS DE UNA PRINCESA EN UN PALACIO (RELATO FICTICIO)

Hacía pocos meses ella se había casado con el Príncipe y era muy feliz. El Príncipe era un hombre maravilloso y día sí, día también, buscaban tener un hijo. Ella pasaba el día excitada…¡Ella, una vulgar ciudadana se había casado con el Príncipe! ¡Y él era una persona maravillosa! ¡Cómo debía envidiarla todo el mundo!… De vez en cuando, recibía una llamada en su despacho: era la secretaria del Príncipe:

-Excelencia, el Príncipe la necesita urgentemente en su despacho.

La princesa, muy correcta, iba presurosa. Elegantemente vestida, entraba en su despacho. Y, entre risas de ambos, sin saludarse siquiera, se levantaba el traje o se ponía de rodillas. Lo que les apeteciera. Porque eran un matrimonio feliz. Cuando terminaban, la princesa recomponía su aspecto, su peinado y salía del despacho con la porte propia de una reina, como si hubieran estado tratando sobre importantes asuntos monárquicos: pero sus mejillas sonrosadas y su mirada feliz no podían engañar a la secretaria. La secretaria grababa el audio de todos esos encuentros sexuales. Porque algún día, cuando se retirara, esperaba hacerles chantaje, desde Brasil o Argentina. Pero esa, ya es otra historia.

Lo que ocurrió aquel día, fue una estupidez. La princesa, tras, regresar a su despacho, encendió el Gmail. Y allí le vio conectado. A un ex amante. Un ex amante con el que había follado mucho y muy duro. Él fue el primero que habló:

-Echo de menos tu coño, reina.

-No me hables así. Ya no lo hagas nunca más.

-¿Qué pasa? ¿Ahora te haces la señora? ¿Te recuerdo lo que te gustaba chupar mi polla?

-Te voy a quitar de mi Gmail.

-No te enfades. Perdona. Ya veo que has cambiado. Antes te gustaba que te hablara en este tono.

-Entiende que mi situación, ahora es bien distinta.

-Voy a echar de menos nuestros polvazos.

-A lo mejor, un día nos podemos volver a ver –escribió la princesa- Pero sin nada de sexo por medio.

-Eso estaría muy bien.

La princesa escribió aquello de “volverse a ver”, para tratar de suavizar el tono de la conversación. Pero sabía que nunca volverían a verse, por lo menos nunca a solas. Con él no. Él era un animal. Y le excitaba muchísimo. Por Gmail, se escribieron unas cuantas líneas más de conversación que no lleva a nada: hasta que ella se sintió mal por estar hablando con él y le dijo que cerraba el Gmail, que debía seguir trabajando.

-Prométeme –escribió él- que nos veremos pronto.

-Lo intentaré –mintió ella. Y cerró su cesión.

Todo lo que escribía la princesa en su ordenador, pasaba, sin que ella ni el Príncipe lo supieran, por un canal, hasta un supervisor de la casa real. Este supervisor tenía como cometido llevar al Rey, cada día, un informe detallado de todos los movimientos que la futura reina hacía. El Rey leía este informe cada noche, antes de la cena. Al Rey no le gustó nada el informe de aquella noche.

-Decidle a la Reina que esta noche cenará sola –dijo, de muy mal humor, al mayordomo.

El Rey se vistió con unos pantalones que le quedaban anchos, una camisa oscura de cuello alto y una cazadora de cuero negra. Tomó uno de sus revólveres y un cuchillo de caza. Acompañado, por sólo dos de sus escoltas, fue hasta la casa del ex amante de la Princesa. El ex amante, al abrir la puerta de la casa, no se esperaba al Rey. Mucho menos, porque hacía pocos minutos, se acababa de masturbar recordando uno de sus encuentros con la ahora princesa. Y mucho menos aun porque el Rey le hundió el puñal en la garganta. Y siguió rasgando hasta que le cortó la cabeza de lado a lado. La tomó por la cabellera y, junto a sus escoltas, regresó a palacio. El cuerpo del ex amante de la princesa quedó en el suelo de su apartamento. Sin cabeza. Soltando litros de sangre.

La princesa, desnuda, tomaba un agradable baño de espuma en su habitación privada de palacio. En menos de una hora, su esposo, el Príncipe, abandonaría su despacho e irían juntos a su palacete de las afueras. El Rey irrumpió en la habitación de la princesa. No reparó en el bello cuerpo desnudo de la princesa ni en su cara de terror al descubrir en lo que él llevaba en la mano: la cabeza de su ex amante que arrojó dentro de la bañera, tiñendo el baño de espuma, en un baño de sangre.

-Esto no es un juego –le dijo el Rey- Esto es la monarquía.

13 Responses to “PRIMEROS DÍAS DE UNA PRINCESA EN UN PALACIO (RELATO FICTICIO)”

  1. Psychokiller Says:

    Ahí, ahí, con dos cojones. ¿No querías monarquía? !Pues toma!

    Además eso de la decapitación es muy aristocrático. Si no que se lo digan a las mujeres de Enrique VIII.

  2. Villavicencio Says:

    Genio!

  3. noshow Says:

    Rafa, el foro esta petado? Es que cuando intento entrar me dice que estoy baneado. Me habeis benado? Cabrones!!! Jajajaja.
    Bueno, nos vemos este finde, ok?

  4. Borja Says:

    Que pasote de relato! este si que te lo has currado.

  5. Steam Monkey Says:

    jajajajaj. THE POWER OF LOVE!

  6. sinsol Says:

    Te has pasado! las princesas y los príncipes no hacen esas cosas y los reyes tampoco.

    Los príncipes rescatan a las princesas y viven felices para siempre y los reyes mandan a sus guardias para arreglar ciertos asuntos.

  7. Vulcano Says:

    Dejad tranquilas a diosas, princesas y féminas porqueyolovalgo, estúpidos mortales o de lo contrario sólo hallareis tragedia y dolor.
    ¡Mmuaah ha ha ha ha ha ha!. (Con voz eructosa).

  8. Arkana Says:

    Me encantó tu relato (ficticio), que bueno que especifícas que lo es, porque luego ya ni se sabe si es real o no.

    Pero muy ingenioso, tienes talento Ezcritor =).

  9. diana Says:

    Puaf mierda de relato.

  10. patras Says:

    ¿Para cuando una serie de televisión que triunfe? ¿Todavía esperando una llamada?

  11. El navegante Says:

    Joer, el final me ha dejado frito. ¡Bravo maestro, bravo!

  12. Torete Says:

    No está mal, no.
    Te inspiraste en que oiste de que iba el nuevo libro de Juan Madrid sobre la princesa no? y lo de la decapitación en lo que te impresionó el último capítulo del último de Auster no???

    Para un junta-letras de blog no está mal.

  13. Emilio Says:

    suelo leeerte pero raramente pararme a felicitar por tus entradas, esta lomereceria al menos unas cincuentra veces
    sigue asi Rafa

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